jueves, 6 de diciembre de 2012


LAS GEMELAS Y UN CRIMEN… ¿PERFECTO?
Antonio Mora Plaza

         Llevaba varios días Laurita jugando a las cartas con Galapa, la tortuga sabia, cuando… Pero primero habría que narrar un extraordinario acontecimiento. Mejor aún, una extraordinaria coincidencia. Pero antes de llegar a esa coincidencia debería el lector saber un diálogo que sostuvieron las gemelas, diálogo pertinente para situar al lector ante tan singulares hermanas, para saber de la madurez que habían alcanzado a pesar de su corta edad. Decía Laurita:
         - ¿Te das cuenta Valentina que para nosotras no existía nada antes de nacer? Es como si el mundo hubiera nacido con nosotras. Pero no es verdad, porque al menos nuestros padres existieron antes. ¿Me haces caso, Valentina?
         - Perdona, Laurita, pero es que estaba anotando un sueño que he tenido y si no lo hago se me olvida luego. Y es que apenas puedo recordar sueños de nuestra infancia –contestó Valentina mientras se levantaba de su butaca de aire.
         - En esta cueva, Valentina, creemos que nada nos envejece, ¿pero cómo podemos estar seguras de que no envejecer equivale a la inmortalidad? Aunque leo menos que tú, he leído que el Universo también desaparecerá. Entonces, ¿qué será de nosotras? ¿Podremos sobrevivir al Universo? Si no es así, ya no será verdad que somos inmortales. ¿Todo esto no te preocupa, Valentina?
         - No, porque ya hace un par de años que he pensado todo esto y me contesté con una pregunta: ¿recordamos acaso cuando aún no existíamos, Laurita?
         - Eso es imposible, Valentina.
         - Cierto, luego la conclusión es que… siempre existiremos aunque seamos… mortales.
         - No lo entiendo, Valentina.
         - Piénsalo y verás que es lógico. La única inmortalidad pasa por la muerte, Laurita.
         - Ahora te entiendo menos, pero será mejor que dejemos el tema porque me estás deprimiendo. ¿Qué es ese sueño tan especial que has tenido?
         - Verás, sueño que voy en un coche de caballos y que me persigue otro. Creo que el conductor del otro eres tú, pero no estoy segura. Entonces ocurre que me caigo por la ladera. Tú bajas con el tuyo y me sacas de entre las ruedas. Luego, subimos la ladera riendo por lo ocurrido como si nada hubiera pasado pero, antes de llegar al camino desde donde me despeñé, un personaje viene de tu carruaje y dice lo siguiente: “¿Perdonad, soy el Sr. Freud y querría saber si el Sr. Holmes viajaba en el carruaje estrellado?” Luego me despierto.
         - ¿Y quién es ese señor Freud? Por cierto, ¿mi carruaje baja tranquilamente por la ladera y no se estrella y el tuyo sí? ¿Cómo es posible?
         - Verás Laurita, los sueños no tienen lógica, pero es así como soñé lo que soñé.
         Y en esta discusión estaban las gemelas cuando una carta salía del Arcón de los Sueños. Tomó al vuelo la carta Laurita, siempre más presta y decidida que su hermana, y comenzó a leerla en voz alta. Decía:
         “Espero que estéis ahí, en la Cueva de los Sueños, y felices como siempre con vuestros amigos los animalitos que os acompañan y distraen. Os escribo porque sé de vuestra inteligencia y predisposición. Tiene –mejor, tenemos– un caso de posible asesinato que le trae de cabeza a Holmes. Os pondré en antecedentes. En las montañas de Mungrisdale se ha encontrado un coche de caballos estrellado, despeñado por una de sus laderas. A pocos metros del carruaje también se ha encontrado muerto a su posible ocupante, el Sr. Schefold, Peter de nombre. Tenía muchas contusiones en el cuerpo y un golpe en la cabeza que se supone que es el que le ha causado la muerte. Lo normal sería pensar que se ha golpeado contra algún elemento metálico o duro del propio carruaje, contra una piedra o contra un árbol. El problema es que no se han encontrado restos de pelo o sangre ni en el carruaje ni ninguna piedra u obstáculo que le hubiera producido el fallecimiento por traumatismo. El carruaje lleva algunos cinturones de cuero en la cabina de los pasajeros que no son habituales. El Sr. Schefold era juez en Londres y se supone que debía tener muchos enemigos, muchos condenados por él que desearían matarle. Tenemos un candidato, pero tiene coartada. Es decir, en realidad no tenemos nada. Holmes no para de darle vueltas al asunto y no llega a nada. Incluso ha consultado a su hermano Mycroft y de nada le ha servido. Quizá sería abusar de vuestra amabilidad, pero si pudierais echarnos una mano ambos os estaríamos aún más agradecidos si ello fuera posible. Ya sabéis que Holmes es muy orgulloso y no requiere vuestra ayuda, pero yo, que el orgullo lo tengo mucho más menguado, sí os la pido. Para Holmes sólo hay dos salidas: o la resolución del caso o la locura. Si pudierais viajar al lugar de los hechos os quedaría eternamente agradecido”.
         - La carta va firmada por Watson, como te habrás imaginado. Le contesto que allí estaremos, ¿te parece, Valentina?
         Quedaron las gemelas atónitas por el parecido entre el sueño de Valentina y la carta de Watson, pero tanta fue su estupefacción que nada comentaron de hecho tan singular.
         - Espera, Laurita. Hasta ahora el Sr. Holmes nos requiere porque somos capaces de viajar atrás en el tiempo y con ello se supone que podremos ver lo que pasó. Pero en el fondo eso demuestra cierta desconfianza hacia nosotras.
         - Ahora tampoco te entiendo. Hoy está visto que, o yo no te entiendo, o tú no te explicas –contestó Laurita algo malhumorada.
         - Quiero decir, Laurita, que el Sr. Holmes no cree en nuestras capacidades detectivescas porque cree que lo que él no resuelva no habrá nadie capaz de hacerlo. Pues bien, vamos a demostrarle lo equivocado que está. ¿Te parece, Laurita?
         - De acuerdo, pero entonces tu padeces del mismo pecado que el Sr. Holmes: crees poder resolver aquello que nadie puede hacerlo, ni siquiera el mismísimo Sr. Holmes. ¿Me equivoco, Valentina?
         - Tienes razón. Pero elige, hermana: o me guardo la soberbia o una nueva aventura.
         - ¡Valentina, la aventura por encima de todo! Dejamos tu soberbia a Galapa hasta la vuelta y que te la guarde. No creo que la pierda –replicó Laurita y ambas rieron y todos sus amigos animales rieron a la vez y cantaron a coro:

“Soberbia maldita
  sal de la cueva
  y que no se repita
  que Adán y Eva
  mortales fueron
  por la manzanita”.

         - Te propongo aceptar el reto pero como lo hace el Sr. Holmes: método deductivo, sin viajar a esas montañas británicas. ¿Te parece, Laurita?
         Y Laurita asintió mientras seguía con sus amigos cantando la canción. Viajaron de la manera que ya es sabida al 221B de Baker Street. Allí les esperaba Watson, su esposa y la dueña de la casa.
         - Bienvenidas. Estáis en vuestra casa –dijo la dueña-. Tenéis pastas y leche caliente en la mesa. También algo hay para vuestros amigos del bosque, aunque veo que sólo habéis venido con Ojazos, la rana saltarina, y con Marni, la simpática urraca.
         Saludaron las gemelas a Watson y besaron a su esposa y a la dueña. Entonces Valentina les dijo:
         - Seguiremos esta vez, Sr. Watson, el método del Sr. Holmes. Y lo primero es más información, porque la que tenemos apenas da para nada. Habláis en la carta de un sospechoso pero con coartada, lo cual es una contradicción. ¿Hay más sospechosos?
         - Creo que es ambas cosas. Aconteció el supuesto accidente el 19 de noviembre a partir de las 5 de tarde. Sabemos que fue a las 5 de la tarde porque se encontró roto el reloj de bolsillo del juez. Tenemos no uno, sino tres personas relacionadas con la víctima, pero ninguna prueba concluyente de que fuera uno de los tres. El primero es el Sr. Steedman, matemático y profesor de universidad. La mujer de Steedman, Emily Robinson, fue condenada por el juez Schefold a diez años de cárcel por un crimen que, según su esposo, no cometió. Y por la información que me ha proporcionado Holmes parece que la Sra. Robinson era inocente. Además, Emily Robinson no llegó a salir de la cárcel: fue asesinada un mes antes de su liberación. Parece ser que la Sra. Robinson es una de las pocas conquistas frustradas del juez. Es de imaginar el sufrimiento de ambos con esa condena injusta. Motivos tenía, desde luego, para asesinar al juez. Sin embargo tiene coartada porque ese día se le vio en un pub del pueblo. Estuvo toda la tarde. Incluso los testigos que le vieron aseguran que llegó borracho a casa. Una segunda sospechosa –segunda porque es mujer– es Graziella Di Caprio, la mujer del juez Schefold. Su motivo: los celos. Quizá aún sois muy jóvenes para entenderlo, pero los celos son un demonio que a veces se viste con los ropajes de la venganza. Perdón, quizá he sido un tanto retórico, quiero decir que es uno de los grandes motivos para el crimen. Ya en la literatura clásica se registra el personaje de Medea, que fue capaz de asesinar a sus dos… Perdón, de nuevo, porque creo que me voy del tema. La señora Di Caprio tiene coartada porque el día 19 la visitaron algunas de las señora del club El té de la las cinco. No tengo que explicar con ese nombre de qué son defensoras estas señoras. Tenía y tiene un buen motivo. El juez es, digámoslo finamente, un don Juan. Se sospecha que utiliza su cargo para lograr sus conquistas, pero hasta ahora nadie le ha denunciado, lo cual le deja con las manos libres. A pesar de ello, tiene reputación de juez justo. Precisamente su primer fallo notorio es el de la condena de la señora Emily Robinson y ya he comentado la posible causa. El tercero es el Sr. Ramsey, el esposo de una de las amantes del juez, amante cuyo nombre omito por respetar su intimidad y porque no creo que tenga influencia directa en el caso. Es pescador de altura, de los que se alejan muchas millas de la costa. Como veis, venganza y celos, dos viejos motivos que llevan a las personas a situaciones límite, incluso al crimen en algunos casos. También tiene coartada el Sr. Ramsey, que ya os dicho que es pescador y estuvo ese día y  varios días después de faena en el mar. Aquí tenéis un informe completo de lo acontecido preparado por Holmes.
         - ¿Y por qué sólo tres sospechosos, Sr. Watson? Con tantos condenados por el señor juez debiera tener muchos enemigos –preguntó Laurita adelantándose a su hermana.
         - Buena pregunta, Laurita –contestó Watson–. El nexo de unión de los tres sospechosos es el pub The Fox Clever, donde se les ha visto a la vez, pero no juntos.
         - ¿Y se les ha visto conversar entre ellos? –inquirió Valentina.
         - No. Por eso he dicho a la vez, pero no juntos. Eso es lo extraño, que nadie les ha visto entablar conversación entre ellos, lo cual es casi más difícil que lo contrario teniendo en cuenta que es el único pub de Mungrisdale. También resulta extraño las frecuentes visitas al pub de la señora Di Caprio dado que es la mujer de un juez. No parece apropiado a su condición. Pensad que este país es muy puritano y está mal visto que las mujeres vayan a estos lugares sin sus esposos, incluso con ellos.
         Quedáronse pensativas las gemelas y ambas se sentaron al unísono en uno de los sofás del gran salón de la casa. Aprovechó Watson para disculpar al Sr. Holmes por su ausencia en la reunión, pero el caso es que el famoso inspector había recibido el encargo del Foreign Office de ir a recoger al no menos famoso psicoanalista vienés Sigmund Freud. “Pero pronto estará aquí y ampliará la información”, puntualizó Watson.
         - ¿Contra qué se golpeó exactamente el Sr. Schefold? –preguntó Valentina.
         - Este es otro problema, porque no hemos encontrado ningún objeto contundente, ninguna piedra que tuviera restos de sangre o pelo de la víctima. Creo que ya os lo he comentado. En realidad yo me he permitido insinuar a Holmes que todos los indicios apuntan a un mero accidente, pero Holmes dice que le huele a un crimen. Ya conocéis al Sr. Holmes, nunca dice todo lo que sabe, sólo aquello que casa con su reconstrucción de los hechos. Le he advertido que esa forma de proceder le puede llevar a omitir información relevante cuando su teoría fuera errónea, pero el sigue en sus trece. Según él, su método consiste en seleccionar la información, porque tan malo es la falta de ella como el exceso. Depuración de información y reconstrucción mental de los hechos. Ese es su método. Y hasta ahora le ha dado un magnífico resultado.
         Entonces Laurita hizo una pregunta que dejó boquiabierto y balbuciente a Watson.
         - ¿Por qué están tan seguros que el accidente fue el día 19 y no el anterior o posterior?
         - No lo sé con exactitud. En todo caso eso fue lo que dijo el forense. Nos hemos fiado de él, aunque Holmes sigue su propio criterio en estos casos. En realidad nunca se fía ni de la policía ni de los forenses: dice que carecen de imaginación por razón de su oficio.
         Entonces, como a hurtadillas, le dijo Valentina a su hermana:
         - Buena pregunta, pero tengo otra que creo que es aún mejor aunque me la reservo para el Sr. Holmes.
         Contra toda la previsión de Watson, llegó en ese momento Holmes a la casa de Baker Street, lo cual despertó alborozo, tanto en las gemelas como en el resto de los ocupantes, y ello a pesar del carácter seco del famoso detective. Además no venía sólo, sino que le acompañaba el Sr. Freud, el no menos famoso psicoanalista vienés. Todos juntos conversaron durante largo rato, casi hasta la noche. Valentina le contó el sueño al famoso psicoanalista.
         - A bote pronto me llama la atención el que yo viajara en el carruaje de Laura, vuestra hermana, y preguntara si el Sr. Holmes viajaba en tu carruaje, Valentina. Pensaré en ello, aunque visto los casos resueltos por vuestra colaboración me atrevería a pensar que tú, Valentina, querrías emular al Sr. Holmes, copiar sus métodos –reflexionó en voz alta el Sigmund Freud.
         - Pero si es así, ¿para que querría yo que viniera en mi ayuda el Sr. Holmes?
         - El sueño tiene sus camuflajes, sus desplazamientos entre personajes, sus aparentes contradicciones. En mis estudios sobre el tema he llegado a una conclusión universal: el sueño es una realización de deseos, pero hay que interpretarlo; también que una cosa es lo que en el sueño se manifiesta y otros los materiales de los que se provee. Tú, Valentina, en realidad eres el Sr. Holmes en el sueño y Holmes eres tú. Es una posible interpretación. También la de que quieres la presencia del Sr. Holmes, pero no para que te ayude, sino para que observe cómo solucionas tú el caso en el caso de que no lo solucione él. Bien, pensaré en ello toda la noche y veré si tengo una interpretación más acabada.
         - Una pregunta más, Sr. Freud, ¿por qué aparecen dos carruajes en el sueño?
         Ante la pregunta de Valentina todos se miraron, pero el que se sentó como para reflexionar fue el propio Holmes, que permanecía callado.
         - Ante esa pregunta no tengo de momento respuesta. Tampoco el que viajaréis en diferentes carruajes. Puede mostrar tu deseo de mantener a tu hermana al margen de tu competición con el Sr. Holmes. Creo que la proteges en exceso. Pero no quiero seguir por ahí ahora porque el método psicoanalítica exige confidencialidad entre paciente y médico.
         - Pero yo no estoy enferma, Sr. Freud.
         - Lo sé, por eso me he saltado la regla anterior de la confidencialidad. Pero no querría convertirme en protagonista de esta encantadora reunión. Aquí las protagonistas sois vosotras. El Sr. Holmes me ha puesto en antecedente de vuestras dotes y he quedado estupefacto. Y veo que el Sr. Holmes ha sido en exceso comedido en sus elogios. Quizá fuera más interesante volver al caso real –dijo Sigmund Freud mientras se dirigía a Holmes.
         Ahora intervino Holmes.
         - Este caso ha sido un bálsamo para mi orgullo. Yo me he empecinado en creer que se trataba de un asesinato y en realidad no existen pruebas concluyentes de que así fuera. Es verdad que las personas que, seguro os habrá comentado el Sr. Watson, tenían motivos para matar al juez Schefold, pero sus coartadas son sólidas. No hay testigos de que alguno de los tres estuviera en el día de autos en las montañas de Mungrisdale donde se despeñó el carruaje. Ni siquiera hemos encontrado el posible arma homicida. Es verdad que tampoco se ha encontrado piedra u objeto contra el que se golpeara la víctima, pero ese día llovía y es posible que la lluvia haya eliminado cualquier huella o rastro que nos llevara hacia alguna conclusión. Creo que debemos dar por resuelto el caso: se trata de un accidente, de un desgraciado accidente.
         Las palabras de Holmes dejaron a todos helados. Al menos contrariados. A todos, pero con una posible excepción: Valentina.
         - Una pregunta, Sr. Holmes: ¿Algunos de los sospechosos tiene un carruaje como el que se estrelló en Mungrisdale?
         - Así es, Valentina. La señora Graziella, la mujer del juez, tiene uno idéntico al estrellado. ¿Por qué esa pregunta? –preguntó Holmes.
         - Sólo estoy siguiendo su método, Sr. Holmes: aumentar la información hasta que esté todo lo importante. Otra pregunta, Sr. Holmes: ¿Qué hicieron los sospechosos el día anterior al supuesto accidente?
         Aquí Holmes se quedó pálido y se levantó para alcanzar su taza de té que no le pillaba a mano y contestó:
         - Eso no es relevante porque de lo que no hay duda es de la fecha del accidente, supuesto accidente si se quiere: el 19 de noviembre.
         - No dudo de la fecha del supuesto accidente, Sr. Holmes –dijo Valentina en tono serio.
         Y viendo que la cosa se ponía más tensa de lo conveniente entre Valentina y Holmes, intervino Laurita.
         - Sr. Freud. El sueño de mi hermana tiene toda la pinta de una premonición. ¿Tiene usted alguna explicación ante ese hecho? No me refiero a la fecha del accidente porque tú lo soñaste, Valentina, al día siguiente de conocer la carta que nos envió el Sr. Watson relatándonos lo sucedido en Mungrisdale. Me refiero a que el en sueño apareciera usted. Eso es imposible que lo supiera mi hermana.
         - Con la información que tengo, perspicaz Laura, no puedo contestarte. Debería saber si vuestra hermana ha leído algunos de mis libros con interés especial. Pero ya digo que no querría estropear esta hermosa velada con mis teorías. Creo que deberíamos cantar y quizá… bailar. En Viena se baila mucho y me gusta presumir de que soy un excelente bailarín. Sé que lo es también el Sr. Holmes y la Sra. Watson. Y me atrevería a apostar que tú, Laura, te vuelve loca el baile: ¿me equivoco? –contestó Sigmund Freud mientras invitaba al baile a la Sra. Watson.
         Fue el propio Watson el que llevó de la mano a su señora para que bailara con el famoso psicoanalista. La dueña de la casa puso un vals, el famoso Danubio Azul, como para dar contento a su invitado. Todos bailaron, incluso Holmes. También cantaron Watson, Laurita y la Sra. Watson. Y entonces, Valentina cogió de la mano a su hermana y la llevó como en un aparte al sofá más retirado de la habitación, desde el cual no podrían oírlas.
         -  Laurita, ¿por qué has mentido al Sr. Freud? Mi sueño fue anterior al día de autos, como aquí se dice a la fecha del supuesto accidente –inquirió Valentina algo malhumorada.
         - Mira, Valentina, ya me has hablado del Sr. Freud y de lo que hace. Él no cree en las premoniciones, como ellos dicen, es decir, en que se pueda adivinar el futuro a través de los sueños. Si yo le hubiera dicho que tu sueño es anterior habríamos dejado en evidencia al Sr. Freud. Una mentirijilla para quedar bien, como cuando nos escapábamos en invierno por la ventana de nuestra habitación de casa de nuestros padres para tirarnos bolas de nieve. Luego volvíamos como si nada malo hubiéramos hecho. Y en realidad no hacíamos nada malo, sólo divertirnos. Por cierto: ¿tú crees en lo del accidente?
         - No, creo que se trata de un asesinato –dijo Valentina.
         - ¿Y el Sr. Holmes lo sabe, Valentina?
         - Esa es una buena pregunta, porque no sé si es verdad que cree que es un accidente o nos está haciendo creer que lo es, Laurita.
         - Vamos, cuéntame tu teoría, Valentina.
         - Aquí no puedo, pero piensa en estas cosas: dos carruajes iguales; fecha del accidente; correas de sujeción especiales; no hay rastros. A la vuelta te lo cuento. Y piensa también en mi sueño. Ahora intenta reconstruir los hechos mentalmente y en silencio.
         Y la fiesta siguió hasta la cena. Luego se despidió Sigmund Freud porque debía recoger unos papeles en el hotel donde se hospedaba. Las gemelas se quedaron esa noche por no contrariar a la dueña y a la esposa de Watson, la cual las consideraba como unas hijas. Al día siguiente Valentina, ya en la Cueva de los Sueños,  daba la siguiente explicación a su hermana:
         - Te dije Laurita que la pista principal me la dio mi propio sueño: dos carruajes. La segunda pista, que no lo es, es la fecha del accidente. La señora Graziella Di Caprio tenía un carruaje igual que el supuestamente accidentado. Imagina al Sr. Steedman. Condenan a su mujer a la cárcel por un crimen que no ha cometido. La mujer no llegó a salir de ella porque fue asesinada en la misma cárcel. He leído los informes de Holmes sobre Steedman. Es un profesor de universidad. Da clases de matemáticas y lógica. Es además un excelente ajedrecista. Es un tipo frío y calculador. Tiene diez años para imaginar el crimen perfecto.
         -¿Pero cómo estás segura de que fue él? ¿Los demás también tenían motivos para asesinarlo, Valentina?
         - ¿Y quién ha dicho que actuó solo? Tanto la Sra. Di Caprio como el pescador, el Sr. Ramsey se veían en el pub The Fox clever. Es verdad que allí no hablaban para no levantar sospechas, pero allí, por señas, quedaban en algún lugar al abrigo de las miradas de los lugareños. Quizá en la barca de Ramsey, a la noche, cuando los pescadores ya se han retirado a sus casas cansados de su agotador trabajo diurno. Durante años imaginaron cómo matar al Sr. Schefold. Sólo un cerebro comparable al del Sr. Holmes y con deseos de venganza podía imaginar lo que te voy a contar. Había dos carruajes, lo sabemos, uno de de Graziella Di Caprio y el otro de su marido, la víctima, el juez Schefold. Lo que no sabes es que hubo dos viajes a las colinas de Munsgrisdale: una el día 19 de noviembre, lo sabes, pero hubo otro el día anterior. El día 18 de noviembre el Sr. Steedman tomó uno de ellos y se dirigió a las colinas. En un momento abandonó la parte delantera del carruaje –que me he enterado que se llama caja de juego delantero– desde donde azuzaba a los caballos y se metió dentro, se agarró fuertemente mediante correas y, aquí viene un acto de valor heroico, estrelló el carruaje con riesgo de su vida. Los caballos murieron en su caída por la ladera, el coche quedó destrozado, pero él sobrevivió. Volvió andando a casa de la Sra. Di Caprio, la cual le esperaba. Al día siguiente, pero al despuntar el alba, raptó al juez con la ayuda del Sr. Ramsey e hizo  el mismo trayecto que el día anterior. Cuando llegó a la altura del coche accidentando del día anterior mató con algún objeto al juez y le lanzó donde estaba el carruaje. El desnivel de la ladera ayudó a que quedaran cerca carruaje y víctima. No podían bajarlo a hombros porque las huellas que quedaran podían delatar un transporte de un cuerpo pesado. Debió tener suerte, porque cayó muy cerca del carruaje destrozado. Todo parecía un accidente. Nadie vio el viaje del carruaje del día 18; tampoco el del día 19, el día del asesinato, porque aquel lugar de las montañas de Mungrisdale es un lugar inhóspito y peligroso. Mucho antes de las 5 de la tarde ya estaban en el pub The Fox Clever y con la coartada asegurada. El Sr. Steedman eligió muy bien el lugar. Durante años Graziella Di Caprio tuvo el cuidado de no sacar los dos carruajes a la vez. El suyo debió permanecer oculto en algún lugar por indicación del Sr. Steedman. Quizá lo supiera el juez, su marido, pero esa información se la llevó a la tumba. A los ojos del mundo sólo había un carruaje. Es muy posible que en estos momentos se estén deshaciendo del que ha sobrevivido. Quizá lo estén desmontando el Sr. Ramsey y el Sr. Steedman, y se lo lleve el primero al mar, a algún lugar donde el mar no lo devuelva, porque ya sabes que dicen que el mar devuelve siempre lo que no es suyo. Seguro que el Sr. Ramsey, el pescador, sabe de algún lugar donde quede para siempre.
         - ¿Y tú crees que el Sr. Holmes no ha imaginado algo parecido, Valentina? Parecía muy contento para no haber resuelto el caso.
         - Lo sé, a mí me extraña también. El Sr. Holmes se hace viejo, Laurita, y valora a lo mejor otras cosas. Esta es una venganza que parece una justicia, porque en los papeles del Sr. Holmes dice que el juez Schefold se negó sistemáticamente a revisar el caso de la Sra. Robinson, la mujer de Steedman. También se negó a cambiarla de prisión a sabiendas que la de Londres no era la más apropiada para ella. El Sr. Holmes -¿o ha sido el Sr. Watson?- nos ha dado razones para el comportamiento del juez, razones que a nosotras nos parecen más bien sinrazones. ¿Te ha gustado la palabra, Laurita? ¡Esa no la conocías! Volviendo al caso, quizá por eso en este caso, y sólo en este caso, le haya parecido a nuestro amigo que se hacía mayor justicia dejándolo irresuelto que llevando a la cárcel al pobre Sr. Steedman.
         - Pero a mí la curiosidad me mata. Debemos volver a Baker Street y que nos resuelva estas dudas, Valentina.
         - Tranquila, hermana. Apuesto que no tardando mucho recibiremos alguna nota a través del Arcón de los Sueños de parte del Sr. Holmes.
         - Y el Sr. Holmes no investigó lo del reloj parado. Es un truco. Yo lo he leído en algún sitio: para que parezca que la hora del crimen es una que le interesa al asesino rompe el reloj de la víctima y le pone a la hora que le interesa. Lo extraño, Valentina, es que el Sr. Holmes no se diera cuenta de ello.
         - Claro que se dio cuenta, Laurita, por eso el Sr. Holmes no mencionó lo de la hora: no quería llamar la atención sobre ese detalle, pero el Sr. Watson sí que nos lo contó. Sin quererlo, le traicionó. Nuestro amigo detective siempre antepuso su interés por tener un heredero de su método que por resolver el caso.
         - Pues a mí me gusta lo que ha hecho nuestro amigo: es mi ídolo –replicó Laurita sentándose en el sofá de aire con un suspiro de satisfacción.
         - Laurita, ha dejado sin resolver un caso y se ha hecho además amigo del asesino.
         - Ha sido lo más justo, Valentina.
         - Salvo cuando los jueces son los injustos. Además, Valentina, este es un crimen perfecto porque no se puede demostrar que se cometiera el día 18; en cambio el reloj indica –aunque sea falso- que fue el 19 y en esa fecha todos tenían coartada. ¿Qué te parece, Valentina?
         - Tienes razón, Laurita. Podría haberse realizado otro día como el 20, por ejemplo. Es invierno y estamos bajo cero. Así los cuerpos tardan más en descomponen, por lo que no se sabe la fecha de la muerte. Por eso el Sr. Steedman esperó al invierno.
         Y siguieron discutiendo del tema durante algún tiempo hasta que del Arcón Mágico se recibió una nota del detective inglés tal y como había predicho Valentina.
         “Estoy inmensamente agradecido por vuestra colaboración. Todo ha quedado como un accidente. Sé que sabéis que no fue así, pero también sé que estáis de acuerdo con mi proceder. Me hago viejo y ya no me divierte la resolución del enigma en el mundo del crimen porque he comprendido, aunque tarde, que detrás del misterio hay personas que sufren y, a veces, mueren, y eso es más importante que alimentar un ego que, al final, morirá conmigo. Os informo que el Sr. Ramsey ha perecido. Su barco, sobrecargado por una carga que no se ha encontrado pero que es fácil de imaginar cual era, se hundió en el mar. La señora Graziella ha vendido sus propiedades y se ha vuelto a Italia, a Módena, a vivir con sus ancianos padres. Y el Sr. Steedman sigue dando clases de matemáticas. He hablado con él. Padece de una tristeza profunda, como a nadie he visto, pero a la vez se le notaba con tranquilidad de espíritu. He observado cómo explicaba las ecuaciones diferenciales de segundo grado con la mayor naturalidad del mundo. Incluso he jugado al ajedrez con él. Me ha ganado, claro, pero le ofrecí gran resistencia. ¡Es un magnífico ajedrecista! Quiere presentarse al campeonato de Escocia, porque él es escocés. No desconoce la esgrima y algunos combates cuerpo a cuerpo que yo desconocía. No hemos hablado del tema, pero cuando nos cruzamos las miradas él sabía que lo sé y sabía que yo sé que él sabe que yo lo sé. Pero guardamos silencio. Quiero contratarle como colaborador. Quizá no sea la mejor elección desde el punto de vista ético, pero a lo hecho, pecho, como decís por vuestras tierras. Necesito un heredero, un continuador de mis métodos. Me gustaría que fuerais vosotras, pero eso es mucho pediros. Cuando nos veamos os daré detalles, pero seguro que sólo serán accidentales, porque sé que habéis resuelto el caso. Steedman tuvo grandísimo valor para estrellar el carruaje con él dentro y esa cualidad, además de la inteligencia, es la que debe tener mi continuador. Quiero convertir al Sr. Steedman en una pesadilla para el mundo del crimen. Ese será mi legado. Hasta la vista. Saludos a vuestros amigos del bosque”.
         - Este es el motivo, Valentina: quería un heredero y de nada le servía en la cárcel. ¿Te parece bien? Dudas resueltas, ¿no, Valentina?
         Y Valentina tardó en contestar, ensimismada en sus pensamientos.
         - Yo tengo una: ¿desde cuando supo el Sr. Holmes la verdad?: ¿antes de contar el sueño en Baker Street o después? Noté cómo cuando lo contaba se sintió sorprendido, azorado, Laurita.
         - ¿Azorado? ¿Qué palabra es esa? Nunca la había oído.
         - Yo tampoco, Laurita, pero sé que hay un ave que se llama azor.
         - Entonces, si el Sr. Holmes se azoraba es que volaba, y eso no ocurrió, hermana. ¡Eso debe significar otra cosa!
         Y ambas hermanas rieron y cantaron de nuevo junto con sus amigos del bosque:

“Soberbia maldita
  sal de la cueva
  y que no se repita
  que Adán y Eva
  mortales fueron
  por la manzanita”.




ELECCIONES CATALANAS:
 FRACASA EL CONTUBERNIO PP-MAS

Antonio Mora Plaza

         Cualquier visitante extranjero a este país que, llevado por la curiosidad, observara el resultado de las elecciones al Parlamento de Cataluña del 25 de noviembre y leyera la prensa de derechas (de extrema) al día siguiente como el ABC, El Mundo, La Razón, etc., o viera los debates de supuestos expertos tertulianos en las cadenas de televisión, creería que, o bien se ha equivocado de prensa y televisión, o se ha equivocado de país. La extrema derecha mediática de este país –muy mayoritaria en los medios- se ha apresurado a certificar el fracaso del proyecto soberanista de Cataluña y sus deseos de independencia porque el partido que gobierna en la Autonomía de Cataluña ha perdido 90.489 votos, pasando de 1.202.830 votos en el 2010 a 1.112.341 en el 2012. Se diría que tenían los titulares ya en prensa y no les ha dado tiempo a cambiarlos; o quizá es que no lo hubieran cambiado incluso con resultados más favorable para el líder de CiU. Es verdad que las encuestas auguraban resultados más favorables, pero esta vez los augures se han equivocado notablemente, ridículamente, pero eso es un problema de las empresas que se dedican a tales menesteres. Porque eso no cambia el fondo de la cuestión. La falacia de la extrema derecha mediática estriba en confundir los deseos de independencia de una parte del pueblo catalán con los deseos de independencia del Sr. Artur Mas y su partido. En efecto, el partido de derechas del Sr. Mas ha perdido estos 90.489 votos, pero el partido que más representa los deseos de independencia desde la izquierda en Cataluña, es decir, Esquerra Republicana de Catalunya, ha pasado de 219.173 votos a ¡496.292! Entre ambos el soberanismo catalán se ha reforzado en 186.630 votos. Más aún, si a estos partidos les sumamos la variación de votos de CUP y SI, el resultado es que ese soberanismo ha ido de 1.524.924 votos en el 2010 a 1.781.460 en el 2012, es decir, se ha reforzado con 256.536 votos, un 16,8% de aumento. Los malos analistas y los malos periodistas que escriben en los medios de extrema derecha y que salen en las televisiones confunden el análisis en términos de escaños con el análisis en términos de votos, lo cual les descalifica para siempre. Es verdad que en términos de escaños, aparentemente, el soberanismo ha perdido dos escaños, pasando de 76 a 74, lo cual no se puede hablar además de significativo retroceso en términos de aritmética parlamentaria. Pero estos medios han omitido el papel de otro partido en Cataluña: Iniciativa per Catalunya y sus coaligados. Ello ha ocurrido porque estos medios siguen con el paradigma franquista de antes roja que rota (refiriéndose a España). Este partido no ha apoyado decididamente la independencia pero sí el derecho a decidir. ICV ha pasado de 230.824 votos en el 2010 a 358.857 en el 2012. La conclusión es que este derecho a decidir ha recibido un apoyo de 2.140.317 votos en estas elecciones, cuando estos mismos partidos (CIU+ERC+SI+CUP+ICV) obtuvieron 1.755.748 en el 2010. Un aumento de 384.569 votos, un ¡21,9%! Los partidos que no propugnan ni el soberanismo ni la independencia (PP+PSC+Ciutadans) han aumentado, bien es verdad, en 201.002 votos, pasando de 1.068.453 a 1.269.455. Pero incluso aquí tienen un problema la derecha nacional de origen franquista como es el PP y también el mismo PSOE, y es que el propio PSC, el partido hermano, sí parece apoyar el derecho a decidir, aún cuando se pueda atisbar que se pronunciaría en contra de la independencia de Cataluña. Dicho de otra forma, apoyaría una consulta o referéndum sobre la cuestión aunque fuera para decir que no. En términos de escaños el soberanismo catalán se ha reforzado en uno, pasando de 86 a 87 puestos en el parlamento catalán si incluyéramos a ICV en el proyecto mínimo del Sr. Mas: el del derecho a decidir.

         En cualquier caso un proyecto soberanista en Cataluña estará destinado al fracaso si lo tiene que liderar la derecha catalana como es CiU, porque esta partido es esclavo de la poderosa patronal catalana, de sus cámaras de comercio y de la banca catalana, espacialmente de La Caixa, y los representantes de estas organizaciones no se han pronunciado precisamente por la independencia. A los mercaderes y banqueros no les interesa la independencia de Cataluña, no les interesa nada que suponga grandes cambios institucionales sujetos además a una incertidumbre extrema. Y más teniendo en cuenta que ello supondría de entrada la salida del euro del nuevo país. Al menos así lo han considerado los dirigentes –más bien funcionarios– europeos en Bruselas y en el BCE. Y esto lo sabe y lo sabía el Sr. Mas, que no parece una lumbrera pero tampoco hay que suponerle tan tonto como parece. En realidad todo esto, estas elecciones, han sido un paripé montado por el Sr. Mas con la aquiescencia del P.P. porque ambos suponían que les daría votos: el anticatalanismo del PP le da votos en el resto de España e incluso en Cataluña (de 387.066 a 471.197) y el antiespañolismo de CiU del Sr. Mas y sus compañeros de ejecutiva del partido preveían también un aumento en Cataluña. En este sentido –y sólo en este sentido– el Sr. Mas y la derecha catalana han fracasado. En realidad al Sr. Mas el resultado electoral de estas elecciones le ha quitado un peso de encima porque su proyecto soberanista en solitario estaba destinado al fracaso. Sus primeras palabras pidiendo la complicidad de los partidos catalanistas demuestran que sí tenía pensada la salida o escusa de su fracaso: pedir el apoyo ahora de los que reclaman de verdad la independencia. Ahora ya puede decir el Sr. Mas que si el proyecto no sigue adelante no será porque no haya puesto empeño en ello, sino porque el resto de los partidos independentistas –claramente en referencia a ERC– según él, no apoyan esos deseos. La conclusión ya la adelantábamos: el soberanismo en Cataluña no ha fracasado, lo que ha fracasado es el soberanismo de mentirijillas del Sr. Mas y CiU –habría que decir que sólo Convergencia–, ha fracasado el populismo de derechas, la demagogia para obtener votos. Pronto veremos a CiU y al PP apoyándose mutuamente en ambos Parlamentos para seguir con los recortes y mandar a más españoles al paro.

         Porque lo que sí se ha producido en Cataluña es una crítica a la política económica de los recortes, al furor privatizador del PP y CiU, al desmantelamiento del Estado de Bienestar, que para estos ambos son partidos hermanos. Si sumamos los votos de CiU, PP y Ciutadans vemos que han aumentado, es verdad, en 162.413 votos, pasando de 1.696.050 en el 2010 a 1.858.463 en el 2012 (un 9,6% de aumento), pero la izquierda sociológica ha pasado de 1.128.151 votos en el 2010 a 1.551.309 en el 2012, es decir, 423.158 votos más, un ¡37,5%! de aumento. Este fracaso es lo que han ocultado tanto CiU como la inmensa mayoría de los medios de comunicación de este país. Y cabe suponer que esta crítica ya está pasando en el resto de España. La ventaja en Cataluña y en Euskadi es que hay partidos tanto de derecha como de izquierda, tanto independentistas como no independentistas, como para que pueda reflejarse electoralmente estos cambios y sin que el sistema electoral lo desvirtúe significativamente.

         El que se lo tiene que hacer mirar es el PSOE y su partido hermano en Cataluña, el PSC, porque este partido ha pasado de 1.182.299 votos en las elecciones de 1999 a 523.333 en estas últimas. Es decir, ha perdido uno de cada dos electores. Si nos atenemos a los artículos escritos por el Sr. Griñán y el Sr. Redondo (Terreros) en la prensa parecería que no han escarmentado y que siguen atribuyendo a la crisis económica el descenso de su electorado, incluso ¡un año después de las elecciones generales! Y es precisamente la catalana Carme Chacón la que ya propugna una crítica al segundo gobierno de Zapatero, a sus medidas económicas de mayo del 2010. Por ahí van los tiros, con perdón, pero esas balas van con mucho retraso y con mucho retardo.


                   Madrid, 28 de noviembre de 2012.

para la revista digital "Nueva Tribuna"

        



VOLVER A LA IZQUIERDA PARA SALVAR A LA DEMOCRACIA

Antonio Mora Plaza

            En las primeras declaraciones de Elena Valenciano, portavoz del PSOE, tras el descalabro gallego y vasco en las elecciones autonómicas del 21 de octubre, habla del “ciclo electoral negativo” a consecuencia de la crisis y –algo es algo– a las medidas de mayo del 2010 de ex-presidente Zapatero. Esperemos que esta visión sólo sea momentánea, porque es más una pérdida absoluta de visión, un error monumental. El PSOE creo que no es consciente aún en el lodazal en el que se ha metido. Más aún, es posible que aún piense que debe ser más moderado de lo que es, más neoliberal respecto a las medida que tomó en el pasado, de que aún son necesarios más recortes porque esta política de reducción de gasto público -que nos lleva al abismo por y conducido por el PP- le da votos a este partido y se los quita al suyo. Pero ocurre que los votantes del PP y los del PSOE no actúan con los mismos criterios éticos, no tienen el mismo nivel crítico ni intelectual. Fueron 4.300.000 votantes del PSOE los que le dieron al espalda a este partido en las últimas elecciones.  En cuanto a los votantes del PP, aunque menos críticos, con menos dignidad y menor nivel intelectual, también han dado un toque a su partido favorito como se demuestra en el cuadro adjunto.


Euskadi


Galicia

PP
PSOE


PP
PSOE
2009
146.148
318.112

2009
789.427
524.488
2012
129.907
211.939

2012
653.934
293.671

-16.241
-106.173


-135.493
-230.817
en %
-11,1%
-33,4%


-17,2%
-44,0%
Resultados electorales a las Comunidades en Octubre de 2012

Según el cuadro anterior, los socialistas han perdido 230.817 votos en Galicia respecto a las elecciones anteriores (un 44%) y 106.173 votos en Euskadi (un 33,4%), pero también ha perdido votos el PP, lo cual es muy importante porque desmiente que los ciudadanos gallegos y, especialmente los vascos, hayan aprobado la gestión de Rajoy (como pretende hacernos creer el diario de extrema derecha La Razón). En cuanto a los socialistas, si tienen alguna duda de la causa de la pérdida de votos pueden solventarla contemplando los votos AGE en Galicia, el partido de Xosé Manuel Beiras (200.101 votos). Ahí están los votos perdidos por el PSOE en parte, porque la otra parte se debe a los  perdidos por el BNG (de 270.712 a 145.389). No caigamos en lo que hacen los malos periodistas, que se fijan sólo en los escaños y no en los votos; malos y, claro está, de derechas.

Si el PSOE no atina con el diagnóstico corre el peligro de quedarse fuera de la alternativa de gobierno durante mucho tiempo. Y eso sería una desgracia para España porque el PP no sólo nos lleva a la ruina económica con su reducción del gasto público y, con ello, de la demanda agregada respecto a la del año anterior, sino que nos lleva a una nueva dictadura. Una dictadura con urnas, es cierto, pero con la destrucción paulatina del Estado de Bienestar y el Estado de Derecho. En este siglo XXI ya no es posible concebir la democracia como un mero sistema electoral, aunque garantizado, como en USA. En Europa, o se avanza hacia la democracia consolidada al menos con la socialdemocracia que supone esa defensa del Estado de Bienestar, o sucumbimos de nuevo a la barbarie por otros métodos. La vacuna contra el nazismo, el fascismo y el franquismo aún tiene sus efectos sobre las clases populares de derechas, pero no por mucho tiempo. La tentación de querer mantener los privilegios a toda costa que tienen o creen tener las clases populares que votan a la derecha respetando a vez a la democracia tiene su fecha de caducidad. El asalto a la democracia por parte de Rajoy y sus huestes populescas ya se ha iniciado, lo mismo que ha ocurrido en Italia a partir de Berlusconi, y este país tiene a un gobierno cuyo jefe no se presentó a unas elecciones. En Grecia, parecido. Rajoy, con sus huestes y parte de sus votantes, ya ha iniciado el desmantelamiento del Estado de Bienestar con las medidas sobre la sanidad pública, la educación pública (el neofalangista ministro Wert), la destrucción de la ley de la dependencia via presupuestaria, la rebaja del sueldo de los funcionarios, la nueva ley del aborto, etc.; el asalto al Estado de Derecho con el nombramiento de comisarios políticos en RTVE, en la CNMV, con no pagar a los representantes públicos (la Cospedal en Castilla-La Mancha), con la nueva cadena perpetua revisable, los atentados contra el derecho laboral, y lo que vendrá en el futuro con los tribunales Supremo y Constitucional, contra el divorcio, etc. En este comienzo de siglo, sin Estado de Bienestar consolidado que garantice de manera gratuita un mínimo digno para todos, no hay democracia, tan solo elecciones.

         La tarea de la izquierda –especialmente la del PSOE por ser por ahora la única alternativa de gobierno– consiste en convertirse en un partido al menos socialdemócrata. No he dicho reconvertirse, porque nunca lo ha sido con coherencia. Es verdad que le debemos avances innegables en temas de sanidad pública, dependencia, menos importantes en educación (¡creó o consolidó la enseñanza concertada!), pero eso es ahora ya historia, además de que fuera insuficiente en su momento. Por el camino que vamos la participación del gasto público y del gasto en materia de educación y sanidad pública va a retroceder a la época preconstitucional o casi. Si no se cambia de política económica volveremos al Auxilio Social y a una fiscalidad donde los ingresos públicos se sostenían mediante los impuestos sobre las nóminas. Y, en cambio, ahora hay más ricos y son más ricos que a comienzos de la crisis. El PSOE debe reconocer que las medidas de mayo del 2010 de Zapatero fueron un error porque con ellas comenzaron los recortes. Rajoy ha multiplicado esas mismas medidas con otras de su cosecha (la amnistía fiscal) y no han servido para estimular la economía sino para degradarla. Ahora de media la prima de riesgo es más alta, los parados son más y el PIB decrece. Reconociendo el error y haciendo propósito de la enmienda –aunque suene a sermón de curánganos de la Dictadura– puede el PSOE intentar recuperar el voto perdido. Porque por eso pierde las elecciones y los escaños este partido, no porque el PP remonte sino porque el PSOE se hunde. Pero el voto salvavidas lo tiene en su mano, no lo tiene “el cambio de ciclo” como dice la Sra. Valenciano, lo que pasa que lo tiene enganchado a una cuerda –mitad neoliberal, mitad neofranquista– agarrada por el PP, y mientras no la corte no va a salir a flote. En Euskadi está clarísimo: una legislatura gobernando con el apoyo parlamentario del PP lo ha hundido porque a los votantes del PSOE (PSE en Euskadi) les repugna todo lo que huela o provenga del PP. Y con razón, porque este partido apesta a franquismo.


                  Madrid, 22 de octubre de 2012.   

martes, 18 de septiembre de 2012

P.P. o DEMOCRACIA


Antonio Mora Plaza

         En ese camino del Partido Popular hacia la destrucción de la Democracia cada vez se atreve a más, cada vez da un paso más. Y tiene la ayuda de la mayoría de los medios de comunicación. Es verdad que muchos de los votantes del P. P. no son conscientes de ese camino; incluso es probable que algunos de sus militantes tampoco, pero la cosa está en marcha. El P. P., sin abandonar su esqueleto fascistoide, sin renunciar a su herencia, se ha está camuflando de neocon, de Tea Party, de ese nuevo fascismo que ha cruzado el charco y se ha instalado en USA, en el ala derecha del partido Republicano yanqui. Esto acontece a los imperios cuando olfatean su decadencia. En el fascismo, otrora europeo, ocurre que una parte de la población se convence y es convencida por una minoría de que la causa de la decadencia es la democracia, que permite supuestos privilegios de sectores de la población que no debieran tenerlo (judíos en la Alemania nazi; inmigrantes latinos en USA; inmigrantes, parados, funcionarios, personas de la Cultura, en la España de Rajoy; los moros y judíos de la España Imperial). El fascismo siempre necesita chivos expiatorios. El que “se jodan” de la diputada del P. P. no es sólo el grito estentóreo de una cretina –que lo es, sin duda– hacia uno de los chivos expiatorios del P. P. como son los parados, sino la expresión del verdadero programa de este partido hispano-neocon que es el P. P., sólo que expresado con el nivel intelectual que le caracteriza. El cambio de la ley de RTVE para nombrar un comisario político sería digno del mismísimo Goebbels. Más pasos: los gritos de la verdulera de E. Aguirre llamando comunista como un insulto al representante de I. U. en el Parlamento regional de Madrid nos retrotrae a uno de los mantras del franquismo que parecía olvidado; sólo falta lo de los masones y algún otro contubernio por llegar, pero que llegará, seguro. Más pruebas. Ya hemos visto las primeras consecuencias del nombramiento del comisario político: entrevista con Rajoy en horario prime time y la postergación de la manifestación de la Diada catalana del 11-S a un cuarto lugar en la jerarquía de las noticias del día. Más síntomas de ese retorno al franquismo: la nueva política de apoyo y financiación a la segregación por sexos en la enseñanza concertada, segregación consentida y defendida por el ministro de Educación, el Sr. Wert, un tipo, por cierto, que parecía normal cuando era tertuliano en TVE. Las manifestaciones de algunos dirigentes del P. P. –la inefable Aguirre la primera– contra la ex-carcelación del preso de ETA Bolinaga, ya enfermo terminal. No menos importante, aunque de apariencia menos brutal, es la propuesta de la Sra. de Cospedal, presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha, de que los miembros de su Asamblea no tengan retribución alguna. Es posible que encuentre un apoyo electoral en sectores de la población, pero eso, en todo caso, demostraría dos cosas: primero, el bajo –por no decir nulo– nivel intelectual de quienes están de acuerdo con esa propuesta; segundo, el retorno de nuevo a la época franquista. En efecto, sólo podrían llegar a esos cargos gente con mucho dinero y tiempo libre; lo harían además sin ninguna responsabilidad puesto que su trabajo no sería retribuido. Igual que en las Cortes franquistas donde sus señorías sólo iban a votar y aplaudir las decisiones del dictador y genocida Franco. Y de la ley de la memoria histórica ya ni hablamos. Tal como se legisló y de quién quedó la responsabilidad de su aplicación fue el sueño de una noche de verano de un tal Zapatero, un presidente ya casi olvidado junto con su republicanismo social voluntarista. Son pasos que está dando el P. P. hacia la democracia como mero sistema electoral. Y eso mientras les de el poder. No hay que fiarse, porque ya la destruyeron sus ancestros ideológicos y/o biológicos en el 36 del siglo pasado.

         El P. P., siguiendo esas corrientes de la extrema derecha yanqui del Partido Republicano, aprovecha la crisis para cercenar la educación y la sanidad pública. Es cierto que el tamaño de la tarta ha disminuido con la crisis y a causa de la espiral contractiva en la que nos ha metido el Gobierno del P. P. con su política de recortes. Eso ya se está viendo en la disminución del Consumo. Ya lo habíamos visto en Portugal y, sobre todo, en Grecia, donde hace ya algún tiempo que mejor les hubiera ido salir del euro. Los helenos llevan ya tres años financiándose a más de un 20% de media de tipo de interés, lo cual les asegura el infierno económico. Y los Monti, Draghi, Merkel, Rompuy, Rajoy no cambian por más que se astillen los cuernos contra la realidad. Por ejemplo, en España sólo se ha recaudado 50 millones por obra de la amnistía fiscal del ministro de Hacienda Montoro, cuando esperaban recaudar 2.500 millones. Un fracaso así debería provocar la dimisión de una persona simplemente normal y decente. Es decir, lo de las astillas. Aún admitiendo que el tamaño de la tarta haya disminuido, lo que hay que cambiar es el reparto de los costes de la crisis. Hay que recuperar para la Administración Central los impuestos sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones; hay que eliminar todo tipo de deducciones y desgravaciones en el Impuesto de Sociedades, en los ingresos derivados de los fondos de pensiones en el IRPF; hay que poner al mismo tipo marginal los ingresos de las rentas del trabajo que las rentas del capital; se puede también implantar un impuesto sobre las grandes fortunas; acabar con los privilegios de la SICAV; implantar la tasa Tobin. Y sin olvidar un cambio sustancial, diría que brutal, en el código penal para evitar el fraude fiscal, la evasión fiscal y la famosa “optimización” fiscal del ya casi olvidado ministro Piqué. Hay que reconstruir todo el sistema de financiación, de las autonomías, porque en el actual unos ingresan y otros gastan. Nada de impuestos compartidos y/o cedidos. Sólo propios. Que cada palo aguante su vela. Debemos ir a una fiscalidad federal, donde cada Autonomía tenga la responsabilidad de su ingreso fiscal y de su gasto. Y lo mismo para las haciendas locales. En realidad está todo por hacer, porque la crisis ha demostrado que lo hecho durante la Transición y en estos años de democracia ha sido tan frágil que le ha bastado a la derecha nacional nueve meses de gobierno para destruir o mordisquear brutalmente todas las conquistas sociales: la ley del aborto está en peligro; vamos a la cadena perpetua; la enseñanza pública con menos dinero y más alumnos; la sanidad en trance de privatización y de eliminación del derecho universal para los ciudadanos sin excepción; la ley de la dependencia destruida, y el derecho laboral volcado a favor de los llamados empresarios. A Rajoy, el mentecato, nada de esto le puedes decir porque el está centrado en la economía y en el empleo. Eso sí, de economía entiende lo mismo que un calamar de Teología: nada. Sólo hay que oírle hablar. Y el empleo sólo le importa si eso le quita votos. Y cuanto más se centra más se equivoca.

         Las encuestas señalan la caída de intención de voto del P. P. desde el 44,6% de las elecciones al 30% actual. Aún son muchísimos, porque la mayor parte de los que votan al P. P. no les interesa la política económica del P. P., aunque ellos no lo saben y no quieren saberlo. La reducción del gasto público lleva a menores ingresos fiscales por la reducción de la actividad económica, y eso perjudica a los pequeños empresarios, a los autónomos, incluso también a la grandes empresas. A nadie le conviene. Surge aquí una cuestión peliaguda desde el lado de la sociología empresarial. Si esto es así, ¿cómo es que la cúpula empresarial aplaude las decisiones de Rajoy que llevan a perjudicar sus negocios? Una parte de ese aplauso demuestra la cretinez de la clase empresarial española, pero no todo lo puede explicar eso. Incluso banqueros como Botín aplauden o corresponden la sonrisa estúpida de Rajoy, cuando al sector financiero le convendría siempre una economía en expansión con el límite de una inflación tolerable. Un análisis clásico de clases no podría dar con la pista. En realidad se trata de una lucha por los privilegios que se derivan al estar cerca del poder jurídico. Forma parte de la tradición empresarial española, desde la época del Imperio que no se ponía el Sol. En realidad los grandes empresarios españoles no son liberales en el sentido actual, no creen en la libre competencia, en la competitividad, en el libre mercado. Por el contrario, prefieren estar al lado del poder, al socaire de sus posibles prebendas, para estar el primero a la hora del privilegio, porque hasta los favores del poder son limitados dado que los recursos son siempre escasos, incluso los públicos. De ahí el cabreo de los Botín y compañía con la solución de Bankia: ya no es posible otra Bankia, es decir, otra solución tipo Bankia a costa de nuestros impuestos (ya veremos cuanto se recupera cuando el FROP venda las acciones en su poder). Es el do ut des latino (doy para que me des): yo te aplaudo, pero a cambio quiero ser el primero en la lista en la soluciones de privilegio no vaya a ser que no haya para el segundo.

         El P. P. se ha convertido en un enemigo de la democracia española porque ésta no es ya en España ni en el mundo democrático un mero sistema electoral. Detrás, encima y debajo de la democracia está un Estado de Derecho y un Estado de Bienestar, y todo lo que hace este partido tiene como objetivo su destrucción. Es un target a medio plazo, pero el camino ya se lo han mostrado a la Aguirre, al Aznar, a El Mundo -y quizá a algún otro que masculla inglés- la extrema derecha yanqui. La economía, según criterio neocon, no es cosa de los políticos. La política hay que privatizarla. El Parlamento ha de convertirse en un mero Consejo de Administración de una empresa privada. O quizá ni eso. La política la han de hacer personas de mucho dinero con tiempo y libre y/o grandes empresarios en su tiempo libre (la propuesta de la Cospedal lleva a eso). Por eso parece necesario la destrucción política del P. P. No se trata sólo de que pierda las próximas elecciones, sino de que no renazca de sus cenizas, porque nuevas legislaturas del P. P. después de esta puede llevar, no a las dos Españas que ya existen y que Aznar y Rajoy han reforzado, sino de nuevo al enfrentamiento entre estas Españas. Y si eso es inevitable, que esta vez tengamos los demócratas la garantía de que vamos a ganar. Un partido de derechas parece inevitable en la democracia, pero éste no, éste es la herencia de lo peor de nuestra historia y su tiempo se ha acabado. En realidad su aspecto programático se acabó en la Transición, pero si sobrevive es gracias a un rescoldo sociológico, rescoldo que ha de renunciar al franquismo por mucho que le pese. Y si no puede renunciar, pues habrá que obligarle, porque la democracia está por encima de la nostalgia de los que estuvieron al lado del genocida y de sus herederos.

         El PSOE debiera convertirse rápidamente en un partido al menos socialdemócrata e I. U. tirar del PSOE, criticarle, pero sin que eso le lleve a dar ventaja al enemigo (el P.P.). Lo de Extremadura debiera ser una excepción. Socialdemocracia supone al menos dos cosas: defensa a ultranza del Estado de Bienestar y redistribución de la renta y la riqueza en un sentido de mayor igualdad. Las medidas de Zapatero de mayo del 2010 fueron un torpedo en la línea de flotación de estos requisitos. Mejor sería reconocer el error; reconocer que fue el primero en recortar a pesar de que el P. P. ha hecho creer a sus votantes -aprovechando su casi nulo nivel intelectual- que era un manirroto. Y sin embargo los hechos están demostrando que ambos estaban equivocados, que los barros de los recortes de Zapatero (15.000 millones) y los de Rajoy (65.000 millones, pero aspira a ¡220.000 millones!) están provocando los lodos de la espiral contractiva en la que ya estamos. La crisis les sobrevino, es cierto, porque luchar contra ella supondría un nivel intelectual y un coraje del que ambos carecen. Pero ahora estamos ya en las consecuencias de sus políticas. Es verdad que su margen de maniobra es limitado porque la que se ha quedado con casi toda la tarta de la maniobra es la Merkel, la heredera de Hitler (el III Reich por otro medios), pero en lugar de empujar su margen en la dirección adecuada, Rajoy -como antes en mayo del 2010 Zapatero- se ha subido al mismo carro que la teutona. Y ese carro nos lleva al abismo.


                   Madrid, 15 de septiembre de 2012.      

lunes, 10 de septiembre de 2012

LAS GEMELAS Y UNA CARTA DESDE BAKER STREET


LAS GEMELAS Y UNA CARTA DESDE BAKER STREET

Antonio Mora Plaza

         A pesar de ser invierno era un día soleado. Valentina había salido de la Cueva de los Sueños y perseguía a Marni, la urraca juguetona. Marni, como toda urraca, no podía evitar el hurto, aunque luego su generosidad le hiciera devolver lo robado. De ahí que Valentina la entretuviera con juegos de persecución que no eran de su agrado, porque Valentina era más de reposo que de acción, al contrario que su hermana Laurita, que era intrépida por demás. Y de esta guisa estaban ambas cuando oyó Valentina gritar a su hermana Laurita:
         - Valentina, ven, rápido, que ha llegado del Arcón de los Sueños una nueva carta del Sr. Holmes.
         - ¿Seguro, Laurita? ¿No será un truco tuyo de nuevo para que me distraiga y Marni me gane al escondite volador?
         - Si vienes lo comprobarás –contestó Laurita ahora más sosegada.
         Y Valentina volvió a la Cueva echando una última mirada al árbol donde creía que se había escondido Marni, la urraca. Entonces leyó la carta y dijo a su hermana.
         - Creo que hay dificultades en el 221 de Baker Street, la casa de Holmes y Watson. Y hay dos cosas en la carta que me llaman la atención. ¿Cuál crees que son, Laurita?
         - Veo que quieres jugar a las adivinanzas. Vale, lo acepto porque ya sabes que no puedo rehuir el juego. ¿Rehuir? Bonita palabra que me ha salido sin pensar. Bien, en la carta se habla de un secuestro, pero no dice quién ha sido secuestrado. Además hay una frase que no entiendo. Dice que “… ni toda la espesura del mar podría ocultar su rostro. Sólo la luz os lo devolverá”. Parece una pista, pero ahora no veo dónde nos puede llegar.
         - Creo Laurita que estás atinada en considerar que ahí está el meollo. ¿Meollo? Otra palabra rara, aunque algo fea me parece. Pero para empezar no has reparado en algo fundamental: que la carta sólo está firmada por el Dr. Watson y no por el Sr. Holmes, aunque los dos aparecen como firmantes. ¿Qué crees que eso significa, Laurita?
         - Pues que es evidente que la carta la ha escrito sólo el Dr. Watson, de lo cual hay que deducir que el secuestrado sea el mismo Sr. Holmes.
         - Bien pensado, aunque podría haber sido secuestrada la mujer deWatson o la dueña de la casa de Baker Street –replicó Valentina.
         - Pero lo que más me extraña es que no nos pide que vayamos a Baker Street para echar una mano. No dice que hagamos nada, Valentina.
         - Lo cual no tiene sentido porque entonces, ¿para qué nos escribe?
         - Se me ocurre algo, Laurita. Une tres palabras que parecen que no tienen relación como ocultar, espesura y mar. Piensa en algo que tuviera esas tres cualidades.
         - No perdamos el tiempo porque estoy segura que a ti ya se te ha ocurrido, Valentina.
         - Sí. La palabra es pantano. El pantano de nuestra primera aventura con Holmes y Watson, el pantano del falso perro.
         - Recuerda que el perro existía, pero que no era tan fiero como parecía. Bien, pues vayamos al pantano, Valentina. No tenemos nada que perder.
         - Pero a mí me parece demasiado fácil. Si lo ha escrito Watson forzado por el secuestrador o con sus instrucciones podría habernos dado una pista más fácil como por ejemplo: “cuidar a mi perro en mi ausencia” y como sabemos que no tenían ningún perro, el perro sólo podría ser el perro del pantano. Además no sabemos quién en realidad ha escrito la nota. Podría ser el secuestrador, Holmes o Watson amenazado. En Baker Street no seríamos útiles. Parece indicar otro sitio muy distinto. ¿Cuál, Laurita, cuál?
         - Pues entonces esas tres palabras, ocultar, espesura, mar, no indican nada y hemos caído en la fantasía de las palabras.
         - ¿Fantasía de las palabras? Creo Laurita que unes palabras sin sentido.
         - Quiero decir que quizá unas mismas palabras puedan indicar cosas diferentes. Debemos pensar otra cosa que pueda decirse de ella que es a la vez oculta, espesa y marítima, Valentina.
         - ¡Muy bien pensado, Laurita! Si cuando te pones a pensar no me vas a la zaga.
         -¿Zaga? ¿De donde te has sacado eso? Bueno, ahora da igual porque estoy atascada, Valentina, porque no se me ocurre nada ahora que tenga esas tres palabras.
         Y siguieron las gemelas especulando sobre las palabras, sobre sus sentidos, sobre sus dobles sentidos y sobre sus sin sentidos. Durante unos momentos cambiaron de conversación y Laurita le decía a su hermana:
         - Pasa el tiempo, Valentina, y cada vez es más difícil no saber qué paso con nuestros padres en el incendio. Creo que llegará el día que no resista sin saberlo y dejaré esta Cueva y también te dejaré a ti.
         - Y con ello corres el peligro de perder el don de la inmortalidad que nos asegura la Cueva, Laurita. Yo ahora me los imagino vivos, pero si supiera que han muerto ya no podría y me llenaría de tristeza y sin ganas de vivir. ¿Y qué haríamos, además, cada una por nuestro lado? Yo no tendría ganas de aventuras y tú no sobrevivirías a éllas. Nuestros padres tarde o temprano morirán, si es que no lo están ahora, y nada habríamos ganado. Tendríamos la certidumbre de su muerte. Peor aún, de su asesinato. Sólo nos quedaría el consuelo de saber quién lo hizo.
         - Valentina, yo quiero conocer quién lo hizo.
         Laurita cambió la voz cuando dijo eso. Era más grave. Ya no parecía la voz de una niña, sino de la de una adulta que ocultaba un deseo.
         - Te prometo una cosa, Laurita: que en algún momento de nuestras vidas nos dedicaremos a investigar quién lo hizo si lo hizo alguien. Pero lo haremos dentro de mucho tiempo, cuando ya nada los devuelva a la vida, cuando sólo los podamos recordar vivos y alegres, preocupándose de nosotras, como cuando nos despertaban con un beso y con palabras de caramelo. De esta forma se cumplirán los deseos de las dos. ¿Te parece?
         - Cuando hablamos de esto me convences, pero luego, cuando lo pienso en silencio y a oscuras, no puedo recordar tus palabras y vuelven mis dudas y me ganan los deseos.
         Y las gemelas se sentaron en las butacas sin rostro de la Cueva y ambas parecían meditar: Laurita, sobre la suerte de sus padres y Valentina, releyendo la carta supuestamente firmada por el Dr. Watson. Luego, cuando ya la hubo aprendido de memoria, tomó un libro de Geografía, pasando las páginas con avidez. Y a la tarde, cuando ya se adentraba la oscuridad en la Cueva de los Sueños, aunque en la Cueva siempre había luz, Valentina dio un grito que asustó a su hermana.
         - ¡Lo tengo!
         - ¿Qué tienes, Valentina?
         - Quiero decir que sé donde está Holmes. Hay un lugar en el mundo en el que cuadran esas tres palabras.
         - ¿Qué quieres decir con que cuadran, Valentina?
         - Me vino a la cabeza esa palabra sin pensar. Quiero decir que hay un lugar que le viene bien esas tres palabras, además de las del pantano. Es un sitio del mundo: es el Mar Muerto. He leído que allí hay tanta sal que el agua se hace tan espeso que puedes flotar sin nadar.
         - ¡Bien pensado, Valentina! Aunque veo un problema. Según eso casan bien las palabras mar y espeso, pero  ¿y la palabra ocultar? ¿Qué oculta ese mar para que fuera la clave de estas tres palabras?
         Y Valentina se quedó pensando ante la objeción de su hermana. Luego se le iluminó la cara.
         - Hasta ahora hemos pensado que esas tres palabras se refieren al lugar, pero es posible que la palabra ocultar no se refiera al sitio, sino a la persona. Quiero decir, que quizá sea en lugar del Mar Muerto donde está Holmes secuestrado.
         - ¿Querrá decirnos el Dr. Watson que el Sr. Holmes ha muerto en ese mar? Me daría una pena enorme porque es muy buena persona, aunque sea tan serio. Es muy inteligente, pero a mí me da pena porque no se le ve feliz y trata de ocultar que no lo es. Y eso que tiene la suerte de tener un amigo de verdad, como es el Dr. Watson.
         - Así es Laurita. Espero que estés equivocada en lo primero y que el Sr. Holmes siga vivo. Y debemos ayudarle, aunque ahora estoy como tú: atascada.
         Guardaron ambas un silencio, un largo silencio, porque tan preocupadas estaban que ya no podían jugar y hasta se olvidaron de comer los manjares que las traía Galapa, la tortuga maternal. Fue entonces que habló la tortuga por ese don de lenguas que otorgaba la Cueva y dijo:
         - No desesperéis. Seguro que la solución vendrá con ayuda. No está escrito que sea la carta que habéis recibido la última que recibáis. No tendría sentido recibir una carta con tantas incógnitas. Algo quiere de vosotras quien la haya escrito y os ayudará a resolver el enigma cuando vea que no salís de la Cueva. Por eso lo mejor es esperar acontecimientos.
         Quedáronse las gemelas entre sorprendidas y agradecidas por la sabiduría de la tortuga y se tumbaron en las flexibles e invisibles butacas a esperar acontecimientos. Ambas miraban al Arcón Mágico. Y la espera tuvo su recompensa y regaló la razón a la tortuga, porque una carta con una breve nota se deslizó por el suelo procedente del arcón hasta los pies de Laurita. Tomó la nota y la leyó en voz alta: “Sólo en la luz está la verdad. La luz vendrá con la confusión de las lenguas”.
         - Esto es lo que dice la nota, Valentina. Nada más. De momento no entiendo nada, pero espero que algo se nos ocurra. O al menos espero que se te ocurra a ti, Valentina, porque yo estoy sin ideas.
         - Pero ahora tenemos nuevas palabras que fusionar. Tenemos confundir, lenguas. Además no debemos perder de vista el Mar Muerto. Más aún, debemos pensar en un lugar en el que pueda ocultarse alguien, Laurita.
         - Lo mejor es una cueva como esta donde nadie nos ve.
         - Cierto, pero de no tener una cueva o algo parecido donde no puedas evitar que alguien te vea: ¿dónde te ocultarías, Laurita?
         - Pues si no puedo evitar que nadie me vea lo mejor sería estar en un sitio donde haya mucha gente que vaya vestida como yo, Valentina.
         - ¡Exacto, un lugar donde todo el mundo te vea, pero que no te reconozca!
         - ¿Y sabes, Valentina, un lugar así? Porque tiene que ser un lugar donde, además, nadie pregunté por ti porque no parezcas extraño.
         - Lo hay, Laurita, lo hay: el Gran Bazar turco, en Estambul. Lo he leído en el libro de Geografía que he estado ojeando toda la tarde.
         - ¡Pues vayamos al Gran Bazar, Valentina! Por cierto: ¿ojeando se escribe con h o sin ella? Porque si es con h significa pasar hojas, que es con h, y si es sin h significa pasar por los ojos, y ambas cosas haces cuando lees un libro.
         -  ¿Y luego dices Laurita que yo le doy vueltas a la cosas?
         Y ambas hermanas rieron con las ocurrencias de Laurita. Entonces hicieron lo de siempre cuando querían viajar: cerraron los ojos, tomaron sus manos y pensaron dos palabras que en realidad era una por su significado: Gran Bazar.
         - Bueno, Valentina, ya estamos aquí. Esto es impresionante, es como un laberinto. Me recuerda a nuestra cueva con tantas callejas cubiertas. Aquí nos podemos perder.
         - Sólo tenemos que seguir a la gente que ha comprado tantas cosas que ya no le queda dinero para comprar y tiene que irse, Laurita.
         - Buen truco, Valentina, pero eso no nos dirá dónde está el Sr. Holmes, suponiendo que está aquí.
         - Cierto, pero recuerda las sabias palabras de Galapa: “esperemos acontecimientos”. Y mientras tanto, miremos, incluso toquemos. ¡Hay tantas cosas, tantos vestidos, tantas comidas, tantos perfumes! Hay de todo, Laurita.
         - Sí, pero no tenemos dinero.
         - Cierto, pero tampoco necesitamos estas cosas en la Cueva de los Sueños, porque allí no tenemos hambre y sólo comemos por placer; ni tenemos frío y sólo nos cubrimos y perfumamos para estar guapas. No necesitamos dinero porque somos inmortales, Laurita.
         - Sí, Valentina, pero me gustaría sentir la necesidad de vestir esta hermosa toga de seda, llena de piedras preciosas. Sería como estar viva de otra forma.
         - Es un bonito deseo, pero es el deseo de los mortales.
         Y Laurita guardó silencio porque miraba cómo el cielo traía a Marni, la urraca ladrona y curiosona. En su pico llevaba un papel. Laurita lo tomó y leyó: “Recordad que hasta los gatos tienen siete vidas”.
         - De nuevo no entiendo nada, Valentina.
         - Yo tampoco, pero preguntemos si hay algo aquí que tenga siete vidas, Laurita.
         - Pero eso no tiene sentido, Valentina.
         - Cierto, pero por preguntar nada se pierde y en la respuesta quizás  esté el lugar y el sentido, Laurita.
         - No acabo de entenderte, Valentina.
         - Verás, Laurita, la frase no sirve para buscar un lugar, pero cuando nos ha llegado es porque lo tiene, o porque, aunque no lo tenga, nos da una pista para algo que sí lo tiene. De no tenerlo en absoluto no nos habría llegado. Recuerda las palabras de Galapa.
         Y preguntando preguntando dieron con la respuesta: había un lugar que se llamaba Siete Vidas en el Gran Bazar. Es decir, la frase no indicaba un lugar, pero era la pista de un lugar, de un local. Y allí fueron las gemelas. No tenían temor porque sabían que nada les podía pasar, pero que en sus manos quizá estaba la salvación de su amigo inglés y eso las ponía nerviosas, sobre todo a Laurita.
         - Hemos llegado, Laurita. Ves que el nombre del local es Siete Vidas. Sentémonos y esperemos.
         - ¿Cuándo has aprendido turco, Valentina?
         - No sé turco, pero he observado que en las mesas está dibujado un gato y eso es mucha casualidad para que no fuera el local que buscamos.
         Y esperaron pacientemente. Pasaron casi dos horas y nada cambiaba. Laurita desesperaba por la espera y Valentina pedía paciencia a su hermana. A las dos horas ambas vieron aparecer una figura que ya a lo lejos parecía Holmes a pesar de que iba vestido con el traje típico turco. Se acercó, se sentó y les habló.
         - Estoy inmensamente agradecido con vosotras. Vuestra inteligencia ha vencido la dificultad de las pistas. No quería que las notas enviadas cayeran en manos de mi pertinaz enemigo, el profesor Moriarty. Ya una vez estuve en el valle, perdón, quiero decir, al borde de la muerte por la mano de tan siniestro y criminal personaje. Os preguntaréis qué hago aquí y por qué de tanto misterio, pero la cosa es muy sencilla. Quiero pillar desprevenido a Moriarty, que salga de su cueva, que se confíe, que crea que su implacable perseguidor -que soy yo con la ayuda inestimable del médico Watson- está fuera de combate y salga a la luz. Y para eso nada mejor que fingir mi propio secuestro. Dejaré pasar un tiempo y volveré a Londres. Entonces actuaré y haré lo posible para ponerle entre rejas.
         - ¿Y qué hacemos nosotras? Según eso no nos necesita –preguntó Laurita.
         - Quiero que estéis advertidas por si os necesito en la caza de Moriarty. No necesitáis exponeros y procuraré que no corráis peligro. Sí os necesito en algo concreto y es para avisar al Sr. Watson de que estoy bien, vivo, pero no digáis nada del falso secuestro porque quiero que el militar que fue en Afganistán se comporte como si yo estuviera secuestrado. Estoy seguro que de eso se enterará Moriarty y dará más argumentos a mi secuestro. Watson no corre peligro porque Moriarty no tiene nada contra él, no es un enemigo para él. Al fin y al cabo son colegas de profesión, ambos practican la medicina general. Yo soy su competidor en el título de inteligencia máxima de Londres, aunque él para el mal y yo para detener a criminales como el mismo Dr. Moriarty. Ahora debo desaparecer porque Moriarty tiene informadores en medio mundo, y más en este bazar que es un nido de espías. Ahora haced como que me compráis estas baratijas que parecen pulseras de plata porque es posible que haya ojos escrutadores en este mismo momento.
         - Nadie podría reconoceros con ese disfraz, Sr. Holmes. Realmente no pareceríais al que sois ni siquiera sin disfraz. Tenéis hasta la voz algo cambiada –dijo Laurita.
         - Es que estoy cambiando mi acento inglés para parecer turco. Sé el idioma, pero el acento es muy difícil de ocultar –dijo Holmes algo contrariado-. Me voy. Nada os doy por escrito para el bueno de Watson porque os lo podrían quitar y dar al traste con mi plan. Un saludo a vuestros amigos de la Cueva de los Ensueños.
         Y Holmes desapareció como vino, casi sin notarse, a la luz del día, pero rodeado de personas que vestían como él.
         - Bueno, Valentina, todo parece aclarado. No es que haya estado muy simpático, pero es que él es así. Creo que debemos avisar al Dr. Watson de que el Sr. Holmes está bien, aunque secuestrado. Por cierto, no estaba claro ni me ha quedado claro con las palabras del Sr. Holmes qué es lo que pide el supuesto secuestrador, Valentina. ¿No has preguntado nada? ¿No tenías preguntas?
         - No, Laurita, porque a veces las preguntas dan pistas indeseables.
         - No te entiendo, Valentina.
         - Vayamos con el Dr. Watson y te lo aclararé en Londres porque a veces las cosas no son lo que parecen.
         Y se cogieron de las manos, pensaron en el 221 de Baker Street y cayeron en la casa de Holmes y Watson. Antes de entrar pudieron contemplar la larga calle donde vivían y trabajaban sus amigos; también la niebla que acortaba la vista y las espesas nubes que amenazaban lluvia sobre Londres. Laurita entró, siempre audaz, la primera. Valentina la siguió, no sin antes contemplar con dificultad que un coche de dos caballos permanecía quieto, como esperando órdenes, en frente del portal de la casa.
         - ¡Dichosos los ojos, pequeñas! ¡Me alegro tanto de veros! Aunque mi alegría no es total porque habéis de saber que el Sr. Holmes ha desaparecido. He recibido una nota en la que se habla de un secuestro. Lo extraño es lo que se me pide a cambio de la vida del Sr. Holmes: que deje de ejercer la medicina. Ya sabéis que es mi profesión y mi vocación. ¿Qué haría yo sin mis escarpelos y mi mesa de cirujano? ¡Si pudiera tener una entrevista con Moriarty y negociar su liberación! Estaría dispuesto a ceder a sus pretensiones.
         - Nada de eso Dr. Watson, porque eso es lo que quiere Moriarty, que vaya a negociar con él el secuestro del Sr. Holmes, aunque el Sr. Holmes no estás secuestrado.
         Quedáronse atónitos Watson, su esposa. Incluso un cristalero que estaba dentro de la casa arreglando una ventana movió la cabeza y esgrimió una leve sonrisa, de la cual nadie se percató. Laurita les explicó.
         - Porque hemos estado con el Sr. Holmes. Está en el Gran Bazar, en Estambul. Hemos hablado con él, ¿verdad, Valentina?
         Laurita había roto la promesa que ambas hicieron a Holmes en el local Siete Vidas porque no podía soportar que el bueno de Watson fuera hasta allí y encontrarse con el criminal Dr. Moriarty.
         - Nada de eso, Laurita –dijo Valentina, dejando atónita también a su hermana.
         - ¿Cómo dices eso? ¿Acaso te ha dado algo en la cabeza y no recuerdas nada de nuestro viaje al Gran Bazar, Valentina?
         - Recuerdo todo, pero ya te dije que las apariencias engañan. Te daré algunas pistas para que ates cabos. El Sr. Holmes en el bar Siete Vidas llamó médico al Sr. Watson en lugar de doctor; dijo que era un colega que, como él, practicaba la medicina general, cuando es sabido que el Dr. Watson es cirujano; nos prometió que nos protegería de cualquier peligro, cuando el Sr. Holmes sabe que nada nos puede pasar; habló de Cueva de los Ensueños, cuando lo es de lo Sueños. A ti misma te extrañó su voz. No era el Sr. Holmes, Laurita.
         - ¿Entonces, quién era?
         - Adivínalo, Laurita.
         - ¡Cáspita, era el mismísimo Moriarty! Pero entonces, ¿para qué tanto disfraz y tanta nota?
         Entonces el cristalero dejó sus instrumentos y se quitó el bigote, la gorra y el traje del oficio y todos quedaron asombrados: ¡era mismísimo Sherlock Holmes! La esposa de Watson fue la primera en saludarlo con un efusivo abrazo, al que Holmes se mostró algo esquivó, luego saludó a Watson. En cambio besó a las gemelas con un ademán demasiado efusivo para lo que en él era habitual. De alguna manera Laurita y Valentina eran las hijas que hubiera querido tener, una con su inteligencia y la otra con su intrepidez. Y dijo:
         - Eso es lo que pretende Moriarty, Dr. Watson, que vaya usted al Gran Bazar a negociar mi secuestro. Las pistas que ha comentado Valentina no son descuidos de Moriarty. Es demasiado inteligente para cometer esos errores. Sabe demasiado que usted es cirujano, que no tiene el título de médico, sino de doctor, y sabe que a vosotras, mis admirables amigas, nada os puede pasar. Confiaba en vuestra inteligencia para descubrirle y que fuera, Dr. Watson, a negociar mi secuestro, porque el verdadero objetivo de Moriarty no soy yo sino usted, mi querido amigo. El sabe que yo no le tengo miedo, ni tengo miedo a morir, pero sabe que destruyéndole me destruiría a mí. Sabe que usted y yo somos tan complementarios como esa pareja ilustre literaria que recorre para siempre los parajes de la Mancha de España.
         - Pero Sr. Holmes, todo eso tiene un fallo, porque si usted no estaba secuestrado corría el riesgo de que, antes de que Watson partiera a Turquía, usted se descubriera ante el doctor y de nada le hubiera servido tanta artimaña. Ahora es Moriarty quien se ha descubierto y sabemos donde está –dijo Laurita a los presentes.
         Entonces Holmes se dirigió a Valentina que guardaba silencio.
         - Estoy seguro que Valentina tiene la respuesta a esas preguntas. ¿Me equivoco?
         Y Valentina comenzó su parlamento algo nerviosa y dubitativa.
         - Eso creo, pero todo demuestra lo retorcido que es ese Moriarty. El Sr. Holmes fingió su propio secuestro para hacer salir a Moriarty de su escondite, pero el siniestro personaje se enteró de ello y fingió ser Holmes delante de nosotras. No tenía nada que perder. Si no le descubríamos, habríamos hecho caer al Dr. Watson en la trampa, le hubiera matado y nosotras hubiéramos cargado con la culpa toda la vida. Si, por el contrario y como ha ocurrido, le descubríamos, obligaba a salir al Sr. Holmes de su falso secuestro y estar expuesto a la luz del día, que es lo que quiere Moriarty, tener al Sr. Holmes en su objetivo, ser su perseguidor y no sentirse perseguido. Moriarty está ahora ya en Londres, quizá observándonos a través de la ventana. Al llegar vi un coche de caballos con unas cortinillas echadas. Supongo que el Sr. Holmes estaba viendo ese coche cuando aparentaba arreglar la ventana.
         - Así es Valentina, aunque en una cosa te equivocas –dijo Holmes con una pequeña e inhabitual sonrisa-: que sí que estaba arreglando la ventana, además de vigilar, claro está, al coche de caballos.
         Y todos rieron por las palabras de Holmes. Las gemelas pasaron una jornada inolvidable, con la esposa de Watson llenándolas de atenciones, con Marni, la urraca, escondiendo objetos de la casa y Watson, la dueña de la casa y Laurita tratando de encontrarlos. Entonces Valentina se dirigió a Holmes y le dijo de forma enigmática:
         - Sr. Holmes, siempre que quiera que visitemos su casa no tiene más que pedírnoslo. No es necesario tanta, como diría, tanta… parafernalia. ¿Parafernalia? Menos mal que no ha oído la palabra Laurita porque se hubiera reído de mí. Sé que nos quiere como a las hijas que no ha tenido.
         - Acaso crees que todo este número es para que nos honréis con vuestra visita.
         - Eso es exactamente lo que ha hecho. Todo es falso. Yo he corroborado la historia para no descubrirle y que pareciera sensiblero, porque sé que no le gusta mostrarse como es, aunque eso le impida ser feliz –dijo Valentina mientras miraba por la ventana aún no convencida de lo del coche.
         - Si tan convencida estáis, ¿quién era el tipo con el que hablasteis en el local Siete Vidas del Gran Bazar? ¿Y por qué miráis por la ventana como si ahí estuviera Moriarty o alguno de sus secuaces vigilándonos?
         - Porque sé lo teatrero que es usted, Sr. Holmes, y es muy capaz de haber contratado a alguien para que toda la historia pareciera verdadera con la esperanza de que yo descubriría la parte de la historia que le conviene, pero sólo esa parte.
         Entonces se levantó Holmes de su sofá, abrió la puerta y se dirigió al coche de dos caballos que estaba cerca de la ventana, pero algo apartado, de tal forma que a través de la ventana no se le veía. Valentina se dirigió a la puerta y vio como Holmes le daba una propina al cochero y éste desapareció con el coche de caballos. Los demás no se percataron de tal cosa, tan entretenidos estaban descubriendo los escondrijos donde Marni guardaba los objetos que robaba. Holmes volvió a la casa y se sentó de nuevo en su sofá habitual.
         - Supongo que habrá sido generoso con el cochero, Sr. Holmes, porque hacía un frío que pelaba, que decimos en mis tierras manchegas –le dijo Valentina.
         - Lo soy, la generosidad es el egoísmo más inteligente. En cuanto quién era el personaje de Siete Vidas no lo desvelaré. Debo tener mis propios secretos, porque temo que con vosotras al final no me va a quedar nada que ocultar y yo vivo del ocultamiento, el engaño y la mentira. En eso no me diferencio de Moriarty. La única diferencia son los objetivos.
         Y ambos rieron, pero Valentina, en nada de acuerdo con no desvelar el secreto del personaje de Siete Vidas, le replicó a Holmes.
         - Elija: o me lo cuenta a mí o le cuento la verdad a Laurita y aguanta su regañina, porque a mi hermana le gusta jugar, pero no que jueguen con élla y la engañen. Yo soy de otra pasta, que se dice también en mi tierra.
         Entonces Holmes se levantó y llamando a Laurita, le dijo a su vez a Valentina:
         - Entiendes por qué no me he casado ni tenido hijos: eso sería incompatible con mi profesión.
         - Pues no le ha servido de nada, porque con nosotras es como si las hubiera tenido.
         Y ambos rieron de nuevo, aunque Holmes, claro está, de forma más comedida. Y cuando todo parecía que había acabado y las gemelas se disponían a volver a la Cueva de los Sueños, Laurita regañó a Holmes en los siguientes términos:
         - Sr. Holmes, nos ha dado un buen susto con sus trucos, sobre todo a mí, que me lo he creído todo. A cambio debe decirnos quién era ese personaje con el que hablamos en el Gran Bazar. Sólo así nos volveremos contentas. Yo me creí que era usted, Sr. Holmes, aunque ya le dije a mi hermana que tenía un raro acento, muy distinto del que tenían los demás turcos.
         Entonces Holmes se levantó de un salto, púsose pálido y paso su mano por la frente.
         - ¿No puede ser, Laurita, porque yo encargué eso a un colaborador mío, de nombre Mustafá Amsrani, que es turco hasta la médula?
         Asombrada quedó Laurita y Valentina también, que les oyó porque estaba detrás de la butaca donde estaba Holmes persiguiendo a Marni.
         - Era muy, muy alto, Sr. Holmes, más que usted, ahora que lo pienso, ¿verdad, Valentina? -dijo Laurita, mientras Valentía asentía con la cabeza.
         - Pues lo cierto es que mi colaborador no es más alto que yo –puntualizó Holmes mientras se dirigía a la ventana como para cerciorarse que nadie de fuera les estuviera observando. El coche de caballos que hubo licenciado Holmes no estaba, pero sí llamó a la puerta alguien que resultó ser el cartero. Llevaba un telegrama para Holmes. Lo abrió y lo leyó en voz alta mientras todos se sentaban en las butacas y sofás que había en el inmenso salón de la casa: “Siento comunicarle, Sr. Sherlock Holmes que un supuesto amigo o colaborador suyo ha muerto en extrañas circunstancias. Su nombre es Mustafá Amsrani. Era miembro del cuerpo diplomático del Foreign Office de su Majestad en Turquía. Le informamos de tal lamentable hecho porque en su agenda figura usted como albacea testamentario. Firmado: Foreign Office, U.K., Estambul.
Y todo quedó así, en el aire, como si los acontecimientos de esta aventura formaran parte de la neblina londinense.



                   Madrid, 9 de septiembre de 2012.