Antonio Mora Plaza
En ese camino del Partido Popular hacia
la destrucción de la Democracia cada vez se atreve a más, cada vez da un paso
más. Y tiene la ayuda de la mayoría de los medios de comunicación. Es verdad
que muchos de los votantes del P. P. no son conscientes de ese camino; incluso
es probable que algunos de sus militantes tampoco, pero la cosa está en marcha.
El P. P., sin abandonar su esqueleto fascistoide, sin renunciar a su herencia,
se ha está camuflando de neocon, de Tea Party, de ese nuevo fascismo que ha
cruzado el charco y se ha instalado en USA, en el ala derecha del partido
Republicano yanqui. Esto acontece a los imperios cuando olfatean su decadencia.
En el fascismo, otrora europeo, ocurre que una parte de la población se convence
y es convencida por una minoría de que la causa de la decadencia es la
democracia, que permite supuestos privilegios de sectores de la población que
no debieran tenerlo (judíos en la Alemania nazi; inmigrantes latinos en USA;
inmigrantes, parados, funcionarios, personas de la Cultura, en la España de
Rajoy; los moros y judíos de la España Imperial). El fascismo siempre necesita
chivos expiatorios. El que “se jodan” de la diputada del P. P. no es sólo el
grito estentóreo de una cretina –que lo es, sin duda– hacia uno de los chivos
expiatorios del P. P. como son los parados, sino la expresión del verdadero
programa de este partido hispano-neocon
que es el P. P., sólo que expresado con el nivel intelectual que le
caracteriza. El cambio de la ley de RTVE para nombrar un comisario político sería digno del mismísimo Goebbels. Más pasos: los
gritos de la verdulera de E. Aguirre llamando comunista como un insulto al representante de I. U. en el
Parlamento regional de Madrid nos retrotrae a uno de los mantras del franquismo
que parecía olvidado; sólo falta lo de los masones y algún otro contubernio por
llegar, pero que llegará, seguro. Más pruebas. Ya hemos visto las primeras
consecuencias del nombramiento del comisario político: entrevista con Rajoy en
horario prime time y la postergación
de la manifestación de la Diada catalana del 11-S a un cuarto lugar en la
jerarquía de las noticias del día. Más síntomas de ese retorno al franquismo:
la nueva política de apoyo y financiación a la segregación por sexos en la
enseñanza concertada, segregación consentida y defendida por el ministro de
Educación, el Sr. Wert, un tipo, por cierto, que parecía normal cuando era
tertuliano en TVE. Las manifestaciones de algunos dirigentes del P. P. –la
inefable Aguirre la primera– contra la ex-carcelación del preso de ETA Bolinaga,
ya enfermo terminal. No menos importante, aunque de apariencia menos brutal, es
la propuesta de la Sra. de Cospedal, presidenta de la Comunidad de Castilla-La
Mancha, de que los miembros de su Asamblea no tengan retribución alguna. Es
posible que encuentre un apoyo electoral en sectores de la población, pero eso,
en todo caso, demostraría dos cosas: primero, el bajo –por no decir nulo– nivel
intelectual de quienes están de acuerdo con esa propuesta; segundo, el retorno
de nuevo a la época franquista. En efecto, sólo podrían llegar a esos cargos
gente con mucho dinero y tiempo libre; lo harían además sin ninguna
responsabilidad puesto que su trabajo no sería retribuido. Igual que en las
Cortes franquistas donde sus señorías sólo iban a votar y aplaudir las
decisiones del dictador y genocida Franco. Y de la ley de la memoria histórica
ya ni hablamos. Tal como se legisló y de quién quedó la responsabilidad de su
aplicación fue el sueño de una noche de verano de un tal Zapatero, un
presidente ya casi olvidado junto con su republicanismo social voluntarista.
Son pasos que está dando el P. P. hacia la democracia como mero sistema
electoral. Y eso mientras les de el poder. No hay que fiarse, porque ya la destruyeron
sus ancestros ideológicos y/o biológicos en el 36 del siglo pasado.
El P. P., siguiendo esas corrientes de
la extrema derecha yanqui del Partido Republicano, aprovecha la crisis para
cercenar la educación y la sanidad pública. Es cierto que el tamaño de la tarta
ha disminuido con la crisis y a causa de la espiral contractiva en la que nos
ha metido el Gobierno del P. P. con su política de recortes. Eso ya se está
viendo en la disminución del Consumo. Ya lo habíamos visto en Portugal y, sobre
todo, en Grecia, donde hace ya algún tiempo que mejor les hubiera ido salir del
euro. Los helenos llevan ya tres años financiándose a más de un 20% de media de
tipo de interés, lo cual les asegura el infierno económico. Y los Monti,
Draghi, Merkel, Rompuy, Rajoy no cambian por más que se astillen los cuernos
contra la realidad. Por ejemplo, en España sólo se ha recaudado 50 millones por
obra de la amnistía fiscal del ministro de Hacienda Montoro, cuando esperaban
recaudar 2.500 millones. Un fracaso así debería provocar la dimisión de una
persona simplemente normal y decente. Es decir, lo de las astillas. Aún
admitiendo que el tamaño de la tarta haya disminuido, lo que hay que cambiar es
el reparto de los costes de la crisis. Hay que recuperar para la Administración
Central los impuestos sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones; hay
que eliminar todo tipo de deducciones y desgravaciones en el Impuesto de
Sociedades, en los ingresos derivados de los fondos de pensiones en el IRPF;
hay que poner al mismo tipo marginal los ingresos de las rentas del trabajo que
las rentas del capital; se puede también implantar un impuesto sobre las
grandes fortunas; acabar con los privilegios de la SICAV; implantar la tasa
Tobin. Y sin olvidar un cambio sustancial, diría que brutal, en el código penal
para evitar el fraude fiscal, la evasión fiscal y la famosa “optimización”
fiscal del ya casi olvidado ministro Piqué. Hay que reconstruir todo el sistema
de financiación, de las autonomías, porque en el actual unos ingresan y otros
gastan. Nada de impuestos compartidos y/o cedidos. Sólo propios. Que cada palo
aguante su vela. Debemos ir a una fiscalidad federal, donde cada Autonomía
tenga la responsabilidad de su ingreso fiscal y de su gasto. Y lo mismo para
las haciendas locales. En realidad está todo por hacer, porque la crisis ha
demostrado que lo hecho durante la Transición y en estos años de democracia ha
sido tan frágil que le ha bastado a la derecha nacional nueve meses de gobierno
para destruir o mordisquear brutalmente todas las conquistas sociales: la ley
del aborto está en peligro; vamos a la cadena perpetua; la enseñanza pública
con menos dinero y más alumnos; la sanidad en trance de privatización y de
eliminación del derecho universal para los ciudadanos sin excepción; la ley de
la dependencia destruida, y el derecho laboral volcado a favor de los llamados
empresarios. A Rajoy, el mentecato, nada de esto le puedes decir porque el está
centrado en la economía y en el empleo. Eso sí, de economía entiende lo mismo
que un calamar de Teología: nada. Sólo hay que oírle hablar. Y el empleo sólo
le importa si eso le quita votos. Y cuanto más se centra más se equivoca.
Las encuestas señalan la caída de
intención de voto del P. P. desde el 44,6% de las elecciones al 30% actual. Aún
son muchísimos, porque la mayor parte de los que votan al P. P. no les interesa
la política económica del P. P., aunque ellos no lo saben y no quieren saberlo.
La reducción del gasto público lleva a menores ingresos fiscales por la
reducción de la actividad económica, y eso perjudica a los pequeños
empresarios, a los autónomos, incluso también a la grandes empresas. A nadie le
conviene. Surge aquí una cuestión peliaguda desde el lado de la sociología
empresarial. Si esto es así, ¿cómo es que la cúpula empresarial aplaude las
decisiones de Rajoy que llevan a perjudicar sus negocios? Una parte de ese
aplauso demuestra la cretinez de la clase empresarial española, pero no todo lo
puede explicar eso. Incluso banqueros como Botín aplauden o corresponden la
sonrisa estúpida de Rajoy, cuando al sector financiero le convendría siempre
una economía en expansión con el límite de una inflación tolerable. Un análisis
clásico de clases no podría dar con la pista. En realidad se trata de una lucha
por los privilegios que se derivan al estar cerca del poder jurídico. Forma
parte de la tradición empresarial española, desde la época del Imperio que no
se ponía el Sol. En realidad los grandes empresarios españoles no son liberales
en el sentido actual, no creen en la libre competencia, en la competitividad,
en el libre mercado. Por el contrario, prefieren estar al lado del poder, al
socaire de sus posibles prebendas, para estar el primero a la hora del
privilegio, porque hasta los favores del poder son limitados dado que los
recursos son siempre escasos, incluso los públicos. De ahí el cabreo de los
Botín y compañía con la solución de Bankia: ya no es posible otra Bankia, es
decir, otra solución tipo Bankia a costa de nuestros impuestos (ya veremos
cuanto se recupera cuando el FROP venda las acciones en su poder). Es el do ut des latino (doy para que me des):
yo te aplaudo, pero a cambio quiero ser el primero en la lista en la soluciones
de privilegio no vaya a ser que no haya para el segundo.
El P. P. se ha convertido en un enemigo
de la democracia española porque ésta no es ya en España ni en el mundo
democrático un mero sistema electoral. Detrás, encima y debajo de la democracia
está un Estado de Derecho y un Estado de Bienestar, y todo lo que hace este
partido tiene como objetivo su destrucción. Es un target a medio plazo, pero el camino ya se lo han mostrado a la
Aguirre, al Aznar, a El Mundo -y quizá a algún otro que masculla inglés- la
extrema derecha yanqui. La economía, según criterio neocon, no es cosa de los políticos. La política hay que
privatizarla. El Parlamento ha de convertirse en un mero Consejo de
Administración de una empresa privada. O quizá ni eso. La política la han de
hacer personas de mucho dinero con tiempo y libre y/o grandes empresarios en su
tiempo libre (la propuesta de la Cospedal lleva a eso). Por eso parece
necesario la destrucción política del P. P. No se trata sólo de que pierda las
próximas elecciones, sino de que no renazca de sus cenizas, porque nuevas
legislaturas del P. P. después de esta puede llevar, no a las dos Españas que
ya existen y que Aznar y Rajoy han reforzado, sino de nuevo al enfrentamiento
entre estas Españas. Y si eso es inevitable, que esta vez tengamos los
demócratas la garantía de que vamos a ganar. Un partido de derechas parece
inevitable en la democracia, pero éste no, éste es la herencia de lo peor de
nuestra historia y su tiempo se ha acabado. En realidad su aspecto programático
se acabó en la Transición, pero si sobrevive es gracias a un rescoldo
sociológico, rescoldo que ha de renunciar al franquismo por mucho que le pese.
Y si no puede renunciar, pues habrá que obligarle, porque la democracia está
por encima de la nostalgia de los que estuvieron al lado del genocida y de sus
herederos.
El PSOE debiera convertirse rápidamente
en un partido al menos socialdemócrata e I. U. tirar del PSOE, criticarle, pero
sin que eso le lleve a dar ventaja al enemigo (el P.P.). Lo de Extremadura
debiera ser una excepción. Socialdemocracia supone al menos dos cosas: defensa
a ultranza del Estado de Bienestar y redistribución de la renta y la riqueza en
un sentido de mayor igualdad. Las medidas de Zapatero de mayo del 2010 fueron
un torpedo en la línea de flotación de estos requisitos. Mejor sería reconocer el
error; reconocer que fue el primero en recortar a pesar de que el P. P. ha
hecho creer a sus votantes -aprovechando su casi nulo nivel intelectual- que
era un manirroto. Y sin embargo los hechos están demostrando que ambos estaban
equivocados, que los barros de los recortes de Zapatero (15.000 millones) y los
de Rajoy (65.000 millones, pero aspira a ¡220.000 millones!) están provocando
los lodos de la espiral contractiva en la que ya estamos. La crisis les
sobrevino, es cierto, porque luchar contra ella supondría un nivel intelectual
y un coraje del que ambos carecen. Pero ahora estamos ya en las consecuencias
de sus políticas. Es verdad que su margen de maniobra es limitado porque la que
se ha quedado con casi toda la tarta de la maniobra es la Merkel, la heredera
de Hitler (el III Reich por otro medios), pero en lugar de empujar su margen en
la dirección adecuada, Rajoy -como antes en mayo del 2010 Zapatero- se ha
subido al mismo carro que la teutona. Y ese carro nos lleva al abismo.
Madrid, 15 de septiembre de
2012.
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