martes, 18 de septiembre de 2012

P.P. o DEMOCRACIA


Antonio Mora Plaza

         En ese camino del Partido Popular hacia la destrucción de la Democracia cada vez se atreve a más, cada vez da un paso más. Y tiene la ayuda de la mayoría de los medios de comunicación. Es verdad que muchos de los votantes del P. P. no son conscientes de ese camino; incluso es probable que algunos de sus militantes tampoco, pero la cosa está en marcha. El P. P., sin abandonar su esqueleto fascistoide, sin renunciar a su herencia, se ha está camuflando de neocon, de Tea Party, de ese nuevo fascismo que ha cruzado el charco y se ha instalado en USA, en el ala derecha del partido Republicano yanqui. Esto acontece a los imperios cuando olfatean su decadencia. En el fascismo, otrora europeo, ocurre que una parte de la población se convence y es convencida por una minoría de que la causa de la decadencia es la democracia, que permite supuestos privilegios de sectores de la población que no debieran tenerlo (judíos en la Alemania nazi; inmigrantes latinos en USA; inmigrantes, parados, funcionarios, personas de la Cultura, en la España de Rajoy; los moros y judíos de la España Imperial). El fascismo siempre necesita chivos expiatorios. El que “se jodan” de la diputada del P. P. no es sólo el grito estentóreo de una cretina –que lo es, sin duda– hacia uno de los chivos expiatorios del P. P. como son los parados, sino la expresión del verdadero programa de este partido hispano-neocon que es el P. P., sólo que expresado con el nivel intelectual que le caracteriza. El cambio de la ley de RTVE para nombrar un comisario político sería digno del mismísimo Goebbels. Más pasos: los gritos de la verdulera de E. Aguirre llamando comunista como un insulto al representante de I. U. en el Parlamento regional de Madrid nos retrotrae a uno de los mantras del franquismo que parecía olvidado; sólo falta lo de los masones y algún otro contubernio por llegar, pero que llegará, seguro. Más pruebas. Ya hemos visto las primeras consecuencias del nombramiento del comisario político: entrevista con Rajoy en horario prime time y la postergación de la manifestación de la Diada catalana del 11-S a un cuarto lugar en la jerarquía de las noticias del día. Más síntomas de ese retorno al franquismo: la nueva política de apoyo y financiación a la segregación por sexos en la enseñanza concertada, segregación consentida y defendida por el ministro de Educación, el Sr. Wert, un tipo, por cierto, que parecía normal cuando era tertuliano en TVE. Las manifestaciones de algunos dirigentes del P. P. –la inefable Aguirre la primera– contra la ex-carcelación del preso de ETA Bolinaga, ya enfermo terminal. No menos importante, aunque de apariencia menos brutal, es la propuesta de la Sra. de Cospedal, presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha, de que los miembros de su Asamblea no tengan retribución alguna. Es posible que encuentre un apoyo electoral en sectores de la población, pero eso, en todo caso, demostraría dos cosas: primero, el bajo –por no decir nulo– nivel intelectual de quienes están de acuerdo con esa propuesta; segundo, el retorno de nuevo a la época franquista. En efecto, sólo podrían llegar a esos cargos gente con mucho dinero y tiempo libre; lo harían además sin ninguna responsabilidad puesto que su trabajo no sería retribuido. Igual que en las Cortes franquistas donde sus señorías sólo iban a votar y aplaudir las decisiones del dictador y genocida Franco. Y de la ley de la memoria histórica ya ni hablamos. Tal como se legisló y de quién quedó la responsabilidad de su aplicación fue el sueño de una noche de verano de un tal Zapatero, un presidente ya casi olvidado junto con su republicanismo social voluntarista. Son pasos que está dando el P. P. hacia la democracia como mero sistema electoral. Y eso mientras les de el poder. No hay que fiarse, porque ya la destruyeron sus ancestros ideológicos y/o biológicos en el 36 del siglo pasado.

         El P. P., siguiendo esas corrientes de la extrema derecha yanqui del Partido Republicano, aprovecha la crisis para cercenar la educación y la sanidad pública. Es cierto que el tamaño de la tarta ha disminuido con la crisis y a causa de la espiral contractiva en la que nos ha metido el Gobierno del P. P. con su política de recortes. Eso ya se está viendo en la disminución del Consumo. Ya lo habíamos visto en Portugal y, sobre todo, en Grecia, donde hace ya algún tiempo que mejor les hubiera ido salir del euro. Los helenos llevan ya tres años financiándose a más de un 20% de media de tipo de interés, lo cual les asegura el infierno económico. Y los Monti, Draghi, Merkel, Rompuy, Rajoy no cambian por más que se astillen los cuernos contra la realidad. Por ejemplo, en España sólo se ha recaudado 50 millones por obra de la amnistía fiscal del ministro de Hacienda Montoro, cuando esperaban recaudar 2.500 millones. Un fracaso así debería provocar la dimisión de una persona simplemente normal y decente. Es decir, lo de las astillas. Aún admitiendo que el tamaño de la tarta haya disminuido, lo que hay que cambiar es el reparto de los costes de la crisis. Hay que recuperar para la Administración Central los impuestos sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones; hay que eliminar todo tipo de deducciones y desgravaciones en el Impuesto de Sociedades, en los ingresos derivados de los fondos de pensiones en el IRPF; hay que poner al mismo tipo marginal los ingresos de las rentas del trabajo que las rentas del capital; se puede también implantar un impuesto sobre las grandes fortunas; acabar con los privilegios de la SICAV; implantar la tasa Tobin. Y sin olvidar un cambio sustancial, diría que brutal, en el código penal para evitar el fraude fiscal, la evasión fiscal y la famosa “optimización” fiscal del ya casi olvidado ministro Piqué. Hay que reconstruir todo el sistema de financiación, de las autonomías, porque en el actual unos ingresan y otros gastan. Nada de impuestos compartidos y/o cedidos. Sólo propios. Que cada palo aguante su vela. Debemos ir a una fiscalidad federal, donde cada Autonomía tenga la responsabilidad de su ingreso fiscal y de su gasto. Y lo mismo para las haciendas locales. En realidad está todo por hacer, porque la crisis ha demostrado que lo hecho durante la Transición y en estos años de democracia ha sido tan frágil que le ha bastado a la derecha nacional nueve meses de gobierno para destruir o mordisquear brutalmente todas las conquistas sociales: la ley del aborto está en peligro; vamos a la cadena perpetua; la enseñanza pública con menos dinero y más alumnos; la sanidad en trance de privatización y de eliminación del derecho universal para los ciudadanos sin excepción; la ley de la dependencia destruida, y el derecho laboral volcado a favor de los llamados empresarios. A Rajoy, el mentecato, nada de esto le puedes decir porque el está centrado en la economía y en el empleo. Eso sí, de economía entiende lo mismo que un calamar de Teología: nada. Sólo hay que oírle hablar. Y el empleo sólo le importa si eso le quita votos. Y cuanto más se centra más se equivoca.

         Las encuestas señalan la caída de intención de voto del P. P. desde el 44,6% de las elecciones al 30% actual. Aún son muchísimos, porque la mayor parte de los que votan al P. P. no les interesa la política económica del P. P., aunque ellos no lo saben y no quieren saberlo. La reducción del gasto público lleva a menores ingresos fiscales por la reducción de la actividad económica, y eso perjudica a los pequeños empresarios, a los autónomos, incluso también a la grandes empresas. A nadie le conviene. Surge aquí una cuestión peliaguda desde el lado de la sociología empresarial. Si esto es así, ¿cómo es que la cúpula empresarial aplaude las decisiones de Rajoy que llevan a perjudicar sus negocios? Una parte de ese aplauso demuestra la cretinez de la clase empresarial española, pero no todo lo puede explicar eso. Incluso banqueros como Botín aplauden o corresponden la sonrisa estúpida de Rajoy, cuando al sector financiero le convendría siempre una economía en expansión con el límite de una inflación tolerable. Un análisis clásico de clases no podría dar con la pista. En realidad se trata de una lucha por los privilegios que se derivan al estar cerca del poder jurídico. Forma parte de la tradición empresarial española, desde la época del Imperio que no se ponía el Sol. En realidad los grandes empresarios españoles no son liberales en el sentido actual, no creen en la libre competencia, en la competitividad, en el libre mercado. Por el contrario, prefieren estar al lado del poder, al socaire de sus posibles prebendas, para estar el primero a la hora del privilegio, porque hasta los favores del poder son limitados dado que los recursos son siempre escasos, incluso los públicos. De ahí el cabreo de los Botín y compañía con la solución de Bankia: ya no es posible otra Bankia, es decir, otra solución tipo Bankia a costa de nuestros impuestos (ya veremos cuanto se recupera cuando el FROP venda las acciones en su poder). Es el do ut des latino (doy para que me des): yo te aplaudo, pero a cambio quiero ser el primero en la lista en la soluciones de privilegio no vaya a ser que no haya para el segundo.

         El P. P. se ha convertido en un enemigo de la democracia española porque ésta no es ya en España ni en el mundo democrático un mero sistema electoral. Detrás, encima y debajo de la democracia está un Estado de Derecho y un Estado de Bienestar, y todo lo que hace este partido tiene como objetivo su destrucción. Es un target a medio plazo, pero el camino ya se lo han mostrado a la Aguirre, al Aznar, a El Mundo -y quizá a algún otro que masculla inglés- la extrema derecha yanqui. La economía, según criterio neocon, no es cosa de los políticos. La política hay que privatizarla. El Parlamento ha de convertirse en un mero Consejo de Administración de una empresa privada. O quizá ni eso. La política la han de hacer personas de mucho dinero con tiempo y libre y/o grandes empresarios en su tiempo libre (la propuesta de la Cospedal lleva a eso). Por eso parece necesario la destrucción política del P. P. No se trata sólo de que pierda las próximas elecciones, sino de que no renazca de sus cenizas, porque nuevas legislaturas del P. P. después de esta puede llevar, no a las dos Españas que ya existen y que Aznar y Rajoy han reforzado, sino de nuevo al enfrentamiento entre estas Españas. Y si eso es inevitable, que esta vez tengamos los demócratas la garantía de que vamos a ganar. Un partido de derechas parece inevitable en la democracia, pero éste no, éste es la herencia de lo peor de nuestra historia y su tiempo se ha acabado. En realidad su aspecto programático se acabó en la Transición, pero si sobrevive es gracias a un rescoldo sociológico, rescoldo que ha de renunciar al franquismo por mucho que le pese. Y si no puede renunciar, pues habrá que obligarle, porque la democracia está por encima de la nostalgia de los que estuvieron al lado del genocida y de sus herederos.

         El PSOE debiera convertirse rápidamente en un partido al menos socialdemócrata e I. U. tirar del PSOE, criticarle, pero sin que eso le lleve a dar ventaja al enemigo (el P.P.). Lo de Extremadura debiera ser una excepción. Socialdemocracia supone al menos dos cosas: defensa a ultranza del Estado de Bienestar y redistribución de la renta y la riqueza en un sentido de mayor igualdad. Las medidas de Zapatero de mayo del 2010 fueron un torpedo en la línea de flotación de estos requisitos. Mejor sería reconocer el error; reconocer que fue el primero en recortar a pesar de que el P. P. ha hecho creer a sus votantes -aprovechando su casi nulo nivel intelectual- que era un manirroto. Y sin embargo los hechos están demostrando que ambos estaban equivocados, que los barros de los recortes de Zapatero (15.000 millones) y los de Rajoy (65.000 millones, pero aspira a ¡220.000 millones!) están provocando los lodos de la espiral contractiva en la que ya estamos. La crisis les sobrevino, es cierto, porque luchar contra ella supondría un nivel intelectual y un coraje del que ambos carecen. Pero ahora estamos ya en las consecuencias de sus políticas. Es verdad que su margen de maniobra es limitado porque la que se ha quedado con casi toda la tarta de la maniobra es la Merkel, la heredera de Hitler (el III Reich por otro medios), pero en lugar de empujar su margen en la dirección adecuada, Rajoy -como antes en mayo del 2010 Zapatero- se ha subido al mismo carro que la teutona. Y ese carro nos lleva al abismo.


                   Madrid, 15 de septiembre de 2012.      

lunes, 10 de septiembre de 2012

LAS GEMELAS Y UNA CARTA DESDE BAKER STREET


LAS GEMELAS Y UNA CARTA DESDE BAKER STREET

Antonio Mora Plaza

         A pesar de ser invierno era un día soleado. Valentina había salido de la Cueva de los Sueños y perseguía a Marni, la urraca juguetona. Marni, como toda urraca, no podía evitar el hurto, aunque luego su generosidad le hiciera devolver lo robado. De ahí que Valentina la entretuviera con juegos de persecución que no eran de su agrado, porque Valentina era más de reposo que de acción, al contrario que su hermana Laurita, que era intrépida por demás. Y de esta guisa estaban ambas cuando oyó Valentina gritar a su hermana Laurita:
         - Valentina, ven, rápido, que ha llegado del Arcón de los Sueños una nueva carta del Sr. Holmes.
         - ¿Seguro, Laurita? ¿No será un truco tuyo de nuevo para que me distraiga y Marni me gane al escondite volador?
         - Si vienes lo comprobarás –contestó Laurita ahora más sosegada.
         Y Valentina volvió a la Cueva echando una última mirada al árbol donde creía que se había escondido Marni, la urraca. Entonces leyó la carta y dijo a su hermana.
         - Creo que hay dificultades en el 221 de Baker Street, la casa de Holmes y Watson. Y hay dos cosas en la carta que me llaman la atención. ¿Cuál crees que son, Laurita?
         - Veo que quieres jugar a las adivinanzas. Vale, lo acepto porque ya sabes que no puedo rehuir el juego. ¿Rehuir? Bonita palabra que me ha salido sin pensar. Bien, en la carta se habla de un secuestro, pero no dice quién ha sido secuestrado. Además hay una frase que no entiendo. Dice que “… ni toda la espesura del mar podría ocultar su rostro. Sólo la luz os lo devolverá”. Parece una pista, pero ahora no veo dónde nos puede llegar.
         - Creo Laurita que estás atinada en considerar que ahí está el meollo. ¿Meollo? Otra palabra rara, aunque algo fea me parece. Pero para empezar no has reparado en algo fundamental: que la carta sólo está firmada por el Dr. Watson y no por el Sr. Holmes, aunque los dos aparecen como firmantes. ¿Qué crees que eso significa, Laurita?
         - Pues que es evidente que la carta la ha escrito sólo el Dr. Watson, de lo cual hay que deducir que el secuestrado sea el mismo Sr. Holmes.
         - Bien pensado, aunque podría haber sido secuestrada la mujer deWatson o la dueña de la casa de Baker Street –replicó Valentina.
         - Pero lo que más me extraña es que no nos pide que vayamos a Baker Street para echar una mano. No dice que hagamos nada, Valentina.
         - Lo cual no tiene sentido porque entonces, ¿para qué nos escribe?
         - Se me ocurre algo, Laurita. Une tres palabras que parecen que no tienen relación como ocultar, espesura y mar. Piensa en algo que tuviera esas tres cualidades.
         - No perdamos el tiempo porque estoy segura que a ti ya se te ha ocurrido, Valentina.
         - Sí. La palabra es pantano. El pantano de nuestra primera aventura con Holmes y Watson, el pantano del falso perro.
         - Recuerda que el perro existía, pero que no era tan fiero como parecía. Bien, pues vayamos al pantano, Valentina. No tenemos nada que perder.
         - Pero a mí me parece demasiado fácil. Si lo ha escrito Watson forzado por el secuestrador o con sus instrucciones podría habernos dado una pista más fácil como por ejemplo: “cuidar a mi perro en mi ausencia” y como sabemos que no tenían ningún perro, el perro sólo podría ser el perro del pantano. Además no sabemos quién en realidad ha escrito la nota. Podría ser el secuestrador, Holmes o Watson amenazado. En Baker Street no seríamos útiles. Parece indicar otro sitio muy distinto. ¿Cuál, Laurita, cuál?
         - Pues entonces esas tres palabras, ocultar, espesura, mar, no indican nada y hemos caído en la fantasía de las palabras.
         - ¿Fantasía de las palabras? Creo Laurita que unes palabras sin sentido.
         - Quiero decir que quizá unas mismas palabras puedan indicar cosas diferentes. Debemos pensar otra cosa que pueda decirse de ella que es a la vez oculta, espesa y marítima, Valentina.
         - ¡Muy bien pensado, Laurita! Si cuando te pones a pensar no me vas a la zaga.
         -¿Zaga? ¿De donde te has sacado eso? Bueno, ahora da igual porque estoy atascada, Valentina, porque no se me ocurre nada ahora que tenga esas tres palabras.
         Y siguieron las gemelas especulando sobre las palabras, sobre sus sentidos, sobre sus dobles sentidos y sobre sus sin sentidos. Durante unos momentos cambiaron de conversación y Laurita le decía a su hermana:
         - Pasa el tiempo, Valentina, y cada vez es más difícil no saber qué paso con nuestros padres en el incendio. Creo que llegará el día que no resista sin saberlo y dejaré esta Cueva y también te dejaré a ti.
         - Y con ello corres el peligro de perder el don de la inmortalidad que nos asegura la Cueva, Laurita. Yo ahora me los imagino vivos, pero si supiera que han muerto ya no podría y me llenaría de tristeza y sin ganas de vivir. ¿Y qué haríamos, además, cada una por nuestro lado? Yo no tendría ganas de aventuras y tú no sobrevivirías a éllas. Nuestros padres tarde o temprano morirán, si es que no lo están ahora, y nada habríamos ganado. Tendríamos la certidumbre de su muerte. Peor aún, de su asesinato. Sólo nos quedaría el consuelo de saber quién lo hizo.
         - Valentina, yo quiero conocer quién lo hizo.
         Laurita cambió la voz cuando dijo eso. Era más grave. Ya no parecía la voz de una niña, sino de la de una adulta que ocultaba un deseo.
         - Te prometo una cosa, Laurita: que en algún momento de nuestras vidas nos dedicaremos a investigar quién lo hizo si lo hizo alguien. Pero lo haremos dentro de mucho tiempo, cuando ya nada los devuelva a la vida, cuando sólo los podamos recordar vivos y alegres, preocupándose de nosotras, como cuando nos despertaban con un beso y con palabras de caramelo. De esta forma se cumplirán los deseos de las dos. ¿Te parece?
         - Cuando hablamos de esto me convences, pero luego, cuando lo pienso en silencio y a oscuras, no puedo recordar tus palabras y vuelven mis dudas y me ganan los deseos.
         Y las gemelas se sentaron en las butacas sin rostro de la Cueva y ambas parecían meditar: Laurita, sobre la suerte de sus padres y Valentina, releyendo la carta supuestamente firmada por el Dr. Watson. Luego, cuando ya la hubo aprendido de memoria, tomó un libro de Geografía, pasando las páginas con avidez. Y a la tarde, cuando ya se adentraba la oscuridad en la Cueva de los Sueños, aunque en la Cueva siempre había luz, Valentina dio un grito que asustó a su hermana.
         - ¡Lo tengo!
         - ¿Qué tienes, Valentina?
         - Quiero decir que sé donde está Holmes. Hay un lugar en el mundo en el que cuadran esas tres palabras.
         - ¿Qué quieres decir con que cuadran, Valentina?
         - Me vino a la cabeza esa palabra sin pensar. Quiero decir que hay un lugar que le viene bien esas tres palabras, además de las del pantano. Es un sitio del mundo: es el Mar Muerto. He leído que allí hay tanta sal que el agua se hace tan espeso que puedes flotar sin nadar.
         - ¡Bien pensado, Valentina! Aunque veo un problema. Según eso casan bien las palabras mar y espeso, pero  ¿y la palabra ocultar? ¿Qué oculta ese mar para que fuera la clave de estas tres palabras?
         Y Valentina se quedó pensando ante la objeción de su hermana. Luego se le iluminó la cara.
         - Hasta ahora hemos pensado que esas tres palabras se refieren al lugar, pero es posible que la palabra ocultar no se refiera al sitio, sino a la persona. Quiero decir, que quizá sea en lugar del Mar Muerto donde está Holmes secuestrado.
         - ¿Querrá decirnos el Dr. Watson que el Sr. Holmes ha muerto en ese mar? Me daría una pena enorme porque es muy buena persona, aunque sea tan serio. Es muy inteligente, pero a mí me da pena porque no se le ve feliz y trata de ocultar que no lo es. Y eso que tiene la suerte de tener un amigo de verdad, como es el Dr. Watson.
         - Así es Laurita. Espero que estés equivocada en lo primero y que el Sr. Holmes siga vivo. Y debemos ayudarle, aunque ahora estoy como tú: atascada.
         Guardaron ambas un silencio, un largo silencio, porque tan preocupadas estaban que ya no podían jugar y hasta se olvidaron de comer los manjares que las traía Galapa, la tortuga maternal. Fue entonces que habló la tortuga por ese don de lenguas que otorgaba la Cueva y dijo:
         - No desesperéis. Seguro que la solución vendrá con ayuda. No está escrito que sea la carta que habéis recibido la última que recibáis. No tendría sentido recibir una carta con tantas incógnitas. Algo quiere de vosotras quien la haya escrito y os ayudará a resolver el enigma cuando vea que no salís de la Cueva. Por eso lo mejor es esperar acontecimientos.
         Quedáronse las gemelas entre sorprendidas y agradecidas por la sabiduría de la tortuga y se tumbaron en las flexibles e invisibles butacas a esperar acontecimientos. Ambas miraban al Arcón Mágico. Y la espera tuvo su recompensa y regaló la razón a la tortuga, porque una carta con una breve nota se deslizó por el suelo procedente del arcón hasta los pies de Laurita. Tomó la nota y la leyó en voz alta: “Sólo en la luz está la verdad. La luz vendrá con la confusión de las lenguas”.
         - Esto es lo que dice la nota, Valentina. Nada más. De momento no entiendo nada, pero espero que algo se nos ocurra. O al menos espero que se te ocurra a ti, Valentina, porque yo estoy sin ideas.
         - Pero ahora tenemos nuevas palabras que fusionar. Tenemos confundir, lenguas. Además no debemos perder de vista el Mar Muerto. Más aún, debemos pensar en un lugar en el que pueda ocultarse alguien, Laurita.
         - Lo mejor es una cueva como esta donde nadie nos ve.
         - Cierto, pero de no tener una cueva o algo parecido donde no puedas evitar que alguien te vea: ¿dónde te ocultarías, Laurita?
         - Pues si no puedo evitar que nadie me vea lo mejor sería estar en un sitio donde haya mucha gente que vaya vestida como yo, Valentina.
         - ¡Exacto, un lugar donde todo el mundo te vea, pero que no te reconozca!
         - ¿Y sabes, Valentina, un lugar así? Porque tiene que ser un lugar donde, además, nadie pregunté por ti porque no parezcas extraño.
         - Lo hay, Laurita, lo hay: el Gran Bazar turco, en Estambul. Lo he leído en el libro de Geografía que he estado ojeando toda la tarde.
         - ¡Pues vayamos al Gran Bazar, Valentina! Por cierto: ¿ojeando se escribe con h o sin ella? Porque si es con h significa pasar hojas, que es con h, y si es sin h significa pasar por los ojos, y ambas cosas haces cuando lees un libro.
         -  ¿Y luego dices Laurita que yo le doy vueltas a la cosas?
         Y ambas hermanas rieron con las ocurrencias de Laurita. Entonces hicieron lo de siempre cuando querían viajar: cerraron los ojos, tomaron sus manos y pensaron dos palabras que en realidad era una por su significado: Gran Bazar.
         - Bueno, Valentina, ya estamos aquí. Esto es impresionante, es como un laberinto. Me recuerda a nuestra cueva con tantas callejas cubiertas. Aquí nos podemos perder.
         - Sólo tenemos que seguir a la gente que ha comprado tantas cosas que ya no le queda dinero para comprar y tiene que irse, Laurita.
         - Buen truco, Valentina, pero eso no nos dirá dónde está el Sr. Holmes, suponiendo que está aquí.
         - Cierto, pero recuerda las sabias palabras de Galapa: “esperemos acontecimientos”. Y mientras tanto, miremos, incluso toquemos. ¡Hay tantas cosas, tantos vestidos, tantas comidas, tantos perfumes! Hay de todo, Laurita.
         - Sí, pero no tenemos dinero.
         - Cierto, pero tampoco necesitamos estas cosas en la Cueva de los Sueños, porque allí no tenemos hambre y sólo comemos por placer; ni tenemos frío y sólo nos cubrimos y perfumamos para estar guapas. No necesitamos dinero porque somos inmortales, Laurita.
         - Sí, Valentina, pero me gustaría sentir la necesidad de vestir esta hermosa toga de seda, llena de piedras preciosas. Sería como estar viva de otra forma.
         - Es un bonito deseo, pero es el deseo de los mortales.
         Y Laurita guardó silencio porque miraba cómo el cielo traía a Marni, la urraca ladrona y curiosona. En su pico llevaba un papel. Laurita lo tomó y leyó: “Recordad que hasta los gatos tienen siete vidas”.
         - De nuevo no entiendo nada, Valentina.
         - Yo tampoco, pero preguntemos si hay algo aquí que tenga siete vidas, Laurita.
         - Pero eso no tiene sentido, Valentina.
         - Cierto, pero por preguntar nada se pierde y en la respuesta quizás  esté el lugar y el sentido, Laurita.
         - No acabo de entenderte, Valentina.
         - Verás, Laurita, la frase no sirve para buscar un lugar, pero cuando nos ha llegado es porque lo tiene, o porque, aunque no lo tenga, nos da una pista para algo que sí lo tiene. De no tenerlo en absoluto no nos habría llegado. Recuerda las palabras de Galapa.
         Y preguntando preguntando dieron con la respuesta: había un lugar que se llamaba Siete Vidas en el Gran Bazar. Es decir, la frase no indicaba un lugar, pero era la pista de un lugar, de un local. Y allí fueron las gemelas. No tenían temor porque sabían que nada les podía pasar, pero que en sus manos quizá estaba la salvación de su amigo inglés y eso las ponía nerviosas, sobre todo a Laurita.
         - Hemos llegado, Laurita. Ves que el nombre del local es Siete Vidas. Sentémonos y esperemos.
         - ¿Cuándo has aprendido turco, Valentina?
         - No sé turco, pero he observado que en las mesas está dibujado un gato y eso es mucha casualidad para que no fuera el local que buscamos.
         Y esperaron pacientemente. Pasaron casi dos horas y nada cambiaba. Laurita desesperaba por la espera y Valentina pedía paciencia a su hermana. A las dos horas ambas vieron aparecer una figura que ya a lo lejos parecía Holmes a pesar de que iba vestido con el traje típico turco. Se acercó, se sentó y les habló.
         - Estoy inmensamente agradecido con vosotras. Vuestra inteligencia ha vencido la dificultad de las pistas. No quería que las notas enviadas cayeran en manos de mi pertinaz enemigo, el profesor Moriarty. Ya una vez estuve en el valle, perdón, quiero decir, al borde de la muerte por la mano de tan siniestro y criminal personaje. Os preguntaréis qué hago aquí y por qué de tanto misterio, pero la cosa es muy sencilla. Quiero pillar desprevenido a Moriarty, que salga de su cueva, que se confíe, que crea que su implacable perseguidor -que soy yo con la ayuda inestimable del médico Watson- está fuera de combate y salga a la luz. Y para eso nada mejor que fingir mi propio secuestro. Dejaré pasar un tiempo y volveré a Londres. Entonces actuaré y haré lo posible para ponerle entre rejas.
         - ¿Y qué hacemos nosotras? Según eso no nos necesita –preguntó Laurita.
         - Quiero que estéis advertidas por si os necesito en la caza de Moriarty. No necesitáis exponeros y procuraré que no corráis peligro. Sí os necesito en algo concreto y es para avisar al Sr. Watson de que estoy bien, vivo, pero no digáis nada del falso secuestro porque quiero que el militar que fue en Afganistán se comporte como si yo estuviera secuestrado. Estoy seguro que de eso se enterará Moriarty y dará más argumentos a mi secuestro. Watson no corre peligro porque Moriarty no tiene nada contra él, no es un enemigo para él. Al fin y al cabo son colegas de profesión, ambos practican la medicina general. Yo soy su competidor en el título de inteligencia máxima de Londres, aunque él para el mal y yo para detener a criminales como el mismo Dr. Moriarty. Ahora debo desaparecer porque Moriarty tiene informadores en medio mundo, y más en este bazar que es un nido de espías. Ahora haced como que me compráis estas baratijas que parecen pulseras de plata porque es posible que haya ojos escrutadores en este mismo momento.
         - Nadie podría reconoceros con ese disfraz, Sr. Holmes. Realmente no pareceríais al que sois ni siquiera sin disfraz. Tenéis hasta la voz algo cambiada –dijo Laurita.
         - Es que estoy cambiando mi acento inglés para parecer turco. Sé el idioma, pero el acento es muy difícil de ocultar –dijo Holmes algo contrariado-. Me voy. Nada os doy por escrito para el bueno de Watson porque os lo podrían quitar y dar al traste con mi plan. Un saludo a vuestros amigos de la Cueva de los Ensueños.
         Y Holmes desapareció como vino, casi sin notarse, a la luz del día, pero rodeado de personas que vestían como él.
         - Bueno, Valentina, todo parece aclarado. No es que haya estado muy simpático, pero es que él es así. Creo que debemos avisar al Dr. Watson de que el Sr. Holmes está bien, aunque secuestrado. Por cierto, no estaba claro ni me ha quedado claro con las palabras del Sr. Holmes qué es lo que pide el supuesto secuestrador, Valentina. ¿No has preguntado nada? ¿No tenías preguntas?
         - No, Laurita, porque a veces las preguntas dan pistas indeseables.
         - No te entiendo, Valentina.
         - Vayamos con el Dr. Watson y te lo aclararé en Londres porque a veces las cosas no son lo que parecen.
         Y se cogieron de las manos, pensaron en el 221 de Baker Street y cayeron en la casa de Holmes y Watson. Antes de entrar pudieron contemplar la larga calle donde vivían y trabajaban sus amigos; también la niebla que acortaba la vista y las espesas nubes que amenazaban lluvia sobre Londres. Laurita entró, siempre audaz, la primera. Valentina la siguió, no sin antes contemplar con dificultad que un coche de dos caballos permanecía quieto, como esperando órdenes, en frente del portal de la casa.
         - ¡Dichosos los ojos, pequeñas! ¡Me alegro tanto de veros! Aunque mi alegría no es total porque habéis de saber que el Sr. Holmes ha desaparecido. He recibido una nota en la que se habla de un secuestro. Lo extraño es lo que se me pide a cambio de la vida del Sr. Holmes: que deje de ejercer la medicina. Ya sabéis que es mi profesión y mi vocación. ¿Qué haría yo sin mis escarpelos y mi mesa de cirujano? ¡Si pudiera tener una entrevista con Moriarty y negociar su liberación! Estaría dispuesto a ceder a sus pretensiones.
         - Nada de eso Dr. Watson, porque eso es lo que quiere Moriarty, que vaya a negociar con él el secuestro del Sr. Holmes, aunque el Sr. Holmes no estás secuestrado.
         Quedáronse atónitos Watson, su esposa. Incluso un cristalero que estaba dentro de la casa arreglando una ventana movió la cabeza y esgrimió una leve sonrisa, de la cual nadie se percató. Laurita les explicó.
         - Porque hemos estado con el Sr. Holmes. Está en el Gran Bazar, en Estambul. Hemos hablado con él, ¿verdad, Valentina?
         Laurita había roto la promesa que ambas hicieron a Holmes en el local Siete Vidas porque no podía soportar que el bueno de Watson fuera hasta allí y encontrarse con el criminal Dr. Moriarty.
         - Nada de eso, Laurita –dijo Valentina, dejando atónita también a su hermana.
         - ¿Cómo dices eso? ¿Acaso te ha dado algo en la cabeza y no recuerdas nada de nuestro viaje al Gran Bazar, Valentina?
         - Recuerdo todo, pero ya te dije que las apariencias engañan. Te daré algunas pistas para que ates cabos. El Sr. Holmes en el bar Siete Vidas llamó médico al Sr. Watson en lugar de doctor; dijo que era un colega que, como él, practicaba la medicina general, cuando es sabido que el Dr. Watson es cirujano; nos prometió que nos protegería de cualquier peligro, cuando el Sr. Holmes sabe que nada nos puede pasar; habló de Cueva de los Ensueños, cuando lo es de lo Sueños. A ti misma te extrañó su voz. No era el Sr. Holmes, Laurita.
         - ¿Entonces, quién era?
         - Adivínalo, Laurita.
         - ¡Cáspita, era el mismísimo Moriarty! Pero entonces, ¿para qué tanto disfraz y tanta nota?
         Entonces el cristalero dejó sus instrumentos y se quitó el bigote, la gorra y el traje del oficio y todos quedaron asombrados: ¡era mismísimo Sherlock Holmes! La esposa de Watson fue la primera en saludarlo con un efusivo abrazo, al que Holmes se mostró algo esquivó, luego saludó a Watson. En cambio besó a las gemelas con un ademán demasiado efusivo para lo que en él era habitual. De alguna manera Laurita y Valentina eran las hijas que hubiera querido tener, una con su inteligencia y la otra con su intrepidez. Y dijo:
         - Eso es lo que pretende Moriarty, Dr. Watson, que vaya usted al Gran Bazar a negociar mi secuestro. Las pistas que ha comentado Valentina no son descuidos de Moriarty. Es demasiado inteligente para cometer esos errores. Sabe demasiado que usted es cirujano, que no tiene el título de médico, sino de doctor, y sabe que a vosotras, mis admirables amigas, nada os puede pasar. Confiaba en vuestra inteligencia para descubrirle y que fuera, Dr. Watson, a negociar mi secuestro, porque el verdadero objetivo de Moriarty no soy yo sino usted, mi querido amigo. El sabe que yo no le tengo miedo, ni tengo miedo a morir, pero sabe que destruyéndole me destruiría a mí. Sabe que usted y yo somos tan complementarios como esa pareja ilustre literaria que recorre para siempre los parajes de la Mancha de España.
         - Pero Sr. Holmes, todo eso tiene un fallo, porque si usted no estaba secuestrado corría el riesgo de que, antes de que Watson partiera a Turquía, usted se descubriera ante el doctor y de nada le hubiera servido tanta artimaña. Ahora es Moriarty quien se ha descubierto y sabemos donde está –dijo Laurita a los presentes.
         Entonces Holmes se dirigió a Valentina que guardaba silencio.
         - Estoy seguro que Valentina tiene la respuesta a esas preguntas. ¿Me equivoco?
         Y Valentina comenzó su parlamento algo nerviosa y dubitativa.
         - Eso creo, pero todo demuestra lo retorcido que es ese Moriarty. El Sr. Holmes fingió su propio secuestro para hacer salir a Moriarty de su escondite, pero el siniestro personaje se enteró de ello y fingió ser Holmes delante de nosotras. No tenía nada que perder. Si no le descubríamos, habríamos hecho caer al Dr. Watson en la trampa, le hubiera matado y nosotras hubiéramos cargado con la culpa toda la vida. Si, por el contrario y como ha ocurrido, le descubríamos, obligaba a salir al Sr. Holmes de su falso secuestro y estar expuesto a la luz del día, que es lo que quiere Moriarty, tener al Sr. Holmes en su objetivo, ser su perseguidor y no sentirse perseguido. Moriarty está ahora ya en Londres, quizá observándonos a través de la ventana. Al llegar vi un coche de caballos con unas cortinillas echadas. Supongo que el Sr. Holmes estaba viendo ese coche cuando aparentaba arreglar la ventana.
         - Así es Valentina, aunque en una cosa te equivocas –dijo Holmes con una pequeña e inhabitual sonrisa-: que sí que estaba arreglando la ventana, además de vigilar, claro está, al coche de caballos.
         Y todos rieron por las palabras de Holmes. Las gemelas pasaron una jornada inolvidable, con la esposa de Watson llenándolas de atenciones, con Marni, la urraca, escondiendo objetos de la casa y Watson, la dueña de la casa y Laurita tratando de encontrarlos. Entonces Valentina se dirigió a Holmes y le dijo de forma enigmática:
         - Sr. Holmes, siempre que quiera que visitemos su casa no tiene más que pedírnoslo. No es necesario tanta, como diría, tanta… parafernalia. ¿Parafernalia? Menos mal que no ha oído la palabra Laurita porque se hubiera reído de mí. Sé que nos quiere como a las hijas que no ha tenido.
         - Acaso crees que todo este número es para que nos honréis con vuestra visita.
         - Eso es exactamente lo que ha hecho. Todo es falso. Yo he corroborado la historia para no descubrirle y que pareciera sensiblero, porque sé que no le gusta mostrarse como es, aunque eso le impida ser feliz –dijo Valentina mientras miraba por la ventana aún no convencida de lo del coche.
         - Si tan convencida estáis, ¿quién era el tipo con el que hablasteis en el local Siete Vidas del Gran Bazar? ¿Y por qué miráis por la ventana como si ahí estuviera Moriarty o alguno de sus secuaces vigilándonos?
         - Porque sé lo teatrero que es usted, Sr. Holmes, y es muy capaz de haber contratado a alguien para que toda la historia pareciera verdadera con la esperanza de que yo descubriría la parte de la historia que le conviene, pero sólo esa parte.
         Entonces se levantó Holmes de su sofá, abrió la puerta y se dirigió al coche de dos caballos que estaba cerca de la ventana, pero algo apartado, de tal forma que a través de la ventana no se le veía. Valentina se dirigió a la puerta y vio como Holmes le daba una propina al cochero y éste desapareció con el coche de caballos. Los demás no se percataron de tal cosa, tan entretenidos estaban descubriendo los escondrijos donde Marni guardaba los objetos que robaba. Holmes volvió a la casa y se sentó de nuevo en su sofá habitual.
         - Supongo que habrá sido generoso con el cochero, Sr. Holmes, porque hacía un frío que pelaba, que decimos en mis tierras manchegas –le dijo Valentina.
         - Lo soy, la generosidad es el egoísmo más inteligente. En cuanto quién era el personaje de Siete Vidas no lo desvelaré. Debo tener mis propios secretos, porque temo que con vosotras al final no me va a quedar nada que ocultar y yo vivo del ocultamiento, el engaño y la mentira. En eso no me diferencio de Moriarty. La única diferencia son los objetivos.
         Y ambos rieron, pero Valentina, en nada de acuerdo con no desvelar el secreto del personaje de Siete Vidas, le replicó a Holmes.
         - Elija: o me lo cuenta a mí o le cuento la verdad a Laurita y aguanta su regañina, porque a mi hermana le gusta jugar, pero no que jueguen con élla y la engañen. Yo soy de otra pasta, que se dice también en mi tierra.
         Entonces Holmes se levantó y llamando a Laurita, le dijo a su vez a Valentina:
         - Entiendes por qué no me he casado ni tenido hijos: eso sería incompatible con mi profesión.
         - Pues no le ha servido de nada, porque con nosotras es como si las hubiera tenido.
         Y ambos rieron de nuevo, aunque Holmes, claro está, de forma más comedida. Y cuando todo parecía que había acabado y las gemelas se disponían a volver a la Cueva de los Sueños, Laurita regañó a Holmes en los siguientes términos:
         - Sr. Holmes, nos ha dado un buen susto con sus trucos, sobre todo a mí, que me lo he creído todo. A cambio debe decirnos quién era ese personaje con el que hablamos en el Gran Bazar. Sólo así nos volveremos contentas. Yo me creí que era usted, Sr. Holmes, aunque ya le dije a mi hermana que tenía un raro acento, muy distinto del que tenían los demás turcos.
         Entonces Holmes se levantó de un salto, púsose pálido y paso su mano por la frente.
         - ¿No puede ser, Laurita, porque yo encargué eso a un colaborador mío, de nombre Mustafá Amsrani, que es turco hasta la médula?
         Asombrada quedó Laurita y Valentina también, que les oyó porque estaba detrás de la butaca donde estaba Holmes persiguiendo a Marni.
         - Era muy, muy alto, Sr. Holmes, más que usted, ahora que lo pienso, ¿verdad, Valentina? -dijo Laurita, mientras Valentía asentía con la cabeza.
         - Pues lo cierto es que mi colaborador no es más alto que yo –puntualizó Holmes mientras se dirigía a la ventana como para cerciorarse que nadie de fuera les estuviera observando. El coche de caballos que hubo licenciado Holmes no estaba, pero sí llamó a la puerta alguien que resultó ser el cartero. Llevaba un telegrama para Holmes. Lo abrió y lo leyó en voz alta mientras todos se sentaban en las butacas y sofás que había en el inmenso salón de la casa: “Siento comunicarle, Sr. Sherlock Holmes que un supuesto amigo o colaborador suyo ha muerto en extrañas circunstancias. Su nombre es Mustafá Amsrani. Era miembro del cuerpo diplomático del Foreign Office de su Majestad en Turquía. Le informamos de tal lamentable hecho porque en su agenda figura usted como albacea testamentario. Firmado: Foreign Office, U.K., Estambul.
Y todo quedó así, en el aire, como si los acontecimientos de esta aventura formaran parte de la neblina londinense.



                   Madrid, 9 de septiembre de 2012.


        


        
















            

viernes, 7 de septiembre de 2012

RETRATOS





RETRATOS





por


Antonio Mora Plaza






        

LOS CURAS

Dice el aforismo que la religión es el opio de los pueblos. Se le atribuye a Marx. Fuera quien fuera, fue benevolente. Las religiones tienen algo de común: priman la creencia sobre la ciencia, el creer sobre el pensar, la venganza sobre la justicia, el poder sobre la ética, la doble moral sobre los principios. Tanto Italia, como España, italianos y españoles, hemos tenido mala suerte en el reparto de la lotería del cristiano-catolicismo. Fue San Pablo quien hizo de la historia o historieta de un esenio de Judea que se creyó el Mesías -anunciado por las profecías- una religión, es decir, una estructura de creencias. Constantino, emperador romano, le prestó el imperio en el 313 y Teodosio la hizo oficial en el 391, en contra de la tradición romana. Se quedó en Italia y anidó en España con Recaredo en el III Concilio de Toledo (589). Y ahí comenzó la desgracia para nuestro país. Tuvimos Siglo de Oro, principalmente en las letras y en las artes, pero no renacimiento científico. Italia le fue mejor hasta Galileo y Giordano Bruno, con los primeros científicos, matemáticos, fisiólogos, juristas, con Tartaglia, Cardano, Vesalio, Torricelli, etc.. Parecía que España estaba destinada a suceder a Italia en esto, como en las artes[1]. No fue así. Los curas, es decir, la Inquisición, importada de Francia en la lucha del papado contra los albigenses a comienzos del siglo XIII, pasó a España por mor de los Católicos Reyes, y se acabó la ciencia en esta piel de toro. A Giordano Bruno lo quemaron en la hoguera. Luego Trento (1545-1563) y la Inquisición, que ¡hasta 1834!, con el ministro Mendizábal, no acabó oficialmente. Aquí no surgió ningún Galileo, ningún Kepler, nada de un Newton o un Leibniz., y no por falta de talentos. La excepción fue Miguel Servet, pero también le quemaron en la hoguera, aunque no fueron los católicos. Ya se habían apoderado del bachillerato medieval, de muchas de las cátedras en las universidades -Cisneros y cia.- y así, hasta ahora mismo con la concertada. Felipe II fue el colaborar necesario con la prohibición en 1557 de salir a los estudiantes a otras universidades europeas no fueran que se contaminaran... intelectualmente. Ni la ley Moyano (1857), ni las múltiples constituciones, algunas de las cuales proclamaban la laicidad del Estado, pudieron con ella o con ellos. La II República luchó por ello, pero acabaron con ella, con el apoyo mayoritario de los curas, de la jerarquía.

 Yo fui a un colegio de curas, como una gran mayoría de los que hemos pasado los 50, pero mis sobrinos han ido también a colegios de curas y monjas, desde donde se organizan las manifestaciones contra los tímidos avances en la enseñanza. Da igual la edad, aún los tenemos ahí, en la enseñanza secundaria. No se contentan con los púlpitos, quieren también las cátedras, además del poder secular, del brazo armado del Estado. Te hablan de la fe, pero por si acaso eso falla, te amenazan con la ex-comunión y las penas del Infierno católico para que achicharres eternamente. Y si esto no es suficiente, con el castigo corporal, físico. Ahí tenemos al Sr. Bono, presidente de la máxima cámara depositaria de la soberanía popular, atribulándose contra la jerarquía por su catolicismo. A mí me parece que ser católico y presidente de algo que se rige por  un principio constitucional de aconfesionalidad es una contradicción, pero allá él. Esperemos que no se deje influir por sus amigos de rezo y confesión. Ahora ya no disponen de la violencia del Estado, de los autos públicos de fe, de las hogueras, pero siguen amenazando como si las tuvieran. El Estado de Derecho, la neutralidad del Estado en materia de religión, es una milonga para estos señores, algo que se estudia en colegios y universidades como una asignatura a aprobar, pero de ahí a llevarlo a la práctica, no: eso es pecado y está muy castigado, y ni bulas ni el dinero -ahora- pueden redimirlo. Lutero (1483-1546) se opuso a las bulas como objeto de compra-venta y no lograron pillarlo, se les escapó, se separó de la iglesia de Roma y fundó una heterodoxia.

         Y así estamos ahora, con el Sr. Rouco, ese cura con un parecido exarcebado a un tal Paco Clavet, un artista dicen, aunque no sé exactamente de qué. Ahora dice este señor -el cura, no el artista- que votar contra el aborto es merecedor de la ex-comunión. ¡Qué suerte tenemos los ateos! ¿Es posible que algún diputado pueda cambiar su voto por las amenazas de este golpista? Sí, porque pretender influir en las decisiones del máximo órgano de la soberanía nacional por encima de los votos de los españoles, yendo más allá de su propio voto, amenazar con las penas del Infierno católico, es golpismo. ¡Qué bien y cuán a sus anchas vivieron estos curas -tanto los de la jerarquía como los de las órdenes- con la dictadura franquista! Aún no se han enterado que ha llegado la democracia. No quiero ser injusto, porque no me olvido de los curas obreros, del padre Llanos, de Díez Alegría, de la teología de la liberación, del asesinado Ellacuría, y de tantos otros que estuvieron con el pueblo -como se decía antes- y contra la dictadura franquista. Muchas parroquias e iglesias nos sirvieron de refugios clandestinos. Pero estos son una minoría; además no mandaban ni mandan, no pueden llegar, ninguno llegó a la jerarquía máxima: no hay ningún cura simplemente progresista en la Conferencia Episcopal. El último que abrió una ventana a la pestilencia de los jerarcas de la toga fue el Sr. Tarancón  y tuvo la mala suerte de que su nombre rimara con paredón: ¡ay se hubieran podido cogerle los ancestros del P.P.!  Me gusta la frase de Napoleón: cuando el enemigo se equivoca, no hay que distraerle. No hay que intentar que cambien ahora, que intenten remediar o remendar sus errores porque tampoco pueden cambiar sus consecuencias, porque tampoco pueden resucitar a quienes quemaron, amenazaron, exiliaron y destrozaron su vida con sus simples amenazas o con algo más; no se puede cambiar la historia de este país y el inmenso destrozo y lastre que supone la mera existencia de estos tipos, se vistan con sotana o con chaqueta. Que sigan así, equivocándose, hasta que las iglesias vayan quedándose vacías, hasta que las bodas canónicas sean una extrañeza, hasta que tengan que cerrarlas porque los católicos de corazón les aborrezcan por falsos y cínicos, por su pasado y su presente, hasta que vayan aumentando los que profesan otras religiones libremente y, mejor aún, los que no profesan -no profesamos- ninguna. Pero queda un inmenso problema, al menos en este país.

         Ese problema es la enseñanza concertada. Fue el mayor error de Felipe González, junto con la modificación jurídica de la contratación laboral que ha permitido -aunque no fuera el deseo- el trabajo precario, temporal, de despido gratis. Este error -el de la enseñanza concertada, y el otro también- hay que subsanarlo tarde o temprano, y mejor cuanto antes. Que los curas sigan teniendo los púlpitos, no hay problema; que sigan con su fundamentalismo, peor para ellos, pero que sigan en la enseñanza secundaria, no nos engañemos, es malo para todos nosotros, para la enseñanza en libertad, para el conocimiento científico o, simplemente, para el conocimiento; es un lastre que debemos soltar. Ya se ha visto en todas las modificaciones y supuestas modernizaciones de la enseñanza secundaria, las LOGSEs y LOEs se quedan en el tintero, cuando no en agua de borrajas, por esta maldición. Seamos franceses en esto: la enseñanza y el Estado, laicos, y los curas, a los púlpitos, de donde nunca debieron salir. Quizá tampoco debieron entrar -o subir-, pero eso es ucronía y no se puede viajar atrás en el tiempo. En cambio, se puede gobernar en el tiempo, estar, como diría Ortega, a la altura de los tiempos, y los tiempos de los ex-comulgadores que utilizan el brazo secular ha pasado. Ahora ni siquiera el P.P., con su añoranza del franquismo y su integrismo católico, lo puede resucitar. Pero aún falta el último empujón. Ahí la izquierda y los sindicatos tienen mucho tajo. Ahora ya no pueden amenazar con una nueva guerra in-civil, y además, esta vez la perderían.



                   Madrid, 10 de diciembre de 2009



























SIEMPRE FEDERICO

         Sólo tenía 15 años cuanto te leí entero, o casi. Era una edición de Aguilar. Luego se han recuperado obras tuyas, trozos y textos en prosa. Nada más emocionante que tu lectura, Federico. Quizá más intenso el genial bardo, quizá no tan espontáneo como el inmenso Lope, quizá no tan profundo como el viejo D. Francisco, pero tú siempre tan emocionante. Tu verso anuda la garganta; tu teatro amilana al más templado; tu prosa seduce sin proponérselo. ¡Príncipe de la metáfora, eres único y distinto! Nada ni nadie se parece a ti, ni antes ni después. Otros vuelan más alto en pasiones, como el genial bardo; otros lo han dicho todo lo que un ser humano puede sentir, como el eterno manco, o como el pícaro inglés o el ruso de los sentimientos, pero tu eres la emoción contenida, el sentimiento lacerado, traspasado por la incomprensión, la envidia y los prejuicios. Hablas de tú al que es como tú, al que siente como tú y que está en la encrucijada; y de eso haces verbo y del verbo, arte, equilibrio perfecto entre belleza y emoción. Vivirás siempre.

Te mataron, te asesinaron, pero no han podido enterrar tu memoria. A muchos dejaron en las cunetas, en los caminos, en las plazas, en los paredones, esos mismos que ahora no quieren saber de tu paradero y se burlan de los que buscan o buscamos con el deseo enterrar tus huesos hechos versos de la memoria. Son los que se oponen a la memoria histórica porque se sienten molestos con su conciencia, porque no la encajan con su pasado y con la de sus ancestros. Son los que sienten vergüenza de ser o haber sido artífices, bastión, coartada, grano de arena o justificadores del oprobio de la dictadura. Los Fragas y los Aznares, las Aguirres y los Arenas, los Trillos y los Orejas, las Ritas y Gallardones, y tantos otros, andan, cuando oyen tu nombre, demudados, buscando ropa que ponerse para la democracia, porque los hábitos de la dictadura aún los tienen en el ropero, nostálgicos ellos de haber cubierto sus huesos y sus carnes. Pueden cambiar su vestimenta, pueden, quizá, elegir la careta, pero no pueden cambiar su olor podrido y pestilente de su herencia. Debajo de sus pantalones y faldas tienen la carne podrida de 40 años de bocas abiertas al banquete de los despojos. Eso fue la in-civil guerra: un banquete para los vencedores de los que aún quieren seguir alimentándose, nostálgicos ellos; un banquete de aquello que usurparon a sus dueños. Dueños exiliados, torturados, asesinados durante y después de la incivil guerra.

         Vuelvo a ti Federico, y buscan y buscamos tus huesos, pero también vuelven, que no huyen, los que temen encontrarlos, no vaya a ser que se instale en sus conciencias tu frágil calavera. Preferirían que no hubieras existido; que fueras uno más, torturado, quizá exiliado, incluso asesinado, pero uno más, pero han tenido la desgracia de que fueras un inmenso poeta. Y ahora, los herederos de los despojos quieren llegar al poder; sí, esos mismos que lo perdieron por mentir, esos mismos se tapan los ojos al paso del tren de tu recuerdo y sufren palpitaciones. Y eso sólo algunos, porque otros tienen de hierro las osamentas. Y no saben el porqué de su mal. Yo se lo diré: porque han vivido, apoyado y justificado, y viven, apoyan y justifican, con mal disimulo, la causa de tus asesinos.

         Federico, hubieras sido a la vez el Lope y el Shakespeare de nuestro tiempo; sí, te faltó eso, tiempo, asesinaron tu tiempo, tiempo buscaron y buscan tus asesinos y sus justificadores para anidar el olvido; y por eso andan las musas de luto buscando tu calavera, siempre tu frágil calavera, para anidar en el tiempo y olvidar tu olvido. Pero sabrás que los herederos de tus despojos no son nadie, no son nada, y tú serás eterno. Te sentarás  en el Olimpo del Verbo, con el genial bardo, con el inmenso Lope, con el divino toscano, con el eterno manco, con el perfecto áureo, con el asombroso vate ciego, y velareis por nuestras vidas. Me cuesta tanto releerte porque no puedo evitar pensar en cómo te debiste sentir en los últimos días, en las últimas horas, cuando te llevaban al matadero. Tu culpa era ser diferente y poeta, sentir como nadie la emoción del ser humano y saber trasmitirlo como nadie lo ha hecho; tú, que hasta los nardos y caracolas los veías de fino cutis; tú, que las vergüenzas las vestías de corpiños nacarados; tú, que sentías a tu Granada y a tu Andalucía atravesada por duendes perfumados; tú, tan gongorino en deseos y tan lopesco en aptitudes; tú, artista total e inmenso; tú y tu alma de mozuela, embebida de apuntes, notas y versos. Así, tu Mariana bordadora, tu Yerma yerta, tus amores de jardín, tus bodas bailadas de facas y reyertas, tus Rositas solitarias, tus atávicas Bernardas, tus prodigiosas zapateras; poeta, siempre poeta; poeta en tus casidas arabescas, en tu Granada de vegas y amoríos, en el Nueva York de palomas traspasadas. No importa dónde descansen tus huesos, porque tu memoria tiene calados los nuestros para siempre, para siempre. Tus obras son tu memoria y, ambas, son eternas y, ambas, son inmensas.

                  

Madrid, 22 de diciembre de 2009

































MESSI Y EL FÚTBOL DE LOS SUEÑOS

         Yo soy de lo que era un pueblo cerca de Madrid (Vicálvaro) y nuestro único mundo deportivo era el futbol. En pleno franquismo -tengo 57 años- no había otra ilusión en el erial de los juegos -entonces el concepto de ocio no existía- que darle patadas a un balón y/o jugar a los billares donde los había. Darle a la pelota era más barato. Así pasamos de la niñez a la adolescencia los hijos de los pobres, aunque de ilusiones fuéramos ricos. Si alguien se fijaba en ti en el erial franquista podías ir a algún equipo infantil o juvenil de los poquísimos que había. Si además llegabas a jugar en ese supuesto equipo infantil o juvenil con un entrenador de los pocos que había en el erial franquista, entonces te explicaba que por más que fueran tus habilidades no sabías jugar al futbol, porque ese deporte era lo contrario de lo que hacías con el balón con los chicos del barrio, porque en el erial franquista, los barrios eran donde vivían los pobres. Si te gustaba regatear -es un suponer-, el entrenador te decía que primero tenías que mirar a tus compañeros porque era preferible pasarle la pelota a uno de ellos; si te gustaba ir hacia adelante, te decían que debías guardar la posición; si te gustaba ir a disputar la pelota, buscarla, acosarla, te decían que primero debías estar en tu demarcación y cubrir líneas de pase. Y así una retahíla de normas aburridas y exasperantes cuando tú medías tu satisfacción por las veces que tocabas la pelota durante el juego. A veces los niños nos íbamos detrás de las porterías de los mayores para cuando se fuera el balón por la línea de fondo -el nombre lo aprendía ya de mayor- poder devolver la pelota y así encontrar la satisfacción de golpear tan dócil y duro elemento. En el erial franquista estas eran nuestros primeras satisfacciones hasta que te fijabas -cosa casi de repente- en las chicas, y los más afortunados tenían alguna opción con ellas, porque en el erial franquista eso era coto vedado, aunque algunos -sin saber porqué- entraban en el coto y a veces... cazaban.

         Pues bien, viendo jugar a Messi recuerdo mi niñez. Messi juega como un niño, pero burlando a los mayores, con el desparpajo de quien no ha sido corrompido por la moral de los mayores, por las normas de los mayores, tratando como a niños a los de barba cerrada y pelos en las piernas. Messi, a veces, coge el balón y recuerda al niño que fue y que aún es, y se va con él hacia adelante, con quiebros y requiebros, buscando las piernas del contrario para dribarlas con la disculpa del balón y del juego; es el baile de un solista en un coro que improvisara siempre los movimientos con el objetivo de alojar el balón entre los 3 palos llamada portería y con el permiso del cancerbero, llamado también portero (lo de cancerbero no lo entendí hasta que leí la Divina Comedia). Messi no busca el agrado ajeno, la admiración del otro, el aplauso de los suyos: sólo busca su satisfacción, que es seguir siendo un niño a pesar de su edad, a pesar de sus compañeros, a pesar del contrario, a pesar de los sesudos y a veces arbitrarios árbitros. Messi nos vuelve a la infancia cuando casi la teníamos olvidada, a nuestra patria que es la infancia, como decía el recién desaparecido Miguel Delibes. Con Messi renace el deseo de inmortalidad, por eso ¡ójala! que nunca te hagas mayor, que nunca madures futbolísticamente, que no te contaminen los entrenadores y demás con tácticas y estrategias, con líneas de pase y posiciones, con entrenamientos sin balón, con pesas y ejercicios espurios. Messi, si hubieras nacido en pleno helenismo, habrías sido elegido por los dioses para los olímpicos, para el Olimpo de los juegos; te sentarías, al lado de Hermes, de Artemisa, incluso al lado del desterrado Hades, para compartir con ellos la ambrosía, sus privilegiados asientos y sus virtudes, porque tú estarías exonerado de defectos. Pero estás con los mortales en el siglo de la anodina tecnología de la comunicación y de la desigualdad. Messi, sigue adelante, juega como sabes, es decir, disfrutando como un niño, porque así y sólo así nos harás disfrutar, devolvernos la infancia y los deseos de inmortalidad a todos, también a los hijos de los pobres.



                  Madrid, 8 de abril de 2010.











CUITAS DE AZNAR Y SARKOZY

         Había una canción de la malograda Cecilia que se llamaba “Dama, dama”, en la que esta supuesta dama genérica y representativa de esa burguesía española franquista y católica-integrista que ha heredado el P.P., quería ser a la vez “la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro”. Pues bien, transmutada esa dama de sexo, pero sin dejar los otros atributos, nos da el Sr. Aznar, un ser atormentado por su complejo de bajito. Para compensarlo decidió convertirse en intelectual de la derecha sin dejar de ser político y sin dejar de estar acomplejado por ser... bajito. Y claro, esta mezcla insoportable y contradictoria ha estallado y el acomplejado es ya una fábrica de cretinez. Al acomplejado le hubiera gustado poder mirar por encima del hombre a Bush y a Blair, pero sólo les llegaba a la altura del sobaco y se tuvo que acostumbrar a oler a pelambre anglosajona para poder hablar en la intimidad con B. y B. de las non-natas armas de destrucción masiva. Ya le pasó -lo del sobaco- con Felipe González y luego con Zapatero. Por eso se sentía tan a gusto con Almunia en el debate, porque el aspirante socialista de entonces no andaba sobrado de centímetros.

         La Botella -su mujer, claro- le dijo una vez: “Mira, Jose, o me llegas a presidente del partido o compro camas separadas”, y Jose Mari llegó a presidente del P.P. desde sus escritos falangistas en el diario de la Rioja. Pero a la Botella -su mujer- no le pareció bastante y le dijo de nuevo: “Mira, Jose, o me llegas a presi de Gobierno o compro camas separadas”, y Jose Mari llegó a la Moncloa, aunque le costó tres intentos y una campaña cuasi-golpista contra las instituciones de la democracia. Pero no se conformó la señora Botella e insistió más aún: “Mira, Jose, o me casas a la niña en el Escorial o ya sabes que hago con lo de las camas”, y Aznar, el acomplejado, montó la boda en el monasterio donde dirigió un imperio Felipe II a costa de arruinar la hacienda española por los siglos de los siglos. Claro que Aznar contó con la ayuda de los que se harían famosos más tarde por sus faenas de aliño en materia de corrupción: los Correa, los Bárcenas, los Agag, los Bigotes, etc.

         Y como quiera que el acomplejado cumplía lo que la Botella le pedía cual trabajos de Hércules, decidió ésta que lo de las camas no era suficiente y pensó: “bueno, la cama de 1,30, pero para mí sola”, y le mandó a dar conferencias en inglés y en italiano, y en suajiri, si fuera menestar, y aunque hubiera que pagarlas. El del bigote le dijo a la Botella que el sólo hablaba español de falange y catalán en la intimidad y aquélla le replicó: “Es que si supieras idiomas no tendría mérito. ¡Ala! a viajar y no me rechistes”. Y desde entonces han cerrado escuelas de inglés como “Open english” y otras muchas por innecesarias y por competencia desleal. Porque Aznar será lo que sea, pero tiene la virtud de carecer del sentido del ridículo: nos lo ha endosado a todos los españoles.

         Sarkozy, el encoñado, es otra cosa. El gabacho está prendido de la grandeur como de una percha. También es bajito y le llega a la Bruni al sobaco, pero a élla le huele la pelambre a Channel n. 5 pour femme. El franchute es también otro acomplejado, pero a tiempo parcial, porque sólo le sobreviene la cuestión cuando tiene que posar con la Merkel en las fotos de la entente gabacho-teutona. La germana le saca la cabeza a lo alto, y a lo ancho es como si se hubiera tragado un sincrotón de bolsillo. Y es que la teutona es como una walquiria tras un menú de degustación de salchichas de Frankfurt. Cuando lo pasa mal Sarkozy es en los bailes de la entente, porque teme perder la grandeur entre los pechos de la cancillera; pechos que les ha puesto nombre por joder al gabacho: Alsacia y Lorena. Cuando el francés se la arrima a medio metro, élla le susurra al oído con acento de Mein Kampf: “Villepin, Strauss”, y a Sarkozy le da ganas montar la de Verdún, aunque pierda la batalla. Él es consciente de que si fuera conserje o pescadero -es un suponer- no cata a la Bruni ni en fotos. La verdad que por ese lado todos tenemos algo de envidia a Sarko, aunque haya tenido que meterse la grandeur entre la próstata y la rabadilla.

         En cambio, el del bigote se ha tenido que conformar con la Botella -con mayúscula, de momento-, porque no todo se puede tener en la vida. Mala suerte, pero peor hubiera sido nacer 20 años antes, porque entonces la Botella sería de la Sección Femenina y a lo mejor le hubiera tocado compartir mesa y mantel con la Pilar Primo de Rivera, y eso no hay líbido que lo aguante. Dicen las malas lenguas que una vez Aznar le propuso un cambio de parejas en un baile hispano-francés con el fin de catar a la Bruni, pero cuando el gabacho le preguntó al del bigote que cómo se llamaba su costilla, éste le contestó: “Botella, president”, a lo que el franchute replicó contrariado: “Merci, mesié Ansar, pero no bebo”. El del bigote se ofendió y desde entonces no le habla. Fue un error de mesié le president, pero Aznar no admite errores ajenos: con los propios tiene bastante y siempre en la intimidad.


                  
Madrid, 21 de abril de 2010.

































LA  ESPE

         La palabra chulo tiene al menos dos acepciones, una de las cuales tiene mala prédica -y con razón- porque está cercana a una profesión no reconocida, que es a la vez un delito y su ética no lo resiste ni la más laxa de las morales kantianas. Pero tiene otro significado más llevadero porque viene a significar: o me das la razón o te parto la face. Si es sólo una baladronada, puede resultar cheli, pero llevado al extremo es un brote de fascismo. ¿Y por qué de estas reflexiones previas? No lo tengo claro. Quizá el subconsciente freudiano me ha jugado una mala pasada cuando me había propuesto hablar de la Sra. Esperanza Aguirre. La culpa la tiene el Freud ese, que se encaprichó con el inconsciente (o subconsciente, que no sé la diferencia) y mandó a paseo al otro, al consciente, a la Razón, así, con mayúscula, hasta la hegeliana, que ya es atreverse a desacreditar a un compatriota. Además, chulo es palabra machista y no tiene femenino decoroso y sólo un equivalente femenino: verdulera, con perdón de la que tenga ese honrado oficio o similar.

         Quería hacer un bosquejo físico de madame la presidenta, que es, por cierto, condesa consuerte, perdón, consorte de Murillo. A la fecha de hoy, 58 primaveras la contemplan, que la primavera pasa por todos, con más o menos provecho. Tiene la Espe dos ojos como dos puñaladas tomateras en pleno visage, pero los tiene, a pesar de todo, vivarachos, bien protegidos por unas bien pintados pestañas. La boca sabemos que tiene cuando sonríe por las comisuras de los labios que esgrime sin recato, y todo de tal forma que a mí se me hace su sonrisa como una mezcla del gato de Chesire de la “Alicia en...” y la Cruela de Vil después de raptar a los dálmatas, que a élla todos se le hace que todos los canes con pintas se parecen al Gallardón. Por eso les dice del alcalde a sus allegados: “Menudo pinta está hecho ese”. Pobres dálmatas, eso les pasa por querer escaparse de las Espe-Cruelas de turno. De los labios no tenemos noticia, pero a veces se deja entrever algún diente con sangre de alcalde, pero de forma moderada, como corresponde a una señora de derechas. De las cejas tampoco tenemos noticia: sólo sabemos que se dibuja con buena técnica un arco superciliar que no desentona del todo. La señora es de papada pellejera, pero eso es fruto de los años, no del horóscopo. A veces sueño de que se me acerca con 4 pelos tiesos en la punta de la barbilla y, como en el sueño de Hansel y Gretel, me dice: “a ver, enséñame la patita”. Lo paso mal, incluso cuando lo pienso. En cuanto a las orejas sabemos que tiene, pero las esconde tras el pelo y con dos pendientes adosados, adheridos, adictos a los lóbulos, recatados ellos -los pendientes-, como corresponde a una señora del P.P. El pelo, no nos engañemos, es de vocación estropajo, pero se lo cuida con esmero y sólo delata su adn cuando sube a los helicópteros. Cuando dijo que ella tampoco llegaba a fin de mes se pegó un susto su peluquero, pero la presi no bajó la frecuencia de sus visitas, porque el pelo, con el tiempo clarea o se cae, pero no sufre arrugas, a diferencia del epitelio. En cuanto a la nariz es normal, pero resulta bonita en comparación con el resto. Y hablando de restos, del resto del cuerpo no digo nada porque una señora de derechas sólo tiene cuerpo para su marido. Que él la disfrute.

Se decía en tiempos de la dictadura que las mujeres se clasificaban de la siguiente manera: guapas, guapísimas y gildas, o, por el otro extremo, feas, feísimas y de Acción Católica. Pues bien, la Espe ha destrozado esta clasificación, porque las de derechas no pueden ser tan guapas que despierten la líbido de la clase obrera de zanja y martillo pilón, ni tan feas que no puedan lucir el palmito en un campo de golf. Los extremos se han borrado. He buscado una foto de cuando era joven, antes de su éxtasis tatcheriano, y no la he encontrado. Si alguien tiene alguna, por favor, que me la mande por el emilio.

         En cuanto a su ideario político, lo podemos presuponer por sus obras -por sus obras les conoceréis-, pero no por sus escritos, que yo no conozco ningún libro suyo, pero si alguien conoce de alguno, escrito por élla, por favor, que me lo diga o me lo preste, no vaya a ser que me rebrote la ansiedad. Ella tiene adversarios en otros partidos y enemigos en el suyo. Para empezar, todos los allegados políticos del alcalde, el Sr. Gallardón. Por cierto, a ver si el señor alcalde decide el look de sus cejas, que nos tiene mareados con tanto cambio. Ella le tiene entre ceja y ceja, esas que se pinta con esmero. Si pudiera lo escabechaba y se lo entregaba a las monjas carmelitas del Santo Éxtasis, pero no le deja Mariano, su jefe de rompan filas y montañas nevadas. Ella es la oposición por excelencia. Cuando visita una institución pregunta: “Pública o privada”, y si la contestan que pública ella replica: “¡Me opongo y que la privaticen, venga ya!”.

Dicen las malas lenguas -la de los rojos, ya se sabe- que la señora Polo, la del Invicto, era el terror de las joyerías de Serrano porque nunca tenía suelto para pagar y elegía previamente a sus chóferes con los hombros encogidos por si les preguntaban algo al respecto. La Aguirre es también el terror, pero de lo público, porque allí donde posa su mirada de gorgona deja petrificado, perdón, privatizado la cuestión, al contado o a futuros, a tiempo parcial o full time, pero privatizado. Privatiza que algo queda es su catecismo laico. Privatizando llega al éxtasis, como Santa Teresa, pero la abulense tenía disculpa, porque entonces no se conocía la palabra orgasmo y se la llamaba éxtasis. Para descargo de la santa y de la gorgona hay que decir que la derecha tampoco usaba esa palabra hasta que llegó al Parlamento Soraya Sáenz de Santamaría y la palabra vio la luz para la derecha, aunque fuera con retaco, perdón, con recato, a lo ferrero-rouché.

         Confieso que tengo sueños eróticos con la Espe. Sueño que se me acerca deshabillé y me dice: “Cumple o te privatizo”. Lo digo en francés porque soy supersticioso y en mi lengua materna no me atrevo. Tengo que ir de nuevo al psicólogo no vaya a ser que se me resiente la líbido y sospeche algo mi mujer. Además, los sueños eróticos con la Espe se repiten y sólo me recupero recitando en voz alta lo siguiente:

Mujer de larga pierna y liga,
te ruego que en los días de otoño
te recojas un poco el moño
a la altura que yo te diga.

Y si no avanzo con mi psicólogo pues me apunto al de una señora mayor que conocí en la consulta y que también tiene sueños eróticos, pero con Álvarez Cascos, desde su rentrée en la política. La señora los llama pesadillas. Su caso es más grave, porque permanece hospitalizada y sedada en cuidados intensivos. La deseo de corazón una pronta recuperación, aunque dicen los doctores que la vuelta a la normalidad es imposible.

         Por último tengo que confesar que tuve la tentación de enviar estas divagaciones sobre la Espe al Sr. Alcalde, pero luego lo he pensado mejor y he desistido: ¿y si el vampiro de la M-30 disfruta tanto con su lectura y se ahorra un orgasmo? Su señora no tiene la culpa.

                   Madrid, 25 de abril de 2010.




































ÁLVAREZ CASCOS
         Vuelve el lobo, pero no por Navidad -como el turrón-, sino por el olor a sangre electoral. Este tipo es de Gijón, de la cosecha del 47, pero los gijoneses no tienen la culpa. Se ha casado 3 veces y ha cosechado -estoy como de vendimia- 6 hijos, a los que deseo toda suerte de venturas y que la genética facial paterna les sea lo más leve posible. Es ingeniero, pero lo costó lo suyo. Su ideario político se reduce a 3 palabras: es antisocialista, anti-PSOE y antibodeguilla, si el inquilino de la Moncloa, claro está, es del PSOE. Pero lo que es una gozada es hacerle un retrato, tanto gráfico como descriptivo. En lo gráfico es un descanso de caricaturistas porque, con un simple y fiel retrato de su rostro, resulta una caricatura sin querer y para descanso de la imaginación. Si se intenta hacer una caricatura queda un esperpento gráfico, género del grafismo que aún no se ha inventado, pero que aconsejo no se inaugure con este tipo de modelo por las posibles patologías maníaco-depresivas. Allá voy con lo descriptivo.

Su rostro, en general, está hecho como de piezas de deshecho de mister Potato -¿se acuerdan del juego?-; las cejas son como de pisada de vaca en un rostro albino. Tienen aquéllas vocación de una sola: quiero decir que es cejijunto de vocación, como ese que cantaba lo de la Ramona pechugona; la nariz, acabada en porra, está especializada en resoplar para las embestidas antisocialistas, haciendo honor con ello a lo de su apellido como pieza protectora pezuñera; de sus ojos lo único que se puede decir es que tienen el mismo radio de curvatura que sus cejas y que ambos, ojos y cejas, resultan armoniosos, insanamente feos, pero armoniosos; su boca está hecha para la infamia, el insulto y la mentira, y esa especialización exige boca grande y fea, lengua inaguantable en la cavidad bucal y labios rechonchados y con restos de esputos y salivazos; por último, el cuello arranca de la barbilla para ocultación de la papada. Su rostro es armonioso, porque no es verdad que siempre la armonía de belleza. Al menos en este caso es una desagradable y difícil excepción, y este es el mayor mérito de su rostro: la fealdad armoniosa, una aportación a la estética de los putrefactos. Su voz es grave, fuerte, estentórea y, en definitiva y en resumen, desagradable, como corresponde a un buen anti-socialista. Cuando nació le dijeron los doctores a su madre: “No se preocupe, a pesar de las apariencias, es humano y además es niño”, y pensaron, sin decirlo, que de ser niña habría dudas sobre su especie.
        
         En su día me quejé a la Sociedad Protectora de Animales cuando se le comparó con un doberman, porque luego hay gente que maltrata a los animales por simple asociación de ideas. Parece ser que le gusta la caza y los toros, como a mucha gente, con lo que no lo podemos poner eso en su debe por más que nos gustara. Se dice también que cazó un oso y un urogallo allende nuestras fronteras. A mí eso me parece como su cara, y dejo a la imaginación del lector el adjetivo. En el caso del Prestige se cubrió de mierda, perdón, de chapapote, porque era Ministro de Fomento cuando la catástrofe y mandó el buque averiado y causante de la avería a mar abierto con la esperanza de... no sabemos qué. Dice haber leído a Jovellanos, pero yo creo que es una coartada, porque no parece que se le haya pegado nada del ilustre e ilustrado político, jurista y escritor. Ahora vuelve a la política por si le da un vahído a Rajoy y se muerde su exceso de lengua, o a la Aguirre le llega la menopausia política, o al Gallardón le clavan los suyos la estaca en el corazón, de tal forma que ninguno de los tres se pudiera presentar a las próximas elecciones generales.

Su rentrée la ha preparado para no pasar desapercibido. Ha dicho que: “En el caso Gurtel hay una camarilla policial dedicado a fabricar pruebas”, así, en plan conspiración 11-M y con estilo P.J. Su método es goebeliano, eso de repetir una mentira mil veces hasta que se convierta en una verdad. Para la mentira y la infamia le ayuda su rostro que, como no puedes contemplarlo mucho rato sin daños para el gusto estético, te obliga a pensar en lo que dice o huir si puedes. De ahí mi duda de si nació feo o se ha forjado el rostro para la política y el insulto, que para él son sinónimos. Una vez confundió el déficit público con la deuda pública y Josep Borrell se lo echó en cara, pero el gijonés no se inmutó porque carece del sentido del ridículo y, así, los demás lo sufrimos por él. Es un tema contable: él se abona y nosotros cargamos, es decir, lo de la partida doble. El sentido del ridículo lo tiene amortizado y sin hipotecar: ¡qué surte tiene el jodio! Al ver bailar a la segunda de sus esposas, la educada y nada desagradable Gemma Ruiz, todos los españoles pensábamos: “Sí, pero a pesar todo, ¿cómo se pudo casar con este tipo? Vale que parecía agarrotada y tragasables, y que hay insectos-palos más gráciles, pero ni aún así tiene explicación. A la ex de Cascos la deseo toda suerte de venturas, también. En resumen y siendo generosos, la palabra que define a este tipo es desagradable: lo es cuando se le mira, lo es cuando se le escucha, lo es cuando se piensa en lo que dice, y, en cuanto al olor, lo ignoramos, salvo sus allegados, pero viéndole yo no le asocio con Channel n. 5, lo siento. De nuevo asociación de ideas y sensaciones.



                   Madrid, 8 de mayo de 2010.





























MICHELLE

Tengo tu retrato ante mí. Estas seria y contemplando algo que yo sé lo que es, pero lo cual no tiene importancia. El pelo como de estambre de un gineceo; la boca de piñón; los labios carnosos y quebradizos; nariz suficiente y elegante; los ojos achinados a la vez que almendrados; orejas pequeñas y precisas; el cuello de cisne ornado con un collar de baratija, pero elegante. No tienes arrugas, cual quinceañera. Rostro sereno, como de haber soportado el pasado, pero mirando al futuro. Soy un egoísta: no quiero que nadie te quiera como yo. De otra manera, cuanto más, mejor, no reniego y me congratula, pero deseo el monopolio de tu deseo. Lo siento. Es mi propuesta de pacto, escrito en la arena y llevado por el viento. Cuando te diga adiós porque otra reencarnación me reclame, te diré adiós con una sonrisa, te dibujaré un beso en el aire y un suspiro en tu piel; tu piel de seda y melocotón será mi último recuerdo de todo esto.


                  Madrid, 6 de junio del 2010.
















TERESA

         ¡Qué joven eras! Apenas 17 y yo... No importa. ¡Qué emoción la primera cita en el Retiro! Luego... pasaron los años, sin más; simplemente... pasaron. La boca entreabierta, escrutadora; los labios finos, deseables pero no deseosos; tu nariz fina, corta, delicada; tus ojos abiertos al escepticismo y al deseo; insinuadas tus orejas, cubiertas por tu pelo, pelo hermoso, rojizo, peinado por sí solo y perfecto. Pasear a tu lado era la tentación, el dardo borracho de instinto, sin diana, sin fin, con deseo. Nos hicimos fotos que aún conservo. Luego nos vimos más veces, pero no fue igual: nació el cariño y mató el deseo. Quizás exagero o quizá me arrepiento de no ser más diestro. Nunca me deseaste y, a pesar de todo, aún te quiero. No, no estoy en lo cierto: ahora eres un hermoso recuerdo, una estampa en el cerebro, un mojón en el camino; camino que no lleva a nada porque, a veces,... me arrepiento. ¿Cuando nos vimos por última vez? No lo recuerdo. Nos despedimos; quizá un beso en la mejilla y un hasta luego. Ahora soy otro: más serio, con más éxito, con experiencia, con pasado, sin desasosiego. Ahora soy normal, ahora nada me sorprende, todo es cálculo y previsión,...  ¡pero sin la emoción de tu encuentro! ¡Añoro la emoción que he perdido!... ¿por viejo?
        

                  Madrid, 7 de junio de 2010.












INIESTA O EL TALENTO CON UN BALÓN

En los momentos actuales parece que si no se habla, se opina de economía, estás fuera del tiempo. Se habla de la economía como de la “ciencia lúgubre”. Eso es un error por los dos lados: por lo de ciencia y por el adjetivo plañidero. Pero hay tiempo para todo, pese a que The New York Times diga que con el Mundial España vuelva al pan y circo franquista para ocultar la crisis. Bastante cuitas, pesares y arrepentimientos tienen -o debieran tener- los yanquis con haber votado dos veces a Bush junior, embargarse en el genocidio de Irak, Atacar Afganistán y proteger a los nuevos nazis de Oriente Medio, es decir, al gobierno y ejército israelíes, y a los israelitas que votan a los genocidas para que conviertan a Gaza en el mayor campo de concentración de la historia. Y todo por no hablar de épocas pasadas de intervencionismo -yanquis go home- en todo el planeta. Seamos ahora lúdicos por un momento porque nos lo merecemos. Hablemos de fútbol, del Mundial que viene: hablemos de Iniesta.

Iniesta es de Albacete, que es como decir que es manchego, pero poco. Tiene ya 26 años, que es una edad ideal para el fútbol, porque te queda ya poco que aprender y mucho que enseñar aún. Iniesta es bajito y liviano, de tal forma que si el seleccionador fuera el ínclito Clemente no lo llevaría a la Roja ni para recoger las toallas en el vestuario. ¡Aún recuerdo a la selección del vasco con Nadal y Alcorta en el medio campo! He intentado apartar de mí esa imagen y no he podido. Si yo tuviera que formar un equipo -ilusión de todo futbolero que se precie- no dudaría: empezaría con Xavi, el catalán, en el medio campo; luego ficharía a Piqué para el centro de la defensa; para el ataque optaría preferentemente por uno de estos 4 delanteros: Drogba, Villa, Torres, Rooney. Ahí tengo la columna de la selección ideal. ¿Y luego? Hay mucho para elegir en el planeta futbol, pero al primero que llamaría sería a Iniesta, por delante incluso de Messi. No es temeridad, sino egoísmo. Hay 3 tipos de jugadores: los normalitos, que reciben el balón y luego piensan en el qué hacer; los inteligentes, que piensan en qué hacer antes de recibir el balón; por último, los talentosos. Estos piensan a la vez que actúan antes, durante y después de recibir el balón. Este es el caso del manchego. Iniesta es la suma de Valerón y Butragueño juntos. Sólo los elegidos por los dioses del balompié pueden pensar y jugar a la vez, lo cual les permite cambiar de opinión en un instante, mientras controlan, driblan, tocan, se revuelven. Actuar a la vez que pensar es lo más difícil, es como si tuvieras dividida la tarea entre los dos hemisferios del cerebro y los pudieras intercambiar en milésimas de segundo. Iniesta es uno de los elegidos. Nadie en el planeta futbol con más talento. Otros le superan en habilidad, como Messi, Navas o Agüero; en velocidad, como Ronaldo el portugués -y también el brasileño-; en presencia en el campo, como Gerrard, el del Liverpool; en dirección del juego, como su compañero Xavi, pero nadie alcanza su talento, con la posible excepción de su compañero argentino del Barcelona. Dribla con la cadera por anticipación; su pie derecho es un guante, de tal forma, que si jugara al baloncesto jugaría con los pies; recepciona el balón como si tuviera pegamento en sus botas. Pero lo que la hace grande es que decide siempre lo peor... para el contrario. ¡Qué gol contra Polonia picando el balón a Xavi entre 3 defensas y algún otro a los costados! Sólo el danés Ladrup hacía cosas parecidas, así, como el que coge el autobús. Además es o dicen -y yo lo creo- que es modesto, muy modesto. Yo tengo dudas que eso sea siempre una virtud, y no lo es seguro si es una estrategia de la soberbia. Pero en el caso de Iniesta apuesto un brazo que no es estrategia. Si ves a Iniesta por la calle lo menos que te imaginas es que sea un futbolista; más bien parece un estudiante de Farmacia o un voluntario de la Cruz Roja. Me gusta. Los atletas que hagan atletismo. Esperemos que esté listo para el Mundial y nos deleite con su arte, porque eso es Iniesta, un artista al servicio de un equipo y del espectáculo, y eso es lo que nos gusta a los futboleros, porque los títulos son para ellos, para los que los ganan, pero el arte es para todos.

Y eso es todo, por hoy, diez de junio. En otro momento hablaremos de economía, que no se van a librar de ello ni los especuladores, ni la UE, ni el BCE, ni el FMI, ni el Banco Mundial, ni la Merkel, y ni siquiera el gobierno.



         Madrid, 10 de junio de 2010.  




NI PERDÓN, NI OLVIDO

         Cuando oigo y veo a los Aznar, a las Aguirre, a los Oreja, a las Ritas, a los Arena, me vuelve a la memoria los tiempos en los que, de niños, cantábamos el Cara el Sol en un colegio de Ventas, barrio de Madrid, de los curas de los Hermanos la Salle. Y espero que sólo sea un recuerdo y no una premonición. Asocio también, apenas sin esfuerzo de la imaginación, los bolsos de Louis Vuitton de la Rita Barberá y los trajes impolutos y gratuitos de F. Camps con los regalos que nos hacían a fin de curso ciertas mujeres de una nobleza venida a menos a nosotros, los hijos de los pobres, aunque no pobres de solemnidad. No reniego de ellos, de los regalos y no puedo ocultar mi agradecimiento por semejante acto de caridad, porque a los ricos no les gusta pagar impuestos, pero a veces lo compensan con la caridad cristiana-vaticana: da lo que te sobra a los pobres, que a pesar de ser lo que te sobra, para los pobres es mucho. Esa la gran ventaja de ser pobre, que te den lo que te den siempre parece mucho, necesario e inmerecido. Habían ganado la guerra in-civil, salió triunfante su golpe de Estado, su genocidio posgolpista cuando el bando nacional del Invicto había tomado sus últimas posiciones. Se sentían generosas estas damas de oración y sacristía, de confesión y arrepentimiento, mientras sus maridos, con sus altos cargos en el Movimiento y en el Estado, liquidaban durante años y años a republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas, masones o, simplemente, personas de la cultura, de la intelectualidad y de la ciencia. ¡Ojalá que los fantasmas de sus crímenes nunca les dejen descansar!

         La doble moral había ganando. Casi siempre gana la doble moral, porque para eso prepararon e hicieron la guerra, para imponer su moral a los pobres, con la colaboración de la Iglesia católica-vaticana, porque en eso la Iglesia, al menos desde los Borgia, es una experta; lo es en criminalidad y en lo de la doble moral. Los pobres no podíamos divorciarnos, ni abortar; las relaciones entre personas del mismo sexo eran delito con el BOE en la mano, que para eso la iglesia católica-vaticana ha tenido siempre a mano el brazo secular de la ley, la inquisición y las hogueras, y en el 36 y posteriores, los paredones y las cunetas, los pelotones y las fosas comunes, y hasta las plazas de toros. Pero ellos, mejor dicho, sus hijas, sus mujeres y sus queridas, tenían Londres o Suiza para el aborto, porque con arrepentirse o confesarse con el curilla de turno tenían licencia para pecar de nuevo: la doble moral, es decir, el cinismo y la hipocresía les salvaban del fuego eterno.

         Mi padre estudió en el Colegio Virgen de la Paloma, en Madrid, colegio que para los franquistas de la posguerra, colocados ellos en las instituciones y en el funcionariado por fuer de su adicción al régimen, era un nido de rojos y masones. Lo era porque sus profesores procedían de la Escuela Normal de Maestros y del Instituto Libre de Enseñanza, instituciones que creo la II República para poner la enseñanza a la altura de los tiempos. Mi padre tuvo enormes dificultades para encontrar trabajo porque el pecado de estudiar en ese colegio era un baldón que los franquistas y falangistas -que muchos eran jefes de personal en la empresas- no podían soportar. Nunca le reconocieron el título de bachiller: tuvo que venir la democracia para ello. Al final mi padre encontró un trabajo por la mañana y otro que se buscó -hoy se diría autónomo- por la tarde. Trabajó décadas más de 14 horas diarias. Mi madre, cuando se casó con mi padre, tuvo que irse desde el centro de Madrid a un pueblo cercano de la capital que no tenía agua corriente y vivir en una casa llena de humedades. Ya se sabe que, al menos durante algún tiempo, la Obra Social sólo alcanzaba a los adictos al régimen.

         Leyendo el libro de Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias, me viene una reflexión quizá nada original: las batallas se pierden o se ganan, pero las guerras las perdemos siempre los mismos, estemos del lado que estemos. La nuestra, además de una cruzada de los católicos, tanto de civil como de militar, fue una guerra de rapiña. Los vencedores, al menos un buen puñado de ellos -muchos de ellos meros desertores del arado-, se quedaron con lo que dejaron o les quitaron a los exiliados, a los fusilados, a los encarcelados. También tuvieron como ¿recompensa? que irse a trabajar a Alemania: los vencidos sólo tuvieron esta segunda opción. ¿Y quieren que les perdonemos? Nunca. No está en nuestras manos perdonar sus crímenes, sus 40.000 años de dictadura, que diría Forges, durante la cual siguieron asesinando, exiliando y encarcelando. ¡Qué pidan perdón a su dios! Que nuestros padres o abuelos les hayan perdonado o consentido, que hayan convivido o coexistido con gentes de semejante ralea es cosa de nuestros padres o abuelos. Nosotros, sus hijos y sus nietos, pensamos de otra forma. Pensamos que son ellos los que tienen que pedir perdón por lo que hicieron. Quizá no lo hagan porque en el fondo saben que nosotros, los hijos y los nietos de los vencidos, no les vamos a perdonar nunca. Nunca. Aunque estuviera en nuestras manos. Convivimos con ellos por imperativo legal y porque somos infinitamente mejores. Sabemos donde están y sin embargo los consentimos y los coexistimos, pero ni perdonamos ni olvidamos. Sabemos que muchos estáis ahí, escondidos entre el voto del Partido Popular, entre su militancia, pero no os preocupéis, que no somos como vosotros. ¡Ay si pudieran -si pudierais- volver atrás en la historia los Aznar y los Fraga, las Aguirre y los Oreja, las Ritas y los Arenas, de qué cosas seríais capaces con tal de quitar el aborto, el divorcio, las bodas homosexuales; con tal de eliminar a rojos, ateos y nacionalistas! ¡Con tal de volver al rezo y la oración diaria y obligatoria en los colegios! ¡Con tal de volver al Cara el Sol, al yugo y las flechas y a las Montañas Nevadas! Pero saben que ya no lo conseguirán porque tuvieron -tuvisteis- 40 años para imponerlo durante los próximos 1000 años y no lo lograsteis, por más FAES (y de las JONS) que montéis; por más golpes de Estado institucionales que deis a la ONU (Aznar, guerra de Irak) o a la misma Constitución (el mismo por la misma causa); por más que de los vuestros coloquéis en los tribunales del poder judicial, en el Supremo o en el Constitucional.

         Hay al menos dos Españas, en efecto, pero no la España de derechas o de izquierdas, o la España de los nacionalismos, sea periférica o españolista. De esto algo hay, en efecto, pero hay sobre todo la España de los vencedores y de los vencidos, la España de la razón de la fuerza y la España de la fuerza de la razón. Vencieron -vencisteis- los de la primera: ahora toca la victoria incruenta de la segunda, la de la justicia universal y la de la reparación histórica, la de la III República Federal y definitiva. No vamos a apaciguar vuestras conciencias -conciencias a veces heredadas, malas conciencias a veces decididas a serlo- hasta que no traigamos la III República, a pesar de que sabemos que volverías a matar para impedirlo... si pudierais. Pero ya no podéis volver a las armas ni tampoco os dejaríamos. Hemos aprendido la lección. Sabemos que no nos daríais ni la justicia, ni la paz, ni el perdón, lo mismo que no se lo distéis a la República de D. Manuel Azaña, a pesar de que sois vosotros quienes tenéis que pedir perdón. ¿Venganza? No, nunca, porque nos repugna ser como sois y fuisteis, nos repugna utilizar vuestras armas, no sabemos ser como vosotros. Además, no merecéis ni la venganza. Ahora, con las nuestras, con la razón, la justicia y la historia, tenemos para recuperar lo que nos quitasteis. Espero no parecer ingenuo. Si queréis reparar lo que hicisteis, primero la III República y luego, ya veremos.



                   Madrid, 1 de agosto del 2010.
































LAS DOS ESPAÑAS... Y MEDIA

Hojeaba estos días el que creo que fue la primera novela ya seria -si tal se puede considerar- que leí casi de niño: era nada menos que “Paz en la Guerra”, del otro gran Miguel de España, el vasco, el gran sufriente, porque creía en Dios -lo pongo con mayúscula por respeto al lector creyente- con el corazón, pero no podía aceptarlo con la cabeza. Gracias a eso nos dio el gran Unamuno tan magníficas novelas, tan apasionados versos, tan profundas y laceradas reflexiones. El libro es una colección de vivencias de su infancia en su Bilbao natal, envuelto en la III Guerra Carlista (1872-1876). Justifica su obra diciendo que era “en lo que se pensaba, se sentía, se soñaba, se sufría y se vivía en 1874, cuando brizaban mis ensueños infantiles los estallidos de las bombas carlistas, podrán aprender no poco los mozos, y aun los maduros de hoy”. Escribe Don Miguel en 1923. Lo de “Paz en la Guerra” es una boutade trastocando el título de la obra de Tolstoi, “Guerra y Paz”. Él era así. Recuerdo otra boutade suya que decía: “yo no soy hombre de partido: aún estoy entero”. Las guerras carlistas han sido las guerras civiles del siglo XIX de nuestra Historia, y todo por un quítate tú, Isabel, que me pongo yo, D. Carlos María Isidro. ¡Lo que costó a nuestros tatarabuelos en vidas, desastres y atrasos, colocar, en este caso, a una reina! Da igual que fuera rey o reina, el coste era el mismo. No somos diferentes de los europeos, que a otros les ha costado también lo suyo, tanto para ponerlos como para quitarlos. Cuenta Unamuno que unos carlistas se lanzaban al ataque gritando: “¡Viva Dios! ¡Guerra al Infierno y sus satélites!”. Lo de los satélites queda muy de Sistema Solar. Había dos bandos, es cierto, pero el bando mayoritario de la burguesía -que es la que entonces pintaba o, al menos, contaba la historia- cantaba una canción que decía:

A mí que me importa
de paz ni de guerra.
Pirata de tierra
yo tengo que ser
-------------------
Cuento las monedas de oro
Y ¡viva la religión!

Claro que, no siempre, los bandos se lo toman tan a pecho como los carlistas del Infierno y sus satélites. También cantaban:

Cuando se van a sus puestos
los soldados de la octava,
además del armamento
llevan siempre la guitarra.

Todo esto los recojo del libro de Don Miguel. Releyendo y hojeando su libro me venía a la mente los sucesos de Montejurra, esta vez como víctimas los nuevos carlistas del siglo XX, o una facción de ellos. Corre -o anda- el año de 1976. Murieron dos personas y entonces era ministro de la Gobernación, claro está, el inefable Manuel Fraga, uno de los 3 presidentes del P.P. actual. Sé que mezclar, aunque sea tan indirectamente, a Unamuno con Fraga es casi repugnante, por lo que pido perdón. ¡La primera guerra carlista comienza en 1833 y los últimos coletazos del carlismo tienen lugar en 1976! Y que yo sepa aún existen varios partidos o facciones, ahora creo que legales. Las guerras carlistas forman parte de nuestra Historia y hasta hace poco... de las conciencias de algunos. Y estas guerras fueron localizadas, esporádicas, aunque siempre asomaban por los oteros de la Historia sus rebrotes y sus coletazos ¿Y quieren algunos que olvidemos la Guerra In-civil de nuestro siglo XX y, sobre todo, los 40 años de franquismo? Tarde o temprano lamentará la derecha, el P. P., los 40 años de dictadura, aunque sea una dictadura ganada e implantada por sus ancestros ideológicos. Yendo de nuevo al XIX, había dos Españas, la tradicionalista, encarnada su violencia en los carlistas, y la España cristina, la de Isabel II, la de la democracia, la liberal, claro está, a la manera de la época, porque esa democracia hoy no pasaría el corte del mínimo de democracia exigible. Eran otros tiempos. Por supuesto, estaba la España de la incipiente burguesía que contaba Josep Fontana en un librito que también leí hace tiempo que llevaba el título de “Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX”. A lo mejor ya se ha quedado obsoleto, pero uno se resiste a revisar nuestras lecturas y a nuestros maestros de antaño. Todo pasa y todo queda. Así ha pasado con el carlismo y con la Guerra In-civil y con los 40 años de franquismo. Y no pasa la Historia porque aún los herederos del franquismo siguen obstaculizando lo que pueden para que los vencidos puedan desenterrar a sus muertos; muertos o asesinados en las cunetas y en las plazas, la gran mayoría porque defendían o simplemente representaban la legalidad de entonces.

A veces quiero pensar que ya no hay dos Españas, pero cuando oigo hablar mal de España en el extranjero al Aznar, halagar la dictadura franquista al Oreja, tratar por igual a los dos bandos a la Aguirre, decir las trivialidades que dice ese señorito andaluz que es el Arenas, atropellar el habla mirando al cielo a Fraga, ufanarse de impunidad e inmunidad a la justicia al Camps, al Fabra, saltar cual heredera del régimen del P.P. a la Rita, leer a los articulistos del ABC, el bastión mediático de la dictadura, me digo: he aquí el rescoldo, gigantesco rescoldo, del franquismo. Ahí están, y con ellos, parte de su militancia y parte de sus votantes. Y digo parte porque quiero ser optimista y me puede más el oteo al futuro que la ceñuda mirada al pasado. Sí, esta es la herencia del franquismo y de lo que el franquismo recogió del pasado. Ahí está la España tradicionalista, siempre negada al progreso y al optimismo, devota de Frascuelo y de María, las de las procesiones excluyentes y exclusivas, la de los toros como pan y circo para solaz del poder institucional, la de Santiago (Matamoros) y cierra España, la de los curas y monjas en la enseñanza pública y concertada, la España de Rouco y Camino; también la del fallecido monseñor autor de “El Camino”, la España del arzobispo Plá y Daniel de entonces; la de antes roja que rota, la de la prohibición del aborto para los pobres porque los pudientes tienen a la Pérfida y Suiza para tal menester. Todas estas Españas, lo que representan, la de sus herederos biológicos -aunque no en todos los casos- y, sobre todo, ideológicos, añoran en lo más profundo la dictadura franquista o similar, y ven en el P. P. el reflejo que viene del pasado. Porque el futuro no existe, pero el pasado sí, porque las personas no somos peces sin memoria, sino todo lo contrario: somos personas -o somos la misma persona- en la medida que tenemos memoria, para bien y, a veces, para mal, esa misma memoria que nos quiere quitar la derecha franquista de ahora.

Sólo quieren el poder porque llevan un tiempo sin tenerlo. Lo tuvieron 8 años con Aznar, 40 años con Franco y desde siempre antes que el dictador, salvo breves períodos de tiempo, aunque también discutible si es que lo llegaron a perder o sólo lo cedieron para volver con más brios a por él, para poder emplear la razón de la fuerza si la fuerza de la razón -la suya- no les llega. Para la derecha, versión actual P. P., la democracia es sólo un sistema electoral, un trámite, una barrera que hay que saltar y, a veces,... asaltar, para llegar a su finca llamada “España”, y para mantenerlo como sea posible, unas veces por el borde de dentro de la democracia y, otras, por el borde de fuera si no queda más remedio. Sí, porque para la derecha, versión hoy del P. P., para llegar o mantenerse en el poder siempre hay remedio, con elecciones o golpes de Estado, con caciquismo de antaño o con bolsos de Louis Vuitton o pantalones de hogaño. O con recalificaciones según convenga.

         La transición se hizo como se pudo, probablemente, y no tengo nada que decir a los que iban -íbamos, con perdón- desde la lucha contra la dictadura, pero nada de modélica, por favor, porque siguieron los mismos políticos de la dictadura en la política, muchos de los mismos jueces y catedráticos que juraron los Principios Generales del Movimiento siguieron juzgando y enseñando, en definitiva, mandando. Ahora y en la Transición, esas mismas personas, con esos mismos cargos, salvo por los cambios institucionales, siguieron en la democracia. Y con esa lacra hemos tirado y seguimos tirando. Sólo la edad ha podido con ellos. Atado y bien atado. Hace poco murió un juez del Tribunal Supremo -García Calvo creo que se llamaba- que había sido Jefe Provincial del Movimiento en Málaga, ¡en la Málaga de la Guerra In-civil! ¿Cómo acabar con las dos Españas, con la España de los vencedores y de los vencidos? Con mucha memoria histórica, con el reconocimiento de que no había exactamente dos bandos, sino el bando de los curas, militares y aprovechados, contra el bando de la legitimidad republicana, de la democracia de la época. Y lo que hubo de dos bandos fue la España que representaba el futuro, la justicia, la razón, la cultura, la de los derechos civiles y la de algo más de igualdad, frente a la España de la confesión y las sotanas, la de la luz de Trento, la católica a machamartillo y para todos guste o no guste con el brazo secular de la ley, la de los militares pos-Gloriosa, la del analfabetismo agrario, la España antisocialista, anticomunista, antinacionalista, la neoliberal como excusa (E. Aguirre), la del pelotazo pre-crisis, la burladora de la razón, la justicia y la ética (Camps, Fabra), la de los 40 años exiliando, apropiando, encarcelando, asesinando. Toda esa España aún sobrevivirá durante mucho tiempo, como ha sobrevivido la España del primer, segundo y tercer carlismo, hasta, al menos, Montejurra. La Guerra In-civil y los 40 años de dictadura marcarán nuestro siglo y hasta alguno más, lo mismo que forma parte de nuestra historia y de nuestra conciencia histórica la España celtibérica, visigoda, romana, mora, la España de El Cid de la épica, la de Lepanto vencedora, la de la Armada Invencible vencida, la del Descubrimiento (encontronazo), la del Imperio que no se ponía el Sol, la de Trafalgar, la del Peñón, la de los últimos de Filipinas y de las últimas en Cuba. Aznar quiso pasar a la Historia con lo de Perejil, pero creo que las cuatro cabras y los dos soldados marroquíes que había allí no daban para tanto. Sí, hay ahora más Españas, la del progreso, la de los derechos civiles, las nacionalistas de derechas y alguna que intenta ser nacionalista y de izquierdas; la España integrada en la Unión Económica, para bien y para mal. Hay ya muchas Españas, hay 17 Españas vergonzosamente autonómicas porque debiera haber una España orgullosamente federal. Pero detrás de tantas Españas, habrá, para bien y para mal, dos Españas, la de los vencedores y la de los vencidos, y eso será para siempre. El que quiera engañarse, que lo haga, pero por favor, que no busque beneplácitos y consensos ajenos.



                   Madrid, 1 de septiembre de 2010.    




















MIGUEL HERNÁNDEZ: LA EMOCIÓN ARREBATADA

         Nadie es digno de hablar de Miguel Hernández. Yo no me siento digno, pero en el centenario de su nacimiento (30.10.1910) algo llama al lector de su poesía a hablar, a no dejar pasar la ocasión de hablar del más emocionante de los poetas españoles. De alguna manera todos somos algo culpables del final de Miguel Hernández, por activa o por pasiva, tanto si somos herederos de los vencidos como -y con más razón- de los vencedores por consentir que los herederos de los vencedores no sientan vergüenza del final del poeta, porque Miguel es el poeta de los vencidos. Federico es patrimonio de la humanidad; Machado lo es de la literatura, pero Miguel es patrimonio de los vencidos por su obra, por su vida y por su herencia. Y a pesar de ello es uno de los grandes poetas en castellano. Yo no digo que sea el más grande, porque lo acabaron pronto, muy pronto, con 31 años; no digo que sea el más perfecto, porque superar a Quevedo en eso es imposible; no digo que fuera la facilidad extrema, porque ya para eso nació Lope; no digo que fuera el rey de la metáfora, porque en español ese título lo merecen Federico y Góngora, y el genial bardo en inglés; no digo que tuviera el dominio absoluto del lenguaje, porque ya lo fue su maestro Góngora. Y sin embargo, en emociones, en pasiones, en utilizar la poesía como un arma cargada de futuro, nadie como el gran Miguel, el arcángel laico de la emoción y de las pasiones. Su verso viene de la tierra y de la grama, es un eco que retumba en nuestras sienes, un eco que nos recuerda que sólo somos tierra, polvo, sombras, nada. Sabemos con su poesía que hasta el sufrimiento tiene su altar en la lírica. Alguien dijo que Miguel, Federico y Machado eran los poetas del sacrifico. No, fueran poetas sacrificados, porque todos ellos -y especialmente Miguel y Federico- nacieron para la luz y el amor, para el duende y la grama. Los tres tocaron el drama con desigual fortuna. Hace tiempo que vi El Labrador de más aire en el Muñoz Seca y aquello fue emocionante. No lo fue por el drama rural, que era simple; lo fue por el verbo, sólo por el verbo. El verbo hecho verso ¡Qué miedo le tenían los que acabaron con la libertad en España! Y aún lo tienen los herederos de la dictadura, aquellos que ahora esperan llegar a la Moncloa con un puro en la mano y una flor en el culo. Murió Miguel en una cárcel de los golpistas en Alicante el 28 de marzo de 1942. Hacía ya más de dos años enteros que había acabado la guerra y moría Miguel de tuberculosis. Fue la muerte de la venganza, como de tantos otros que aún están en la cunetas enterrados, esperando que los herederos de la venganza nos dejen desenterrarlos. Quizá todo esto sean sólo palabras. Veamos que decía Miguel de Federico en su elegía:

                            “Federico García
                            hasta ayer se llamó: polvo se llama.
                            Ayer tuvo un espacio bajo el día
                            que hoy el hoyo le da bajo la grama”.

Son versos muy quevedianos, especialmente el segundo, pero Miguel siempre les da un sello propio, como si nadie hubiera dicho antes nada parecido. Por eso es Miguel tan grande. Miguel es Góngora, Lope, Quevedo surgiendo de las entrañas de la tierra, de la raíces, del pastoreo. Y también de muchas lecturas, porque hasta este Mozart de la poesía necesitaba formarse, empaparse de antepasados y emociones, ser perito en lunas antes que poeta. Parece anterior a todos ellos porque antes que poeta fue un juglar de cabreros y pastores. Otro verso más:

                            “Vestido de esqueleto,
                            durmiéndote de plomo
                            de indiferencia armado y de respeto
                            te veo entre tus cejas si me asomo”.

Así, asomo de su lado y asombro del nuestro. Miguel asomó desde todos los lados, absorbió a todos y a todos los regurgitó para nuestro asombro. Fue el suyo un parto de la luz y de la sombra. Siempre estarás ahí porque tú mismo dejaste escrito:

                            “Aunque bajo la tierra
                            mi amante cuerpo esté,
                            escríbeme a la tierra
                            que yo te escribiré”.

Así lo dijo el poeta. Leer su poesía es el mejor homenaje. Y ahora, el silencio.


                            Madrid, 26 de octubre de 2010.



BENEDICTO XVI  O LA VUELTA A LA CRUZADA FRANQUISTA

         Me hubiera sido indiferente la venida del jefe del Estado Vaticano, el Sr. Ratzinger -el Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, Obispo de Roma, etc.-, si no fuera por dos cosas: la primera, porque me ha costado dinero, al igual que a todos los españoles, sean de la confesión que sean o -como es mi caso- no lo sea de ninguna; la otra cosa es la ignorancia de este jefe de Estado. Comparar la situación del estado de privilegio de facto que tiene la institución privada de la Iglesia Católica en la España actual con lo que sucedía en la España del 36 supone una ignorancia supina. De momento no quiero creer que se trata de mala fe, de mentiras y de una provocación, porque no vaya a ser que tenga un accidente y no le pille al jefe de los católicos confesados y se vaya con Pedro Botero a la eterna quema, cual chuletón de Ávila. De facto, aquí los curas -que así los llamamos para abreviar tanto a los miembros de estructura institucional de la Iglesia católica como a los miembros de las órdenes religiosas- gozan aún de una financiación anticipada y de privilegio del Estado. Y no confundo lo que reciben del Estado para obras sociales y para mantenimiento del Patrimonio religioso -que es de todos, no sólo de los católicos, puesto que lo pagamos con los impuestos de todos- con lo que perciben en salarios y otros gastos los religiosos. Sobre lo primero la única objeción puede ser la administración de esos recursos; sobre la segunda financiación debiera estar claro: que la paguen los católicos que quieran pertenecer a ese club, lo mismo que los abonados al Real Madrid se pagan sus abonos.  La segunda ignorancia acompañada -esta vez sí- de mala fe es confundir algunas de las cosas que ocurrieron durante la II República -como alguna quema de conventos- con inculpar a la II República como causante de estos hechos. Eso no es nuevo porque lo han venido haciendo los vencedores de la in-civil guerra durante el franquismo hasta nuestros días. Eso es como inculpar a Aznar de los crímenes de ETA que ocurrieron durante su lamentable mandato, aunque lamentable por otras cosas. Hay que recordar que uno de los presidentes de la II República fue D. Niceto Alcalá Zamora (1877-1949), que era católico de rezo y comunión diaria. Es una confusión nada inocente, repugnante, provocadora. Lo único que puede reprochar el Jefe del Estado Vaticano al Gobierno de la II República fue la expulsión de los jesuitas. Quizá tenga razón en este punto -que él no ha mencionado- el Sr. Ratzinger: así, visto ahora, la II República se equivocó. Ahora y siempre, no hay que expulsar a nadie; menos quemar en la hoguera -como hacían los ancestros papales del Sr. Ratzinger- a los que se apartaban de la ortodoxia vaticana. Con dejar los púlpitos a los curas y que allí se explayen con sus proclamas golpistas -no en todos los casos, claro- es y era suficiente; con quitarles la enseñanza concertada ahora sería suficiente, porque esta enseñanza la pagamos todos, creyentes y no creyentes, católicos, adventistas del séptimo día y hasta neoliberales creyentes en Adam Smith. Que la mayoría de los curas sean reaccionarios, añorantes del franquismo, votantes del P. P., no importa, pero desde las iglesias y lejos de los niños, por favor.

         Pero no, el Sr. Ratzinger ha venido a otra cosa. Ocurre que el fundamentalismo del Jefe de los católicos, de su curia, de la cúpula -perdón al Sr. Ratzinger porque esta palabra tenga una onomatopeya tan parecida a cópula- de la institución de la Iglesia Católica, está llevando a vaciar los seminarios, las iglesias, los confesionarios; a alejar incluso a los que se sienten católicos de sus jefes de club. ¿Cómo decir en este año del 2010 que hay que volver a la castidad, a la relaciones sólo dentro del matrimonio, y estas sólo con el fin de tener hijos y no por gusto?, ¿que hay que tener los hijos que “dios nos de” aunque no se quieran ni se deseen?, ¿que los homosexuales no se pueden casar entre ellos? Como si dentro de los católicos -incluso dentro de los votantes y militantes del P. P.- no hubiera gente que prefieren el sexo de su misma orilla, tener hijos cuando se deseen y practicar el sexo con la libertad del libre consentimiento mutuo. El Sr. Ratzinger viene a España a resucitar la cruzada franquista al socaire quizá del alza de las encuestas del P. P., porque este Sr. sigue considerando a España la Reserva Espiritual de Occidente, el brazo secular de la ley por antonomasia, la luz de Trento, martillo de herejes, la patria de la última cruzada contra rojos, masones y ateos, que son los culpables de que haya menos practicantes de la religión de la hostia consagrada. Ahora el Sr. Ratzinger añora la época en que la Iglesia Católica española metía al dictador bajo palio; añora, la época en la que los cardenales Gomá y Pla i Daniel y demás obispos y arzobispos -primados y no primados- saludaban con el brazo levantado al modo falangista; añora cuando Franco agradecía el apoyo de los curas al Alzamiento Nacional metiendo a la curia celtibérica en las Cortes, en el Consejo de Estado, en las instituciones del Estado; añoran el concordato que declaraba la religión católica religión de Estado y ponía en nómina a los curas.

         ¡Ay si pudieran el Sr. Ratzinger y el Sr. Rouco traer de nuevo las hogueras y los autos de fe para salvar nuestras almas descarriadas por el diablo de la modernidad, sin preguntarnos siquiera dónde queremos pasar la eternidad! Pero de momento no pueden y no podrán si no les dejamos. Y ahora tenemos una ventaja los no creyentes y los católicos críticos con estos señores: que ya sabemos por la Historia de lo que son capaces los de la cúpula católica con tal de salvarnos.



                   Madrid, 9 de noviembre de 2010.
   




























EL CENTENARIO DE LOS PRINCIPIA DE BETRAND RUSSELL
Y EL ARTÍCULO DE J. M. SÁNCHEZ RON EN EL PAÍS

         Me ha llamado la atención el artículo de José María Sánchez Ron en el diario EL PAÍS titulado “El valor del fracaso digno[2]. El autor es uno de los más conocidos historiadores y divulgadores de la ciencia en España y le  he leído siempre con fruición todo lo que ha publicado y que yo me haya enterado. Sin embargo, esta vez me ha decepcionado en su artículo. No haré un resumen del mismo porque es del día 11 y puede ser leído en Internet. En la primera parte habla de la incoherencia de los políticos cuando se les pregunta una cosa y contestan a una supuesta pregunta que no ha sido formulada. Pone Sánchez Ron el ejemplo de la presidenta de la Comunidad de Madrid con las últimas declaraciones a micrófono abierto, pero que élla creía cerrado. Podía haber puesto con más razón las declaraciones de la secretaria general del propio P. P., la Sra. de Cospedal, sacando la conclusión de que el expresidente Sr. González era la X de los GAL -cosa que se inventó el incalificable director de EL MUNDO y de cuyo nombre no quiero acordarme- cuando de la lectura de las declaraciones no se obtiene nada referido a ese tema y menos en esa dirección. La esperanza de esta señora y la del P. P. es la de que sus posibles votantes no hayan leído esas declaraciones puesto que aparecen en un periódico supuestamente enemigo del partido, y ello les lleve a estos lectores a creer -en lugar de informarse y pensar- a que la Sra. de Cospedal no les miente sobre esas declaraciones. Siento y me repugna mezclar y mezclarme al profesor Sánchez Ron con la Sra. de Cospedal. El Sr. Sánchez Ron equipara la catadura moral que denota la presidenta de la Comunidad de Madrid con el error de los pronósticos o las exageraciones de Leire Pajín, la actual ministra de Sanidad, por lo del acontecimiento planetario. Ambas cosas no están en el mismo plano de la ética, incluso aun cuando los pronósticos se hagan a sabiendas que van a ser difíciles de que se cumplan. Otra cosa -por ejemplo- son los pronósticos de las agencias de calificación o la de los representantes de los fondos especulativos que se han venido haciendo en este año, porque estos son sólo pronósticos en la apariencia; son en realidad métodos de abaratar la futura deuda pública con el fin de que sus operaciones bajistas previas a plazo -vendiendo lo que no se tiene- sirvan para comprar más tarde la emisión de títulos ya devaluados y ganar con ello pingües beneficios. Me salto de momento la mención de Sánchez Ron sobre los Principia de B. Russell para ir a este tema al final. Dice el articulista que “la modernidad de los ilustrados del siglo XVII rechazaban que los medios justifican los fines, manteniendo firmemente que los medios tienen primacía sobre los fines”. Lo del siglo XVII quizá sea un error y se refiera al siglo siguiente. En cualquier caso, la perplejidad del articulista no debiera ser tal porque, al menos desde Maquiavelo, el italiano que teoriza y convierta la política en ciencia, no queda claro que el balance de los fines sobre los medios haya ganado históricamente al de los medios sobre los fines. Dicho de otra forma: la razón de la fuerza ha ganado casi siempre la batalla a la fuerza de la razón, aunque a la larga, la guerra, a veces, la haya perdido. Ejemplo de ello fueron la II Guerra Mundial con las anexiones conquistas y de Hitler y su ascenso golpista desde la cancillería  a la presidencia de la República de Weimar; también el golpe de estado de Franco, sus secuaces y sus huestes, para acabar con nuestra II República. La razón la puso el presidente de la República y su gobierno en su último mandato de ésta; la fuerza, es decir, las pistolas, los fusiles y las bombas, la pusieron los generales Sanjurjo en 1933 y Franco, Mola, Queipo de Llano, Kindelán, etc., en el 36, junto con la ignorancia y el egoísmo de una parte de la sociedad, tanto de los ricos como de los pobres ¿Pero todo eso qué tiene que ver con la ciencia y sus métodos? La generalización de Sánchez Ron a toda la política y a todos los políticos es injusta. Sin ir más lejos, el error del pronóstico de Leire Pajín no puede compararse en el plano meramente ético -no político- con las declaraciones de la Sra. de Cospedal que he mencionado -y que Sánchez Ron no menciona quizá porque el artículo hubiera sido escrito con antelación-, donde se juntan la mentira y la infamia a partes iguales, con la esperanza de la ignorancia de sus posibles votantes. Esto pasa por mezclar cosas tan distintas como ciencia y política, método y creencia, la lógica de la investigación y la sociología. O al menos querer equiparar ambas en un mismo plano. Puede estar tranquilo el Sr. Sánchez Ron que no está equivocado y deber seguir enseñando a sus alumnos en la lógica de la investigación científica, enseñando a Khun, a Popper, a Lakatos, etc., que sus alumnos sabrán distinguir tarde o temprano las churras de las merinas, la carrera del tocino, el culo de las témporas. Y enseñando ciencia a sabiendas que ésta no admite la creencia, sólo la contrastación empírica de las hipótesis y las conclusiones. Y si esa separación entre política y ciencia es pertinente, lo es mucho más entre esta última y la religión. Ahí cualquier conexión en cualquier plano lleva a la liquidación de la ciencia, de sus métodos y de sus fines. Estos sólo pueden -en mi opinión- interrelacionar con la historia de la ética bajo la perspectiva de la moral kantiana: obra de tal manera que tu comportamiento sea ejemplo o guía de una ética universal.

         Voy ahora a Bertrand Russell (1872-1970), porque en realidad el profesor Sánchez Ron apenas desarrolla el tema de los Principia, aunque lo hace de forma acertada, señalando el intento -que luego el teorema de Godel demostró baldío- de rehacer toda la Matemática bajo los principios de la lógica. Invito a Sánchez Ron a que desarrolle el tema en el medio publicado o en este más modesto de Nueva Tribuna. Sé que lo ha hecho de forma brillante en sus libros y a lo largo de su carrera. En España y en castellano aparecieron “Los principios de la matemática[3] en 1967 en la editorial Espasa-Calpe, aunque los derechos los tenía desde 1948, pero no sé de que nunca aparecieran traducidos sus tres tomos de “Principia Mathematica”. No sé tampoco si puede achacar a la censura franquista este largo período desde la propiedad de los derechos hasta su publicación o son otras las causas. Es claro que la figura de Bertrand Russell no era precisamente querida por los censores, pero no por su obra científica, lógica y matemática, que apuesto las dos piernas y un brazo que aquellos no tenían ni la más remota idea de ella, sino porque ese inglés de impronta volteriana  era una figura mundialmente conocida por su pacifismo y su lucha contra toda forma de dictadura y de opresión. En un libro[4] cita Jesús Mosterín unas palabras del filósofo inglés: “tres pasiones simples, pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y la insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad”. Y merece la pena seguir con sus palabras, tanto por su hondura como por la belleza con que están expuestas: “Estas pasiones, como grandes vientos, me han llevado caprichosamente de acá para allá sobre un océano de angustia, llegando al límite de la desesperación”. La pasión por las matemáticas de B. Russell arranca -según propia confesión- a la temprana edad de los once años, pero también de la decepción que le supuso saber que Euclides “partía de axiomas”. Fue su hermano el que le convenció de que “si no los aceptaba no podríamos seguir adelante”. Los aceptó, pero a regañadientes, porque a cambio sus próximos veinte años fueron una carrera con un fin: demostrar que esos axiomas podían ser sustentados, cobijados, reducidos a principios lógicos. Eso es lo que se ha dado en llamar logicismo, y es una de las tres escuelas o tendencias de las matemáticas que aún perviven. Las otras dos son el intuicionismo (Brouwer) y el formalismo (Hilbert)[5].

         Tengo en mis manos “Los principios…”. Los leí por primera vez en la adolescencia y desde entonces les hecho un ojo cada cierto tiempo, sin saber si me gusta más el rigor de sus razonamientos, su atrevimiento en discutir verdades admitidas o esa impronta con que están escrito. Su atrevimiento es proverbial. Para cuando escribe B. Russell ya se ha producido uno de las mayores revoluciones en el campo de las matemáticas. Esa revolución lleva un nombre: Georg Cantor (1845-1918). Este ruso nacido en San Petersburgo ha creado toda una matemática a partir de una concepción del infinito alternativo al de origen aristotélico. Hasta entonces -incluso para Gauss- el infinito es potencial, es decir, un conjunto es infinito -diríamos hoy- si dado un elemento cualquiera de un conjunto ordenado podemos encontrar o calcular el elemento siguiente. Nadie puso este criterio en duda hasta Cantor, aunque ya Galileo (1564-1642) advirtió una contradicción en el conjunto de los números naturales. Vio el de Pisa que podía hacerse corresponder uno a uno el conjunto de los números naturales con el conjunto de los pares, haciendo que 1 se aplicara a 2, 2 a 4, 3 a 6, y en general -y esto es lo decisivo-,  n a 2n. Y sin embargo un conjunto (el de los impares) es un subconjunto, un trozo de el de los naturales. Pero la cosa se quedó ahí hasta Bolzano (1781-1848). Cantor admitió que otro criterio de infinito sería el del infinito actual[6], es decir, que podía operarse con reglas del análisis -aunque propias- con un conjunto infinito en el que tuviéramos todos sus elementos a la vez, en la mano. La paradoja de Galileo la resolvió otro matemático -Dedekind (1831-1916)- convirtiendo la paradoja en el criterio básico de una nueva matemática y que Cantor hace suyo: un conjunto es infinito si se puede establecer una correspondencia del conjunto con una parte del mismo. Eso no puede ocurrir con uno finito. A partir de esa definición Cantor transforma las matemáticas. Una de las propiedades de los conjuntos infinitos es la de que unos son más infinitos que otros. El petersburgués demostró que el conjunto de los números irracionales es de un grado de infinitud mayor que el de los números racionales, que son los que pueden se puestos como cociente de dos números enteros. Una locura inesperada, pero inapelable si aceptamos algunas premisas previas. A partir de ahí hay una jerarquía de conjuntos infinitos que se pueden obtener sin que se puedan poner en correspondencia unos con otros: son los conjuntos transfinitos. Los últimos años de la vida de Cantor fue, como dice Jesús Mosterín en el libro mencionado, “un continuo entrar y salir de la clínica siquiátrica”. Pues bien, B. Russell, poniéndose la matemática por montera, niega la realidad de los números irracionales[7]. Estos números, esta fundamentación de la aritmética, nunca se explica convenientemente en las facultades salvo, supongo, en las de matemáticas. En realidad no se estudian los fundamentos de las matemáticas, sino que en seguida nos ponemos a derivar, integrar, calcular ecuaciones, ecuaciones diferenciales, a trabajar con el álgebra matricial, con las probabilidades, etc. Es una de las reformas que ha de hacerse en los estudios donde se aplican las matemáticas, que son casi todos, hasta los de psicología y biología. Sólo los filólogos se quedan a salvo, porque los de Derecho las necesitan aunque ellos no lo sepan al principio o no se lo crean. Los número reales son la suma de los racionales y los irracionales. Los racionales son o pueden ser siempre resultado del cociente de dos números enteros. Por ejemplo, el número 3/7. Estos números se caracterizan porque si hallamos ese cociente indicado, constan o pueden constar de una parte entera y un número infinito de decimales a partir de la coma, pero con la particularidad de que a partir de un cierto número - a lo más 10- se repiten. Por ejemplo, el número racional anterior 3/7 es igual a 0,42857142857……, que se repite su secuencia a partir del quinto decimal. En cambio el número siguiente que vamos a llamar “pepe”:

pepe = 0,101001000100001…..

no se repite nunca porque se ha construido aumentando sucesivamente el número de ceros cada dos unos; es infinito su número de dígitos y no puede ponerse como cociente (razón) de dos números enteros. Es un ejemplo de número irracional. Pues bien, Bertrand Russell niega la existencia de estos números[8]. Intentaré explicarlo en lugar de dar alguna cita. La clave del lógico inglés al negar la existencia del número irracional (de los irracionales) está en los puntos suspensivos del ejemplo. Bajo algún criterio (el del infinito potencial) es verdad que el número queda perfectamente definido, porque sabemos como aumentar el número de dígitos. Es un número construible; pero desde otro punto de vista, este número es inoperante si no fijamos en el número de dígitos, que es infinito. No podríamos, por ejemplo, operar con él en un ordenador porque no puede convertirse en una ristra de unos y ceros finita. Tampoco podemos multiplicarlo por otro número y calcular realmente su valor porque no tenemos una última cifra decimal. Además -y este es el principal argumento de B. Russell- podemos aproximarlo por dos números racionales tanto como queramos. Por ejemplo, el número irracional del ejemplo está comprendido entre estos dos números:

 0,101001000100001 < pepe < 0,101001000100002

Y si lo queremos aproximar más, podemos hacerlo con estos dos:

  0,101001000100001000001 < pepe < 0,101001000100001000002

Y así indefinidamente. Pero los números a derecha e izquierda de “pepe” son racionales porque son finitos. Niega B. Russell también -si no me equivoco en la interpretación- la necesidad de los irracionales para establecer la continuidad de las funciones en el cálculo infinitesimal: con los racionales basta y sobra. La razón es la de que entre dos racionales siempre se puede construir otro racional: por ejemplo, su media aritmética, aunque no es la única forma de intercalación. Es verdad que entonces -aparentemente- no puede ponerse en correspondencia los números con las distancias, la aritmética con la geometría. Por ejemplo, la raíz de 2 es un número irracional porque se puede demostrar -y es una demostración simple, pero trascendente- de que no puede ponerse como cociente de dos enteros; pero raíz de 2 es también la hipotenusa de un triángulo rectángulo de catetos iguales y de valor 1 cada uno de ellos, por lo que la proyección de esta distancia (raíz de 2) en una recta (recta real) da una distancia que no coincide exactamente con ningún número racional. Parecería que B. Russell ha sido refutado, pero no es tan fácil, porque esa proyección es meramente geométrica (con un compás) y eso no indica que exista una distancia real (geometría) coincidente con el valor aritmético de raíz de 2. Y si lo es, lo es por hipótesis y no por conclusión a partir de alguna hipótesis. Russell aceptaría esta argumentación, aunque añadiría que esa distancia en cambio puede ser aproximada por dos números racionales -como en el ejemplo del número “pepe”- tanto como se quiera. Todo esto lleva a la hipótesis del continuo, problema expuesto por Hilbert (1862-1943) en 1900, en la famosa ristra de 23 problemas irresueltos en su momento.

         A partir del capítulo 29 de los Principia, todo se hace más inteligible para el no especialista, porque nos habla de cosas más habituales para los que utilizan -utilizamos- las matemáticas sin necesidad operativa de entrar en los intentos de su fundamentación lógica. Quizá por ello nos atrae B. Russell en su intento de fundamentación de las matemáticas en este punto, porque le vemos más asequible, más de sentido común; en cambio nos es más difícil aceptar la existencia del infinito actual cantoriano en lugar del infinito potencial. Es una resistencia lógica o pedagógica, pero existe. Esa es una de las razones -además de la ignorancia de los profesores sobre los fundamentos- por la que no se explican en las facultades los fundamentos de las matemáticas o se explican deprisa y corriendo y mal. Todo lo que he aprendido sobre esta materia (los fundamentos) ha sido por obra de un esfuerzo personal y llevado por una curiosidad irrefrenable. A la larga este déficit en la enseñanza universitaria se paga. Hoy las matemáticas son materia de especialistas y una de las razones del atraso de la formación pos-universitaria es la deficiente formación en esta materia -y consecuentemente en materia tecnológica y científica- de los gestores, empresarios y contratadores de muchas empresas, que no les permiten tomar decisiones en estos campos con conocimiento de causa porque están incapacitados en la lectura de textos, informes, etc., cuando estos han de expresarse ineludiblemente en lenguaje matemático. Es un cuello de botella que no ha sido detectado por ningún estudio, por lo que ha de tomarse como una hipótesis en principio.

         Volviendo a los Principia, al final B. Russell resultó derrotado de su intento de construir una matemática sustentada en la Lógica. Como señala el profesor Sánchez Ron, en 1933 apareció una sorprendente y genial demostración de Kurt Godel[9] (1906-1978), matemático y lógico nacido en territorio de la actual Chequia, que hizo estéril e incoherente el intento de B. Russell: no hay forma de establecer una matemática -una aritmética en particular- basada en un conjunto de axiomas o postulados que lleve a dar con todos los teoremas habidos y por haber, porque pasará una de estas dos cosas: o algún teorema se escapa del intento y queda indemostrado a pesar de su validez -y por lo tanto no es omnicomprensivo-, o al menos hay uno que es contradictorio con los demás, es decir, que se llega a una conclusión y a su contraria sin error en el razonamiento. Las matemáticas con las que construyen los puentes los ingenieros y los rascacielos los arquitectos no es que sean falsas o erróneas, no hay que asustarse. Los dos teoremas de Godel[10] sólo son una dosis de modestia ante los intentos del todo matemático o lógico. Se pueden construir todo tipo de edificios matemáticos coherentes (no contradictorios) a partir de hipótesis y postulados y con conclusiones y teoremas ciertos y útiles, pero siempre serán sistemas limitados, nunca omnicomprensivos, que servirán para resolver unos problemas y no otros. Por ejemplo, la matemática euclidiana sirve para solucionar problemas geométricos definidos en espacios de 3 dimensiones basados en rectas y curvas, con un tipo específico de definición de distancia, pero no sirven, por ejemplo, para aplicarlo a la teoría de la relatividad; el álgebra que hemos estudiado en el bachillerato sirve -entre otras cosas- para resolver ecuaciones de hasta cuarto grado, pero no para las de quinto o más (en términos generales); los números reales por sí solos no resuelven todas las ecuaciones y muchas veces hay que pasar por las horcas caudinas de los imaginarios (en los que aparece la raíz cuadrada de -1) para obtener soluciones reales. El hallazgo de Godel, su performance, es una de las conquistas intelectuales más altas de la humanidad; quizá sólo le es comparable la demostración del teorema fundamental del álgebra[11] por Gauss (1777-1855). También marca los límites del intelecto.

         Bertrand Russell fue al final derrotado en términos estrictamente lógicos ante su intento de cimentar la matemática en la lógica, pero su esfuerzo no ha sido baldío. Muchos avances en las matemáticas, empezando por el comentado del teorema de Godel, han surgido ante el esfuerzo de refutar a los Principia, lo mismo que refutó él la lógica de Frege (1848-1925) con una simple paradoja; sin Cantor no existirían, por ejemplo, Von Neumann y Alain Turing y su maquina universal, base de la lógica de los ordenadores. Todo esto demuestra además la importancia de estudiar y de implementar en los planes de estudio universitario de economía, ingeniería, finanzas, biología, etc., la historia de las matemáticas. La derrota del inglés recuerda la interpretación de Ortega de El Quijote como la exaltación del fracaso a pesar del esfuerzo; y sin embargo, no se entendería, a cambio, la literatura española y parte de la europea posterior a Cervantes sin la historia inventada de la eterna pareja. La historia está llena de derrotas antes de llegar a la victoria: ejemplos de ello son las teorías físicas y/o químicas basadas en el calórico, en el flogisto o en el éter. La ideología del que queda segundo es un derrotado y que “sólo el ganador es valorado y recordado”, que denuncia Sánchez Ron, no tiene validez universal, es la ideología de la competitividad -que no de la competencia- como bien supremo, la del éxito en los negocios como valor ético; es una ideología reaccionaria, de origen weberiana en su teorización y justificación, propia de los países anglosajones, sustentada en el paradigma smithiano de que buscando el interés particular se consigue el general. No es la ideología de los derechos humanos, del humanismo, del erasmismo[12] europeo. Incluso Schumpeter padece de esta ideología con su teoría de los ciclos basados en la destrucción creativa, pero al menos esta teoría puede ser contrastada históricamente. Sánchez Ron extiende para todos los políticos españoles el catecismo del P. P. basado en la ocultación, la mentira, la difamación, el cinismo; la ideología y/o catecismo de los chicos y chicas que salen de la escuelas de negocios y universidades privadas -que es una contradicción en los términos- dispuestos a combatir al enemigo por cualquier medio, siendo el enemigo cualquiera que les puede apartar del éxito en la vida, en el trabajo y en los negocios. Es verdad que parte de la izquierda -más la gobernante que la opositora- está impregnada de estos vicios. Recuerdo una discusión de Álvarez Cascos, entonces secretario general del P. P., con Josep Borrell, aspirante a la Moncloa, en la que éste le recriminaba al pepero de Asturias su ignorancia por no distinguir entre déficit público y deuda pública. La respuesta de Álvarez Cascos fue más o menos en estos términos: las urnas nos dirán quien tiene razón. Made in P. P. Esta es la ciencia del P. P.
        
         Es improbable que estas páginas las lea el profesor José Manuel Sánchez Ron, pero si por un milagro lo hiciera le diría: ánimo, no se desanime, siga explicando la ciencia bajo criterios o principios de verdad, veracidad, quizá de falsibilidad popperiana y contrastación de hipótesis, y véngase a nuestro lado, al lado de la izquierda, a la de los principios de justicia, de solidaridad, de igualdad no igualitarista, de internacionalismo, de mestizaje, porque se está más a gusto y en los que se siente uno más joven.



                   Madrid, 13 de noviembre de 2010.











No quedará nada
No quedará nada, cariño. Es así, pero no hay escapatoria: no quedará nada. Ni del amor, del nuestro, ni de los ajenos, de los demás. Todo será polvo, sombra, nada. ¡Malditos agujeros negros! ¡Malditas distancias siderales donde sólo llega el pensamiento! Este también será polvo, sombra, nada. Ahora estoy oyendo una maravilla hecha por la humanidad: una sinfonía de Brahms. A veces oigo el Réquiem de Mozart y me digo: ¿y esto tampoco quedará? No quedará nada. Entonces, ¿para qué hemos nacido? ¿Para qué somos si nada de lo nuestro es perdurable? Que lo miserable, lo zafio, lo criminal pase, pase; pero que la excepción, lo sublime no quede, es un fracaso. Pero somos seres sin fin, sin finalidad, por eso nuestro fracaso es la existencia sin fin. No la tiene. Somos una casualidad del Cosmos, un fenómeno extraordinario, tanto si estamos solos como si otros solitarios nos acompañan. Quizá nunca podamos comunicarnos más allá de nuestra galaxia, y aún dentro de esta a lo mejor no es posible, amor. ¿Después qué? No sabemos, pero estaremos siempre solos frente a la inmensidad del Universo. Los besos, los paseos, los susurros, la emoción, la alegría del instante, a la postre, serán sólo polvo, sombra, nada. Pero decir que no seremos nada, es como decir algo que existe de alguna forma. El lenguaje no tiene palabras para designar la idea de nada, no de la Nada. Sólo me consuela una cosa: no recordar que no he existido. Eso me lleva a la idea de la inmortalidad. Piénsalo y es lógico. Pero no me fío de la lógica, porque esta es cosa de la humanidad, de algunos seres racionales que han puesto un corsé al desasosiego de la irracionalidad de la existencia. Sólo existe el instante y su enemigo: el tiempo. El instante nace y muere al instante. No es polvo, ni siquiera sombra; quizá el instante sea la sombra de la existencia, pero es fruto de nuestra conciencia, y eso me resulta sospechoso. Demasiado fácil, demasiado lógico. Te dejo amor, pero espero que la próxima sucesión de instantes la pasemos al menos juntos, hasta que el instante, como diría Goethe, se detenga. Ese será nuestro consuelo: compartir los próximos instantes, aunque sepamos que no quedará nada, que serán polvo, sombras, nada, pero serán nuestros, y eso no lo puede cambiar lo absurdo de nuestra existencia. Un beso.

Madrid, 5 de abril de 2011 

REAL MADRID-BARCELONA
O LA LEGIÓN EXTRANJERA FRENTE A LA ROJA

         Hubo un tiempo que el Real Madrid representaba las esencias del futbol patrio pasado, eso sí, pasado por el tamiz de la furia franquista. El Real, en pleno franquismo, ganaba 5 copas de Europa (de 1955 a 1960) con la inestimable ayuda de un argentino, Di Stefano - máximo goleador en todas ellas- y la sexta en la temporada 1965-66, ya con la generación ye-yé, siendo su máximo goleador Puskas (húngaro). En el Bernabeu se jugaba la final de la copa del Generalísimo porque el dictador no quería salir de Madrid y casi su único recorrido fijo al año era desde El Pardo al estadio del Real. Ya se sabe que los dictadores con delitos de sangre –no recuerdo excepción- acaban paranoicos. Y en cuanto a lo de jugar siempre en el estadio madrileño era injusto porque muchas veces era finalista de la copa del dictador el propio equipo blanco. En ese estadio se hacía la ridícula demostración sindical, que era una especia de pan y circo (panem et circenses) romano, pero rebajado a las cloacas éticas del dictador con el fin de agradar a sus huestes franquistas. A todo esto se prestaba el Real y don Santiago, aunque a veces, parece ser, a regañadientes. Era por cuestiones deportivas y no ideológicas, porque don Santiago era tan franquista como el que más. El Real aportaba y ha aportado hasta épocas recientes a la selección -a la Roja que ahora se la llama para disgusto del P.P.- jugadores procedentes de la cantera. Actualmente sólo aporta a Casillas, don Iker, considerado el mejor portero del mundo.

El Real hoy de Mou-Florentino se ha convertido en la legión extranjera, en una selección mundial: Ronaldo (portugués), Özil (alemán), Benzema (francés), Higuaín (argentino), Kaká (brasileño), Khedira (alemán), Pepe (portugués), Adebayor (togolés), Di Maria (argentino), Marcelo (brasileño), Carvalho (portugués), Lass Diarra (francés), Gago (argentino), Dudek (polaco). De hecho, el gol del Real que les da la copa del Rey 2011 es una combinación entre el brasileño y el argentino que remata el portugués. Un gol multicultural; mejor, multinacional, porque de cultura los futbolistas andan más bien justos. Eso sí, la parte de atrás del Real es más patria, más nacional: Xabi (vasco), Ramos (sevillano), Casillas (madrileño). Albiol (valenciano), Arbeloa (aragonés). Es verdad que tiene otros buenos jugadores hispanos como Canales, Pedro León, Granero, pero estos apenas juegan, no cuentan para Mou. Frente a esta selección comprada por don Florentino y sus negocios inmobiliarios más la negociación Ciudad Deportiva-Gallardón, está el Barcelona, considerado el mejor equipo del mundo y columna vertebral de la selección. Ahí están los campeones del Mundo Piqué, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta, Villa, Pedro. También el portero Valdés, aunque para Del Bosque fuera el tercer portero de la selección. Es verdad que en el Real había 4 campeones del Mundo frente a los 6 del Barcelona (Puyol estaba lesionado) cuando el pasado día 20 de abril se disputó la Copa del Rey, pero de los cuatro del equipo merengue sólo Casillas es decisivo en el juego de la Roja. Forofismos aparte y visto por alguien como yo que no soy de ninguno de los dos, creo que la legión extranjera (Real Madrid) gane a la columna vertebral y sostén de la selección (Barcelona) es una mala noticia para la Roja porque esta juega como el equipo catalán. Ahí, en la selección, Piqué, Busquets, Xavi e Iniesta imponen su estilo, al igual que lo imponen en su club. Del Bosque y Guardiola deben repensar las cosas, aunque sería lamentable para el espectáculo que lo transmutaran y que la Roja imitara al Real. Tampoco podría, porque cada estilo exige los jugadores apropiados. Los jugadores del Real son jugadores-talón, fichados por un empresario, perdón, por un constructor, que ha obtenido pingües beneficios gracias –no a pesar- de la crisis y de las negociaciones con el vampiro de la M-30.

Mirado fríamente, no obstante, dos de las tres ocasiones de gol del Real el día 20 fueron obra de la parte atlética de ese buen jugador que es el portugués Ronaldo. La primera, fruto de una carrera portentosa; el gol, fruto de un salto aún más portentoso y mal defendido por un no muy alto defensa que es Adriano. Eso sí, el gol viene precedido de la mejor jugada del Real del partido elaborada, como queda dicho, entre el brasileño Marcelo y el argentino Di María. Hubo un cuasi-gol por mor de un remate de Pepe el portugués, otro portento físico, que le saca 2 cabezas al defensor, y que no fue gol porque hay postes. El Real, a pesar de las inversiones –la palabra inversión está devaluada- en jugadores sólo puede ganar al Barcelona en contraataques. La segunda parte del Barcelona el día 20 de abril es un baño absoluto al equipo merengue, que se convirtió en un espectador más. A los aficionados del Real que además les gusta el futbol –que es de esperar que los haya- no olvidarán esta segunda parte, a pesar de que fuera en ese tiempo cuando marcara su equipo y le diera la Copa del Rey 2011. Hay que recordar que la directiva del equipo merengue echó hace unos años a un entrenador a pesar de ganar una liga. A pesar de esa segunda parte, Guardiola debe meditar si Adriano e incluso Alves son los laterales idóneos para este equipo de bajitos, porque Piqué no puede con todo y menos si no le acompaña Puyol.

         Mou es un tipo listo. No llega a chulo, pero es antipático como el solo. Pero es listo, acomplejado, pero listo. Mou, un portugués que fuera segundo con Bobby Robson en el Barcelona, aún muestra un inevitable complejo de inferioridad: ser segundo del borrachín inglés –que además fuera ex-coach de la selección inglesa- es para acomplejarse. Sobre todo si tienes ambición. Pero a mí no me cae mal porque al menos lo que dice y hace no es trivial, porque precisamente una de las formas de sacudirse complejos es no hacer nada que sea correcto, equilibrado y trivial. Sobre todo si tienes oportunidad de aparecer en los medios. En realidad, Mou es simplemente un niño mal educado, pero un niño. Para mí su principal defecto es que no tiene gracia, no es gracioso. Si lo fuera todo sería diferente. Frente al portugués, Guardiola, Pep para sus allegados, consigue algo muy difícil: es la corrección sin caer en la trivialidad. Siempre habla bien del equipo contrario, de las dificultades que supone jugar y ganar. En el campo fue uno de los mejores centrocampistas que ha habido, y entonces llevaba la voz cantante de la selección a pesar de que el capitán fuera el madridista Hierro. Recuerdo un partido contra Alemania que dio 40 pases de más de 30 metros sin cometer un error. Los teutones acabaron mareados viendo pasar el balón y no llegando nunca. Ambos –Mou y Pep- son elegantes vistiendo, aunque el portugués no lo parece por sus gestos. En realidad, Mou es un tipo elegante y correcto cuando no habla y no se mueve; otra cosa es que eso no tenga mérito.

         El partido del día 20 fue emocionante y bonito: la emoción la puso el resultado y la belleza el equipo de Pep, pero la grandeza del futbol –entre otras- es que no siempre gana el que se lo merece. Por eso, además de deporte, es un espectáculo universal que levanta pasiones. Y mejorará con el tiempo si de las pasiones pasamos, simplemente, a las emociones. Las pasiones separan, las emociones unen. Y ahora a esperar a la semifinal de la Champions. 22.4.2011.


LA GUERRA EN TRES CUADROS

         A raíz de la muerte de Jorge Semprún se han escrito muchas crónicas exaltando y reconociendo la vida y la obra del resistente contra el nazismo y el franquismo, su participación en uno de los gobiernos de Felipe González y su obra literaria. Y en uno de estos artículos necrológicos de Francisco Calvo Serraller se ha podido contemplar en un diario tres cuadros, tres obras maestras, que representan la guerra y sus horrores. Todos las conocemos por separado: son La rendición de Breda –conocida también más popularmente como Las Lanzas-, El tres de mayo de 1808 –conocida también abreviadamente como Los fusilamientos– y el Guernica. Los tres cuadros representan a su vez momentos importantes de la Historia de España: el de Velázquez es el paradigma de la guerra de Flandes, el de la conquista de Breda en 1621; la obra de Goya corresponde a la respuesta de una parte de la población española –la de más baja condición y no precisamente la de la burguesía de la época- a la entrada de las tropas de Napoleón bajo el pretexto de ayudar al ejército español a la conquista de Portugal; por último, el lienzo de Picasso es un alegato contra la guerra in-civil española y su horror pintado en 1937 por encargo de la II República para la Exposición de Paris del mismo año.

Vistos por separado, de los tres cuadros quizá no se pueda evitar entrar en la altísima valoración estética que nos merece, y ello con razón y justeza, pero vistos juntos, mueve a la meditación de la guerra, su horror y, también, su transformación a lo largo de los siglos. Al menos a lo largo de los 4 siglos que van del primero al último. En el cuadro del pintor sevillano contemplamos a los dos ejércitos, vencedor y vencido, casi en pie de igualdad, reconociendo el general vencedor (Ambrosio de Spinola) al vencido (Mauricio de Nassau) su heroicidad en la defensa de la ciudad. El vencedor impide al vencido la humillación y posa su brazo derecho sobre el hombro del vencido para impedir que se arrodille. En cambio, cuando saltamos dos siglos y llegamos al cuadro de Goya, ya sólo aparece un ejército: el vencedor, es decir, las tropas de Napoleón. Los soldados del corso dan la espalda al espectador y en ningún momento vemos sus caras: ese ejército se ha convertido en una máquina de matar sin rostro. Aquí los vencidos no son otro ejército regular con sus armas y bagajes, sino el pueblo llano que se ha revelado contra la invasión. Y no hay rendición ni trato digno, sino simple fusilamiento, simple venganza del vencedor. Por último, en el cuadro del malagueño, pintado 130 años después de el de Goya, han desaparecido los ejércitos. Ahí está la población civil representada por una mujer con su hijo muerto, un hombre que levanta los brazos ante los destructivo del bombardeo, un soldado también muerto, destrozado, una mujer que arrastra una pierna fuera del cuerpo, un caballo herido y atravesado por una lanza y la cabeza de un toro. Representa, en definitiva, al pueblo y los seres vivos de los que se sirve y se alimenta. No hay vencedores, los verdugos no aparecen y los protagonistas son sólo las víctimas. Y no es que la historia de la guerra y sus consecuencias haya cambiado en su esencia a lo largo de la historia, pero si lo ha hecho su representación, sus imágenes.

El último paso, el último escalón de ese descenso a los infiernos es precisamente la negación de la imagen en el momento actual. El sufrimiento no importa, pero lo que se hace insufrible es su imagen, la cara de sus víctimas. Del mayor atentando de la historia, del crimen mayor jamás cometido, sólo hemos visto las dos ciudades destruidos en los cientos de reportajes que se han hecho, pero apenas se han visto a sus víctimas. Me refiero a Hiroshima y Nagasaki en 1945. De la guerra del Vietnam algunas salieron a la luz y eso le obligó –afortunadamente– a Gerald Ford, presidente de USA, a dar la orden de retirada a sus tropas del país asiático en 1975. Pero la lección fue aprendida y de la guerra del Golfo ya no vimos nada: sólo puntos, píxeles, imágenes de ordenador que no se pueden distinguir de un juego de play-station. Del atentado a las Torres Gemelas nunca vimos cadáveres. De Irak, nada; del genocidio de Faluya, el silencio; del campo de concentración de Gaza, a cuenta gotas. Los victimarios han decidido que las victimas no pueden ser protagonistas de las guerras porque eso las hace imposibles. La guerra es incompatible con la verdad. A medida que se ha avanzado en la capacidad destructiva de las armas, en el genocidio, las victimas ya no son reales sino virtuales; suponemos que existen, pero sólo merecen el recuento, carne de estadística. Estos tres cuadros juntos representan el camino a los infiernos de la representación y ahora nos han vuelto la hoja y los verdugos, convertidos en prestidigitadores, han hecho desparecer a las víctimas; ahora el recorrido es el inverso: del horror de la representación a la noticia, y de la noticia a lo noticiable, es decir, la primacía del negocio a lo que pasa, de la historia a lo periodístico. Las víctimas ya no son noticia. Ahora ningún pintor podría pintar la guerra porque carecería de imágenes reales.



                   Madrid, 11 de junio de 2011.     






















RETRATOS: DE CURAS, CLASES y MISAS
         Pasada ya la hinchazón católica-vaticana de Benedicto XVI no hay dejarse llevar por reflexiones sesudas sobre el papado y la religión no vaya a ser que nos creamos que hablamos de una transcendencia que es sólo un fantasma que persigue a los que viven de creencias. Es casi mejor que nos quedemos con anécdotas, aunque representativas, que nos sirven de bálsamo a nuestro laicismo herido. De entrada digo que no me molesta que venga el Papa y que miles de descerebrados –que lo son por definición los creyentes en lo que sean– le aplaudan y se crean lo que dice. Lo que me molesta es financiar esto, quiera o no quiera, y que me diga este señor con quién debo copular y cómo. ¿Le aconsejo yo acaso a este señor cómo hacerse una paja… vaticana? Recuerdo de niño, cuando iba al colegio de “Santa Susana” de los “hermanos” La Salle, en Ventas (Madrid), que había un retrato de un grupo de gente apretada que decía en el título: “asesinados por las hordas rojas”. Corría entonces los primeros años 60. Nunca entendí porqué unos curas son “padres” y otros “hermanos”: ¡demasiada paternidad para tanto celibato! O lo uno o lo otro. Lo de “hermano” tampoco lo entendía. Ahora tampoco, pero ahora me importa un bledo. Ahora cuando veo a un cura fuera de un púlpito –que tampoco los veo, claro– me escama. Es como ver a un militar con uniforme fuera de un desfile, que pienso: “O es un despistado o está dando un golpe de Estado”. Ahora sabemos que una parte de los curas ejercen y han ejercido de pederastas, pero en mis tiempos era que eran “amables” y “atentos” con los niños. Yo me libré porque era bajito y delgaducho, pero alguno de mis compañeros los tenían breados. Por eso hay que tener cuidado cuando se habla en público, porque “el cristo” que armó el susodicho cuando dijo aquello de que “dejad que los niños se acerquen a mí”, aunque no dudo que lo dijera con buena intención, pero que, pasado el tiempo, puede ser interpretado como apología de la pederastia.

Para que nos calláramos en clase, “los hermanos” nos lanzaban una barritas de madera que lo mismo le daban en un ojo al que estaba 3 filas más allá, al bedel que abría la puerta o al retrato de “los asesinados…”. Luego mejoró la enseñanza, porque ya nos lanzaban pelotas “gorila”, que las regalaban comprando unos zapatos de una marca que no recuerdo.  La verdad es que estos “hermanos” fueron pioneros del béisbol, ese deporte que se juega con una pelota dura como el demonio y que se golpea con un madero llamado “bate” que se tira al suelo para inmediatamente salir corriendo el bateador –así se llama el golpeador–. El juego no puede ser más tonto, pero comparado con el críquet es la hostia de emocionante. Yo creo que para eso inventaron el críquet los ingleses, para hacer emocionante por comparación cualquier cosa que le pongas el nombre de juego. Más recuerdos. Recuerdo en el colegio que un compañero de un año mayor que yo –estábamos en cuarto curso del Bachillerato Elemental– llevaba el retrato de la cara de una chica en el pantalón vaquero. “El hermano” Lorenzo le tomó ojeriza por eso y un día le dio un par de alevosos puñetazos. Bueno, lo diré sin tapujos, le dio una paliza. Menos mal que yo ya era ateo porque no quisiera pensar que ese hecho me hubiera convertido. Pero recuerdo que al poco vino el padre de Alfonso y preguntó por el “hermano” Lorenzo para discutir sobre las notas de su hijo. O eso dijo, pero yo creo que era una disculpa, porque el tal “hermano” Lorenzo no apareció por clase en varios días y cuando volvió tenía la cara como una berenjena caducada pisada por una vaca de Astorga. El director del colegio era “el hermano Julián”, que a mí se me hacía que para ser “hermano” era muy mayor. A los supuestamente más avispados de la clase nos daba en horas extras clases de cálculo mercantil, que no parecía una materia propia de un colegio de curas –salvo si el colegio es de jesuitas, claro–, pero él nos decía que “lo de rezar está muy bien, pero que para colocarse lo mejor era estudiar”. Estoy convencido que en el fondo era ateo, pero ya era muy mayor para cambiar de profesión y de jefe.

Anécdotas como esta podría contar muchas, pero contaré una que me llamó la atención sobremanera. Yo era un vicioso del futbol y con tal de jugar media hora en el patio del colegio al noble arte de patear una pelota –ahora se le llama balón– me tragaba una misa diaria para poder pasar de la iglesia al colegio, que estaban contiguos. El cura que daba la misa me veía, claro, y debió pensar que era un devoto y me invitó a ser monaguillo. Yo, entre que era muy cortado y que quería seguir jugando a la pelota, le dije que sí pero como para que me dijera él que no le manifesté que “no creía en esas cosas”. Y no me atreví a decirle que era ateo no fuera que me estrangulara con la casulla. Mi sorpresa fue que el cura o párroco –creo que se dice así– me dijo: “No importa. Tú sólo fíjate en cómo lo hace el otro monaguillo”. De entonces creo que  viene lo de la falta de vocaciones. El otro monaguillo –el de la derecha según el cura– es el que trabajaba, porque es el que preparaba el vino, sostenía la casulla, etc. Yo, en  realidad, no hacía nada, salvo probar el vino luego en la sacristía: ¡qué bueno estaba el jodio! Era dulce y no como en el que nos echaban en la Casera nuestros padres para las comidas. Los curas te decían que el vino era el cuerpo de Cristo y yo pensaba: “Pues el pobre debía ser un alcohólico tremendo”. Y es que a mí lo de ese señor en la cruz me daba lástima, lo digo sin ironía. Y si a eso le añadimos que “la hostia” que se comen los fieles es el cuerpo de ese señor según los católicos, no quiero ni pensar cómo debe tener el body el pobre, esté donde esté. Lo que quedó claro es que el cura que daba la misa era lo que se llama ahora “un profesional” y un adelantado a la futura Constitución, porque no discriminaba a sus empleados –los monaguillos– por cuestiones religiosas, aunque sí lo hacía por cuestiones de sexo. Pero eso es porque así se lo mandan sus jefes en Roma, no hay que pensar mal siempre.

Hicimos el camino de Santiago para ganar “el jacobeo” algunos alumnos y algunos “hermanos”. Pero, quizá como venían también algunos padres… biológicos, no pasó nada raro. Yo entonces era tan inocente que hasta me sonaba mal mezclar cosas religiosas y el verbo “ganar”, pero dejó de parecerme raro cuando descubrí qué era un “ecónomo”. Cuento lo del “jacobeo” porque entonces aprendí los efectos etílicos del alcohol, porque el “hermano” Lorenzo –el de la paliza al compañero– se le puso la nariz de un colorado que parecía que se hubiera tragado un pimiento rojo y hubiera hecho la digestión con la nariz. Él, para disimular, decía que tenía alergia a las algas. Yo estuve a punto de preguntarle, sin mala intención, que si no sería al vino, pero menos mal que me retuve, porque con la mala leche que tenía no sé qué hubiera pasado. Yo probé el ribeiro –ese era el nombre del vino–, pero me dije para mis adentros: “Está bueno, pero prefiero el de la sacristía, que además es gratis”. De seglar y hoy día, el tal “hermano” Lorenzo hubiera sido borracho y camorrista, pero nació a destiempo, está claro, para nuestra desgracia. Yo, aunque he sido siempre ateo, era muy respetuoso con los demás y, por ejemplo, en el Vía Crucis que nos hacían pasar por el mes de las flores lo pasaba muy mal porque en la tercera caída nos caíamos…pero era de risa. Creo que se debía a que primero recitábamos lo de las letanías y los “ora pro novis” y aquello nos predisponía para el absurdo. Cuando acabé el Bachillerato Elemental pasé al colegio Fundación Caldeiro y aquello fue un duro golpe para mi vocación futbolera porque allí se jugaba al baloncesto y con mis 1,50 metros de entonces metros me dije: “O me bajan la canasta o me van a dejar a dejar para dar sombra al botijo”. Y allí se abortó mi vida deportiva. Ha sido mi primer y único aborto, lo juro. A lo mejor con ello me voy al Infierno, pero por favor, que no me encuentre allí de nuevo con “el hermano” Lorenzo. 

Y pensar que la culpa de todo esto la tiene un caballo, porque si el equino que montaba Pablo de Tarso (San Pablo para los cristianos) no le hubiera tirado al suelo y no hubiera “visto la luz”, no existiría la religión católica, ni Papas, ni Rouco Varela. Sí, porque fue este centurión romano reconvertido el que le hizo el marketing y publicidad a los apóstoles y demás. Bueno, más aún, se inventó la religión cristiana. Luego Agustín de Hipona y Tomás de Aquino remataron la faena. Este Pablo digo yo que era anormal, porque yo también me he caído y me he dado en la cabeza, y recuerdo que de chico me abrieron la testa de una pedrada en una drea, vi algunas “chirivitas”, pero lo que hice fue ir a que me curaran. Desde lo de San Pablo los caballos de carreras tienen una enorme responsabilidad porque, como tiren alguno al suelo al jinete, lo mismo te funda una nueva religión en un abrir y cerrar de ojos, y como ya hay pocas. Pablo de Tarso escribió terribles epístolas, entre ellas la de los “Efesios”, que nosotros entendíamos como “a los adefesios”, porque nos parecía más propio de religiosos. Ahora ya no, porque lo debe cubrir Sanidad y además ya no es un adjetivo constitucional ni apropiado. Podría ser que lo del caballo fuera un mito, pero al menos es divertido, porque lo de la Santísima Trinidad y lo de la resurrección de la carne, no es que sea un mito, es que es la cosa más aburrida que se ha inventado. Por cierto, yo de chico me hacía una pregunta con lo de la resurrección de la carne que ningún teólogo ha aclarado –tengo entendido–: “¿Resucitar con la misma carne, pero de qué edad?”. Porque yo veía a mi abuela que estaba hecha una pasa y me decía: “Como la resuciten con esa carne se vuelve a morir de pena la pobre”. Lo que le ponía a los curas en un brete y algo acalorados era cuando te explicaban lo de la virginidad de María, porque no te explicaban previamente qué era eso de la virginidad, sea la de María o la de una chica de Móstoles. Ellos decían que es que no había “conocido varón”, y tu te preguntabas que si es que no salía de casa o es que en su familia y conocidos todos eran hembras. Esta parte los curas te la contaban deprisa para que no hicieras preguntas embarazosas (nunca mejor dicho). Cuando ya entendí lo de la virginidad me contaron lo del cristal y lo de la paloma y ya no entendí nada, pero no preguntaba nada para no darme por ignorante y así se me hacía que lo había sabido desde el feto. Y me preguntaba que el marrón que tuvo que pasar José, el marido de María, debió ser de órdago porque entonces no había un Pablo de Tarso o un Agustín de Hipona que le explicaran estas cosas. Ni siquiera, rebajando el nivel, un Rouco Varela, aunque si María le viera la cara a este tipo hubiera vuelto a la virginidad incluso después del parto.

Pero la cosa más terrible era lo del Infierno, con mayúscula, por dos cosas: por el achicharramiento perpetuo y por lo injusto. Sólo a una mente de perversidad extrema se le puede ocurrir como castigo que te estés quemando a lo vivo para toda la eternidad. Y lo de injusto, no digamos. Por ejemplo, tu puedes ser santo y casto toda la vida, pero según la católica-vaticana religión si un día falleces en un “ahora ponte así que no tardo” sexual con una vecina que coincida que no es tu mujer, te vas a la quemadura perpetua; en cambio, tu puedes ser un asesino como Hitler, Franco, Stalin, el Papa Borgia, Jack el Destripador o el estrangulador de Boston, que si te arrepientes poco antes de deslizarte al valle Josefá te llevan de inmediato y ad aeternitas con el del triángulo y el ojo embutido en dicho espacio euclídeo. Y allí te encontrarás con monjas de clausura despistadas que no cataron clítoris propio o ajeno, con Teresa de Calcuta, con algún franciscano de hábito raído y con toda la caterva de asesinos arrepentidos de último instante. Conclusión: en el pos-morten te espera o la quema o el aburrimiento. Menudo panorama. No es de extrañar que los obispos sean tipos tan gordos y longevos. Cuando me enseñaban los curas –en mi caso “los hermanos”– todo esto yo debía poner cara de paisaje de Zuloaga, porque a continuación me preguntaba “el hermano” si es que no tenía los “Nuevos Testamentos” en casa, y yo le decía que sí, que incluso los tenía ya viejos y estropeados de tanto leerlos. Yo lo decía sin ironía, pero “el hermano” –en este caso no recuerdo su nombre– me miraba con la misma cara de mala leche que es de imaginar debe poner Rouco Varela si le pides que te perdone por practicar de forma irrefrenable un “cunnilingus” con la misma vecina de antes (o con otra, claro). 

 En fin, para acabar y como moraleja, lo de la intromisión de los curas en la enseñanza es un cáncer que parece incurable. Recuerdo que hace tan sólo unos cinco años le pregunté a mi sobrino si su colegio era de enseñanza pública o concertada –yo sabía que privada no era– y me contestó: “Ni lo uno ni lo otro: es de curas”. En esto nada ha cambiado y ya toca. Por eso, que venga el Papa no importa, lo que importa es que los curas no estén con los niños, y menos en la enseñanza. Y quien dice curas, también las monjas, no vamos a discriminar.


                   Madrid, 1 de septiembre de 2011.               
































LA ESPAÑA CARCA LLEGA A LA MONCLOA

         La mayoría de los analistas políticas, con más o menos preparación, han destacado lo evidente, que la pérdida de 4.300.000 votos del PSOE ha llevado a Rajoy a la Moncloa, pero no hay que olvidar que eso ha sido posible también porque 10.830.000 españoles le han votado, y con él al P. P. Una mayoría de estos votantes no se corresponden con los votantes de la derecha democrática de los partidos de derecha europeos en Alemania, Francia o Italia, sino que están más cerca de las extremas derechas de estos países y de otros, como los de Bélgica o Austria, por ejemplo. Pasa sin embargo que, al igual que su prensa de “tabloide” como el ABC, La Razón, El Mundo, La Gaceta, etc., se ha creado una imagen de normalidad democrática cuando no lo es. Y ello por dos cosas; los errores de la Transición y los 40 años de dictadura. Ambas cosas, más la lejana pero aún presente Guerra In-civil, ha producido una derecha sociológica que está anclada, resguardecida y cada vez menos avergonzada de ser artífices, cómplices, herederos y justificadores tanto de los golpistas de la guerra mencionada como –y sobre todo- de los 40 años de Dictadura. No significa que sean todos los votantes del P. P. los que así se consideran, pero forma parte de su núcleo duro y más fiel, que van a votar siempre al P. P. haga lo que haga y diga lo que diga –o no diga-,  porque consideran a este partido el depositario de sus ideales, por viles que nos parezcan a los demás. Para ellos el P. P. es su refugio y la cura de su indignidad y de su mala conciencia. Es la España nacional, la de antes roja que rota, xenófoba y machista, la España de Aznar y Mayor Oreja, la España de la chulería del antaño “¿sabe usted con quién está hablando? ”. Otra parte de los votantes se corresponden con la España carca de antaño, de otros siglos, la devota de Frascuelo y de María y, también, de sacristía; la del nacional-catolicismo a machamartillo, la de los curas, la de la misa diaria aunque sea en latín, la que está contra el aborto, aunque los más pudientes de estos tipos lleven a sus mujeres y amantes (antes queridas) a abortar fuera; la de la doble moral, la heredera de Trento, la que ha relegado la ciencia española hasta los comienzos del siglo XX a la nulidad, la que considera a los homosexuales simples maricones viciosos, la España de Rouco Varela, la España de sotana maloliente. Ambos grupos se mezclan entre sí, incluso en los mismos individuos, como el Dr, Jeckil y Mr. Hyde. Esta derecha casposa, mezcla de ambas, que no existe en Europa, es el núcleo duro del P. P., tanto de su militancia como la de sus votantes. Luego hay otro grupo más homologable con Europa de liberales conservadores, bien sean de profesión o de pensamiento –independientemente de su calidad y nivel-, también de de asalariados que no se han podido liberar de su propia estulticia, o, simplemente, que no saben que tras un gobierno nominalmente de izquierdas como el del PSOE en algunos aspecto –en otros no- no va a venir una derecha que le pase por la izquierda. Pero a esos es más difícil criticarles porque de eso aún no se han enterado ni tan siquiera algunos dirigentes. Por último hay otro grupo de voto oportunista en un sentido no peyorativo, es decir, antiguos votantes del PSOE y de otros partidos que creen de buena fe que el P. P. lo va a “hacer mejor”, aunque cuando se les pregunta no tanto el “mejor” sino por el “qué” van a hacer, les entre el balbuceo. Todo explica el suelo electoral del P. P., el porqué sigue recibiendo y aumentando votos incluso allí donde la corrupción (Valencia) parece insoportable.

         Y entre tanto, llega Rajoy fumándose el puro de Peridis a la Moncloa gracias a no haber sabido hacer el gobierno de Zapatero una política económica de izquierdas en plena crisis y contra Bruselas. Como decía un periódico, este Rajoy es un tipo de orden y como Dios manda, y así considera que debe gobernarse un país, poniendo registro y orden a las cosas. Eso parece una virtud, pero la cosa se convierte en un defecto cuando sólo se aspira a poner orden. Este gallego, que tiene dificultad para guardar la lengua en la boca, ha conseguido –gracias a los errores de los demás- convertir la cobardía que le adorna y le adora en una virtud. Es un hecho insólito, porque, por comparación, podemos criticar y hasta embadurnar de virtudes y defectos a políticos europeos como Cameron, Sarkozy o Berlusconi, pero yo no me atrevería a tacharles de cobardes precisamente. En Rajoy es su principal virtud. Por los tres ministerios por los que pasó no se le recuerda nada digno de mención: llegó, fichó, registró, puso orden en las mesas y despachos, y ahí se acabó todo. Como el embarazo sin mácula de la virgen María. Dejó todo con el mismo polvo con que llegó, pero más ordenado. Todo menos lo del Prestige, que le convirtió en “el señor de los hilillos” gracias al geta del Sr. Álvarez Cascos. Este tipo ha tenido la habilidad de engañar a sus votantes. Se ha hablado mucho de la agenda oculta como antes se hablaba del cuaderno de azul Aznar, de que no quería decir sus planes no fuera que muchos de los pensionistas y asalariados espabilaran. El resultado final es que este tipo simplemente no tiene agenda, ni oculta ni traslúcida, ni de piel ni de anillas. Por eso se sonríe taimadamente a veces, otras con sonrisa de hiena aburguesada, cuando le preguntan por su agenda, porque parece satisfacerle que le interroguen como si el interrogador creyera que tiene el interrogado una mente y predisposición capaz de haber pensado lo que hay que hacer, como si fuera un estadista que ha ocultado su proyecto para España, cuando es simplemente un soso y aburrido registrador de la propiedad que no cree que el Gobierno pueda hacer algo para crear empleo, abordar el tema de los nacionalismos o el problema –ahora ya es un problema y no una solución– de la construcción de una Europa única. Este tipo es un vacío intelectual que sólo es capaz de ocupar su mente si tiene que hacer unas oposiciones y aprenderse el temario de memoria para poder “cantarlo” cuando toque. Estoy seguro que ahora lo que está haciendo no es crear y abordar esos problemas y proyectos, sino que se está preparando las respuestas a las preguntas que le van a formular hasta la prensa más afín y los dirigentes europeos –especialmente la teutona– para saber decir algo lo menos molesto para su sentido del ridículo y que pueda mantener en un baúl pontevedrés las mentiras que le han llevado a la Moncloa. Nada, en todo caso, para una acción de gobierno que no sea la de improvisar cuando no le quede ya más remedio. Pero en Europa ya no hay electores ni aplaudidores, sino mercados, es decir, especuladores, que actúan a la velocidad de la luz (con ordenadores). Decía este tipo y su coro mediático que el problema de España era Zapatero y que tras las elecciones la prima de riesgo dejaría de ser tan prima y de tanto riesgo. Pues no, a dos días de las elecciones la prima entera no ha hecho más que crecer. Ya en Europa y en el New York Times le apremian para que empiece a tomar medidas (“Mañana is too late”, The Times, así, con la primera palabra en español), que muestre su agenda. Ellos no saben que no tiene o que la tiene, al igual que su cabeza, vacía. Su único fin y la de sus palmeros mediáticos era llegar a la Moncloa, no para hacer algo, sino para echar a Zapatero, que representa para el núcleo duro del P. P. la España de los vencidos que pretende levantar su dignidad y poner en duda la justificación moral de los vencedores y de los que han apoyado, heredado, defendido, justificado, a la dictadura del asesino Franco. Un Zapatero de abuelo republicano –lo cual para esta gente es un delito- pase, pero que se quiera reivindicar la dignidad de los republicanos, de los vencidos, es otra cosa para la España que ahora representan Aznar y Mayor Oreja; que se quiera que los vencidos de la guerra incivil recuperen sus restos es una afrenta para estos tipos que votan con tanto entusiasmo a Rajoy; que se llamen matrimonios a los unidos civilmente del mismo sexo es un nefando pecado; que se legalice en aborto es una afrenta a la vida. Cosa distinta es que los que puedan vayan a abortar a otros países o fuera de la Comunidad (UPN en Navarra). Todo esto representa el socioliberal Zapatero para el núcleo duro de los votantes y militantes del P. P. ¿De qué serían capaces estos tipos si llegara una izquierda de verdad, aunque moderada, a la Moncloa?

         El PSOE pierde 4.300.000 votos no porque haya 5 millones de parados, sino porque no ha sido capaz de hacer una política de izquierda en plena crisis y con el chantaje de Bruselas, el BCE y la Merkel. Ahí se equivoca el PSOE, aunque con ello se justifique el aún presidente Zapatero. Es verdad que era difícil, pero le quedaban algunas balas de grueso calibre en la recámara. La primera y quizá principal era el tema fiscal. Los estudios más serios apuntan en España a un 20% de fraude, entre el fiscal y a la Seguridad Social. En un país de unos 300.000 millones de ingresos -entres fiscales y cuotas de la Seguridad Social- ese porcentaje representa unos 60.000 millones de menos recaudación con los mismos impuestos. Con estos millones acabamos prácticamente con el déficit. Si además se abordara una reforma fiscal más progresista, sin deducciones ni bonificaciones a las rentas del capital –los de Rajoy los llaman de ahorro para despistar-, los ingresos fiscales aumentarían notablemente casi sin variar los tipos. Eso sí, habría que recuperar para la Administración Central del Estado –es decir, nada de para las Comunidades que luego eliminan, como la señora Des-esperanza Aguirre– los impuestos del Patrimonio, Sucesiones, Actos Jurídicos. etc. transferidos y/o compartidos. Que cada nivel del Estado –Admon. Central, Comunidades y Municipios– se financien con sus propios impuestos. Dicho de otra forma, que pasemos de una vez por todas de las vergonzantes 17 Comunidades (más las ciudades de Ceuta y Melilla) a una España federal, al menos en el tema impositivo, a la manera de USA o Alemania. El PSOE pierde las elecciones porque quiere gobernar para todos, para que todos tengan las mismas oportunidades partiendo del falso supuesto de que todos parten de la misma línea de salida. Otro gravísimo problema que tenemos en España es la enseñanza concertada, esa enseñanza administrada por los curas de siempre, los de Rouco Varela, aunque sean de órdenes religiosas, pero que cada vez son más “ordenadas”, obedientes, que de “órdenes”. Han pasado 6 legislaturas socialistas y la mayoría de este tipo de enseñanza sigue dirigiéndola, poniendo su “ideal”, los curas de siempre, los de la sotana maloliente -aunque ahora no tan raída- con dinero público. Otra anomalía española que el gobierno de Zapatero y los anteriores del Felipe de la chaqueta de pana y luego de la corbata de la OTAN no han sabido ni querido abordar. ¡Para cuando los curas a los púlpitos, pero sólo a los púlpitos! Hizo más la izquierda en la República en los tres y pico años que gobernó que la socialdemocracia hispana de la democracia en este tema. Estos temas –la fiscalidad, la educación, la redistribución de la renta, la reivindicación de los vencidos frente a la indignidad de los vencedores y su apoyo a la dictadura del criminal Franco, la protección para todos los parados- son cosas que pueden y deben abordarse desde una óptica de izquierdas, tanto en épocas de vacas gordas como flacas, porque son cosas que, o no cuestan apenas dinero, o no cuestan como para que no puedan solucionarse desde la óptica de izquierdas por un país de menos de 50 millones de habitantes con un PIB que sobrepasa el billón de euros. No hay excusas.

         Y quien tiene que cambiar es Europa, el Consejo, la Comisión, el BCE y mandar –entre todos– a la señora Merkel al paraíso de las Walkirias, porque con el chantaje de combatir el déficit o de lo contrario no hay “ayudas” ni compra de bonos, acabamos seguro en una recesión como la del año 29 del siglo pasado. Tenemos un tumor, una metástasis que un fino epistemólogo llamaría teorético: los cientos o miles de economistas neoliberales que han invadido las instituciones europeas y mundiales. Estos tipos practican una doctrina –que no ciencia– que dicen o dan a entender que para salir de la crisis hay que acabar primero con los déficits ¡en plena crisis! No hay precedentes históricos de que ello sea así, ni estudios empíricos que justifique semejante creencia. Todo lo contrario. Pueden verse también los libros de Nouriel Roubini (“Cómo salimos de esta”) o de Reinhart y Rogoff (“Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad”). Cambiar ese rumbo europeo, echar de las instituciones a esos economistas mal consejeros, parece necesario porque han fracasado con sus creencia, premisas, postulados. Incluso los mercados ya están apostando, no tanto contra los déficits, como cuanto contra la recesión en ciernes como consecuencia precisamente de luchar contra los déficits en plena crisis. Es verdad que desde el punto de vista ético a los llamados mercados y sus intérpretes los especuladores no sirve de nada juzgarles porque son un poder –valga la redundancia- fáctico, aun cuando caigan en la irracionalidad de querer la leche y la carne de la vaca a la vez. Con ello acabarán en el Infierno. Allá ellos, porque allí se encontrarán con el señor Rouco Varela.



                  Madrid, 23 de noviembre de 2011.        
             





























¡VETE BONO, VETE DE UNA PUTA VEZ!

         Por suerte o por desgracia los partidos políticos no son meros programas y militantes que los llevan a cabo cuando pueden y quieren. Son algo más, de ahí, por ejemplo, el error en su momento del dirigente de I. U. Julio Anguita de creer que todos los partidos –especialmente el Partido Popular– fueran a centrar su discusión y su acción política sobre su famoso programa, programa, programa. La intención era loable, pero llevaba al fracaso porque remar de frente contra corriente lleva al fracaso, salvo en momentos históricos determinados (revolución francesa, rusa, mejicana). Los partidos de izquierda representan fundamentalmente aspiraciones de cambio hacia situaciones de mayor igualdad, de justicia, de más derechos civiles y colectivos; los que votan a la derecha esperan ubicarse en nichos de privilegio a sabiendas que eso sólo es posible si esos nichos mantienen reservado el derecho de admisión. Y también representan en cada país una parte de la historia, son un precipitado de la historia, de la historia que fue y de la que no pudo ser para algunos porque otros lo impidieron. Quizá uno de los países que más dramáticamente vivieron eso fueron los EE.UU. unidos cuando los Estados del Sur –herederos de las 13 colonias independentistas de 1776– no pudieron mantener su status merced al esclavismo y se enfrentaron con los abolicionistas del Norte. Francia no se entiende sin su revolución de 1789 y sin sus guerras perdidas con Alemania. En Italia, la frustración de no poder constituir un Estado peninsular y estar dominada militar y políticamente por otros países como España, Francia, Austria, ha decantado una forma de ser muy característica. Son algunos ejemplos. En España ha habido dos momentos claves: lo que representa la Constitución de 1812 y la Guerra In-civil de 1936. Tanto el P. P. como el PSOE representan en el imaginario, en la iconografía, la herencia de aquello. El P. P. representa la resistencia a la modernidad, es la herencia tanto de Fernando VII como la de Franco y su dictadura; el PSOE representa a los liberales –la izquierda de entonces– que, pese a todo, pese a los obispos y reyes, lograron sacar la Pepa; y también los avances sociales y en educación de la II República. Es verdad que reducir todo a esto sería injusto se traslada a eso de Anguita de programa, programa, programa, pero la historia es ese precipitado que está representado en cada momento lo que han sido siglos de historia. Estas cosas no son fantasmas del pasado, sino presentes corpóreos que, por ejemplo, impiden ejercitar la ley de la memoria histórica o no saber que hacer con el monumento franquista de Cuelgamuros, por ejemplo. Los partidos son también un icono, un receptáculo de los deseos de cambio, una foto fija de un precipitado histórico, y esa foto no se puede cambiar con meras palabras -y menos con gritos-. Los partidos son también depositarios de nuestras frustraciones como sujetos históricos y no como meros individuos de una especie más. En la política pesa más la filogénesis de la historia que la ontogénesis del aquí y el ahora. Ir contra eso es ir de frente contra la corriente.

El Sr. Bono está empeñado en que todos gritemos ¡Viva Epaña!, como él supuestamente lo hace y como hemos oído a los franquistas durante años gritar eso en la Plaza de Oriente, junto con ¡Arriba Franco! y ¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco! Esos gritos, unidos y por separado, también inevitablemente, representan los años de la ignominia, del crimen de Estado, la España de los franquistas, tantos de los franquistas pobres como acomodados, tanto la de los líderes del golpismo o la de simples militares matamoros como Franco; también la España de los campesinos, asalariados y funcionarios que se apuntaron a la ignominia, más o menos conscientemente. Cada uno es responsable de sus actos, tanto desde la ignorancia como desde un mayor conocimiento. Y la ignominia, al igual que la indignidad, ni se perdona ni se olvida, no tiene plazos. La historia no se puede borrar y menos 40 años de dictadura, dictadura a la que tantos españoles se apuntaron, la justificaron, la apoyaron y la sostuvieron. Pasarán siglos para ese olvido, o para que eso sea mera historia sin consecuencias en el presente. Y ahora están presentes -no demos la espalda a la realidad- sus herederos biológicos y/o ideológicos, muchos son vecinos nuestros o lo han sido sus padres. Algunos han hecho crítica y cambiaron el rumbo o no se dejaron llevar por la corriente que crearon y/o se dejaron llevar sus progenitores, pero la mayoría creo que no. Ahora están ahí, refugiados y cada vez más orgullos de su ignominia en el Partido Popular, tanto entre sus votantes como en sus militantes. Y la cosa va para largo.

 ¿Qué es España? Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz dedicaron parte de su vida a dilucidarla y el resultado es el vacío, porque es una pregunta sin respuesta, cosa que ya vio otra gran historiador como Vicens Vives y por eso se dedicó a hacer otro tipo de historia. Se entiende que un Estado como tres cosas: un territorio, una población y un principio de soberanía; un país parece sobre todo un espacio físico; una nación, un precipitado cultural de la historia. España, como Francia, como Italia, como Rusia, como los EE. UU., son tantas cosas como iconografías y mitos la alimentan, y tanto las de sus habitantes como los de fuera. Para la derecha, España, especialmente para el P. P. –incluso aunque alguno del P. P. no lo quiera– es la España de los vencedores de la incivil guerra, la España nacional-católica, la España centralista, la machista y xenófoba, la anti-abortista y anti-homoxesual, la de la Reconquista falseada, la  de la historia falseada de Lepanto, los Tercios, la Armada Invencible, la de Santiago y cierra España, la anti-mora y anti-judia, la de la Inquisición, la del crucifijo y la oración, la alimentada hasta hace un suspiro histórico por curas y homilías, la enemiga de la ciencia. Son sus mitos, deseos, iconos consolidados, decantados al calor del criminal Franco, el gallego de voz aflautada. Para la izquierda, la España es la liberal de la Pepa, la de 1812, la de la Gloriosa, la de la I y II repúblicas, la de los derechos siempre pendientes de conquistar, la de la educación gratuita y para todos, la España federal, la de la igualdad ante la ley, la de Lorca asesinado por los vencedores, la de Machado muerto fuera de España, la de los desterrados ilustres, la de la democracia casi siempre enterrada (Los siete entierros de la democracia, de J. Solé-Tura). Para los nacionalistas, España es otra cosa, pero casi siempre, una enemiga, nos guste o no nos guste. Hay muchas Españas. También la de los emigrantes, siempre añorantes, a pesar de todo de volver, volver, de volver para poder despedirse de la vida con un suspiro, un suspiro, a pesar de todo, de España, de la suya. Decía Niestche que los españoles éramos un pueblo que había querido ser demasiado. Demasiado dramático. Somos lo que la mitad de los españoles nos has dejado ser a la otra mitad a lo largo de la historia, que es lo que Antonio Machado quería decir con aquello de “helarte el corazón”.  Para muchos de nosotros la España que grita Bono es la España que mató a la libertad y a muchos de cientos de miles de españoles, la que mandó al exilio o a la cárcel a otros cientos. A los políticos no se les exige que sean genios para crear, ni talentos para decidir, pero sí al menos inteligencias para entender. Bono es un zoquete, una nulidad intelectual que no entiende nada de todo esto, pero que cree, al igual que Julio Anguita -pero desde el lado opuesto- que se puede cambiar los iconos y mitos de la Historia como si eso pudiera exculpar a sus ancestros biológicos y/o ideológicos, a sus amigos, a sus compañeros de procesión. Mala conciencia, propia y, sobre todo, ajena asumida innecesariamente. Vete del PSOE Bono y vete de la izquierda que usurpas, y cuando estés con los de tu especie política grita ¡Viva España! y no tendremos que oír tus necedades sobre vergüenzas o no, porque la única vergüenza que nos da a los que estamos en la orilla de la herencia de los vencidos –aunque a la izquierda del PSOE- es que estés con el carnet en este lado, en el lado de la izquierda sociológica y tu conciencia y tus amigos en la otra. Vete con los vencedores y con sus herederos o con lo que así se consideran, y comparte con ellos la indignidad de ser los heredaros de las dictaduras del siglo XX y del XIX. Vete y libéranos de sentir vergüenza ajena ya que tú no tienes.



Madrid, 2 de diciembre de 2011.       



























FRAGA, EL PENÚLTIMO FRANQUISTA
         Que Fraga haya muerto siendo presidente del Partido Popular demuestra dos cosas: 1) el fracaso de la llamada Transición; 2) qué es y qué representa para una parte de los que votan al Partido Popular este partido. Si miramos lo que ha sido la evolución política de la Alemania nazi hasta la Alemania, primero del Mercado Común y la de ahora, y comparamos con la España, se nos cae el alma a los pies, aunque yo no crea en el alma. En Alemania están prohibidas las manifestaciones nazis y hacer apología del nazismo; aquí el partido heredero de la dictadura asesina de Franco está en el poder. La Francia del régimen colaboracionista de Vichy dio paso a uno de los países que son baluarte del sentido civil de la República, defensora, incluso con gobiernos de derecha –en Francia siempre gobierna la derecha salvo la excepción de Miterrand, suponiendo que éste fuera socialista- del Estado de Bienestar, de lo público, de la enseñanza pública sin “concertadas” de curas que mangoneen; en España aún tenemos a los curas de sotanas malolientes en la inmensa mayoría de la concertada. La Italia de Mussolini dio paso, con el tiempo (en los años 70), a “casi” un gobierno comunista de Berlinguer, el político mejor valorado de Italia, incluso por parte de la derecha. En Portugal, la revolución de los claveles permitió gobiernos con presencia del PCP y donde los militares demócratas se pusieron al frente de la liquidación del régimen salazarista. Es verdad que los tiempos recientes no son tan halagüeños y por mor de la crisis, en Grecia y en Italia se han dado dos “golpes de estado tecnocráticos” con personajes ex-Goldman Sachs dirigiendo estos países, pero eso no puede borrar el resultado de la lucha contra el nazismo y el fascismo en la posguerra de las clases populares progresistas de todos estos países.

En España pasamos de la muerte del dictador en la cama al espíritu de Arias Navarro que veía una luz que le iluminaba desde El Pardo; de éste a los gobiernos predemocráticos de Suárez –ex-Secretario General del “Movimiento”; y del mismo Suárez al Suárez de UCD y su mayoría hasta 1982 que gana el PSOE de Felipe González, con el breve suspiro previo de Leopoldo Calvo Sotelo, que propugnaba la seriedad, confundiendo ésta con su propia e inmensa sosería. Este Leopoldo tenía en su haber, en su hoja de servicios, dos acontecimientos –para este tipo lo eran- que fueron: meternos en la OTAN –Felipe nos dejó en la estructura militar–, y permitir el golpe de Estado del palurdo guardia civil Tejero y su “siéntensen, coño”. Y en medio de toda esta chapuza de Transición, donde los mismos franquistas que juraron los Principios Generales del Movimiento –los llamados siete magníficos- intentaron seguir mandando en la democracia, es decir, en lo que para estos tipos era la democracia en España: un mero sistema electoral, un obstáculo para seguir mandando y, a ser posible, con el PCE en la clandestinidad. Estos tipos –de entre los cuales estaba el recién finado gallego- pensaban que los réditos de la dictadura les darían lo suficiente para que las capas populares franquistas les seguirían apoyando, porque, como siempre, con los votos de los privilegiados o los que se sienten como tales no se pueden obtener mayorías para gobernar. La diferencia de Fraga con estos magníficos y otros de su misma calaña es que Fraga tenía una cualidad para los franquistas: era un matón con aires de palurdo. Dicho de otra forma, sentían que podían ser su líder natural una vez muerto el dictador. Por esta razón recién el finado hablaba de mayoría natural, como si el pueblo español hubiera sido franquista desde que vinieron los tartesios hace ya unos 2500 años por Cádiz y aledaños. Se creyeron sus propias mentiras. Fraga gobernaba cuando el asesinato de Julián Grimau, de Enrique Ruano, lo del baño de Palomares, cuando lo de los sucesos de Vitoria, los de Montejurra; es el tipo de aquello de “la calle es mía”, al igual que las tierras para los señoritos andaluces (los Arenas y los Cayetanos de Irujo, ¿o es de orujo?). Fraga se montó en un coche oficial antes de cumplir los 40 y no se ha bajado de él hasta pasados holgadamente los 80. Ahora leemos las loas de la prensa del Movimiento del P. P. como las del ABC, por ejemplo, mintiendo, ocultando parte de su biografía y, sobre todo, presentándolo como demócrata de toda la vida, como si hubiera sido un topo democrático infiltrado en la dictadura franquista antes incluso de su propio nasciturus. Dice este periódico que “sus gestos y decisiones, en ocasiones autoritarios, no ocultan una adhesión a los principios y valores democráticos”. Los principios en los que creyó Fraga siempre fueron los del Movimiento de la dictadura, a la que nunca ha criticado, sino todo lo contrario, pero las ansias de poder dejó la palabra “chaquetero” devaluada, como de un inocente juego de prestidigitación, donde ha escupido a toda ética política, tanto la aristotélica como la kantiana. Fraga no ha sido un franquista reconvertido a la democracia; ha sido un franquista que se ha subido al carro de la democracia porque ya no le quedaba más remedio si quería seguir en el poder. El único converso que me ha convencido ha sido Suárez, y por eso le odiaban los franquistas que, como Fraga, se apuntaron a la Transición, porque la única forma de ser un demócrata viniendo del Movimiento era siendo un traidor, un traidor al franquismo. Fraga no ha sido un traidor porque siempre ha sido franquista.

         Pero con Fraga no ha muerto el franquismo, porque tenemos un inmenso rescoldo que no acaba de apagarse: el Partido Popular, partido que, como tal, nunca ha criticado la dictadura franquista a sabiendas de que aún necesita muchos votos nostálgicos del franquismo que consideran que la democracia sólo les he válida si gobierna el P. P., este P. P. cuyo líder natural es Aznar y no Rajoy; este P. P. del que era aún presidente el finado antes del óbito. Y digo yo que a presidente de un partido no se llega por casualidad. Que uno de los eternos ministros y embajador del último franquismo haya muerto sin ser juzgado, que haya sido presidente de una Comunidad hasta hace un quinquenio, demuestra el enorme fracaso de la Transición y es una vergüenza, una indignidad para los que le han votado. Estaban en su derecho, era legal y legítimo, pero la ética política no entiende de legalismos y es incompatible con la estulticia, los privilegios y la ignorancia. Muere un franquista entre halagos y repugnantes reconstrucciones biográficas, y la almibarada ley de la memoria histórica aún no se puede implementar no vaya a ser que se molesten los herederos de los golpistas del 36. Otro fracaso del PSOE, uno más que explica por qué ha perdido 4.300.000 votos. Fraga ha muerto, pero el franquismo no, porque la historia no se puede olvidar ni ocultar por más que lo intenten sus herederos ideológicos y/o biológicos. Bueno, ahora, con la victoria del P. P., ya no lo ocultan sino que se sienten orgullosos. Son conscientes que no se merecen ni el perdón ni el olvido, y tienen razón, porque los herederos de los vencidos ni olvidamos ni perdonamos. En la necrológica del Partido Popular se dice que para todos los afiliados “la pérdida de un hombre ejemplar que siempre lucho por sus ideales, con absoluta convicción, y que siempre demostró su amor y a España y a Galicia”. Estoy de acuerdo, sólo que la España y la Galicia de “sus ideales” fueron en origen la España franquista, la de la dictadura asesina, la del genocida Franco, y Fraga fue uno de sus lacayos.


                   Madrid, 16 de enero de 2012.
        
HASTA LA VUELTA, PEP

         Hay un relato de Gabriel García Márquez titulado “Me alquilo para soñar”, donde una mujer tiene el don de la adivinación interpretando los sueños de forma sui generis, no probablemente a la manera freudiana. Poco tiene que ver el contenido, en todo caso, del relato con quien ha conseguido con el Barcelona esos 13 títulos en 4 temporadas, pero el título es un martillo que viene como de molde al caso. García Márquez ha tenido una habilidad extrema para los títulos, quizá porque es un gran periodista, además de un grandísimo escritor. En estos años todos los futboleros del mundo nos hemos sentido inquilinos del sueño de un nuevo deporte, porque Pep ha inventado otro deporte, parecido al futbol, que se juega con las mismas reglas y en las mismas canchas, pero otro deporte. Y, además, hemos soñado que éramos niños y que éramos capaces de hacer lo que nunca hicimos cuando lo fuimos: regatear como Messi, inventar como Iniesta o dar pases como Xavi, defender con tres y tocar el balón como en una orquesta por esta banda maravillosa de pitufos que son los pequeños de Pep. El futbol es el deporte de los pobres, de los desposeídos. No me refiero al amplio puñado de jugadores millonarios, profesionales que viven de esto. Pocas instalaciones se necesitan para jugar al futbol: dos piedras, una cosa más o menos redonda, correr y… soñar, soñar con regatear como Messi o chutar como Ronaldo. Los niños de muchos países de África, Asia y Latinoamérica no tienen instalaciones para apenas ningún otro juego, porque el futbol es primero un juego para los pobres y luego un deporte para los ricos. No tienen piscinas para nadar, apenas cestas y paredes para encestar, recintos cerrados para jugar en invierno o para protegerse de las lluvias. Muchos millones de niños apenas pueden alimentarse, pero si tienen la suerte –es un decir– de calmar su hambre, no necesitan apenas más que cuatro piedras, cuatro bultos, cuatros palos que hagan de postes y algo redondo y golpeable, y los sueños llegan, la imaginación se dispara, la habilidad se emplea, las caras se iluminan y la amargura de las miradas desaparece. Quizá al día siguiente no tengan para comer porque nosotros, los habitantes de los países ricos, no somos capaces ni queremos dejarnos gobernar por quienes lucharían contra esa situación a nuestra costa. Pero en ese día fueron felices correteando detrás de un balón, emulando a sus ídolos si es que les llegan imágenes de sus ídolos. La inmensa mayoría no saldrán de la pobreza, serán siempre pobres de adultos, vivirán mal, rodeados de hambre y miseria, y quizá les cueste ser felices alguna vez, pero siempre tendrán el consuelo de haberlo sido con un balón en los pies cuando eran niños y no tenían metas, responsabilidades, cuando vivían al día, sin futuro y sin tener que preocuparse por ello. Por eso nos gusta tanto a los que fuimos alguna vez chicos de pueblo o de barriada, aunque sea en este primer mundo, porque con un balón, con una pelota, nos bastaba. Y ahora, de adultos, ya sólo nos queda el recuerdo, recuerdo avivado por este Barcelona de Pep y por la Roja, de la que es culpable en gran medida el equipo catalán. Ver jugar a estos dos equipos, aunque sea sólo ante la pantalla de la tele, es recordar lo que quisimos ser y no fuimos, lo que quisimos compartir y no supimos, lo que nos gustaba hacer y no pudimos. Pep volverá, estoy seguro, porque la deuda que tiene con nuestros sueños es tan grande que no hay fondo que la pague ni conciencia mortal que lo soporte, y Pep es mortal y sabe que si no vuelve se convertirá en un ídolo, en un símbolo, y a Pep, estoy seguro sin conocerle, que no le gusta ser ni un ídolo ni un símbolo. Al menos en vida. Pep volverá y reinventará el futbol, porque lo que no le gustará, estoy seguro sin conocerle, es repetirse. Necesita tiempo para esa invención, pero volverá, se alquilará para interpretar nuestros sueños, porque los inventores de sueños nunca se retiran, sólo se transforman.


                   Madrid, 6 de mayo de 2012.    






[1] Recomiendo vivamente el libro “Revolución científica”, de Sellés y Solis, editorial Síntesis.
[3] En español “Los principios de la Matemática”, Espasa-Calpe, 1967.
[4]Los lógicos”, Espasa-Calpe, colección Austral, 2007, pág. 218.
[5] Un libro estupendo y muy asequible para espíritus curiosos es la conocida “Historia de la matemática”, de Carl B. Boyer, Alianza Universidad Textos, 1986.
[6] Fundamentos para una teoría general de conjuntos”, Georg Cantor, Editorial Crítica, S. L., 2005, pág. 103. También “Grandes matemáticos”, en Investigación y Ciencia, temas 1, 1995.
[7]  En realidad se habla siempre de reales porque estos son la suma de los racionales y de los irracionales, pero lo que marca la pauta del distinto grado de infinitud no es el hecho de que un conjunto (los racionales) sea menor que la suma de los racionales e irracionales (los reales), sino por el hecho de que por sí solos -sin añadir los racionales-, los irracionales tienen un grado de infinitud mayor que los racionales.
[8]Los principios de la Matemática”, pág. 313.

[9] Es con diéresis en la o, pero en mi teclado no funciona este acento.
[10] Hay muchos libros en castellano con el teorema. A mí el que más me gusta es el de nuestro gran Manuel Sacristán “Introducción al análisis y a la lógica formal”,  Círculo de Lectores, 1990, páginas 247 y siguientes. Más actual es el de “Godel para todos”, de G. Martínez y G. Piñeiro, Ediciones Destino, 2010.
[11] La matemática: su contenido, métodos y signifcado”, Aleksandrov, Kolmogorov, Laurentiev, etc., Alianza Universidad, 1973, páginas 338 y siguientes.
[12] Véase las partes más europeas del libro de José Luis Abellán “El erasmismo español”, Espasa-Calpe, 2005.