RETRATOS
por
Antonio Mora Plaza
LOS CURAS
Dice el aforismo que la religión es el opio de los pueblos.
Se le atribuye a Marx. Fuera quien fuera, fue benevolente. Las religiones
tienen algo de común: priman la creencia sobre la ciencia, el creer sobre el
pensar, la venganza sobre la justicia, el poder sobre la ética, la doble moral
sobre los principios. Tanto Italia, como España, italianos y españoles, hemos
tenido mala suerte en el reparto de la lotería del cristiano-catolicismo. Fue
San Pablo quien hizo de la historia o historieta de un esenio de Judea que se
creyó el Mesías -anunciado por las profecías- una religión, es decir, una
estructura de creencias. Constantino, emperador romano, le prestó el imperio en
el 313 y Teodosio la hizo oficial en el 391, en contra de la tradición romana.
Se quedó en Italia y anidó en España con Recaredo en el III Concilio de Toledo
(589). Y ahí comenzó la desgracia para nuestro país. Tuvimos Siglo de Oro,
principalmente en las letras y en las artes, pero no renacimiento científico.
Italia le fue mejor hasta Galileo y Giordano Bruno, con los primeros
científicos, matemáticos, fisiólogos, juristas, con Tartaglia, Cardano,
Vesalio, Torricelli, etc.. Parecía que España estaba destinada a suceder a
Italia en esto, como en las artes.
No fue así. Los curas, es decir, la Inquisición, importada de Francia en la
lucha del papado contra los albigenses a comienzos del siglo XIII, pasó a
España por mor de los Católicos Reyes, y se acabó la ciencia en esta piel de
toro. A Giordano Bruno lo quemaron en la hoguera. Luego Trento (1545-1563) y la
Inquisición, que ¡hasta 1834!, con el ministro Mendizábal, no acabó
oficialmente. Aquí no surgió ningún Galileo, ningún Kepler, nada de un Newton o
un Leibniz., y no por falta de talentos. La excepción fue Miguel Servet, pero
también le quemaron en la hoguera, aunque no fueron los católicos. Ya se habían
apoderado del bachillerato medieval, de muchas de las cátedras en las
universidades -Cisneros y cia.- y así, hasta ahora mismo con la concertada.
Felipe II fue el colaborar necesario con la prohibición en 1557 de salir a los
estudiantes a otras universidades europeas no fueran que se contaminaran...
intelectualmente. Ni la ley Moyano (1857), ni las múltiples constituciones,
algunas de las cuales proclamaban la laicidad del Estado, pudieron con ella o
con ellos. La II República luchó por ello, pero acabaron con ella, con el apoyo
mayoritario de los curas, de la jerarquía.
Yo fui a un
colegio de curas, como una gran mayoría de los que hemos pasado los 50, pero
mis sobrinos han ido también a colegios de curas y monjas, desde donde se
organizan las manifestaciones contra los tímidos avances en la enseñanza. Da
igual la edad, aún los tenemos ahí, en la enseñanza secundaria. No se contentan
con los púlpitos, quieren también las cátedras, además del poder secular, del
brazo armado del Estado. Te hablan de la fe, pero por si acaso eso falla, te
amenazan con la ex-comunión y las penas del Infierno católico para que
achicharres eternamente. Y si esto no es suficiente, con el castigo corporal,
físico. Ahí tenemos al Sr. Bono, presidente de la máxima cámara depositaria de
la soberanía popular, atribulándose contra la jerarquía por su catolicismo. A
mí me parece que ser católico y presidente de algo que se rige por un principio constitucional de
aconfesionalidad es una contradicción, pero allá él. Esperemos que no se deje
influir por sus amigos de rezo y confesión. Ahora ya no disponen de la
violencia del Estado, de los autos públicos de fe, de las hogueras, pero siguen
amenazando como si las tuvieran. El Estado de Derecho, la neutralidad del
Estado en materia de religión, es una milonga para estos señores, algo que se
estudia en colegios y universidades como una asignatura a aprobar, pero de ahí
a llevarlo a la práctica, no: eso es pecado y está muy castigado, y ni bulas ni
el dinero -ahora- pueden redimirlo. Lutero (1483-1546) se opuso a las bulas
como objeto de compra-venta y no lograron pillarlo, se les escapó, se separó de
la iglesia de Roma y fundó una heterodoxia.
Y así estamos ahora, con el Sr. Rouco,
ese cura con un parecido exarcebado a un tal Paco Clavet, un artista dicen,
aunque no sé exactamente de qué. Ahora dice este señor -el cura, no el artista-
que votar contra el aborto es merecedor de la ex-comunión. ¡Qué suerte tenemos
los ateos! ¿Es posible que algún diputado pueda cambiar su voto por las amenazas
de este golpista? Sí, porque pretender influir en las decisiones del máximo
órgano de la soberanía nacional por encima de los votos de los españoles, yendo
más allá de su propio voto, amenazar con las penas del Infierno católico, es
golpismo. ¡Qué bien y cuán a sus anchas vivieron estos curas -tanto los de la
jerarquía como los de las órdenes- con la dictadura franquista! Aún no se han
enterado que ha llegado la democracia. No quiero ser injusto, porque no me
olvido de los curas obreros, del padre Llanos, de Díez Alegría, de la teología
de la liberación, del asesinado Ellacuría, y de tantos otros que estuvieron con
el pueblo -como se decía antes- y contra la dictadura franquista. Muchas
parroquias e iglesias nos sirvieron de refugios clandestinos. Pero estos son
una minoría; además no mandaban ni mandan, no pueden llegar, ninguno llegó a la
jerarquía máxima: no hay ningún cura simplemente progresista en la Conferencia
Episcopal. El último que abrió una ventana a la pestilencia de los jerarcas de
la toga fue el Sr. Tarancón y tuvo la
mala suerte de que su nombre rimara con paredón: ¡ay se hubieran podido cogerle
los ancestros del P.P.! Me gusta la
frase de Napoleón: cuando el enemigo se equivoca, no hay que distraerle. No hay
que intentar que cambien ahora, que intenten remediar o remendar sus errores
porque tampoco pueden cambiar sus consecuencias, porque tampoco pueden
resucitar a quienes quemaron, amenazaron, exiliaron y destrozaron su vida con
sus simples amenazas o con algo más; no se puede cambiar la historia de este
país y el inmenso destrozo y lastre que supone la mera existencia de estos
tipos, se vistan con sotana o con chaqueta. Que sigan así, equivocándose, hasta
que las iglesias vayan quedándose vacías, hasta que las bodas canónicas sean una
extrañeza, hasta que tengan que cerrarlas porque los católicos de corazón les
aborrezcan por falsos y cínicos, por su pasado y su presente, hasta que vayan
aumentando los que profesan otras religiones libremente y, mejor aún, los que
no profesan -no profesamos- ninguna. Pero queda un inmenso problema, al menos
en este país.
Ese problema es la enseñanza
concertada. Fue el mayor error de Felipe González, junto con la modificación
jurídica de la contratación laboral que ha permitido -aunque no fuera el deseo-
el trabajo precario, temporal, de despido gratis. Este error -el de la
enseñanza concertada, y el otro también- hay que subsanarlo tarde o temprano, y
mejor cuanto antes. Que los curas sigan teniendo los púlpitos, no hay problema;
que sigan con su fundamentalismo, peor para ellos, pero que sigan en la
enseñanza secundaria, no nos engañemos, es malo para todos nosotros, para la
enseñanza en libertad, para el conocimiento científico o, simplemente, para el
conocimiento; es un lastre que debemos soltar. Ya se ha visto en todas las
modificaciones y supuestas modernizaciones de la enseñanza secundaria, las
LOGSEs y LOEs se quedan en el tintero, cuando no en agua de borrajas, por esta
maldición. Seamos franceses en esto: la enseñanza y el Estado, laicos, y los
curas, a los púlpitos, de donde nunca debieron salir. Quizá tampoco debieron
entrar -o subir-, pero eso es ucronía y no se puede viajar atrás en el tiempo.
En cambio, se puede gobernar en el tiempo, estar, como diría Ortega, a la
altura de los tiempos, y los tiempos de los ex-comulgadores que utilizan el
brazo secular ha pasado. Ahora ni siquiera el P.P., con su añoranza del
franquismo y su integrismo católico, lo puede resucitar. Pero aún falta el
último empujón. Ahí la izquierda y los sindicatos tienen mucho tajo. Ahora ya
no pueden amenazar con una nueva guerra in-civil, y además, esta vez la
perderían.
Madrid, 10 de diciembre de
2009
SIEMPRE FEDERICO
Sólo tenía 15 años cuanto te leí
entero, o casi. Era una edición de Aguilar. Luego se han recuperado obras
tuyas, trozos y textos en prosa. Nada más emocionante que tu lectura, Federico.
Quizá más intenso el genial bardo, quizá no tan espontáneo como el inmenso
Lope, quizá no tan profundo como el viejo D. Francisco, pero tú siempre tan
emocionante. Tu verso anuda la garganta; tu teatro amilana al más templado; tu
prosa seduce sin proponérselo. ¡Príncipe de la metáfora, eres único y distinto!
Nada ni nadie se parece a ti, ni antes ni después. Otros vuelan más alto en
pasiones, como el genial bardo; otros lo han dicho todo lo que un ser humano
puede sentir, como el eterno manco, o como el pícaro inglés o el ruso de los
sentimientos, pero tu eres la emoción contenida, el sentimiento lacerado,
traspasado por la incomprensión, la envidia y los prejuicios. Hablas de tú al
que es como tú, al que siente como tú y que está en la encrucijada; y de eso
haces verbo y del verbo, arte, equilibrio perfecto entre belleza y emoción.
Vivirás siempre.
Te mataron, te asesinaron, pero no han podido enterrar
tu memoria. A muchos dejaron en las cunetas, en los caminos, en las plazas, en
los paredones, esos mismos que ahora no quieren saber de tu paradero y se
burlan de los que buscan o buscamos con el deseo enterrar tus huesos hechos
versos de la memoria. Son los que se oponen a la memoria histórica porque se
sienten molestos con su conciencia, porque no la encajan con su pasado y con la
de sus ancestros. Son los que sienten vergüenza de ser o haber sido artífices,
bastión, coartada, grano de arena o justificadores del oprobio de la dictadura.
Los Fragas y los Aznares, las Aguirres y los Arenas, los Trillos y los Orejas,
las Ritas y Gallardones, y tantos otros, andan, cuando oyen tu nombre,
demudados, buscando ropa que ponerse para la democracia, porque los hábitos de
la dictadura aún los tienen en el ropero, nostálgicos ellos de haber cubierto
sus huesos y sus carnes. Pueden cambiar su vestimenta, pueden, quizá, elegir la
careta, pero no pueden cambiar su olor podrido y pestilente de su herencia. Debajo
de sus pantalones y faldas tienen la carne podrida de 40 años de bocas abiertas
al banquete de los despojos. Eso fue la in-civil guerra: un banquete para los
vencedores de los que aún quieren seguir alimentándose, nostálgicos ellos; un
banquete de aquello que usurparon a sus dueños. Dueños exiliados, torturados,
asesinados durante y después de la incivil guerra.
Vuelvo a ti Federico, y buscan y
buscamos tus huesos, pero también vuelven, que no huyen, los que temen
encontrarlos, no vaya a ser que se instale en sus conciencias tu frágil
calavera. Preferirían que no hubieras existido; que fueras uno más, torturado,
quizá exiliado, incluso asesinado, pero uno más, pero han tenido la desgracia
de que fueras un inmenso poeta. Y ahora, los herederos de los despojos quieren
llegar al poder; sí, esos mismos que lo perdieron por mentir, esos mismos se
tapan los ojos al paso del tren de tu recuerdo y sufren palpitaciones. Y eso
sólo algunos, porque otros tienen de hierro las osamentas. Y no saben el porqué
de su mal. Yo se lo diré: porque han vivido, apoyado y justificado, y viven,
apoyan y justifican, con mal disimulo, la causa de tus asesinos.
Federico, hubieras sido a la vez el
Lope y el Shakespeare de nuestro tiempo; sí, te faltó eso, tiempo, asesinaron
tu tiempo, tiempo buscaron y buscan tus asesinos y sus justificadores para
anidar el olvido; y por eso andan las musas de luto buscando tu calavera,
siempre tu frágil calavera, para anidar en el tiempo y olvidar tu olvido. Pero
sabrás que los herederos de tus despojos no son nadie, no son nada, y tú serás
eterno. Te sentarás en el Olimpo del
Verbo, con el genial bardo, con el inmenso Lope, con el divino toscano, con el
eterno manco, con el perfecto áureo, con el asombroso vate ciego, y velareis
por nuestras vidas. Me cuesta tanto releerte porque no puedo evitar pensar en
cómo te debiste sentir en los últimos días, en las últimas horas, cuando te
llevaban al matadero. Tu culpa era ser diferente y poeta, sentir como nadie la
emoción del ser humano y saber trasmitirlo como nadie lo ha hecho; tú, que
hasta los nardos y caracolas los veías de fino cutis; tú, que las vergüenzas
las vestías de corpiños nacarados; tú, que sentías a tu Granada y a tu
Andalucía atravesada por duendes perfumados; tú, tan gongorino en deseos y tan
lopesco en aptitudes; tú, artista total e inmenso; tú y tu alma de mozuela,
embebida de apuntes, notas y versos. Así, tu Mariana bordadora, tu Yerma yerta,
tus amores de jardín, tus bodas bailadas de facas y reyertas, tus Rositas
solitarias, tus atávicas Bernardas, tus prodigiosas zapateras; poeta, siempre
poeta; poeta en tus casidas arabescas, en tu Granada de vegas y amoríos, en el
Nueva York de palomas traspasadas. No importa dónde descansen tus huesos,
porque tu memoria tiene calados los nuestros para siempre, para siempre. Tus
obras son tu memoria y, ambas, son eternas y, ambas, son inmensas.
Madrid, 22 de diciembre de 2009
MESSI Y EL FÚTBOL DE LOS SUEÑOS
Yo soy de lo que era un pueblo cerca de
Madrid (Vicálvaro) y nuestro único mundo deportivo era el futbol. En pleno
franquismo -tengo 57 años- no había otra ilusión en el erial de los juegos
-entonces el concepto de ocio no existía- que darle patadas a un balón y/o
jugar a los billares donde los había. Darle a la pelota era más barato. Así
pasamos de la niñez a la adolescencia los hijos de los pobres, aunque de
ilusiones fuéramos ricos. Si alguien se fijaba en ti en el erial franquista
podías ir a algún equipo infantil o juvenil de los poquísimos que había. Si
además llegabas a jugar en ese supuesto equipo infantil o juvenil con un
entrenador de los pocos que había en el erial franquista, entonces te explicaba
que por más que fueran tus habilidades no sabías jugar al futbol, porque ese
deporte era lo contrario de lo que hacías con el balón con los chicos del
barrio, porque en el erial franquista, los barrios eran donde vivían los
pobres. Si te gustaba regatear -es un suponer-, el entrenador te decía que
primero tenías que mirar a tus compañeros porque era preferible pasarle la
pelota a uno de ellos; si te gustaba ir hacia adelante, te decían que debías
guardar la posición; si te gustaba ir a disputar la pelota, buscarla, acosarla,
te decían que primero debías estar en tu demarcación y cubrir líneas de pase. Y
así una retahíla de normas aburridas y exasperantes cuando tú medías tu
satisfacción por las veces que tocabas la pelota durante el juego. A veces los
niños nos íbamos detrás de las porterías de los mayores para cuando se fuera el
balón por la línea de fondo -el nombre lo aprendía ya de mayor- poder devolver
la pelota y así encontrar la satisfacción de golpear tan dócil y duro elemento.
En el erial franquista estas eran nuestros primeras satisfacciones hasta que te
fijabas -cosa casi de repente- en las chicas, y los más afortunados tenían
alguna opción con ellas, porque en el erial franquista eso era coto vedado,
aunque algunos -sin saber porqué- entraban en el coto y a veces... cazaban.
Pues bien, viendo jugar a Messi
recuerdo mi niñez. Messi juega como un niño, pero burlando a los mayores, con
el desparpajo de quien no ha sido corrompido por la moral de los mayores, por
las normas de los mayores, tratando como a niños a los de barba cerrada y pelos
en las piernas. Messi, a veces, coge el balón y recuerda al niño que fue y que
aún es, y se va con él hacia adelante, con quiebros y requiebros, buscando las
piernas del contrario para dribarlas con la disculpa del balón y del juego; es
el baile de un solista en un coro que improvisara siempre los movimientos con el
objetivo de alojar el balón entre los 3 palos llamada portería y con el permiso
del cancerbero, llamado también portero (lo de cancerbero no lo entendí hasta
que leí la Divina Comedia). Messi no busca el agrado ajeno, la admiración del
otro, el aplauso de los suyos: sólo busca su satisfacción, que es seguir siendo
un niño a pesar de su edad, a pesar de sus compañeros, a pesar del contrario, a
pesar de los sesudos y a veces arbitrarios árbitros. Messi nos vuelve a la
infancia cuando casi la teníamos olvidada, a nuestra patria que es la infancia,
como decía el recién desaparecido Miguel Delibes. Con Messi renace el deseo de
inmortalidad, por eso ¡ójala! que nunca te hagas mayor, que nunca madures
futbolísticamente, que no te contaminen los entrenadores y demás con tácticas y
estrategias, con líneas de pase y posiciones, con entrenamientos sin balón, con
pesas y ejercicios espurios. Messi, si hubieras nacido en pleno helenismo,
habrías sido elegido por los dioses para los olímpicos, para el Olimpo de los
juegos; te sentarías, al lado de Hermes, de Artemisa, incluso al lado del
desterrado Hades, para compartir con ellos la ambrosía, sus privilegiados
asientos y sus virtudes, porque tú estarías exonerado de defectos. Pero estás
con los mortales en el siglo de la anodina tecnología de la comunicación y de
la desigualdad. Messi, sigue adelante, juega como sabes, es decir, disfrutando
como un niño, porque así y sólo así nos harás disfrutar, devolvernos la
infancia y los deseos de inmortalidad a todos, también a los hijos de los
pobres.
Madrid,
8 de abril de 2010.
CUITAS DE AZNAR Y SARKOZY
Había
una canción de la malograda Cecilia que se llamaba “Dama, dama”, en la que esta
supuesta dama genérica y representativa de esa burguesía española franquista y
católica-integrista que ha heredado el P.P., quería ser a la vez “la novia en
la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro”. Pues bien,
transmutada esa dama de sexo, pero sin dejar los otros atributos, nos da el Sr.
Aznar, un ser atormentado por su complejo de bajito. Para compensarlo decidió
convertirse en intelectual de la derecha sin dejar de ser político y sin dejar
de estar acomplejado por ser... bajito. Y claro, esta mezcla insoportable y
contradictoria ha estallado y el acomplejado es ya una fábrica de cretinez. Al
acomplejado le hubiera gustado poder mirar por encima del hombre a Bush y a
Blair, pero sólo les llegaba a la altura del sobaco y se tuvo que acostumbrar a
oler a pelambre anglosajona para poder hablar en la intimidad con B. y B. de
las non-natas armas de destrucción masiva. Ya le pasó -lo del sobaco- con
Felipe González y luego con Zapatero. Por eso se sentía tan a gusto con Almunia
en el debate, porque el aspirante socialista de entonces no andaba sobrado de
centímetros.
La
Botella -su mujer, claro- le dijo una vez: “Mira, Jose, o me llegas a
presidente del partido o compro camas separadas”, y Jose Mari llegó a
presidente del P.P. desde sus escritos falangistas en el diario de la Rioja.
Pero a la Botella -su mujer- no le pareció bastante y le dijo de nuevo: “Mira,
Jose, o me llegas a presi de Gobierno o compro camas separadas”, y Jose Mari
llegó a la Moncloa, aunque le costó tres intentos y una campaña cuasi-golpista
contra las instituciones de la democracia. Pero no se conformó la señora
Botella e insistió más aún: “Mira, Jose, o me casas a la niña en el Escorial o
ya sabes que hago con lo de las camas”, y Aznar, el acomplejado, montó la boda
en el monasterio donde dirigió un imperio Felipe II a costa de arruinar la
hacienda española por los siglos de los siglos. Claro que Aznar contó con la
ayuda de los que se harían famosos más tarde por sus faenas de aliño en materia
de corrupción: los Correa, los Bárcenas, los Agag, los Bigotes, etc.
Y como
quiera que el acomplejado cumplía lo que la Botella le pedía cual trabajos de
Hércules, decidió ésta que lo de las camas no era suficiente y pensó: “bueno,
la cama de 1,30, pero para mí sola”, y le mandó a dar conferencias en inglés y
en italiano, y en suajiri, si fuera menestar, y aunque hubiera que pagarlas. El
del bigote le dijo a la Botella que el sólo hablaba español de falange y
catalán en la intimidad y aquélla le replicó: “Es que si supieras idiomas no
tendría mérito. ¡Ala! a viajar y no me rechistes”. Y desde entonces han cerrado
escuelas de inglés como “Open english” y otras muchas por innecesarias y por
competencia desleal. Porque Aznar será lo que sea, pero tiene la virtud de
carecer del sentido del ridículo: nos lo ha endosado a todos los españoles.
Sarkozy,
el encoñado, es otra cosa. El gabacho está prendido de la grandeur como de una
percha. También es bajito y le llega a la Bruni al sobaco, pero a élla le huele
la pelambre a Channel n. 5 pour femme. El franchute es también otro
acomplejado, pero a tiempo parcial, porque sólo le sobreviene la cuestión
cuando tiene que posar con la Merkel en las fotos de la entente
gabacho-teutona. La germana le saca la cabeza a lo alto, y a lo ancho es como
si se hubiera tragado un sincrotón de bolsillo. Y es que la teutona es como una
walquiria tras un menú de degustación de salchichas de Frankfurt. Cuando lo
pasa mal Sarkozy es en los bailes de la entente, porque teme perder la grandeur
entre los pechos de la cancillera; pechos que les ha puesto nombre por joder al
gabacho: Alsacia y Lorena. Cuando el francés se la arrima a medio metro, élla
le susurra al oído con acento de Mein Kampf: “Villepin, Strauss”, y a Sarkozy
le da ganas montar la de Verdún, aunque pierda la batalla. Él es consciente de
que si fuera conserje o pescadero -es un suponer- no cata a la Bruni ni en
fotos. La verdad que por ese lado todos tenemos algo de envidia a Sarko, aunque
haya tenido que meterse la grandeur entre la próstata y la rabadilla.
En
cambio, el del bigote se ha tenido que conformar con la Botella -con mayúscula,
de momento-, porque no todo se puede tener en la vida. Mala suerte, pero peor
hubiera sido nacer 20 años antes, porque entonces la Botella sería de la
Sección Femenina y a lo mejor le hubiera tocado compartir mesa y mantel con la
Pilar Primo de Rivera, y eso no hay líbido que lo aguante. Dicen las malas
lenguas que una vez Aznar le propuso un cambio de parejas en un baile
hispano-francés con el fin de catar a la Bruni, pero cuando el gabacho le
preguntó al del bigote que cómo se llamaba su costilla, éste le contestó:
“Botella, president”, a lo que el franchute replicó contrariado: “Merci, mesié
Ansar, pero no bebo”. El del bigote se ofendió y desde entonces no le habla.
Fue un error de mesié le president, pero Aznar no admite errores ajenos: con los
propios tiene bastante y siempre en la intimidad.
Madrid,
21 de abril de 2010.
LA ESPE
La palabra chulo tiene al menos dos
acepciones, una de las cuales tiene mala prédica -y con razón- porque está
cercana a una profesión no reconocida, que es a la vez un delito y su ética no
lo resiste ni la más laxa de las morales kantianas. Pero tiene otro significado
más llevadero porque viene a significar: o me das la razón o te parto la face.
Si es sólo una baladronada, puede resultar cheli, pero llevado al extremo es un
brote de fascismo. ¿Y por qué de estas reflexiones previas? No lo tengo claro.
Quizá el subconsciente freudiano me ha jugado una mala pasada cuando me había
propuesto hablar de la Sra. Esperanza Aguirre. La culpa la tiene el Freud ese,
que se encaprichó con el inconsciente (o subconsciente, que no sé la
diferencia) y mandó a paseo al otro, al consciente, a la Razón, así, con
mayúscula, hasta la hegeliana, que ya es atreverse a desacreditar a un
compatriota. Además, chulo es palabra machista y no tiene femenino decoroso y
sólo un equivalente femenino: verdulera, con perdón de la que tenga ese honrado
oficio o similar.
Quería hacer un bosquejo físico de
madame la presidenta, que es, por cierto, condesa consuerte, perdón, consorte
de Murillo. A la fecha de hoy, 58 primaveras la contemplan, que la primavera
pasa por todos, con más o menos provecho. Tiene la Espe dos ojos como dos
puñaladas tomateras en pleno visage, pero los tiene, a pesar de todo,
vivarachos, bien protegidos por unas bien pintados pestañas. La boca sabemos
que tiene cuando sonríe por las comisuras de los labios que esgrime sin recato,
y todo de tal forma que a mí se me hace su sonrisa como una mezcla del gato de
Chesire de la “Alicia en...” y la Cruela de Vil después de raptar a los
dálmatas, que a élla todos se le hace que todos los canes con pintas se parecen
al Gallardón. Por eso les dice del alcalde a sus allegados: “Menudo pinta está
hecho ese”. Pobres dálmatas, eso les pasa por querer escaparse de las
Espe-Cruelas de turno. De los labios no tenemos noticia, pero a veces se deja
entrever algún diente con sangre de alcalde, pero de forma moderada, como
corresponde a una señora de derechas. De las cejas tampoco tenemos noticia:
sólo sabemos que se dibuja con buena técnica un arco superciliar que no
desentona del todo. La señora es de papada pellejera, pero eso es fruto de los
años, no del horóscopo. A veces sueño de que se me acerca con 4 pelos tiesos en
la punta de la barbilla y, como en el sueño de Hansel y Gretel, me dice: “a
ver, enséñame la patita”. Lo paso mal, incluso cuando lo pienso. En cuanto a
las orejas sabemos que tiene, pero las esconde tras el pelo y con dos
pendientes adosados, adheridos, adictos a los lóbulos, recatados ellos -los
pendientes-, como corresponde a una señora del P.P. El pelo, no nos engañemos,
es de vocación estropajo, pero se lo cuida con esmero y sólo delata su adn
cuando sube a los helicópteros. Cuando dijo que ella tampoco llegaba a fin de
mes se pegó un susto su peluquero, pero la presi no bajó la frecuencia de sus
visitas, porque el pelo, con el tiempo clarea o se cae, pero no sufre arrugas,
a diferencia del epitelio. En cuanto a la nariz es normal, pero resulta bonita
en comparación con el resto. Y hablando de restos, del resto del cuerpo no digo
nada porque una señora de derechas sólo tiene cuerpo para su marido. Que él la
disfrute.
Se decía en tiempos de la dictadura que las mujeres se
clasificaban de la siguiente manera: guapas, guapísimas y gildas, o, por el
otro extremo, feas, feísimas y de Acción Católica. Pues bien, la Espe ha
destrozado esta clasificación, porque las de derechas no pueden ser tan guapas
que despierten la líbido de la clase obrera de zanja y martillo pilón, ni tan
feas que no puedan lucir el palmito en un campo de golf. Los extremos se han
borrado. He buscado una foto de cuando era joven, antes de su éxtasis
tatcheriano, y no la he encontrado. Si alguien tiene alguna, por favor, que me
la mande por el emilio.
En cuanto a su ideario político, lo
podemos presuponer por sus obras -por sus obras les conoceréis-, pero no por
sus escritos, que yo no conozco ningún libro suyo, pero si alguien conoce de
alguno, escrito por élla, por favor, que me lo diga o me lo preste, no vaya a
ser que me rebrote la ansiedad. Ella tiene adversarios en otros partidos y
enemigos en el suyo. Para empezar, todos los allegados políticos del alcalde,
el Sr. Gallardón. Por cierto, a ver si el señor alcalde decide el look de sus
cejas, que nos tiene mareados con tanto cambio. Ella le tiene entre ceja y
ceja, esas que se pinta con esmero. Si pudiera lo escabechaba y se lo entregaba
a las monjas carmelitas del Santo Éxtasis, pero no le deja Mariano, su jefe de
rompan filas y montañas nevadas. Ella es la oposición por excelencia. Cuando
visita una institución pregunta: “Pública o privada”, y si la contestan que
pública ella replica: “¡Me opongo y que la privaticen, venga ya!”.
Dicen las malas lenguas -la de los rojos, ya se sabe-
que la señora Polo, la del Invicto, era el terror de las joyerías de Serrano
porque nunca tenía suelto para pagar y elegía previamente a sus chóferes con
los hombros encogidos por si les preguntaban algo al respecto. La Aguirre es
también el terror, pero de lo público, porque allí donde posa su mirada de
gorgona deja petrificado, perdón, privatizado la cuestión, al contado o a
futuros, a tiempo parcial o full time, pero privatizado. Privatiza que algo
queda es su catecismo laico. Privatizando llega al éxtasis, como Santa Teresa,
pero la abulense tenía disculpa, porque entonces no se conocía la palabra
orgasmo y se la llamaba éxtasis. Para descargo de la santa y de la gorgona hay
que decir que la derecha tampoco usaba esa palabra hasta que llegó al
Parlamento Soraya Sáenz de Santamaría y la palabra vio la luz para la derecha,
aunque fuera con retaco, perdón, con recato, a lo ferrero-rouché.
Confieso que tengo sueños eróticos con
la Espe. Sueño que se me acerca deshabillé y me dice: “Cumple o te privatizo”.
Lo digo en francés porque soy supersticioso y en mi lengua materna no me
atrevo. Tengo que ir de nuevo al psicólogo no vaya a ser que se me resiente la
líbido y sospeche algo mi mujer. Además, los sueños eróticos con la Espe se
repiten y sólo me recupero recitando en voz alta lo siguiente:
Mujer de larga pierna y liga,
te ruego que en los días de otoño
te recojas un poco el moño
a la altura que yo te diga.
Y
si no avanzo con mi psicólogo pues me apunto al de una señora mayor que conocí
en la consulta y que también tiene sueños eróticos, pero con Álvarez Cascos,
desde su rentrée en la política. La señora los llama pesadillas. Su caso es más
grave, porque permanece hospitalizada y sedada en cuidados intensivos. La deseo
de corazón una pronta recuperación, aunque dicen los doctores que la vuelta a la
normalidad es imposible.
Por último tengo que confesar que tuve
la tentación de enviar estas divagaciones sobre la Espe al Sr. Alcalde, pero
luego lo he pensado mejor y he desistido: ¿y si el vampiro de la M-30 disfruta
tanto con su lectura y se ahorra un orgasmo? Su señora no tiene la culpa.
Madrid, 25 de abril de 2010.
ÁLVAREZ CASCOS
Vuelve el lobo, pero no por Navidad
-como el turrón-, sino por el olor a sangre electoral. Este tipo es de Gijón,
de la cosecha del 47, pero los gijoneses no tienen la culpa. Se ha casado 3
veces y ha cosechado -estoy como de vendimia- 6 hijos, a los que deseo toda
suerte de venturas y que la genética facial paterna les sea lo más leve
posible. Es ingeniero, pero lo costó lo suyo. Su ideario político se reduce a 3
palabras: es antisocialista, anti-PSOE y antibodeguilla, si el inquilino de la
Moncloa, claro está, es del PSOE. Pero lo que es una gozada es hacerle un
retrato, tanto gráfico como descriptivo. En lo gráfico es un descanso de
caricaturistas porque, con un simple y fiel retrato de su rostro, resulta una
caricatura sin querer y para descanso de la imaginación. Si se intenta hacer
una caricatura queda un esperpento gráfico, género del grafismo que aún no se
ha inventado, pero que aconsejo no se inaugure con este tipo de modelo por las
posibles patologías maníaco-depresivas. Allá voy con lo descriptivo.
Su rostro, en general, está hecho como de piezas de
deshecho de mister Potato -¿se acuerdan del juego?-; las cejas son como de pisada
de vaca en un rostro albino. Tienen aquéllas vocación de una sola: quiero decir
que es cejijunto de vocación, como ese que cantaba lo de la Ramona pechugona;
la nariz, acabada en porra, está especializada en resoplar para las embestidas
antisocialistas, haciendo honor con ello a lo de su apellido como pieza
protectora pezuñera; de sus ojos lo único que se puede decir es que tienen el
mismo radio de curvatura que sus cejas y que ambos, ojos y cejas, resultan
armoniosos, insanamente feos, pero armoniosos; su boca está hecha para la
infamia, el insulto y la mentira, y esa especialización exige boca grande y
fea, lengua inaguantable en la cavidad bucal y labios rechonchados y con restos
de esputos y salivazos; por último, el cuello arranca de la barbilla para
ocultación de la papada. Su rostro es armonioso, porque no es verdad que
siempre la armonía de belleza. Al menos en este caso es una desagradable y
difícil excepción, y este es el mayor mérito de su rostro: la fealdad
armoniosa, una aportación a la estética de los putrefactos. Su voz es grave,
fuerte, estentórea y, en definitiva y en resumen, desagradable, como
corresponde a un buen anti-socialista. Cuando nació le dijeron los doctores a
su madre: “No se preocupe, a pesar de las apariencias, es humano y además es
niño”, y pensaron, sin decirlo, que de ser niña habría dudas sobre su especie.
En su día me quejé a la Sociedad
Protectora de Animales cuando se le comparó con un doberman, porque luego hay
gente que maltrata a los animales por simple asociación de ideas. Parece ser
que le gusta la caza y los toros, como a mucha gente, con lo que no lo podemos
poner eso en su debe por más que nos gustara. Se dice también que cazó un oso y
un urogallo allende nuestras fronteras. A mí eso me parece como su cara, y dejo
a la imaginación del lector el adjetivo. En el caso del Prestige se cubrió de
mierda, perdón, de chapapote, porque era Ministro de Fomento cuando la
catástrofe y mandó el buque averiado y causante de la avería a mar abierto con
la esperanza de... no sabemos qué. Dice haber leído a Jovellanos, pero yo creo
que es una coartada, porque no parece que se le haya pegado nada del ilustre e
ilustrado político, jurista y escritor. Ahora vuelve a la política por si le da
un vahído a Rajoy y se muerde su exceso de lengua, o a la Aguirre le llega la
menopausia política, o al Gallardón le clavan los suyos la estaca en el
corazón, de tal forma que ninguno de los tres se pudiera presentar a las
próximas elecciones generales.
Su rentrée
la ha preparado para no pasar desapercibido. Ha dicho que: “En el caso Gurtel
hay una camarilla policial dedicado a fabricar pruebas”, así, en plan
conspiración 11-M y con estilo P.J. Su método es goebeliano, eso de repetir una
mentira mil veces hasta que se convierta en una verdad. Para la mentira y la
infamia le ayuda su rostro que, como no puedes contemplarlo mucho rato sin
daños para el gusto estético, te obliga a pensar en lo que dice o huir si
puedes. De ahí mi duda de si nació feo o se ha forjado el rostro para la
política y el insulto, que para él son sinónimos. Una vez confundió el déficit
público con la deuda pública y Josep Borrell se lo echó en cara, pero el
gijonés no se inmutó porque carece del sentido del ridículo y, así, los demás
lo sufrimos por él. Es un tema contable: él se abona y nosotros cargamos, es
decir, lo de la partida doble. El sentido del ridículo lo tiene amortizado y
sin hipotecar: ¡qué surte tiene el jodio! Al ver bailar a la segunda de sus
esposas, la educada y nada desagradable Gemma Ruiz, todos los españoles
pensábamos: “Sí, pero a pesar todo, ¿cómo se pudo casar con este tipo? Vale que
parecía agarrotada y tragasables, y que hay insectos-palos más gráciles, pero
ni aún así tiene explicación. A la ex de Cascos la deseo toda suerte de
venturas, también. En resumen y siendo generosos, la palabra que define a este
tipo es desagradable: lo es cuando se le mira, lo es cuando se le escucha, lo
es cuando se piensa en lo que dice, y, en cuanto al olor, lo ignoramos, salvo
sus allegados, pero viéndole yo no le asocio con Channel n. 5, lo siento. De
nuevo asociación de ideas y sensaciones.
Madrid, 8 de mayo de 2010.
MICHELLE
Tengo tu retrato ante mí. Estas seria y contemplando
algo que yo sé lo que es, pero lo cual no tiene importancia. El pelo como de
estambre de un gineceo; la boca de piñón; los labios carnosos y quebradizos;
nariz suficiente y elegante; los ojos achinados a la vez que almendrados;
orejas pequeñas y precisas; el cuello de cisne ornado con un collar de baratija,
pero elegante. No tienes arrugas, cual quinceañera. Rostro sereno, como de
haber soportado el pasado, pero mirando al futuro. Soy un egoísta: no quiero
que nadie te quiera como yo. De otra manera, cuanto más, mejor, no reniego y me
congratula, pero deseo el monopolio de tu deseo. Lo siento. Es mi propuesta de
pacto, escrito en la arena y llevado por el viento. Cuando te diga adiós porque
otra reencarnación me reclame, te diré adiós con una sonrisa, te dibujaré un
beso en el aire y un suspiro en tu piel; tu piel de seda y melocotón será mi
último recuerdo de todo esto.
Madrid,
6 de junio del 2010.
TERESA
¡Qué joven eras! Apenas 17 y yo... No
importa. ¡Qué emoción la primera cita en el Retiro! Luego... pasaron los años,
sin más; simplemente... pasaron. La boca entreabierta, escrutadora; los labios
finos, deseables pero no deseosos; tu nariz fina, corta, delicada; tus ojos
abiertos al escepticismo y al deseo; insinuadas tus orejas, cubiertas por tu
pelo, pelo hermoso, rojizo, peinado por sí solo y perfecto. Pasear a tu lado
era la tentación, el dardo borracho de instinto, sin diana, sin fin, con deseo.
Nos hicimos fotos que aún conservo. Luego nos vimos más veces, pero no fue
igual: nació el cariño y mató el deseo. Quizás exagero o quizá me arrepiento de
no ser más diestro. Nunca me deseaste y, a pesar de todo, aún te quiero. No, no
estoy en lo cierto: ahora eres un hermoso recuerdo, una estampa en el cerebro,
un mojón en el camino; camino que no lleva a nada porque, a veces,... me
arrepiento. ¿Cuando nos vimos por última vez? No lo recuerdo. Nos despedimos;
quizá un beso en la mejilla y un hasta luego. Ahora soy otro: más serio, con
más éxito, con experiencia, con pasado, sin desasosiego. Ahora soy normal,
ahora nada me sorprende, todo es cálculo y previsión,... ¡pero sin la emoción de tu encuentro! ¡Añoro
la emoción que he perdido!... ¿por viejo?
Madrid,
7 de junio de 2010.
INIESTA O EL TALENTO CON UN BALÓN
En los momentos actuales parece que si no se habla, se
opina de economía, estás fuera del tiempo. Se habla de la economía como de la
“ciencia lúgubre”. Eso es un error por los dos lados: por lo de ciencia y por
el adjetivo plañidero. Pero hay tiempo para todo, pese a que The New York Times diga que con el
Mundial España vuelva al pan y circo franquista para ocultar la crisis.
Bastante cuitas, pesares y arrepentimientos tienen -o debieran tener- los
yanquis con haber votado dos veces a Bush junior, embargarse en el genocidio de
Irak, Atacar Afganistán y proteger a los nuevos nazis de Oriente Medio, es
decir, al gobierno y ejército israelíes, y a los israelitas que votan a los
genocidas para que conviertan a Gaza en el mayor campo de concentración de la
historia. Y todo por no hablar de épocas pasadas de intervencionismo -yanquis go home- en todo el planeta.
Seamos ahora lúdicos por un momento porque nos lo merecemos. Hablemos de
fútbol, del Mundial que viene: hablemos de Iniesta.
Iniesta es de Albacete, que es como decir que es
manchego, pero poco. Tiene ya 26 años, que es una edad ideal para el fútbol,
porque te queda ya poco que aprender y mucho que enseñar aún. Iniesta es bajito
y liviano, de tal forma que si el seleccionador fuera el ínclito Clemente no lo
llevaría a la Roja ni para recoger
las toallas en el vestuario. ¡Aún recuerdo a la selección del vasco con Nadal y
Alcorta en el medio campo! He intentado apartar de mí esa imagen y no he
podido. Si yo tuviera que formar un equipo -ilusión de todo futbolero que se
precie- no dudaría: empezaría con Xavi, el catalán, en el medio campo; luego
ficharía a Piqué para el centro de la defensa; para el ataque optaría
preferentemente por uno de estos 4 delanteros: Drogba, Villa, Torres, Rooney.
Ahí tengo la columna de la selección ideal. ¿Y luego? Hay mucho para elegir en
el planeta futbol, pero al primero que llamaría sería a Iniesta, por delante
incluso de Messi. No es temeridad, sino egoísmo. Hay 3 tipos de jugadores: los
normalitos, que reciben el balón y luego piensan en el qué hacer; los
inteligentes, que piensan en qué hacer antes de recibir el balón; por último,
los talentosos. Estos piensan a la vez que actúan antes, durante y después de
recibir el balón. Este es el caso del manchego. Iniesta es la suma de Valerón y
Butragueño juntos. Sólo los elegidos por los dioses del balompié pueden pensar
y jugar a la vez, lo cual les permite cambiar de opinión en un instante,
mientras controlan, driblan, tocan, se revuelven. Actuar a la vez que pensar es
lo más difícil, es como si tuvieras dividida la tarea entre los dos hemisferios
del cerebro y los pudieras intercambiar en milésimas de segundo. Iniesta es uno
de los elegidos. Nadie en el planeta futbol con más talento. Otros le superan
en habilidad, como Messi, Navas o Agüero; en velocidad, como Ronaldo el
portugués -y también el brasileño-; en presencia en el campo, como Gerrard, el
del Liverpool; en dirección del juego, como su compañero Xavi, pero nadie
alcanza su talento, con la posible excepción de su compañero argentino del
Barcelona. Dribla con la cadera por anticipación; su pie derecho es un guante,
de tal forma, que si jugara al baloncesto jugaría con los pies; recepciona el
balón como si tuviera pegamento en sus botas. Pero lo que la hace grande es que
decide siempre lo peor... para el contrario. ¡Qué gol contra Polonia picando el
balón a Xavi entre 3 defensas y algún otro a los costados! Sólo el danés Ladrup
hacía cosas parecidas, así, como el que coge el autobús. Además es o dicen -y
yo lo creo- que es modesto, muy modesto. Yo tengo dudas que eso sea siempre una
virtud, y no lo es seguro si es una estrategia de la soberbia. Pero en el caso
de Iniesta apuesto un brazo que no es estrategia. Si ves a Iniesta por la calle
lo menos que te imaginas es que sea un futbolista; más bien parece un
estudiante de Farmacia o un voluntario de la Cruz Roja. Me gusta. Los atletas
que hagan atletismo. Esperemos que esté listo para el Mundial y nos deleite con
su arte, porque eso es Iniesta, un artista al servicio de un equipo y del
espectáculo, y eso es lo que nos gusta a los futboleros, porque los títulos son
para ellos, para los que los ganan, pero el arte es para todos.
Y eso es todo, por hoy, diez de junio. En otro momento
hablaremos de economía, que no se van a librar de ello ni los especuladores, ni
la UE, ni el BCE, ni el FMI, ni el Banco Mundial, ni la Merkel, y ni siquiera
el gobierno.
Madrid,
10 de junio de 2010.
NI PERDÓN, NI OLVIDO
Cuando oigo y veo a los Aznar, a las
Aguirre, a los Oreja, a las Ritas, a los Arena, me vuelve a la memoria los
tiempos en los que, de niños, cantábamos el
Cara el Sol en un colegio de Ventas, barrio de Madrid, de los curas de los Hermanos la Salle. Y espero que sólo sea
un recuerdo y no una premonición. Asocio también, apenas sin esfuerzo de la
imaginación, los bolsos de Louis Vuitton de la Rita Barberá y los trajes
impolutos y gratuitos de F. Camps con los regalos que nos hacían a fin de curso
ciertas mujeres de una nobleza venida a menos a nosotros, los hijos de los
pobres, aunque no pobres de solemnidad. No reniego de ellos, de los regalos y no
puedo ocultar mi agradecimiento por semejante acto de caridad, porque a los
ricos no les gusta pagar impuestos, pero a veces lo compensan con la caridad
cristiana-vaticana: da lo que te sobra a los pobres, que a pesar de ser lo que
te sobra, para los pobres es mucho. Esa la gran ventaja de ser pobre, que te
den lo que te den siempre parece mucho, necesario e inmerecido. Habían ganado
la guerra in-civil, salió triunfante su golpe de Estado, su genocidio
posgolpista cuando el bando nacional del Invicto
había tomado sus últimas posiciones. Se sentían generosas estas damas de
oración y sacristía, de confesión y arrepentimiento, mientras sus maridos, con
sus altos cargos en el Movimiento y
en el Estado, liquidaban durante años y años a republicanos, socialistas,
comunistas, anarquistas, masones o, simplemente, personas de la cultura, de la
intelectualidad y de la ciencia. ¡Ojalá que los fantasmas de sus crímenes nunca
les dejen descansar!
La doble moral había ganando. Casi
siempre gana la doble moral, porque para eso prepararon e hicieron la guerra,
para imponer su moral a los pobres, con la colaboración de la Iglesia
católica-vaticana, porque en eso la Iglesia, al menos desde los Borgia, es una
experta; lo es en criminalidad y en lo de la doble moral. Los pobres no
podíamos divorciarnos, ni abortar; las relaciones entre personas del mismo sexo
eran delito con el BOE en la mano, que para eso la iglesia católica-vaticana ha
tenido siempre a mano el brazo secular de la ley, la inquisición y las
hogueras, y en el 36 y posteriores, los paredones y las cunetas, los pelotones
y las fosas comunes, y hasta las plazas de toros. Pero ellos, mejor dicho, sus
hijas, sus mujeres y sus queridas, tenían Londres o Suiza para el aborto,
porque con arrepentirse o confesarse con el curilla de turno tenían licencia
para pecar de nuevo: la doble moral, es decir, el cinismo y la hipocresía les
salvaban del fuego eterno.
Mi padre estudió en el Colegio Virgen de la Paloma, en
Madrid, colegio que para los franquistas de la posguerra, colocados ellos en
las instituciones y en el funcionariado por fuer de su adicción al régimen, era
un nido de rojos y masones. Lo era porque sus profesores procedían de la Escuela Normal de Maestros y del Instituto Libre de Enseñanza,
instituciones que creo la II República para poner la enseñanza a la altura de
los tiempos. Mi padre tuvo enormes dificultades para encontrar trabajo porque
el pecado de estudiar en ese colegio era un baldón que los franquistas y
falangistas -que muchos eran jefes de personal en la empresas- no podían
soportar. Nunca le reconocieron el título de bachiller: tuvo que venir la
democracia para ello. Al final mi padre encontró un trabajo por la mañana y
otro que se buscó -hoy se diría autónomo- por la tarde. Trabajó décadas más de
14 horas diarias. Mi madre, cuando se casó con mi padre, tuvo que irse desde el
centro de Madrid a un pueblo cercano de la capital que no tenía agua corriente
y vivir en una casa llena de humedades. Ya se sabe que, al menos durante algún
tiempo, la Obra Social sólo alcanzaba a los adictos al régimen.
Leyendo el libro de Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias,
me viene una reflexión quizá nada original: las batallas se pierden o se ganan,
pero las guerras las perdemos siempre los mismos, estemos del lado que estemos.
La nuestra, además de una cruzada de los católicos, tanto de civil como de
militar, fue una guerra de rapiña. Los vencedores, al menos un buen puñado de
ellos -muchos de ellos meros desertores del arado-, se quedaron con lo que dejaron
o les quitaron a los exiliados, a los fusilados, a los encarcelados. También
tuvieron como ¿recompensa? que irse a trabajar a Alemania: los vencidos sólo
tuvieron esta segunda opción. ¿Y quieren que les perdonemos? Nunca. No está en
nuestras manos perdonar sus crímenes, sus 40.000 años de dictadura, que diría
Forges, durante la cual siguieron asesinando, exiliando y encarcelando. ¡Qué
pidan perdón a su dios! Que nuestros padres o abuelos les hayan perdonado o
consentido, que hayan convivido o coexistido con gentes de semejante ralea es
cosa de nuestros padres o abuelos. Nosotros, sus hijos y sus nietos, pensamos
de otra forma. Pensamos que son ellos los que tienen que pedir perdón por lo
que hicieron. Quizá no lo hagan porque en el fondo saben que nosotros, los
hijos y los nietos de los vencidos, no les vamos a perdonar nunca. Nunca.
Aunque estuviera en nuestras manos. Convivimos con ellos por imperativo legal y
porque somos infinitamente mejores. Sabemos donde están y sin embargo los
consentimos y los coexistimos, pero ni perdonamos ni olvidamos. Sabemos que
muchos estáis ahí, escondidos entre el voto del Partido Popular, entre su
militancia, pero no os preocupéis, que no somos como vosotros. ¡Ay si pudieran
-si pudierais- volver atrás en la historia los Aznar y los Fraga, las Aguirre y
los Oreja, las Ritas y los Arenas, de qué cosas seríais capaces con tal de
quitar el aborto, el divorcio, las bodas homosexuales; con tal de eliminar a
rojos, ateos y nacionalistas! ¡Con tal de volver al rezo y la oración diaria y
obligatoria en los colegios! ¡Con tal de volver al Cara el Sol, al yugo y las
flechas y a las Montañas Nevadas!
Pero saben que ya no lo conseguirán porque tuvieron -tuvisteis- 40 años para
imponerlo durante los próximos 1000 años y no lo lograsteis, por más FAES (y de
las JONS) que montéis; por más golpes de Estado institucionales que deis a la
ONU (Aznar, guerra de Irak) o a la misma Constitución (el mismo por la misma
causa); por más que de los vuestros coloquéis en los tribunales del poder
judicial, en el Supremo o en el Constitucional.
Hay al menos dos Españas, en efecto,
pero no la España de derechas o de izquierdas, o la España de los
nacionalismos, sea periférica o españolista. De esto algo hay, en efecto, pero
hay sobre todo la España de los vencedores y de los vencidos, la España de la
razón de la fuerza y la España de la fuerza de la razón. Vencieron -vencisteis-
los de la primera: ahora toca la victoria incruenta de la segunda, la de la
justicia universal y la de la reparación histórica, la de la III República
Federal y definitiva. No vamos a apaciguar vuestras conciencias -conciencias a
veces heredadas, malas conciencias a veces decididas a serlo- hasta que no
traigamos la III República, a pesar de que sabemos que volverías a matar para impedirlo...
si pudierais. Pero ya no podéis volver a las armas ni tampoco os dejaríamos.
Hemos aprendido la lección. Sabemos que no nos daríais ni la justicia, ni la
paz, ni el perdón, lo mismo que no se lo distéis a la República de D. Manuel
Azaña, a pesar de que sois vosotros quienes tenéis que pedir perdón. ¿Venganza?
No, nunca, porque nos repugna ser como sois y fuisteis, nos repugna utilizar
vuestras armas, no sabemos ser como vosotros. Además, no merecéis ni la
venganza. Ahora, con las nuestras, con la razón, la justicia y la historia,
tenemos para recuperar lo que nos quitasteis. Espero no parecer ingenuo. Si
queréis reparar lo que hicisteis, primero la III República y luego, ya veremos.
Madrid, 1 de agosto del 2010.
LAS DOS ESPAÑAS... Y MEDIA
Hojeaba estos días el que creo que fue la primera
novela ya seria -si tal se puede considerar- que leí casi de niño: era nada
menos que “Paz en la Guerra”, del otro gran Miguel de España, el vasco, el gran
sufriente, porque creía en Dios -lo pongo con mayúscula por respeto al lector
creyente- con el corazón, pero no podía aceptarlo con la cabeza. Gracias a eso
nos dio el gran Unamuno tan magníficas novelas, tan apasionados versos, tan
profundas y laceradas reflexiones. El libro es una colección de vivencias de su
infancia en su Bilbao natal, envuelto en la III Guerra Carlista (1872-1876).
Justifica su obra diciendo que era “en lo
que se pensaba, se sentía, se soñaba, se sufría y se vivía en 1874, cuando
brizaban mis ensueños infantiles los estallidos de las bombas carlistas, podrán
aprender no poco los mozos, y aun los maduros de hoy”. Escribe Don Miguel
en 1923. Lo de “Paz en la Guerra” es una boutade
trastocando el título de la obra de Tolstoi, “Guerra y Paz”. Él era así. Recuerdo
otra boutade suya que decía: “yo no soy hombre de partido: aún estoy
entero”. Las guerras carlistas han sido las guerras civiles del siglo XIX
de nuestra Historia, y todo por un quítate tú, Isabel, que me pongo yo, D.
Carlos María Isidro. ¡Lo que costó a nuestros tatarabuelos en vidas, desastres
y atrasos, colocar, en este caso, a una reina! Da igual que fuera rey o reina,
el coste era el mismo. No somos diferentes de los europeos, que a otros les ha
costado también lo suyo, tanto para ponerlos como para quitarlos. Cuenta
Unamuno que unos carlistas se lanzaban al ataque gritando: “¡Viva Dios! ¡Guerra al Infierno y sus satélites!”. Lo de los
satélites queda muy de Sistema Solar. Había dos bandos, es cierto, pero el
bando mayoritario de la burguesía -que es la que entonces pintaba o, al menos,
contaba la historia- cantaba una canción que decía:
A mí que me importa
de paz ni de guerra.
Pirata de tierra
yo tengo que ser
-------------------
Cuento las monedas de oro
Y ¡viva la religión!
Claro
que, no siempre, los bandos se lo toman tan a pecho como los carlistas del
Infierno y sus satélites. También cantaban:
Cuando se van a sus puestos
los soldados de la octava,
además del armamento
llevan siempre la guitarra.
Todo
esto los recojo del libro de Don Miguel. Releyendo y hojeando su libro me venía
a la mente los sucesos de Montejurra, esta vez como víctimas los nuevos
carlistas del siglo XX, o una facción de ellos. Corre -o anda- el año de 1976.
Murieron dos personas y entonces era ministro de la Gobernación, claro está, el
inefable Manuel Fraga, uno de los 3 presidentes del P.P. actual. Sé que
mezclar, aunque sea tan indirectamente, a Unamuno con Fraga es casi repugnante,
por lo que pido perdón. ¡La primera guerra carlista comienza en 1833 y los
últimos coletazos del carlismo tienen lugar en 1976! Y que yo sepa aún existen
varios partidos o facciones, ahora creo que legales. Las guerras carlistas
forman parte de nuestra Historia y hasta hace poco... de las conciencias de
algunos. Y estas guerras fueron localizadas, esporádicas, aunque siempre
asomaban por los oteros de la Historia sus rebrotes y sus coletazos ¿Y quieren
algunos que olvidemos la Guerra In-civil de nuestro siglo XX y, sobre todo, los
40 años de franquismo? Tarde o temprano lamentará la derecha, el P. P., los 40
años de dictadura, aunque sea una dictadura ganada e implantada por sus
ancestros ideológicos. Yendo de nuevo al XIX, había dos Españas, la
tradicionalista, encarnada su violencia en los carlistas, y la España cristina,
la de Isabel II, la de la democracia, la liberal, claro está, a la manera de la
época, porque esa democracia hoy no pasaría el corte del mínimo de democracia
exigible. Eran otros tiempos. Por supuesto, estaba la España de la incipiente
burguesía que contaba Josep Fontana en un librito que también leí hace tiempo
que llevaba el título de “Cambio
económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX”. A lo mejor ya
se ha quedado obsoleto, pero uno se resiste a revisar nuestras lecturas y a
nuestros maestros de antaño. Todo pasa y
todo queda. Así ha pasado con el carlismo y con la Guerra In-civil y con
los 40 años de franquismo. Y no pasa la Historia porque aún los herederos del
franquismo siguen obstaculizando lo que pueden para que los vencidos puedan
desenterrar a sus muertos; muertos o asesinados en las cunetas y en las plazas,
la gran mayoría porque defendían o simplemente representaban la legalidad de
entonces.
A veces quiero pensar que ya no hay dos Españas, pero
cuando oigo hablar mal de España en el extranjero al Aznar, halagar la
dictadura franquista al Oreja, tratar por igual a los dos bandos a la Aguirre,
decir las trivialidades que dice ese señorito andaluz que es el Arenas,
atropellar el habla mirando al cielo a Fraga, ufanarse de impunidad e inmunidad
a la justicia al Camps, al Fabra, saltar cual heredera del régimen del P.P. a
la Rita, leer a los articulistos del
ABC, el bastión mediático de la dictadura, me digo: he aquí el rescoldo,
gigantesco rescoldo, del franquismo. Ahí están, y con ellos, parte de su militancia
y parte de sus votantes. Y digo parte porque quiero ser optimista y me puede
más el oteo al futuro que la ceñuda mirada al pasado. Sí, esta es la herencia
del franquismo y de lo que el franquismo recogió del pasado. Ahí está la España
tradicionalista, siempre negada al progreso y al optimismo, devota de Frascuelo y de María, las de las
procesiones excluyentes y exclusivas, la de los toros como pan y circo para
solaz del poder institucional, la de Santiago (Matamoros) y cierra España, la
de los curas y monjas en la enseñanza pública y concertada, la España de Rouco
y Camino; también la del fallecido monseñor autor de “El Camino”, la España del arzobispo Plá y Daniel de entonces; la de
antes roja que rota, la de la
prohibición del aborto para los pobres porque los pudientes tienen a la Pérfida
y Suiza para tal menester. Todas estas Españas, lo que representan, la de sus
herederos biológicos -aunque no en todos los casos- y, sobre todo, ideológicos,
añoran en lo más profundo la dictadura franquista o similar, y ven en el P. P.
el reflejo que viene del pasado. Porque el futuro no existe, pero el pasado sí,
porque las personas no somos peces sin memoria, sino todo lo contrario: somos
personas -o somos la misma persona- en la medida que tenemos memoria, para bien
y, a veces, para mal, esa misma memoria que nos quiere quitar la derecha
franquista de ahora.
Sólo quieren el poder porque llevan un tiempo sin
tenerlo. Lo tuvieron 8 años con Aznar, 40 años con Franco y desde siempre antes
que el dictador, salvo breves períodos de tiempo, aunque también discutible si
es que lo llegaron a perder o sólo lo cedieron para volver con más brios a por
él, para poder emplear la razón de la fuerza si la fuerza de la razón -la suya-
no les llega. Para la derecha, versión actual P. P., la democracia es sólo un
sistema electoral, un trámite, una barrera que hay que saltar y, a veces,...
asaltar, para llegar a su finca llamada “España”, y para mantenerlo como sea
posible, unas veces por el borde de dentro de la democracia y, otras, por el
borde de fuera si no queda más remedio. Sí, porque para la derecha, versión hoy
del P. P., para llegar o mantenerse en el poder siempre hay remedio, con
elecciones o golpes de Estado, con caciquismo de antaño o con bolsos de Louis
Vuitton o pantalones de hogaño. O con recalificaciones según convenga.
La transición se hizo como se pudo,
probablemente, y no tengo nada que decir a los que iban -íbamos, con perdón-
desde la lucha contra la dictadura, pero nada de modélica, por favor, porque
siguieron los mismos políticos de la dictadura en la política, muchos de los
mismos jueces y catedráticos que juraron los Principios Generales del
Movimiento siguieron juzgando y enseñando, en definitiva, mandando. Ahora y en
la Transición, esas mismas personas, con esos mismos cargos, salvo por los
cambios institucionales, siguieron en la democracia. Y con esa lacra hemos
tirado y seguimos tirando. Sólo la edad ha podido con ellos. Atado y bien atado. Hace poco murió un
juez del Tribunal Supremo -García Calvo creo que se llamaba- que había sido
Jefe Provincial del Movimiento en Málaga, ¡en la Málaga de la Guerra In-civil!
¿Cómo acabar con las dos Españas, con la España de los vencedores y de los
vencidos? Con mucha memoria histórica, con el reconocimiento de que no había
exactamente dos bandos, sino el bando de los curas, militares y aprovechados,
contra el bando de la legitimidad republicana, de la democracia de la época. Y
lo que hubo de dos bandos fue la España que representaba el futuro, la
justicia, la razón, la cultura, la de los derechos civiles y la de algo más de
igualdad, frente a la España de la confesión y las sotanas, la de la luz de
Trento, la católica a machamartillo y para todos guste o no guste con el brazo
secular de la ley, la de los militares pos-Gloriosa, la del analfabetismo
agrario, la España antisocialista, anticomunista, antinacionalista, la
neoliberal como excusa (E. Aguirre), la del pelotazo pre-crisis, la burladora
de la razón, la justicia y la ética (Camps, Fabra), la de los 40 años exiliando,
apropiando, encarcelando, asesinando. Toda esa España aún sobrevivirá durante
mucho tiempo, como ha sobrevivido la España del primer, segundo y tercer
carlismo, hasta, al menos, Montejurra. La Guerra In-civil y los 40 años de
dictadura marcarán nuestro siglo y hasta alguno más, lo mismo que forma parte
de nuestra historia y de nuestra conciencia histórica la España celtibérica,
visigoda, romana, mora, la España de El Cid de la épica, la de Lepanto
vencedora, la de la Armada Invencible vencida, la del Descubrimiento
(encontronazo), la del Imperio que no se ponía el Sol, la de Trafalgar, la del
Peñón, la de los últimos de Filipinas y de las últimas en Cuba. Aznar quiso
pasar a la Historia con lo de Perejil, pero creo que las cuatro cabras y los
dos soldados marroquíes que había allí no daban para tanto. Sí, hay ahora más
Españas, la del progreso, la de los derechos civiles, las nacionalistas de
derechas y alguna que intenta ser nacionalista y de izquierdas; la España
integrada en la Unión Económica, para bien y para mal. Hay ya muchas Españas,
hay 17 Españas vergonzosamente autonómicas porque debiera haber una España
orgullosamente federal. Pero detrás de tantas Españas, habrá, para bien y para
mal, dos Españas, la de los vencedores y la de los vencidos, y eso será para
siempre. El que quiera engañarse, que lo haga, pero por favor, que no busque
beneplácitos y consensos ajenos.
Madrid, 1 de septiembre de
2010.
MIGUEL HERNÁNDEZ: LA EMOCIÓN ARREBATADA
Nadie es digno de hablar de Miguel
Hernández. Yo no me siento digno, pero en el centenario de su nacimiento
(30.10.1910) algo llama al lector de su poesía a hablar, a no dejar pasar la
ocasión de hablar del más emocionante de los poetas españoles. De alguna manera
todos somos algo culpables del final de Miguel Hernández, por activa o por
pasiva, tanto si somos herederos de los vencidos como -y con más razón- de los
vencedores por consentir que los herederos de los vencedores no sientan
vergüenza del final del poeta, porque Miguel es el poeta de los vencidos.
Federico es patrimonio de la humanidad; Machado lo es de la literatura, pero
Miguel es patrimonio de los vencidos por su obra, por su vida y por su
herencia. Y a pesar de ello es uno de los grandes poetas en castellano. Yo no digo
que sea el más grande, porque lo acabaron pronto, muy pronto, con 31 años; no
digo que sea el más perfecto, porque superar a Quevedo en eso es imposible; no
digo que fuera la facilidad extrema, porque ya para eso nació Lope; no digo que
fuera el rey de la metáfora, porque en español ese título lo merecen Federico y
Góngora, y el genial bardo en inglés; no digo que tuviera el dominio absoluto
del lenguaje, porque ya lo fue su maestro Góngora. Y sin embargo, en emociones,
en pasiones, en utilizar la poesía como un
arma cargada de futuro, nadie como el gran Miguel, el arcángel laico de la
emoción y de las pasiones. Su verso viene de la tierra y de la grama, es un eco
que retumba en nuestras sienes, un eco que nos recuerda que sólo somos tierra,
polvo, sombras, nada. Sabemos con su poesía que hasta el sufrimiento tiene su
altar en la lírica. Alguien dijo que Miguel, Federico y Machado eran los poetas
del sacrifico. No, fueran poetas sacrificados, porque todos ellos -y
especialmente Miguel y Federico- nacieron para la luz y el amor, para el duende
y la grama. Los tres tocaron el drama con desigual fortuna. Hace tiempo que vi El Labrador de más aire en el Muñoz Seca
y aquello fue emocionante. No lo fue por el drama rural, que era simple; lo fue
por el verbo, sólo por el verbo. El verbo hecho verso ¡Qué miedo le tenían los
que acabaron con la libertad en España! Y aún lo tienen los herederos de la
dictadura, aquellos que ahora esperan llegar a la Moncloa con un puro en la
mano y una flor en el culo. Murió Miguel en una cárcel de los golpistas en
Alicante el 28 de marzo de 1942. Hacía ya más de dos años enteros que había
acabado la guerra y moría Miguel de tuberculosis. Fue la muerte de la venganza,
como de tantos otros que aún están en la cunetas enterrados, esperando que los
herederos de la venganza nos dejen desenterrarlos. Quizá todo esto sean sólo
palabras. Veamos que decía Miguel de Federico en su elegía:
“Federico García
hasta
ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer
tuvo un espacio bajo el día
que
hoy el hoyo le da bajo la grama”.
Son
versos muy quevedianos, especialmente
el segundo, pero Miguel siempre les da un sello propio, como si nadie hubiera
dicho antes nada parecido. Por eso es Miguel tan grande. Miguel es Góngora,
Lope, Quevedo surgiendo de las entrañas de la tierra, de la raíces, del
pastoreo. Y también de muchas lecturas, porque hasta este Mozart de la poesía
necesitaba formarse, empaparse de antepasados y emociones, ser perito en lunas antes que poeta. Parece
anterior a todos ellos porque antes que poeta fue un juglar de cabreros y
pastores. Otro verso más:
“Vestido de esqueleto,
durmiéndote
de plomo
de
indiferencia armado y de respeto
te
veo entre tus cejas si me asomo”.
Así,
asomo de su lado y asombro del nuestro. Miguel asomó desde todos los lados,
absorbió a todos y a todos los regurgitó para nuestro asombro. Fue el suyo un
parto de la luz y de la sombra.
Siempre estarás ahí porque tú mismo dejaste escrito:
“Aunque bajo la tierra
mi
amante cuerpo esté,
escríbeme
a la tierra
que
yo te escribiré”.
Así
lo dijo el poeta. Leer su poesía es el mejor homenaje. Y ahora, el silencio.
Madrid, 26 de
octubre de 2010.
BENEDICTO XVI O LA VUELTA A LA CRUZADA FRANQUISTA
Me hubiera sido indiferente la venida
del jefe del Estado Vaticano, el Sr. Ratzinger -el Sumo Pontífice, Vicario de
Cristo, Obispo de Roma, etc.-, si
no fuera por dos cosas: la primera, porque me ha costado dinero, al igual que a
todos los españoles, sean de la confesión que sean o -como es mi caso- no lo
sea de ninguna; la otra cosa es la ignorancia de este jefe de Estado. Comparar
la situación del estado de privilegio de facto
que tiene la institución privada de la Iglesia Católica en la España actual con
lo que sucedía en la España del 36 supone una ignorancia supina. De momento no
quiero creer que se trata de mala fe, de mentiras y de una provocación, porque
no vaya a ser que tenga un accidente y no le pille al jefe de los católicos
confesados y se vaya con Pedro Botero
a la eterna quema, cual chuletón de Ávila. De facto, aquí los curas -que así los llamamos para abreviar tanto a
los miembros de estructura institucional de la Iglesia católica como a los
miembros de las órdenes religiosas- gozan aún de una financiación anticipada y
de privilegio del Estado. Y no confundo lo que reciben del Estado para obras
sociales y para mantenimiento del Patrimonio religioso -que es de todos, no
sólo de los católicos, puesto que lo pagamos con los impuestos de todos- con lo
que perciben en salarios y otros gastos los religiosos. Sobre lo primero la
única objeción puede ser la administración de esos recursos; sobre la segunda
financiación debiera estar claro: que la paguen los católicos que quieran
pertenecer a ese club, lo mismo que los abonados al Real Madrid se pagan sus
abonos. La segunda ignorancia acompañada
-esta vez sí- de mala fe es confundir algunas de las cosas que ocurrieron durante la II República -como alguna
quema de conventos- con inculpar a la II República como causante de estos hechos. Eso no es nuevo porque lo han venido
haciendo los vencedores de la in-civil
guerra durante el franquismo hasta nuestros días. Eso es como inculpar a Aznar
de los crímenes de ETA que ocurrieron durante
su lamentable mandato, aunque lamentable por otras cosas. Hay que recordar
que uno de los presidentes de la II República fue D. Niceto Alcalá Zamora (1877-1949), que
era católico de rezo y comunión diaria. Es una confusión nada inocente,
repugnante, provocadora. Lo único que puede reprochar el Jefe del Estado
Vaticano al Gobierno de la II República fue la expulsión de los jesuitas. Quizá
tenga razón en este punto -que él no ha mencionado- el Sr. Ratzinger: así,
visto ahora, la II República se equivocó. Ahora y siempre, no hay que expulsar
a nadie; menos quemar en la hoguera -como hacían los ancestros papales del Sr.
Ratzinger- a los que se apartaban de la ortodoxia vaticana. Con dejar los
púlpitos a los curas y que allí se explayen con sus proclamas golpistas -no en
todos los casos, claro- es y era suficiente; con quitarles la enseñanza
concertada ahora sería suficiente, porque esta enseñanza la pagamos todos,
creyentes y no creyentes, católicos, adventistas del séptimo día y hasta
neoliberales creyentes en Adam Smith. Que la mayoría de los curas sean
reaccionarios, añorantes del franquismo, votantes del P. P., no importa, pero
desde las iglesias y lejos de los niños, por favor.
Pero no, el Sr. Ratzinger ha venido a
otra cosa. Ocurre que el fundamentalismo del Jefe de los católicos, de su
curia, de la cúpula -perdón al Sr.
Ratzinger porque esta palabra tenga una onomatopeya tan parecida a cópula- de la institución de la Iglesia
Católica, está llevando a vaciar los seminarios, las iglesias, los
confesionarios; a alejar incluso a los que se sienten católicos de sus jefes de
club. ¿Cómo decir en este año del 2010 que hay que volver a la castidad, a la
relaciones sólo dentro del matrimonio, y estas sólo con el fin de tener hijos y
no por gusto?, ¿que hay que tener los hijos que “dios nos de” aunque no se quieran ni se deseen?, ¿que los
homosexuales no se pueden casar entre ellos? Como si dentro de los católicos
-incluso dentro de los votantes y militantes del P. P.- no hubiera gente que
prefieren el sexo de su misma orilla, tener hijos cuando se deseen y practicar
el sexo con la libertad del libre consentimiento mutuo. El Sr. Ratzinger viene
a España a resucitar la cruzada franquista
al socaire quizá del alza de las encuestas del P. P., porque este Sr. sigue
considerando a España la Reserva
Espiritual de Occidente, el brazo
secular de la ley por antonomasia, la
luz de Trento, martillo de herejes, la patria de la
última cruzada contra rojos, masones
y ateos, que son los culpables de que haya menos practicantes de la religión de
la hostia consagrada. Ahora el Sr.
Ratzinger añora la época en que la Iglesia Católica española metía al dictador
bajo palio; añora, la época en la que
los cardenales Gomá y Pla i Daniel y demás obispos y
arzobispos -primados y no primados- saludaban con el brazo levantado al modo
falangista; añora cuando Franco agradecía el apoyo de los curas al Alzamiento Nacional metiendo a la curia
celtibérica en las Cortes, en el Consejo de Estado, en las instituciones del
Estado; añoran el concordato que declaraba la religión católica religión de
Estado y ponía en nómina a los curas.
¡Ay si pudieran el Sr. Ratzinger y el
Sr. Rouco traer de nuevo las hogueras y los autos de fe para salvar nuestras
almas descarriadas por el diablo de la modernidad, sin preguntarnos siquiera
dónde queremos pasar la eternidad! Pero de momento no pueden y no podrán si no
les dejamos. Y ahora tenemos una ventaja los no creyentes y los católicos
críticos con estos señores: que ya sabemos por la Historia de lo que son
capaces los de la cúpula católica con tal de salvarnos.
Madrid, 9 de noviembre de
2010.
EL CENTENARIO DE LOS PRINCIPIA DE BETRAND RUSSELL
Y EL ARTÍCULO DE J. M.
SÁNCHEZ RON EN EL PAÍS
Me ha llamado la atención el artículo
de José María Sánchez Ron en el diario EL PAÍS titulado “El valor del fracaso digno”.
El autor es uno de los más conocidos historiadores y divulgadores de la ciencia
en España y le he leído siempre con
fruición todo lo que ha publicado y que yo me haya enterado. Sin embargo, esta
vez me ha decepcionado en su artículo. No haré un resumen del mismo porque es
del día 11 y puede ser leído en Internet. En la primera parte habla de la
incoherencia de los políticos cuando se les pregunta una cosa y contestan a una
supuesta pregunta que no ha sido formulada. Pone Sánchez Ron el ejemplo de la
presidenta de la Comunidad de Madrid con las últimas declaraciones a micrófono
abierto, pero que élla creía cerrado. Podía haber puesto con más razón las
declaraciones de la secretaria general del propio P. P., la Sra. de Cospedal,
sacando la conclusión de que el expresidente Sr. González era la X de los GAL
-cosa que se inventó el incalificable director de EL MUNDO y de cuyo nombre no
quiero acordarme- cuando de la lectura de las declaraciones no se obtiene nada
referido a ese tema y menos en esa dirección. La esperanza de esta señora y la
del P. P. es la de que sus posibles votantes no hayan leído esas declaraciones
puesto que aparecen en un periódico supuestamente enemigo del partido, y ello
les lleve a estos lectores a creer -en lugar de informarse y pensar- a que la
Sra. de Cospedal no les miente sobre esas declaraciones. Siento y me repugna
mezclar y mezclarme al profesor Sánchez Ron con la Sra. de Cospedal. El Sr.
Sánchez Ron equipara la catadura moral que denota la presidenta de la Comunidad
de Madrid con el error de los pronósticos o las exageraciones de Leire Pajín,
la actual ministra de Sanidad, por lo del
acontecimiento planetario. Ambas cosas no están en el mismo plano de la
ética, incluso aun cuando los pronósticos se hagan a sabiendas que van a ser
difíciles de que se cumplan. Otra cosa -por ejemplo- son los pronósticos de las agencias de calificación o la de los
representantes de los fondos
especulativos que se han venido haciendo en este año, porque estos son sólo
pronósticos en la apariencia; son en realidad métodos de abaratar la futura
deuda pública con el fin de que sus operaciones bajistas previas a plazo
-vendiendo lo que no se tiene- sirvan para comprar más tarde la emisión de
títulos ya devaluados y ganar con ello pingües beneficios. Me salto de momento
la mención de Sánchez Ron sobre los Principia
de B. Russell para ir a este tema al final. Dice el articulista que “la modernidad de los ilustrados del siglo
XVII rechazaban que los medios justifican los fines, manteniendo firmemente que
los medios tienen primacía sobre los fines”. Lo del siglo XVII quizá sea un
error y se refiera al siglo siguiente. En cualquier caso, la perplejidad del
articulista no debiera ser tal porque, al menos desde Maquiavelo, el italiano
que teoriza y convierta la política en ciencia, no queda claro que el balance
de los fines sobre los medios haya ganado históricamente al de los medios sobre
los fines. Dicho de otra forma: la razón de la fuerza ha ganado casi siempre la
batalla a la fuerza de la razón, aunque a la larga, la guerra, a veces, la haya
perdido. Ejemplo de ello fueron la II Guerra Mundial con las anexiones
conquistas y de Hitler y su ascenso golpista desde la cancillería a la presidencia de la República de Weimar;
también el golpe de estado de Franco, sus secuaces y sus huestes, para acabar
con nuestra II República. La razón la puso el presidente de la República y su
gobierno en su último mandato de ésta; la fuerza, es decir, las pistolas, los
fusiles y las bombas, la pusieron los generales Sanjurjo en 1933 y Franco,
Mola, Queipo de Llano, Kindelán,
etc., en el 36, junto con la ignorancia y el egoísmo de una parte de la
sociedad, tanto de los ricos como de los pobres ¿Pero todo eso qué tiene que
ver con la ciencia y sus métodos? La generalización de Sánchez Ron a toda la
política y a todos los políticos es injusta. Sin ir más lejos, el error del
pronóstico de Leire Pajín no puede compararse en el plano meramente ético -no
político- con las declaraciones de la Sra. de Cospedal que he mencionado -y que
Sánchez Ron no menciona quizá porque el artículo hubiera sido escrito con
antelación-, donde se juntan la mentira y la infamia a partes iguales, con la
esperanza de la ignorancia de sus posibles votantes. Esto pasa por mezclar
cosas tan distintas como ciencia y política, método y creencia, la lógica de la
investigación y la sociología. O al menos querer equiparar ambas en un mismo
plano. Puede estar tranquilo el Sr. Sánchez Ron que no está equivocado y deber
seguir enseñando a sus alumnos en la lógica de la investigación científica,
enseñando a Khun, a Popper, a Lakatos, etc., que sus alumnos sabrán distinguir tarde o temprano
las churras de las merinas, la carrera del tocino, el culo de las témporas. Y
enseñando ciencia a sabiendas que ésta no admite la creencia, sólo la
contrastación empírica de las hipótesis y las conclusiones. Y si esa separación
entre política y ciencia es pertinente, lo es mucho más entre esta última y la
religión. Ahí cualquier conexión en cualquier plano lleva a la liquidación de
la ciencia, de sus métodos y de sus fines. Estos sólo pueden -en mi opinión-
interrelacionar con la historia de la ética bajo la perspectiva de la moral
kantiana: obra de tal manera que tu comportamiento sea ejemplo o guía de una
ética universal.
Voy ahora a Bertrand Russell
(1872-1970), porque en realidad el profesor Sánchez Ron apenas desarrolla el
tema de los Principia, aunque lo hace
de forma acertada, señalando el intento -que luego el teorema de Godel demostró
baldío- de rehacer toda la Matemática bajo los principios de la lógica. Invito
a Sánchez Ron a que desarrolle el tema en el medio publicado o en este más
modesto de Nueva Tribuna. Sé que lo ha hecho de forma brillante en sus libros y
a lo largo de su carrera. En España y en castellano aparecieron “Los principios de la matemática” en
1967 en la editorial Espasa-Calpe, aunque los derechos los tenía desde 1948,
pero no sé de que nunca aparecieran traducidos sus tres tomos de “Principia Mathematica”. No sé tampoco si
puede achacar a la censura franquista este largo período desde la propiedad de
los derechos hasta su publicación o son otras las causas. Es claro que la
figura de Bertrand Russell no era precisamente querida por los censores, pero
no por su obra científica, lógica y matemática, que apuesto las dos piernas y
un brazo que aquellos no tenían ni la más remota idea de ella, sino porque ese
inglés de impronta volteriana era una figura mundialmente conocida por su
pacifismo y su lucha contra toda forma de dictadura y de opresión. En un libro
cita Jesús Mosterín unas palabras del filósofo inglés: “tres pasiones simples, pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi
vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y la insoportable piedad
por los sufrimientos de la humanidad”. Y merece la pena seguir con sus
palabras, tanto por su hondura como por la belleza con que están expuestas: “Estas pasiones, como grandes vientos, me han
llevado caprichosamente de acá para allá sobre un océano de angustia, llegando
al límite de la desesperación”. La pasión por las matemáticas de B. Russell
arranca -según propia confesión- a la temprana edad de los once años, pero
también de la decepción que le supuso saber que Euclides “partía de axiomas”. Fue su hermano el que le convenció de que “si no los aceptaba no podríamos seguir
adelante”. Los aceptó, pero a regañadientes, porque a cambio sus próximos
veinte años fueron una carrera con un fin: demostrar que esos axiomas podían
ser sustentados, cobijados, reducidos a principios lógicos. Eso es lo que se ha
dado en llamar logicismo, y es una de
las tres escuelas o tendencias de las matemáticas que aún perviven. Las otras
dos son el intuicionismo (Brouwer) y
el formalismo (Hilbert).
Tengo en mis manos “Los principios…”. Los leí por primera
vez en la adolescencia y desde entonces les hecho un ojo cada cierto tiempo,
sin saber si me gusta más el rigor de sus razonamientos, su atrevimiento en
discutir verdades admitidas o esa impronta con que están escrito. Su
atrevimiento es proverbial. Para cuando escribe B. Russell ya se ha producido
uno de las mayores revoluciones en el campo de las matemáticas. Esa revolución
lleva un nombre: Georg Cantor
(1845-1918). Este ruso nacido en San Petersburgo ha creado toda una matemática
a partir de una concepción del infinito alternativo al de origen aristotélico.
Hasta entonces -incluso para Gauss-
el infinito es potencial, es decir, un conjunto es infinito -diríamos hoy- si
dado un elemento cualquiera de un conjunto ordenado podemos encontrar o
calcular el elemento siguiente. Nadie puso este criterio en duda hasta Cantor,
aunque ya Galileo (1564-1642)
advirtió una contradicción en el conjunto de los números naturales. Vio el de
Pisa que podía hacerse corresponder uno a uno el conjunto de los números
naturales con el conjunto de los pares, haciendo que 1 se aplicara a 2, 2 a 4, 3 a 6, y en
general -y esto es lo decisivo-, n
a 2n.
Y sin embargo un conjunto (el de los impares) es un subconjunto, un trozo de el
de los naturales. Pero la cosa se quedó ahí hasta Bolzano (1781-1848). Cantor admitió que otro criterio de infinito
sería el del infinito actual, es decir, que
podía operarse con reglas del análisis -aunque propias- con un conjunto
infinito en el que tuviéramos todos sus elementos a la vez, en la mano. La
paradoja de Galileo la resolvió otro matemático -Dedekind (1831-1916)- convirtiendo la paradoja en el criterio
básico de una nueva matemática y que Cantor hace suyo: un conjunto es infinito si se puede establecer una correspondencia del
conjunto con una parte del mismo. Eso no puede ocurrir con uno finito. A
partir de esa definición Cantor transforma las matemáticas. Una de las
propiedades de los conjuntos infinitos es la de que unos son más infinitos que
otros. El petersburgués demostró que
el conjunto de los números irracionales es de un grado de infinitud mayor que
el de los números racionales, que son los que pueden se puestos como cociente
de dos números enteros. Una locura inesperada, pero inapelable si aceptamos
algunas premisas previas. A partir de ahí hay una jerarquía de conjuntos
infinitos que se pueden obtener sin que se puedan poner en correspondencia unos
con otros: son los conjuntos transfinitos. Los últimos años de la vida de
Cantor fue, como dice Jesús Mosterín en el libro mencionado, “un continuo entrar y salir de la clínica
siquiátrica”. Pues bien, B. Russell, poniéndose la matemática por montera,
niega la realidad de los números irracionales.
Estos números, esta fundamentación de la aritmética, nunca se explica
convenientemente en las facultades salvo, supongo, en las de matemáticas. En
realidad no se estudian los fundamentos de las matemáticas, sino que en seguida
nos ponemos a derivar, integrar, calcular ecuaciones, ecuaciones diferenciales,
a trabajar con el álgebra matricial, con las probabilidades, etc. Es una de las
reformas que ha de hacerse en los estudios donde se aplican las matemáticas,
que son casi todos, hasta los de psicología y biología. Sólo los filólogos se
quedan a salvo, porque los de Derecho las necesitan aunque ellos no lo sepan al
principio o no se lo crean. Los número reales son la suma de los racionales y
los irracionales. Los racionales son o pueden ser siempre resultado del
cociente de dos números enteros. Por ejemplo, el número 3/7. Estos números se
caracterizan porque si hallamos ese cociente indicado, constan o pueden constar
de una parte entera y un número infinito de decimales a partir de la coma, pero
con la particularidad de que a partir de un cierto número - a lo más 10- se
repiten. Por ejemplo, el número racional anterior 3/7 es igual a
0,42857142857……, que se repite su secuencia a partir del quinto decimal. En
cambio el número siguiente que vamos a llamar “pepe”:
pepe = 0,101001000100001…..
no
se repite nunca porque se ha construido aumentando sucesivamente el número de
ceros cada dos unos; es infinito su
número de dígitos y no puede ponerse como cociente (razón) de dos números
enteros. Es un ejemplo de número irracional.
Pues bien, Bertrand Russell niega la existencia de estos números.
Intentaré explicarlo en lugar de dar alguna cita. La clave del lógico inglés al
negar la existencia del número irracional (de los irracionales) está en los
puntos suspensivos del ejemplo. Bajo algún criterio (el del infinito potencial) es verdad que el
número queda perfectamente definido, porque sabemos como aumentar el número de
dígitos. Es un número construible;
pero desde otro punto de vista, este número es inoperante si no fijamos en el
número de dígitos, que es infinito. No podríamos, por ejemplo, operar con él en
un ordenador porque no puede convertirse en una ristra de unos y ceros finita. Tampoco podemos multiplicarlo
por otro número y calcular realmente su valor porque no tenemos una última
cifra decimal. Además -y este es el principal argumento de B. Russell- podemos
aproximarlo por dos números racionales tanto como queramos. Por ejemplo, el
número irracional del ejemplo está comprendido entre estos dos números:
0,101001000100001 < pepe <
0,101001000100002
Y
si lo queremos aproximar más, podemos hacerlo con estos dos:
0,101001000100001000001 < pepe < 0,101001000100001000002
Y
así indefinidamente. Pero los números a derecha e izquierda de “pepe” son racionales porque son finitos. Niega B. Russell también -si no
me equivoco en la interpretación- la necesidad de los irracionales para
establecer la continuidad de las funciones en el cálculo infinitesimal: con los
racionales basta y sobra. La razón es la de que entre dos racionales siempre se
puede construir otro racional: por ejemplo, su media aritmética, aunque no es
la única forma de intercalación. Es verdad que entonces -aparentemente- no
puede ponerse en correspondencia los números
con las distancias, la aritmética
con la geometría. Por ejemplo, la raíz de 2 es un número irracional porque se puede demostrar -y
es una demostración simple, pero trascendente- de que no puede ponerse como
cociente de dos enteros; pero raíz de 2
es también la hipotenusa de un triángulo rectángulo de catetos iguales y de
valor 1 cada uno de ellos, por lo que la proyección de esta distancia (raíz de 2) en una recta (recta real) da
una distancia que no coincide exactamente con ningún número racional. Parecería
que B. Russell ha sido refutado, pero no es tan fácil, porque esa proyección es
meramente geométrica (con un compás) y eso no indica que exista una distancia real
(geometría) coincidente con el valor aritmético de raíz de 2. Y si lo es, lo es por hipótesis y no por conclusión a
partir de alguna hipótesis. Russell aceptaría esta argumentación, aunque
añadiría que esa distancia en cambio puede ser aproximada por dos números
racionales -como en el ejemplo del número “pepe”- tanto como se quiera. Todo
esto lleva a la hipótesis del continuo,
problema expuesto por Hilbert (1862-1943) en 1900, en la famosa ristra de 23
problemas irresueltos en su momento.
A partir del capítulo 29 de los Principia, todo se hace más inteligible
para el no especialista, porque nos habla de cosas más habituales para los que
utilizan -utilizamos- las matemáticas sin necesidad operativa de entrar en los intentos de su fundamentación lógica. Quizá
por ello nos atrae B. Russell en su intento de fundamentación de las
matemáticas en este punto, porque le vemos más asequible, más de sentido común;
en cambio nos es más difícil aceptar la existencia del infinito actual cantoriano en lugar del infinito potencial. Es una resistencia lógica o pedagógica, pero existe. Esa
es una de las razones -además de la ignorancia de los profesores sobre los
fundamentos- por la que no se explican en las facultades los fundamentos de las matemáticas o se explican deprisa y
corriendo y mal. Todo lo que he aprendido sobre esta materia (los fundamentos)
ha sido por obra de un esfuerzo personal y llevado por una curiosidad
irrefrenable. A la larga este déficit en la enseñanza universitaria se paga.
Hoy las matemáticas son materia de especialistas y una de las razones del
atraso de la formación pos-universitaria es la deficiente formación en esta
materia -y consecuentemente en materia tecnológica y científica- de los
gestores, empresarios y contratadores de muchas empresas, que no les permiten
tomar decisiones en estos campos con conocimiento de causa porque están
incapacitados en la lectura de textos, informes, etc., cuando estos han de
expresarse ineludiblemente en lenguaje matemático. Es un cuello de botella que
no ha sido detectado por ningún estudio, por lo que ha de tomarse como una
hipótesis en principio.
Volviendo a los Principia, al final B. Russell resultó derrotado de su intento de
construir una matemática sustentada en la Lógica. Como señala el profesor
Sánchez Ron, en 1933 apareció una sorprendente y genial demostración de Kurt
Godel
(1906-1978), matemático y lógico nacido en territorio de la actual Chequia, que
hizo estéril e incoherente el intento de B. Russell: no hay forma de establecer
una matemática -una aritmética en particular- basada en un conjunto de axiomas
o postulados que lleve a dar con todos los teoremas habidos y por haber, porque
pasará una de estas dos cosas: o algún teorema se escapa del intento y queda
indemostrado a pesar de su validez -y por lo tanto no es omnicomprensivo-, o al
menos hay uno que es contradictorio con los demás, es decir, que se llega a una
conclusión y a su contraria sin error en el razonamiento. Las matemáticas con
las que construyen los puentes los ingenieros y los rascacielos los arquitectos
no es que sean falsas o erróneas, no hay que asustarse. Los dos teoremas de
Godel
sólo son una dosis de modestia ante los intentos del todo matemático o lógico. Se pueden construir todo tipo de
edificios matemáticos coherentes (no contradictorios) a partir de hipótesis y
postulados y con conclusiones y teoremas ciertos y útiles, pero siempre serán
sistemas limitados, nunca omnicomprensivos, que servirán para resolver unos
problemas y no otros. Por ejemplo, la matemática euclidiana sirve para
solucionar problemas geométricos definidos en espacios de 3 dimensiones basados
en rectas y curvas, con un tipo específico de definición de distancia, pero no
sirven, por ejemplo, para aplicarlo a la teoría de la relatividad; el álgebra
que hemos estudiado en el bachillerato sirve -entre otras cosas- para resolver
ecuaciones de hasta cuarto grado, pero no para las de quinto o más (en términos
generales); los números reales por sí solos no resuelven todas las ecuaciones y
muchas veces hay que pasar por las horcas
caudinas de los imaginarios (en los que aparece la raíz cuadrada de -1) para obtener soluciones reales. El hallazgo de Godel, su performance, es una de las conquistas
intelectuales más altas de la humanidad; quizá sólo le es comparable la demostración
del teorema fundamental del álgebra por Gauss (1777-1855). También marca los
límites del intelecto.
Bertrand Russell fue al final derrotado
en términos estrictamente lógicos ante su intento de cimentar la matemática en
la lógica, pero su esfuerzo no ha sido baldío. Muchos avances en las
matemáticas, empezando por el comentado del teorema de Godel, han surgido ante
el esfuerzo de refutar a los Principia,
lo mismo que refutó él la lógica de Frege
(1848-1925) con una simple paradoja; sin Cantor no existirían, por ejemplo, Von Neumann y Alain Turing y su maquina universal, base de la lógica de los
ordenadores. Todo esto demuestra además la importancia de estudiar y de
implementar en los planes de estudio universitario de economía, ingeniería,
finanzas, biología, etc., la historia de las matemáticas. La derrota del inglés
recuerda la interpretación de Ortega
de El Quijote como la exaltación del
fracaso a pesar del esfuerzo; y sin embargo, no se entendería, a cambio, la
literatura española y parte de la europea posterior a Cervantes sin la historia
inventada de la eterna pareja. La historia está llena de derrotas antes de
llegar a la victoria: ejemplos de ello son las teorías físicas y/o químicas
basadas en el calórico, en el flogisto o en el éter. La ideología del que queda
segundo es un derrotado y que “sólo el
ganador es valorado y recordado”, que denuncia Sánchez Ron, no tiene
validez universal, es la ideología de la competitividad -que no de la
competencia- como bien supremo, la del éxito en los negocios como valor ético;
es una ideología reaccionaria, de origen weberiana en su teorización y
justificación, propia de los países anglosajones, sustentada en el paradigma smithiano de que buscando el interés particular se consigue
el general. No es la ideología de los derechos humanos, del humanismo, del
erasmismo europeo. Incluso
Schumpeter padece de esta ideología con su teoría de los ciclos basados en la
destrucción creativa, pero al menos esta teoría puede ser contrastada
históricamente. Sánchez Ron extiende para todos los políticos españoles el
catecismo del P. P. basado en la ocultación, la mentira, la difamación, el
cinismo; la ideología y/o catecismo de los chicos y chicas que salen de la
escuelas de negocios y universidades privadas -que es una contradicción en los
términos- dispuestos a combatir al enemigo por cualquier medio, siendo el
enemigo cualquiera que les puede apartar del éxito en la vida, en el trabajo y
en los negocios. Es verdad que parte de la izquierda -más la gobernante que la
opositora- está impregnada de estos vicios. Recuerdo una discusión de Álvarez
Cascos, entonces secretario general del P. P., con Josep Borrell, aspirante a
la Moncloa, en la que éste le recriminaba al pepero de Asturias su ignorancia por no distinguir entre déficit
público y deuda pública. La respuesta de Álvarez Cascos fue más o menos en
estos términos: las urnas nos dirán quien
tiene razón. Made in P. P. Esta
es la ciencia del P. P.
Es improbable que estas páginas las lea
el profesor José Manuel Sánchez Ron, pero si por un milagro lo hiciera le
diría: ánimo, no se desanime, siga explicando la ciencia bajo criterios o
principios de verdad, veracidad, quizá de falsibilidad popperiana y contrastación de hipótesis, y véngase a nuestro lado,
al lado de la izquierda, a la de los principios de justicia, de solidaridad, de
igualdad no igualitarista, de internacionalismo, de mestizaje, porque se está
más a gusto y en los que se siente uno más joven.
Madrid, 13 de noviembre de
2010.
No quedará nada
No quedará nada, cariño. Es así, pero no hay
escapatoria: no quedará nada. Ni del amor, del nuestro, ni de los ajenos, de
los demás. Todo será polvo, sombra, nada. ¡Malditos agujeros negros! ¡Malditas
distancias siderales donde sólo llega el pensamiento! Este también será polvo,
sombra, nada. Ahora estoy oyendo una maravilla hecha por la humanidad: una
sinfonía de Brahms. A veces oigo el Réquiem
de Mozart y me digo: ¿y esto tampoco quedará? No quedará nada. Entonces, ¿para
qué hemos nacido? ¿Para qué somos si nada de lo nuestro es perdurable? Que lo
miserable, lo zafio, lo criminal pase, pase; pero que la excepción, lo sublime
no quede, es un fracaso. Pero somos seres sin fin, sin finalidad, por eso
nuestro fracaso es la existencia sin fin. No la tiene. Somos una casualidad del
Cosmos, un fenómeno extraordinario, tanto si estamos solos como si otros
solitarios nos acompañan. Quizá nunca podamos comunicarnos más allá de nuestra
galaxia, y aún dentro de esta a lo mejor no es posible, amor. ¿Después qué? No
sabemos, pero estaremos siempre solos frente a la inmensidad del Universo. Los
besos, los paseos, los susurros, la emoción, la alegría del instante, a la
postre, serán sólo polvo, sombra, nada. Pero decir que no seremos nada, es como
decir algo que existe de alguna forma. El lenguaje no tiene palabras para
designar la idea de nada, no de la Nada. Sólo me consuela una cosa: no recordar
que no he existido. Eso me lleva a la idea de la inmortalidad. Piénsalo y es
lógico. Pero no me fío de la lógica, porque esta es cosa de la humanidad, de
algunos seres racionales que han puesto un corsé al desasosiego de la
irracionalidad de la existencia. Sólo existe el instante y su enemigo: el
tiempo. El instante nace y muere al instante. No es polvo, ni siquiera sombra;
quizá el instante sea la sombra de la existencia, pero es fruto de nuestra
conciencia, y eso me resulta sospechoso. Demasiado fácil, demasiado lógico. Te
dejo amor, pero espero que la próxima sucesión de instantes la pasemos al menos
juntos, hasta que el instante, como diría Goethe, se detenga. Ese será nuestro
consuelo: compartir los próximos instantes, aunque sepamos que no quedará nada,
que serán polvo, sombras, nada, pero serán nuestros, y eso no lo puede cambiar
lo absurdo de nuestra existencia. Un beso.
Madrid,
5 de abril de 2011
REAL MADRID-BARCELONA
O LA LEGIÓN EXTRANJERA
FRENTE A LA ROJA
Hubo un tiempo que el Real Madrid
representaba las esencias del futbol patrio pasado, eso sí, pasado por el tamiz
de la furia franquista. El Real, en pleno franquismo, ganaba 5 copas de Europa
(de 1955
a 1960) con la
inestimable ayuda de un argentino, Di Stefano - máximo goleador en todas ellas-
y la sexta en la temporada 1965-66, ya con la generación ye-yé, siendo su máximo goleador Puskas (húngaro). En el Bernabeu
se jugaba la final de la copa del Generalísimo
porque el dictador no quería salir de Madrid y casi su único recorrido fijo al
año era desde El Pardo al estadio del Real. Ya se sabe que los dictadores con
delitos de sangre –no recuerdo excepción- acaban paranoicos. Y en cuanto a lo
de jugar siempre en el estadio madrileño era injusto porque muchas veces era
finalista de la copa del dictador el propio equipo blanco. En ese estadio se
hacía la ridícula demostración sindical,
que era una especia de pan y circo (panem
et circenses) romano, pero rebajado a las cloacas éticas del dictador con
el fin de agradar a sus huestes franquistas. A todo esto se prestaba el Real y
don Santiago, aunque a veces, parece ser, a regañadientes. Era por cuestiones
deportivas y no ideológicas, porque don Santiago era tan franquista como el que
más. El Real aportaba y ha aportado hasta épocas recientes a la selección -a la Roja que ahora se la llama para
disgusto del P.P.- jugadores procedentes de la cantera. Actualmente sólo aporta
a Casillas, don Iker, considerado el mejor portero del mundo.
El Real hoy de Mou-Florentino se ha convertido en la
legión extranjera, en una selección mundial: Ronaldo (portugués), Özil
(alemán), Benzema (francés), Higuaín (argentino), Kaká (brasileño), Khedira
(alemán), Pepe (portugués), Adebayor (togolés), Di Maria (argentino), Marcelo
(brasileño), Carvalho (portugués), Lass Diarra (francés), Gago (argentino),
Dudek (polaco). De hecho, el gol del Real que les da la copa del Rey 2011 es
una combinación entre el brasileño y el argentino que remata el portugués. Un
gol multicultural; mejor, multinacional, porque de cultura los futbolistas
andan más bien justos. Eso sí, la parte de atrás del Real es más patria, más
nacional: Xabi (vasco), Ramos (sevillano), Casillas (madrileño). Albiol
(valenciano), Arbeloa (aragonés). Es verdad que tiene otros buenos jugadores
hispanos como Canales, Pedro León, Granero, pero estos apenas juegan, no
cuentan para Mou. Frente a esta selección comprada por don Florentino y sus
negocios inmobiliarios más la negociación Ciudad Deportiva-Gallardón, está el
Barcelona, considerado el mejor equipo del mundo y columna vertebral de la
selección. Ahí están los campeones del Mundo Piqué, Puyol, Busquets, Xavi,
Iniesta, Villa, Pedro. También el portero Valdés, aunque para Del Bosque fuera
el tercer portero de la selección. Es verdad que en el Real había 4 campeones
del Mundo frente a los 6 del Barcelona (Puyol estaba lesionado) cuando el
pasado día 20 de abril se disputó la Copa del Rey, pero de los cuatro del
equipo merengue sólo Casillas es decisivo en el juego de la Roja. Forofismos
aparte y visto por alguien como yo que no soy de ninguno de los dos, creo que
la legión extranjera (Real Madrid) gane a la columna vertebral y sostén de la
selección (Barcelona) es una mala noticia para la Roja porque esta juega como el equipo catalán. Ahí, en la
selección, Piqué, Busquets, Xavi e Iniesta imponen su estilo, al igual que lo
imponen en su club. Del Bosque y Guardiola deben repensar las cosas, aunque sería
lamentable para el espectáculo que lo transmutaran y que la Roja imitara al Real. Tampoco podría, porque cada estilo exige
los jugadores apropiados. Los jugadores del Real son jugadores-talón, fichados
por un empresario, perdón, por un constructor, que ha obtenido pingües
beneficios gracias –no a pesar- de la crisis y de las negociaciones con el
vampiro de la M-30.
Mirado fríamente, no obstante, dos de las tres
ocasiones de gol del Real el día 20 fueron obra de la parte atlética de ese
buen jugador que es el portugués Ronaldo. La primera, fruto de una carrera
portentosa; el gol, fruto de un salto aún más portentoso y mal defendido por un
no muy alto defensa que es Adriano. Eso sí, el gol viene precedido de la mejor
jugada del Real del partido elaborada, como queda dicho, entre el brasileño
Marcelo y el argentino Di María. Hubo un cuasi-gol por mor de un remate de Pepe
el portugués, otro portento físico, que le saca 2 cabezas al defensor, y que no
fue gol porque hay postes. El Real, a pesar de las inversiones –la palabra
inversión está devaluada- en jugadores sólo puede ganar al Barcelona en
contraataques. La segunda parte del Barcelona el día 20 de abril es un baño
absoluto al equipo merengue, que se convirtió en un espectador más. A los
aficionados del Real que además les gusta el futbol –que es de esperar que los
haya- no olvidarán esta segunda parte, a pesar de que fuera en ese tiempo
cuando marcara su equipo y le diera la Copa del Rey 2011. Hay que recordar que
la directiva del equipo merengue echó hace unos años a un entrenador a pesar de
ganar una liga. A pesar de esa segunda parte, Guardiola debe meditar si Adriano
e incluso Alves son los laterales idóneos para este equipo de bajitos, porque
Piqué no puede con todo y menos si no le acompaña Puyol.
Mou es un tipo listo. No llega a chulo,
pero es antipático como el solo. Pero es listo, acomplejado, pero listo. Mou,
un portugués que fuera segundo con Bobby Robson en el Barcelona, aún muestra un
inevitable complejo de inferioridad: ser segundo del borrachín inglés –que
además fuera ex-coach de la selección
inglesa- es para acomplejarse. Sobre todo si tienes ambición. Pero a mí no me
cae mal porque al menos lo que dice y hace no es trivial, porque precisamente
una de las formas de sacudirse complejos es no hacer nada que sea correcto,
equilibrado y trivial. Sobre todo si tienes oportunidad de aparecer en los
medios. En realidad, Mou es simplemente un niño mal educado, pero un niño. Para
mí su principal defecto es que no tiene gracia, no es gracioso. Si lo fuera
todo sería diferente. Frente al portugués, Guardiola, Pep para sus allegados,
consigue algo muy difícil: es la corrección sin caer en la trivialidad. Siempre
habla bien del equipo contrario, de las dificultades que supone jugar y ganar.
En el campo fue uno de los mejores centrocampistas que ha habido, y entonces
llevaba la voz cantante de la selección a pesar de que el capitán fuera el
madridista Hierro. Recuerdo un partido contra Alemania que dio 40 pases de más
de 30 metros
sin cometer un error. Los teutones acabaron mareados viendo pasar el balón y no
llegando nunca. Ambos –Mou y Pep- son elegantes vistiendo, aunque el portugués
no lo parece por sus gestos. En realidad, Mou es un tipo elegante y correcto
cuando no habla y no se mueve; otra cosa es que eso no tenga mérito.
El partido del día 20 fue emocionante y
bonito: la emoción la puso el resultado y la belleza el equipo de Pep, pero la
grandeza del futbol –entre otras- es que no siempre gana el que se lo merece.
Por eso, además de deporte, es un espectáculo universal que levanta pasiones. Y
mejorará con el tiempo si de las pasiones pasamos, simplemente, a las
emociones. Las pasiones separan, las emociones unen. Y ahora a esperar a la
semifinal de la Champions. 22.4.2011.
LA GUERRA EN TRES CUADROS
A raíz de la muerte de Jorge Semprún se
han escrito muchas crónicas exaltando y reconociendo la vida y la obra del
resistente contra el nazismo y el franquismo, su participación en uno de los
gobiernos de Felipe González y su obra literaria. Y en uno de estos artículos
necrológicos de Francisco Calvo Serraller se ha podido contemplar en un diario
tres cuadros, tres obras maestras, que representan la guerra y sus horrores.
Todos las conocemos por separado: son La
rendición de Breda –conocida también más popularmente como Las Lanzas-, El tres de mayo de 1808 –conocida también abreviadamente como Los fusilamientos– y el Guernica. Los tres cuadros representan a
su vez momentos importantes de la Historia de España: el de Velázquez es el
paradigma de la guerra de Flandes, el de la conquista de Breda en 1621; la obra
de Goya corresponde a la respuesta de una parte de la población española –la de
más baja condición y no precisamente la de la burguesía de la época- a la
entrada de las tropas de Napoleón bajo el pretexto de ayudar al ejército
español a la conquista de Portugal; por último, el lienzo de Picasso es un
alegato contra la guerra in-civil española y su horror pintado en 1937 por
encargo de la II República para la Exposición de Paris del mismo año.
Vistos por separado, de los tres cuadros quizá no se
pueda evitar entrar en la altísima valoración estética que nos merece, y ello
con razón y justeza, pero vistos juntos, mueve a la meditación de la guerra, su
horror y, también, su transformación a lo largo de los siglos. Al menos a lo
largo de los 4 siglos que van del primero al último. En el cuadro del pintor
sevillano contemplamos a los dos ejércitos, vencedor y vencido, casi en pie de
igualdad, reconociendo el general vencedor (Ambrosio de Spinola) al vencido
(Mauricio de Nassau) su heroicidad en la defensa de la ciudad. El vencedor
impide al vencido la humillación y posa su brazo derecho sobre el hombro del
vencido para impedir que se arrodille. En cambio, cuando saltamos dos siglos y
llegamos al cuadro de Goya, ya sólo aparece un ejército: el vencedor, es decir,
las tropas de Napoleón. Los soldados del corso dan la espalda al espectador y
en ningún momento vemos sus caras: ese ejército se ha convertido en una máquina
de matar sin rostro. Aquí los vencidos no son otro ejército regular con sus
armas y bagajes, sino el pueblo llano que se ha revelado contra la invasión. Y
no hay rendición ni trato digno, sino simple fusilamiento, simple venganza del
vencedor. Por último, en el cuadro del malagueño, pintado 130 años después de
el de Goya, han desaparecido los ejércitos. Ahí está la población civil
representada por una mujer con su hijo muerto, un hombre que levanta los brazos
ante los destructivo del bombardeo, un soldado también muerto, destrozado, una
mujer que arrastra una pierna fuera del cuerpo, un caballo herido y atravesado
por una lanza y la cabeza de un toro. Representa, en definitiva, al pueblo y
los seres vivos de los que se sirve y se alimenta. No hay vencedores, los
verdugos no aparecen y los protagonistas son sólo las víctimas. Y no es que la
historia de la guerra y sus consecuencias haya cambiado en su esencia a lo
largo de la historia, pero si lo ha hecho su representación, sus imágenes.
El último paso, el último escalón de ese descenso a
los infiernos es precisamente la negación de la imagen en el momento actual. El
sufrimiento no importa, pero lo que se hace insufrible es su imagen, la cara de
sus víctimas. Del mayor atentando de la historia, del crimen mayor jamás
cometido, sólo hemos visto las dos ciudades destruidos en los cientos de
reportajes que se han hecho, pero apenas se han visto a sus víctimas. Me
refiero a Hiroshima y Nagasaki en 1945. De la guerra del Vietnam algunas
salieron a la luz y eso le obligó –afortunadamente– a Gerald Ford, presidente
de USA, a dar la orden de retirada a sus tropas del país asiático en 1975. Pero
la lección fue aprendida y de la guerra del Golfo ya no vimos nada: sólo
puntos, píxeles, imágenes de ordenador que no se pueden distinguir de un juego
de play-station. Del atentado a las Torres Gemelas nunca vimos cadáveres. De
Irak, nada; del genocidio de Faluya, el silencio; del campo de concentración de
Gaza, a cuenta gotas. Los victimarios han decidido que las victimas no pueden
ser protagonistas de las guerras porque eso las hace imposibles. La guerra es
incompatible con la verdad. A medida que se ha avanzado en la capacidad
destructiva de las armas, en el genocidio, las victimas ya no son reales sino
virtuales; suponemos que existen, pero sólo merecen el recuento, carne de
estadística. Estos tres cuadros juntos representan el camino a los infiernos de
la representación y ahora nos han vuelto la hoja y los verdugos, convertidos en
prestidigitadores, han hecho desparecer a las víctimas; ahora el recorrido es
el inverso: del horror de la representación a la noticia, y de la noticia a lo
noticiable, es decir, la primacía del negocio a lo que pasa, de la historia a
lo periodístico. Las víctimas ya no son noticia. Ahora ningún pintor podría
pintar la guerra porque carecería de imágenes reales.
Madrid, 11 de junio de
2011.
RETRATOS:
DE CURAS, CLASES y MISAS
Pasada
ya la hinchazón católica-vaticana de Benedicto XVI no hay dejarse llevar por
reflexiones sesudas sobre el papado y la religión no vaya a ser que nos creamos
que hablamos de una transcendencia que es sólo un fantasma que persigue a los
que viven de creencias. Es casi mejor que nos quedemos con anécdotas, aunque
representativas, que nos sirven de bálsamo a nuestro laicismo herido. De
entrada digo que no me molesta que venga el Papa y que miles de descerebrados
–que lo son por definición los creyentes en lo que sean– le aplaudan y se crean
lo que dice. Lo que me molesta es financiar esto, quiera o no quiera, y que me
diga este señor con quién debo copular y cómo. ¿Le aconsejo yo acaso a este
señor cómo hacerse una paja… vaticana? Recuerdo de niño, cuando iba al colegio
de “Santa Susana” de los “hermanos” La Salle, en Ventas (Madrid), que había un
retrato de un grupo de gente apretada que decía en el título: “asesinados por
las hordas rojas”. Corría entonces los primeros años 60. Nunca entendí porqué
unos curas son “padres” y otros “hermanos”: ¡demasiada paternidad para tanto
celibato! O lo uno o lo otro. Lo de “hermano” tampoco lo entendía. Ahora
tampoco, pero ahora me importa un bledo. Ahora cuando veo a un cura fuera de un
púlpito –que tampoco los veo, claro– me escama. Es como ver a un militar con
uniforme fuera de un desfile, que pienso: “O es un despistado o está dando un
golpe de Estado”. Ahora sabemos que una parte de los curas ejercen y han
ejercido de pederastas, pero en mis tiempos era que eran “amables” y “atentos”
con los niños. Yo me libré porque era bajito y delgaducho, pero alguno de mis
compañeros los tenían breados. Por eso hay que tener cuidado cuando se habla en
público, porque “el cristo” que armó el susodicho cuando dijo aquello de que
“dejad que los niños se acerquen a mí”, aunque no dudo que lo dijera con buena
intención, pero que, pasado el tiempo, puede ser interpretado como apología de
la pederastia.
Para que nos calláramos en clase, “los hermanos” nos
lanzaban una barritas de madera que lo mismo le daban en un ojo al que estaba 3
filas más allá, al bedel que abría la puerta o al retrato de “los asesinados…”.
Luego mejoró la enseñanza, porque ya nos lanzaban pelotas “gorila”, que las
regalaban comprando unos zapatos de una marca que no recuerdo. La verdad es que estos “hermanos” fueron
pioneros del béisbol, ese deporte que se juega con una pelota dura como el demonio
y que se golpea con un madero llamado “bate” que se tira al suelo para
inmediatamente salir corriendo el bateador –así se llama el golpeador–. El
juego no puede ser más tonto, pero comparado con el críquet es la hostia de
emocionante. Yo creo que para eso inventaron el críquet los ingleses, para
hacer emocionante por comparación cualquier cosa que le pongas el nombre de
juego. Más recuerdos. Recuerdo en el colegio que un compañero de un año mayor
que yo –estábamos en cuarto curso del Bachillerato Elemental– llevaba el
retrato de la cara de una chica en el pantalón vaquero. “El hermano” Lorenzo le
tomó ojeriza por eso y un día le dio un par de alevosos puñetazos. Bueno, lo
diré sin tapujos, le dio una paliza. Menos mal que yo ya era ateo porque no quisiera
pensar que ese hecho me hubiera convertido. Pero recuerdo que al poco vino el
padre de Alfonso y preguntó por el “hermano” Lorenzo para discutir sobre las notas de su hijo. O eso dijo, pero yo creo que
era una disculpa, porque el tal “hermano” Lorenzo no apareció por clase en
varios días y cuando volvió tenía la cara como una berenjena caducada pisada
por una vaca de Astorga. El director del colegio era “el hermano Julián”, que a
mí se me hacía que para ser “hermano” era muy mayor. A los supuestamente más
avispados de la clase nos daba en horas extras clases de cálculo mercantil, que
no parecía una materia propia de un colegio de curas –salvo si el colegio es de
jesuitas, claro–, pero él nos decía que “lo de rezar está muy bien, pero que
para colocarse lo mejor era estudiar”. Estoy convencido que en el fondo era
ateo, pero ya era muy mayor para cambiar de profesión y de jefe.
Anécdotas como esta podría contar muchas, pero contaré
una que me llamó la atención sobremanera. Yo era un vicioso del futbol y con
tal de jugar media hora en el patio del colegio al noble arte de patear una
pelota –ahora se le llama balón– me tragaba una misa diaria para poder pasar de
la iglesia al colegio, que estaban contiguos. El cura que daba la misa me veía,
claro, y debió pensar que era un devoto y me invitó a ser monaguillo. Yo, entre
que era muy cortado y que quería seguir jugando a la pelota, le dije que sí
pero como para que me dijera él que no le manifesté que “no creía en esas
cosas”. Y no me atreví a decirle que era ateo no fuera que me estrangulara con
la casulla. Mi sorpresa fue que el cura o párroco –creo que se dice así– me
dijo: “No importa. Tú sólo fíjate en cómo lo hace el otro monaguillo”. De
entonces creo que viene lo de la falta
de vocaciones. El otro monaguillo –el de la derecha según el cura– es el que
trabajaba, porque es el que preparaba el vino, sostenía la casulla, etc. Yo,
en realidad, no hacía nada, salvo probar
el vino luego en la sacristía: ¡qué bueno estaba el jodio! Era dulce y no como
en el que nos echaban en la Casera
nuestros padres para las comidas. Los curas te decían que el vino era el cuerpo
de Cristo y yo pensaba: “Pues el pobre debía ser un alcohólico tremendo”. Y es
que a mí lo de ese señor en la cruz me daba lástima, lo digo sin ironía. Y si a
eso le añadimos que “la hostia” que se comen los fieles es el cuerpo de ese
señor según los católicos, no quiero ni pensar cómo debe tener el body el pobre, esté donde esté. Lo que
quedó claro es que el cura que daba la misa era lo que se llama ahora “un
profesional” y un adelantado a la futura Constitución, porque no discriminaba a
sus empleados –los monaguillos– por cuestiones religiosas, aunque sí lo hacía
por cuestiones de sexo. Pero eso es porque así se lo mandan sus jefes en Roma,
no hay que pensar mal siempre.
Hicimos el camino de Santiago para ganar “el jacobeo”
algunos alumnos y algunos “hermanos”. Pero, quizá como venían también algunos
padres… biológicos, no pasó nada raro. Yo entonces era tan inocente que hasta
me sonaba mal mezclar cosas religiosas y el verbo “ganar”, pero dejó de
parecerme raro cuando descubrí qué era un “ecónomo”. Cuento lo del “jacobeo”
porque entonces aprendí los efectos etílicos del alcohol, porque el “hermano”
Lorenzo –el de la paliza al compañero– se le puso la nariz de un colorado que
parecía que se hubiera tragado un pimiento rojo y hubiera hecho la digestión
con la nariz. Él, para disimular, decía que tenía alergia a las algas. Yo
estuve a punto de preguntarle, sin mala intención, que si no sería al vino, pero
menos mal que me retuve, porque con la mala leche que tenía no sé qué hubiera
pasado. Yo probé el ribeiro –ese era el nombre del vino–,
pero me dije para mis adentros: “Está bueno, pero prefiero el de la sacristía,
que además es gratis”. De seglar y hoy día, el tal “hermano” Lorenzo hubiera
sido borracho y camorrista, pero nació a destiempo, está claro, para nuestra
desgracia. Yo, aunque he sido siempre ateo, era muy respetuoso con los demás y,
por ejemplo, en el Vía Crucis que nos hacían pasar por el mes de las flores lo
pasaba muy mal porque en la tercera caída nos caíamos…pero era de risa. Creo
que se debía a que primero recitábamos lo de las letanías y los “ora pro novis”
y aquello nos predisponía para el absurdo. Cuando acabé el Bachillerato
Elemental pasé al colegio Fundación Caldeiro y aquello fue un duro golpe para
mi vocación futbolera porque allí se jugaba al baloncesto y con mis 1,50 metros de entonces metros me dije: “O me bajan la canasta o
me van a dejar a dejar para dar sombra al botijo”. Y allí se abortó mi vida
deportiva. Ha sido mi primer y único aborto, lo juro. A lo mejor con ello me
voy al Infierno, pero por favor, que no me encuentre allí de nuevo con “el
hermano” Lorenzo.
Y pensar que la culpa de todo esto la tiene un
caballo, porque si el equino que montaba Pablo de Tarso (San Pablo para los
cristianos) no le hubiera tirado al suelo y no hubiera “visto la luz”, no
existiría la religión católica, ni Papas, ni Rouco Varela. Sí, porque fue este
centurión romano reconvertido el que le hizo el marketing y publicidad a los
apóstoles y demás. Bueno, más aún, se inventó la religión cristiana. Luego
Agustín de Hipona y Tomás de Aquino remataron la faena. Este Pablo digo yo que
era anormal, porque yo también me he caído y me he dado en la cabeza, y
recuerdo que de chico me abrieron la testa de una pedrada en una drea, vi
algunas “chirivitas”, pero lo que hice fue ir a que me curaran. Desde lo de San
Pablo los caballos de carreras tienen una enorme responsabilidad porque, como
tiren alguno al suelo al jinete, lo mismo te funda una nueva religión en un
abrir y cerrar de ojos, y como ya hay pocas. Pablo de Tarso escribió terribles
epístolas, entre ellas la de los “Efesios”, que nosotros entendíamos como “a
los adefesios”, porque nos parecía más propio de religiosos. Ahora ya no,
porque lo debe cubrir Sanidad y además ya no es un adjetivo constitucional ni
apropiado. Podría ser que lo del caballo fuera un mito, pero al menos es
divertido, porque lo de la Santísima Trinidad y lo de la resurrección de la
carne, no es que sea un mito, es que es la cosa más aburrida que se ha
inventado. Por cierto, yo de chico me hacía una pregunta con lo de la
resurrección de la carne que ningún teólogo ha aclarado –tengo entendido–:
“¿Resucitar con la misma carne, pero de qué edad?”. Porque yo veía a mi abuela
que estaba hecha una pasa y me decía: “Como la resuciten con esa carne se
vuelve a morir de pena la pobre”. Lo que le ponía a los curas en un brete y
algo acalorados era cuando te explicaban lo de la virginidad de María, porque
no te explicaban previamente qué era eso de la virginidad, sea la de María o la
de una chica de Móstoles. Ellos decían que es que no había “conocido varón”, y
tu te preguntabas que si es que no salía de casa o es que en su familia y
conocidos todos eran hembras. Esta parte los curas te la contaban deprisa para
que no hicieras preguntas embarazosas (nunca mejor dicho). Cuando ya entendí lo
de la virginidad me contaron lo del cristal y lo de la paloma y ya no entendí
nada, pero no preguntaba nada para no darme por ignorante y así se me hacía que
lo había sabido desde el feto. Y me preguntaba que el marrón que tuvo que pasar
José, el marido de María, debió ser de órdago porque entonces no había un Pablo
de Tarso o un Agustín de Hipona que le explicaran estas cosas. Ni siquiera,
rebajando el nivel, un Rouco Varela, aunque si María le viera la cara a este
tipo hubiera vuelto a la virginidad incluso después del parto.
Pero la cosa más terrible era lo del Infierno, con
mayúscula, por dos cosas: por el achicharramiento perpetuo y por lo injusto.
Sólo a una mente de perversidad extrema se le puede ocurrir como castigo que te
estés quemando a lo vivo para toda la eternidad. Y lo de injusto, no digamos.
Por ejemplo, tu puedes ser santo y casto toda la vida, pero según la
católica-vaticana religión si un día falleces en un “ahora ponte así que no
tardo” sexual con una vecina que coincida que no es tu mujer, te vas a la
quemadura perpetua; en cambio, tu puedes ser un asesino como Hitler, Franco,
Stalin, el Papa Borgia, Jack el Destripador o el estrangulador de Boston, que
si te arrepientes poco antes de deslizarte al valle Josefá te llevan de
inmediato y ad aeternitas con el del
triángulo y el ojo embutido en dicho espacio euclídeo. Y allí te encontrarás
con monjas de clausura despistadas que no cataron clítoris propio o ajeno, con
Teresa de Calcuta, con algún franciscano de hábito raído y con toda la caterva
de asesinos arrepentidos de último instante. Conclusión: en el pos-morten te
espera o la quema o el aburrimiento. Menudo panorama. No es de extrañar que los
obispos sean tipos tan gordos y longevos. Cuando me enseñaban los curas –en mi
caso “los hermanos”– todo esto yo debía poner cara de paisaje de Zuloaga,
porque a continuación me preguntaba “el hermano” si es que no tenía los “Nuevos
Testamentos” en casa, y yo le decía que sí, que incluso los tenía ya viejos y
estropeados de tanto leerlos. Yo lo decía sin ironía, pero “el hermano” –en
este caso no recuerdo su nombre– me miraba con la misma cara de mala leche que
es de imaginar debe poner Rouco Varela si le pides que te perdone por practicar
de forma irrefrenable un “cunnilingus” con la misma vecina de antes (o con
otra, claro).
En fin, para
acabar y como moraleja, lo de la intromisión de los curas en la enseñanza es un
cáncer que parece incurable. Recuerdo que hace tan sólo unos cinco años le
pregunté a mi sobrino si su colegio era de enseñanza pública o concertada –yo
sabía que privada no era– y me contestó: “Ni lo uno ni lo otro: es de curas”.
En esto nada ha cambiado y ya toca. Por eso, que venga el Papa no importa, lo
que importa es que los curas no estén con los niños, y menos en la enseñanza. Y
quien dice curas, también las monjas, no vamos a discriminar.
Madrid, 1 de septiembre de
2011.
LA ESPAÑA CARCA LLEGA
A LA MONCLOA
La
mayoría de los analistas políticas, con más o menos preparación, han destacado
lo evidente, que la pérdida de 4.300.000 votos del PSOE ha llevado a Rajoy a la
Moncloa, pero no hay que olvidar que eso ha sido posible también porque
10.830.000 españoles le han votado, y con él al P. P. Una mayoría de estos
votantes no se corresponden con los votantes de la derecha democrática de los
partidos de derecha europeos en Alemania, Francia o Italia, sino que están más
cerca de las extremas derechas de estos países y de otros, como los de Bélgica
o Austria, por ejemplo. Pasa sin embargo que, al igual que su prensa de
“tabloide” como el ABC, La Razón, El Mundo, La Gaceta, etc., se ha creado una
imagen de normalidad democrática cuando no lo es. Y ello por dos cosas; los
errores de la Transición y los 40 años de dictadura. Ambas cosas, más la lejana
pero aún presente Guerra In-civil, ha producido una derecha sociológica que
está anclada, resguardecida y cada vez menos avergonzada de ser artífices,
cómplices, herederos y justificadores tanto de los golpistas de la guerra
mencionada como –y sobre todo- de los 40 años de Dictadura. No significa que
sean todos los votantes del P. P. los que así se consideran, pero forma parte
de su núcleo duro y más fiel, que van a votar siempre al P. P. haga lo que haga
y diga lo que diga –o no diga-, porque
consideran a este partido el depositario de sus ideales, por viles que nos
parezcan a los demás. Para ellos el P. P. es su refugio y la cura de su
indignidad y de su mala conciencia. Es la España nacional, la de antes roja que
rota, xenófoba y machista, la España de Aznar y Mayor Oreja, la España de la
chulería del antaño “¿sabe usted con quién está hablando? ”. Otra parte de los
votantes se corresponden con la España carca de antaño, de otros siglos, la
devota de Frascuelo y de María y, también, de sacristía; la del
nacional-catolicismo a machamartillo, la de los curas, la de la misa diaria
aunque sea en latín, la que está contra el aborto, aunque los más pudientes de
estos tipos lleven a sus mujeres y amantes (antes queridas) a abortar fuera; la
de la doble moral, la heredera de Trento, la que ha relegado la ciencia
española hasta los comienzos del siglo XX a la nulidad, la que considera a los
homosexuales simples maricones viciosos, la España de Rouco Varela, la España
de sotana maloliente. Ambos grupos se mezclan entre sí, incluso en los mismos
individuos, como el Dr, Jeckil y Mr. Hyde. Esta derecha casposa, mezcla de
ambas, que no existe en Europa, es el núcleo duro del P. P., tanto de su
militancia como la de sus votantes. Luego hay otro grupo más homologable con
Europa de liberales conservadores, bien sean de profesión o de pensamiento
–independientemente de su calidad y nivel-, también de de asalariados que no se
han podido liberar de su propia estulticia, o, simplemente, que no saben que
tras un gobierno nominalmente de izquierdas como el del PSOE en algunos aspecto
–en otros no- no va a venir una derecha que le pase por la izquierda. Pero a
esos es más difícil criticarles porque de eso aún no se han enterado ni tan
siquiera algunos dirigentes. Por último hay otro grupo de voto oportunista en
un sentido no peyorativo, es decir, antiguos votantes del PSOE y de otros
partidos que creen de buena fe que el P. P. lo va a “hacer mejor”, aunque
cuando se les pregunta no tanto el “mejor” sino por el “qué” van a hacer, les
entre el balbuceo. Todo explica el suelo electoral del P. P., el porqué sigue
recibiendo y aumentando votos incluso allí donde la corrupción (Valencia)
parece insoportable.
Y entre tanto, llega Rajoy fumándose el
puro de Peridis a la Moncloa gracias a no haber sabido hacer el gobierno de
Zapatero una política económica de izquierdas en plena crisis y contra
Bruselas. Como decía un periódico, este Rajoy es un tipo de orden y como Dios
manda, y así considera que debe gobernarse un país, poniendo registro y orden a
las cosas. Eso parece una virtud, pero la cosa se convierte en un defecto
cuando sólo se aspira a poner orden. Este gallego, que tiene dificultad para
guardar la lengua en la boca, ha conseguido –gracias a los errores de los
demás- convertir la cobardía que le adorna y le adora en una virtud. Es un
hecho insólito, porque, por comparación, podemos criticar y hasta embadurnar de
virtudes y defectos a políticos europeos como Cameron, Sarkozy o Berlusconi,
pero yo no me atrevería a tacharles de cobardes precisamente. En Rajoy es su
principal virtud. Por los tres ministerios por los que pasó no se le recuerda
nada digno de mención: llegó, fichó, registró, puso orden en las mesas y
despachos, y ahí se acabó todo. Como el embarazo sin mácula de la virgen María.
Dejó todo con el mismo polvo con que llegó, pero más ordenado. Todo menos lo
del Prestige, que le convirtió en “el señor de los hilillos” gracias al geta
del Sr. Álvarez Cascos. Este tipo ha tenido la habilidad de engañar a sus
votantes. Se ha hablado mucho de la agenda oculta como antes se hablaba del
cuaderno de azul Aznar, de que no quería decir sus planes no fuera que muchos
de los pensionistas y asalariados espabilaran. El resultado final es que este
tipo simplemente no tiene agenda, ni oculta ni traslúcida, ni de piel ni de
anillas. Por eso se sonríe taimadamente a veces, otras con sonrisa de hiena
aburguesada, cuando le preguntan por su agenda, porque parece satisfacerle que
le interroguen como si el interrogador creyera que tiene el interrogado una
mente y predisposición capaz de haber pensado lo que hay que hacer, como si
fuera un estadista que ha ocultado su proyecto para España, cuando es
simplemente un soso y aburrido registrador de la propiedad que no cree que el
Gobierno pueda hacer algo para crear empleo, abordar el tema de los
nacionalismos o el problema –ahora ya es un problema y no una solución– de la
construcción de una Europa única. Este tipo es un vacío intelectual que sólo es
capaz de ocupar su mente si tiene que hacer unas oposiciones y aprenderse el
temario de memoria para poder “cantarlo” cuando toque. Estoy seguro que ahora
lo que está haciendo no es crear y abordar esos problemas y proyectos, sino que
se está preparando las respuestas a las preguntas que le van a formular hasta
la prensa más afín y los dirigentes europeos –especialmente la teutona– para
saber decir algo lo menos molesto para su sentido del ridículo y que pueda
mantener en un baúl pontevedrés las mentiras que le han llevado a la Moncloa.
Nada, en todo caso, para una acción de gobierno que no sea la de improvisar
cuando no le quede ya más remedio. Pero en Europa ya no hay electores ni
aplaudidores, sino mercados, es decir, especuladores, que actúan a la velocidad
de la luz (con ordenadores). Decía este tipo y su coro mediático que el
problema de España era Zapatero y que tras las elecciones la prima de riesgo dejaría
de ser tan prima y de tanto riesgo. Pues no, a dos días de las elecciones la
prima entera no ha hecho más que crecer. Ya en Europa y en el New York Times le
apremian para que empiece a tomar medidas (“Mañana is too late”, The Times, así, con la primera palabra
en español), que muestre su agenda. Ellos no saben que no tiene o que la tiene,
al igual que su cabeza, vacía. Su único fin y la de sus palmeros mediáticos era
llegar a la Moncloa, no para hacer algo, sino para echar a Zapatero, que
representa para el núcleo duro del P. P. la España de los vencidos que pretende
levantar su dignidad y poner en duda la justificación moral de los vencedores y
de los que han apoyado, heredado, defendido, justificado, a la dictadura del
asesino Franco. Un Zapatero de abuelo republicano –lo cual para esta gente es
un delito- pase, pero que se quiera reivindicar la dignidad de los
republicanos, de los vencidos, es otra cosa para la España que ahora
representan Aznar y Mayor Oreja; que se quiera que los vencidos de la guerra
incivil recuperen sus restos es una afrenta para estos tipos que votan con
tanto entusiasmo a Rajoy; que se llamen matrimonios a los unidos civilmente del
mismo sexo es un nefando pecado; que se legalice en aborto es una afrenta a la
vida. Cosa distinta es que los que puedan vayan a abortar a otros países o
fuera de la Comunidad (UPN en Navarra). Todo esto representa el socioliberal
Zapatero para el núcleo duro de los votantes y militantes del P. P. ¿De qué
serían capaces estos tipos si llegara una izquierda de verdad, aunque moderada,
a la Moncloa?
El PSOE pierde 4.300.000 votos no
porque haya 5 millones de parados, sino porque no ha sido capaz de hacer una
política de izquierda en plena crisis y con el chantaje de Bruselas, el BCE y
la Merkel. Ahí se equivoca el PSOE, aunque con ello se justifique el aún
presidente Zapatero. Es verdad que era difícil, pero le quedaban algunas balas
de grueso calibre en la recámara. La primera y quizá principal era el tema
fiscal. Los estudios más serios apuntan en España a un 20% de fraude, entre el
fiscal y a la Seguridad Social. En un país de unos 300.000 millones de ingresos
-entres fiscales y cuotas de la Seguridad Social- ese porcentaje representa
unos 60.000 millones de menos recaudación con los mismos impuestos. Con estos
millones acabamos prácticamente con el déficit. Si además se abordara una
reforma fiscal más progresista, sin deducciones ni bonificaciones a las rentas
del capital –los de Rajoy los llaman de ahorro para despistar-, los ingresos
fiscales aumentarían notablemente casi sin variar los tipos. Eso sí, habría que
recuperar para la Administración Central del Estado –es decir, nada de para las
Comunidades que luego eliminan, como la señora Des-esperanza Aguirre– los impuestos del Patrimonio, Sucesiones,
Actos Jurídicos. etc. transferidos y/o compartidos. Que cada nivel del Estado
–Admon. Central, Comunidades y Municipios– se financien con sus propios
impuestos. Dicho de otra forma, que pasemos de una vez por todas de las
vergonzantes 17 Comunidades (más las ciudades de Ceuta y Melilla) a una España
federal, al menos en el tema impositivo, a la manera de USA o Alemania. El PSOE
pierde las elecciones porque quiere gobernar para todos, para que todos tengan
las mismas oportunidades partiendo del falso supuesto de que todos parten de la
misma línea de salida. Otro gravísimo problema que tenemos en España es la
enseñanza concertada, esa enseñanza administrada por los curas de siempre, los
de Rouco Varela, aunque sean de órdenes religiosas, pero que cada vez son más
“ordenadas”, obedientes, que de “órdenes”. Han pasado 6 legislaturas
socialistas y la mayoría de este tipo de enseñanza sigue dirigiéndola, poniendo
su “ideal”, los curas de siempre, los de la sotana maloliente -aunque ahora no
tan raída- con dinero público. Otra anomalía española que el gobierno de
Zapatero y los anteriores del Felipe de la chaqueta de pana y luego de la
corbata de la OTAN no han sabido ni querido abordar. ¡Para cuando los curas a
los púlpitos, pero sólo a los púlpitos! Hizo más la izquierda en la República
en los tres y pico años que gobernó que la socialdemocracia hispana de la
democracia en este tema. Estos temas –la fiscalidad, la educación, la
redistribución de la renta, la reivindicación de los vencidos frente a la
indignidad de los vencedores y su apoyo a la dictadura del criminal Franco, la
protección para todos los parados- son cosas que pueden y deben abordarse desde
una óptica de izquierdas, tanto en épocas de vacas gordas como flacas, porque
son cosas que, o no cuestan apenas dinero, o no cuestan como para que no puedan
solucionarse desde la óptica de izquierdas por un país de menos de 50 millones
de habitantes con un PIB que sobrepasa el billón de euros. No hay excusas.
Y quien tiene que cambiar es Europa, el
Consejo, la Comisión, el BCE y mandar –entre todos– a la señora Merkel al
paraíso de las Walkirias, porque con el chantaje de combatir el déficit o de lo
contrario no hay “ayudas” ni compra de bonos, acabamos seguro en una recesión
como la del año 29 del siglo pasado. Tenemos un tumor, una metástasis que un
fino epistemólogo llamaría teorético: los cientos o miles de economistas
neoliberales que han invadido las instituciones europeas y mundiales. Estos
tipos practican una doctrina –que no ciencia– que dicen o dan a entender que
para salir de la crisis hay que acabar primero con los déficits ¡en plena
crisis! No hay precedentes históricos de que ello sea así, ni estudios
empíricos que justifique semejante creencia. Todo lo contrario. Pueden verse
también los libros de Nouriel Roubini (“Cómo
salimos de esta”) o de Reinhart y Rogoff (“Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad”). Cambiar ese rumbo
europeo, echar de las instituciones a esos economistas mal consejeros, parece
necesario porque han fracasado con sus creencia, premisas, postulados. Incluso
los mercados ya están apostando, no tanto contra los déficits, como cuanto
contra la recesión en ciernes como consecuencia precisamente de luchar contra
los déficits en plena crisis. Es verdad que desde el punto de vista ético a los
llamados mercados y sus intérpretes los especuladores no sirve de nada
juzgarles porque son un poder –valga la redundancia- fáctico, aun cuando caigan
en la irracionalidad de querer la leche y la carne de la vaca a la vez. Con
ello acabarán en el Infierno. Allá ellos, porque allí se encontrarán con el
señor Rouco Varela.
Madrid,
23 de noviembre de 2011.
¡VETE BONO, VETE DE UNA PUTA VEZ!
Por suerte o por desgracia los partidos
políticos no son meros programas y militantes que los llevan a cabo cuando
pueden y quieren. Son algo más, de ahí, por ejemplo, el error en su momento del
dirigente de I. U. Julio Anguita de creer que todos los partidos –especialmente
el Partido Popular– fueran a centrar su discusión y su acción política sobre su
famoso programa, programa, programa. La intención era loable, pero llevaba al
fracaso porque remar de frente contra corriente lleva al fracaso, salvo en
momentos históricos determinados (revolución francesa, rusa, mejicana). Los
partidos de izquierda representan fundamentalmente aspiraciones de cambio hacia
situaciones de mayor igualdad, de justicia, de más derechos civiles y
colectivos; los que votan a la derecha esperan ubicarse en nichos de privilegio
a sabiendas que eso sólo es posible si esos nichos mantienen reservado el
derecho de admisión. Y también representan en cada país una parte de la
historia, son un precipitado de la historia, de la historia que fue y de la que
no pudo ser para algunos porque otros lo impidieron. Quizá uno de los países
que más dramáticamente vivieron eso fueron los EE.UU. unidos cuando los Estados
del Sur –herederos de las 13 colonias independentistas de 1776– no pudieron
mantener su status merced al
esclavismo y se enfrentaron con los abolicionistas del Norte. Francia no se
entiende sin su revolución de 1789 y sin sus guerras perdidas con Alemania. En
Italia, la frustración de no poder constituir un Estado peninsular y estar
dominada militar y políticamente por otros países como España, Francia,
Austria, ha decantado una forma de ser muy característica. Son algunos
ejemplos. En España ha habido dos momentos claves: lo que representa la
Constitución de 1812 y la Guerra In-civil de 1936. Tanto el P. P. como el PSOE
representan en el imaginario, en la iconografía, la herencia de aquello. El P.
P. representa la resistencia a la modernidad, es la herencia tanto de Fernando
VII como la de Franco y su dictadura; el PSOE representa a los liberales –la
izquierda de entonces– que, pese a todo, pese a los obispos y reyes, lograron
sacar la Pepa; y también los avances sociales y en educación de la II República.
Es verdad que reducir todo a esto sería injusto se traslada a eso de Anguita de
programa, programa, programa, pero la historia es ese precipitado que está
representado en cada momento lo que han sido siglos de historia. Estas cosas no
son fantasmas del pasado, sino presentes corpóreos que, por ejemplo, impiden
ejercitar la ley de la memoria histórica o no saber que hacer con el monumento franquista
de Cuelgamuros, por ejemplo. Los partidos son también un icono, un receptáculo
de los deseos de cambio, una foto fija de un precipitado histórico, y esa foto
no se puede cambiar con meras palabras -y menos con gritos-. Los partidos son
también depositarios de nuestras frustraciones como sujetos históricos y no
como meros individuos de una especie más. En la política pesa más la
filogénesis de la historia que la ontogénesis del aquí y el ahora. Ir contra
eso es ir de frente contra la corriente.
El Sr. Bono está empeñado en que todos gritemos ¡Viva
Epaña!, como él supuestamente lo hace y como hemos oído a los franquistas
durante años gritar eso en la Plaza de Oriente, junto con ¡Arriba Franco! y
¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco! Esos gritos, unidos y por separado, también
inevitablemente, representan los años de la ignominia, del crimen de Estado, la
España de los franquistas, tantos de los franquistas pobres como acomodados,
tanto la de los líderes del golpismo o la de simples militares matamoros como Franco;
también la España de los campesinos, asalariados y funcionarios que se
apuntaron a la ignominia, más o menos conscientemente. Cada uno es responsable
de sus actos, tanto desde la ignorancia como desde un mayor conocimiento. Y la
ignominia, al igual que la indignidad, ni se perdona ni se olvida, no tiene
plazos. La historia no se puede borrar y menos 40 años de dictadura, dictadura
a la que tantos españoles se apuntaron, la justificaron, la apoyaron y la
sostuvieron. Pasarán siglos para ese olvido, o para que eso sea mera historia
sin consecuencias en el presente. Y ahora están presentes -no demos la espalda
a la realidad- sus herederos biológicos y/o ideológicos, muchos son vecinos
nuestros o lo han sido sus padres. Algunos han hecho crítica y cambiaron el
rumbo o no se dejaron llevar por la corriente que crearon y/o se dejaron llevar
sus progenitores, pero la mayoría creo que no. Ahora están ahí, refugiados y
cada vez más orgullos de su ignominia en el Partido Popular, tanto entre sus
votantes como en sus militantes. Y la cosa va para largo.
¿Qué es España?
Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz dedicaron parte de su vida a
dilucidarla y el resultado es el vacío, porque es una pregunta sin respuesta,
cosa que ya vio otra gran historiador como Vicens Vives y por eso se dedicó a
hacer otro tipo de historia. Se entiende que un Estado como tres cosas: un
territorio, una población y un principio de soberanía; un país parece sobre
todo un espacio físico; una nación, un precipitado cultural de la historia.
España, como Francia, como Italia, como Rusia, como los EE. UU., son tantas
cosas como iconografías y mitos la alimentan, y tanto las de sus habitantes
como los de fuera. Para la derecha, España, especialmente para el P. P.
–incluso aunque alguno del P. P. no lo quiera– es la España de los vencedores
de la incivil guerra, la España nacional-católica, la España centralista, la
machista y xenófoba, la anti-abortista y anti-homoxesual, la de la Reconquista
falseada, la de la historia falseada de
Lepanto, los Tercios, la Armada Invencible, la de Santiago y cierra España, la
anti-mora y anti-judia, la de la Inquisición, la del crucifijo y la oración, la
alimentada hasta hace un suspiro histórico por curas y homilías, la enemiga de
la ciencia. Son sus mitos, deseos, iconos consolidados, decantados al calor del
criminal Franco, el gallego de voz aflautada. Para la izquierda, la España es
la liberal de la Pepa, la de 1812, la de la Gloriosa, la de la I y II
repúblicas, la de los derechos siempre pendientes de conquistar, la de la
educación gratuita y para todos, la España federal, la de la igualdad ante la
ley, la de Lorca asesinado por los vencedores, la de Machado muerto fuera de
España, la de los desterrados ilustres, la de la democracia casi siempre
enterrada (Los siete entierros de la
democracia, de J. Solé-Tura). Para los nacionalistas, España es otra cosa,
pero casi siempre, una enemiga, nos guste o no nos guste. Hay muchas Españas.
También la de los emigrantes, siempre añorantes, a pesar de todo de volver, volver,
de volver para poder despedirse de la vida con un suspiro, un suspiro, a pesar
de todo, de España, de la suya. Decía Niestche que los españoles éramos un
pueblo que había querido ser demasiado. Demasiado dramático. Somos lo que la
mitad de los españoles nos has dejado ser a la otra mitad a lo largo de la
historia, que es lo que Antonio Machado quería decir con aquello de “helarte el
corazón”. Para muchos de nosotros la
España que grita Bono es la España que mató a la libertad y a muchos de cientos
de miles de españoles, la que mandó al exilio o a la cárcel a otros cientos. A
los políticos no se les exige que sean genios para crear, ni talentos para
decidir, pero sí al menos inteligencias para entender. Bono es un zoquete, una
nulidad intelectual que no entiende nada de todo esto, pero que cree, al igual
que Julio Anguita -pero desde el lado opuesto- que se puede cambiar los iconos
y mitos de la Historia como si eso pudiera exculpar a sus ancestros biológicos
y/o ideológicos, a sus amigos, a sus compañeros de procesión. Mala conciencia,
propia y, sobre todo, ajena asumida innecesariamente. Vete del PSOE Bono y vete
de la izquierda que usurpas, y cuando estés con los de tu especie política
grita ¡Viva España! y no tendremos que oír tus necedades sobre vergüenzas o no,
porque la única vergüenza que nos da a los que estamos en la orilla de la
herencia de los vencidos –aunque a la izquierda del PSOE- es que estés con el
carnet en este lado, en el lado de la izquierda sociológica y tu conciencia y
tus amigos en la otra. Vete con los vencedores y con sus herederos o con lo que
así se consideran, y comparte con ellos la indignidad de ser los heredaros de
las dictaduras del siglo XX y del XIX. Vete y libéranos de sentir vergüenza
ajena ya que tú no tienes.
Madrid, 2 de diciembre de 2011.
FRAGA,
EL PENÚLTIMO FRANQUISTA
Que Fraga haya muerto siendo presidente del Partido
Popular demuestra dos cosas: 1) el fracaso de la llamada Transición; 2) qué es y qué representa para una parte de los que
votan al Partido Popular este partido. Si miramos lo que ha sido la evolución
política de la Alemania nazi hasta la Alemania, primero del Mercado Común y la
de ahora, y comparamos con la España, se nos cae el alma a los pies, aunque yo
no crea en el alma. En Alemania están prohibidas las manifestaciones nazis y
hacer apología del nazismo; aquí el partido heredero de la dictadura asesina de
Franco está en el poder. La Francia del régimen colaboracionista de Vichy dio
paso a uno de los países que son baluarte del sentido civil de la República,
defensora, incluso con gobiernos de derecha –en Francia siempre gobierna la
derecha salvo la excepción de Miterrand, suponiendo que éste fuera socialista-
del Estado de Bienestar, de lo público, de la enseñanza pública sin
“concertadas” de curas que mangoneen; en España aún tenemos a los curas de
sotanas malolientes en la inmensa mayoría de la concertada. La Italia de Mussolini dio paso, con el tiempo (en los
años 70), a “casi” un gobierno comunista de Berlinguer, el político mejor
valorado de Italia, incluso por parte de la derecha. En Portugal, la revolución
de los claveles permitió gobiernos con presencia del PCP y donde los militares
demócratas se pusieron al frente de la liquidación del régimen salazarista. Es
verdad que los tiempos recientes no son tan halagüeños y por mor de la crisis,
en Grecia y en Italia se han dado dos “golpes de estado tecnocráticos” con
personajes ex-Goldman Sachs dirigiendo estos países, pero eso no puede borrar
el resultado de la lucha contra el nazismo y el fascismo en la posguerra de las
clases populares progresistas de todos estos países.
En España pasamos de la muerte del dictador en la cama
al espíritu de Arias Navarro que veía
una luz que le iluminaba desde El Pardo; de éste a los gobiernos
predemocráticos de Suárez –ex-Secretario General del “Movimiento”; y del mismo
Suárez al Suárez de UCD y su mayoría hasta 1982 que gana el PSOE de Felipe
González, con el breve suspiro previo de Leopoldo Calvo Sotelo, que propugnaba
la seriedad, confundiendo ésta con su propia e inmensa sosería. Este Leopoldo
tenía en su haber, en su hoja de
servicios, dos acontecimientos –para este tipo lo eran- que fueron: meternos en
la OTAN –Felipe nos dejó en la estructura militar–, y permitir el golpe de
Estado del palurdo guardia civil Tejero y su “siéntensen, coño”. Y en medio de
toda esta chapuza de Transición,
donde los mismos franquistas que juraron los Principios Generales del Movimiento –los llamados siete magníficos-
intentaron seguir mandando en la democracia, es decir, en lo que para estos
tipos era la democracia en España: un mero sistema electoral, un obstáculo para
seguir mandando y, a ser posible, con el PCE en la clandestinidad. Estos tipos
–de entre los cuales estaba el recién finado gallego- pensaban que los réditos
de la dictadura les darían lo suficiente para que las capas populares
franquistas les seguirían apoyando, porque, como siempre, con los votos de los
privilegiados o los que se sienten como tales no se pueden obtener mayorías
para gobernar. La diferencia de Fraga con estos magníficos y otros de su misma
calaña es que Fraga tenía una cualidad para los franquistas: era un matón con
aires de palurdo. Dicho de otra forma, sentían que podían ser su líder natural
una vez muerto el dictador. Por esta razón recién el finado hablaba de mayoría natural, como si el pueblo
español hubiera sido franquista desde que vinieron los tartesios hace ya unos
2500 años por Cádiz y aledaños. Se creyeron sus propias mentiras. Fraga
gobernaba cuando el asesinato de Julián Grimau, de Enrique Ruano, lo del baño
de Palomares, cuando lo de los sucesos
de Vitoria, los de Montejurra; es el tipo de aquello de “la calle es mía”, al
igual que las tierras para los señoritos andaluces (los Arenas y los Cayetanos de
Irujo, ¿o es de orujo?). Fraga se montó en un coche oficial antes de cumplir
los 40 y no se ha bajado de él hasta pasados holgadamente los 80. Ahora leemos
las loas de la prensa del Movimiento
del P. P. como las del ABC, por ejemplo, mintiendo, ocultando parte de su
biografía y, sobre todo, presentándolo como demócrata de toda la vida, como si
hubiera sido un topo democrático
infiltrado en la dictadura franquista antes incluso de su propio nasciturus. Dice este periódico que “sus
gestos y decisiones, en ocasiones autoritarios, no ocultan una adhesión a los
principios y valores democráticos”. Los principios en los que creyó Fraga
siempre fueron los del Movimiento de
la dictadura, a la que nunca ha criticado, sino todo lo contrario, pero las
ansias de poder dejó la palabra “chaquetero” devaluada, como de un inocente
juego de prestidigitación, donde ha escupido a toda ética política, tanto la
aristotélica como la kantiana. Fraga no ha sido un franquista reconvertido a la
democracia; ha sido un franquista que se ha subido al carro de la democracia
porque ya no le quedaba más remedio si quería seguir en el poder. El único
converso que me ha convencido ha sido Suárez, y por eso le odiaban los
franquistas que, como Fraga, se apuntaron a la Transición, porque la única forma de ser un demócrata viniendo del
Movimiento era siendo un traidor, un traidor al franquismo. Fraga no ha sido un
traidor porque siempre ha sido franquista.
Pero con Fraga no ha muerto el
franquismo, porque tenemos un inmenso rescoldo que no acaba de apagarse: el
Partido Popular, partido que, como tal, nunca ha criticado la dictadura
franquista a sabiendas de que aún necesita muchos votos nostálgicos del
franquismo que consideran que la democracia sólo les he válida si gobierna el
P. P., este P. P. cuyo líder natural es Aznar y no Rajoy; este P. P. del que
era aún presidente el finado antes del óbito. Y digo yo que a presidente de un
partido no se llega por casualidad. Que uno de los eternos ministros y
embajador del último franquismo haya muerto sin ser juzgado, que haya sido
presidente de una Comunidad hasta hace un quinquenio, demuestra el enorme
fracaso de la Transición y es una
vergüenza, una indignidad para los que le han votado. Estaban en su derecho,
era legal y legítimo, pero la ética política no entiende de legalismos y es
incompatible con la estulticia, los privilegios y la ignorancia. Muere un
franquista entre halagos y repugnantes reconstrucciones biográficas, y la
almibarada ley de la memoria histórica aún no se puede implementar no vaya a
ser que se molesten los herederos de los golpistas del 36. Otro fracaso del
PSOE, uno más que explica por qué ha perdido 4.300.000 votos. Fraga ha muerto,
pero el franquismo no, porque la historia no se puede olvidar ni ocultar por
más que lo intenten sus herederos ideológicos y/o biológicos. Bueno, ahora, con
la victoria del P. P., ya no lo ocultan sino que se sienten orgullosos. Son
conscientes que no se merecen ni el perdón ni el olvido, y tienen razón, porque
los herederos de los vencidos ni olvidamos ni perdonamos. En la necrológica del
Partido Popular se dice que para todos los afiliados “la pérdida de un hombre
ejemplar que siempre lucho por sus ideales, con absoluta convicción, y que
siempre demostró su amor y a España y a Galicia”. Estoy de acuerdo, sólo que la
España y la Galicia de “sus ideales” fueron en origen la España franquista, la
de la dictadura asesina, la del genocida Franco, y Fraga fue uno de sus
lacayos.
Madrid, 16 de enero de 2012.
HASTA LA VUELTA, PEP
Hay un relato de Gabriel García Márquez
titulado “Me alquilo para soñar”, donde una mujer tiene el don de la
adivinación interpretando los sueños de forma sui generis, no probablemente a
la manera freudiana. Poco tiene que ver el contenido, en todo caso, del relato
con quien ha conseguido con el Barcelona esos 13 títulos en 4 temporadas, pero
el título es un martillo que viene como de molde al caso. García Márquez ha
tenido una habilidad extrema para los títulos, quizá porque es un gran
periodista, además de un grandísimo escritor. En estos años todos los
futboleros del mundo nos hemos sentido inquilinos del sueño de un nuevo
deporte, porque Pep ha inventado otro deporte, parecido al futbol, que se juega
con las mismas reglas y en las mismas canchas, pero otro deporte. Y, además,
hemos soñado que éramos niños y que éramos capaces de hacer lo que nunca
hicimos cuando lo fuimos: regatear como Messi, inventar como Iniesta o dar
pases como Xavi, defender con tres y tocar el balón como en una orquesta por
esta banda maravillosa de pitufos que son los pequeños de Pep. El futbol es el
deporte de los pobres, de los desposeídos. No me refiero al amplio puñado de
jugadores millonarios, profesionales que viven de esto. Pocas instalaciones se
necesitan para jugar al futbol: dos piedras, una cosa más o menos redonda,
correr y… soñar, soñar con regatear como Messi o chutar como Ronaldo. Los niños
de muchos países de África, Asia y Latinoamérica no tienen instalaciones para
apenas ningún otro juego, porque el futbol es primero un juego para los pobres
y luego un deporte para los ricos. No tienen piscinas para nadar, apenas cestas
y paredes para encestar, recintos cerrados para jugar en invierno o para
protegerse de las lluvias. Muchos millones de niños apenas pueden alimentarse,
pero si tienen la suerte –es un decir– de calmar su hambre, no necesitan apenas
más que cuatro piedras, cuatro bultos, cuatros palos que hagan de postes y algo
redondo y golpeable, y los sueños llegan, la imaginación se dispara, la
habilidad se emplea, las caras se iluminan y la amargura de las miradas
desaparece. Quizá al día siguiente no tengan para comer porque nosotros, los
habitantes de los países ricos, no somos capaces ni queremos dejarnos gobernar
por quienes lucharían contra esa situación a nuestra costa. Pero en ese día
fueron felices correteando detrás de un balón, emulando a sus ídolos si es que
les llegan imágenes de sus ídolos. La inmensa mayoría no saldrán de la pobreza,
serán siempre pobres de adultos, vivirán mal, rodeados de hambre y miseria, y quizá
les cueste ser felices alguna vez, pero siempre tendrán el consuelo de haberlo
sido con un balón en los pies cuando eran niños y no tenían metas,
responsabilidades, cuando vivían al día, sin futuro y sin tener que preocuparse
por ello. Por eso nos gusta tanto a los que fuimos alguna vez chicos de pueblo
o de barriada, aunque sea en este primer mundo, porque con un balón, con una
pelota, nos bastaba. Y ahora, de adultos, ya sólo nos queda el recuerdo,
recuerdo avivado por este Barcelona de Pep y por la Roja, de la que es culpable
en gran medida el equipo catalán. Ver jugar a estos dos equipos, aunque sea
sólo ante la pantalla de la tele, es recordar lo que quisimos ser y no fuimos,
lo que quisimos compartir y no supimos, lo que nos gustaba hacer y no pudimos.
Pep volverá, estoy seguro, porque la deuda que tiene con nuestros sueños es tan
grande que no hay fondo que la pague ni conciencia mortal que lo soporte, y Pep
es mortal y sabe que si no vuelve se convertirá en un ídolo, en un símbolo, y a
Pep, estoy seguro sin conocerle, que no le gusta ser ni un ídolo ni un símbolo.
Al menos en vida. Pep volverá y reinventará el futbol, porque lo que no le
gustará, estoy seguro sin conocerle, es repetirse. Necesita tiempo para esa
invención, pero volverá, se alquilará para interpretar nuestros sueños, porque
los inventores de sueños nunca se retiran, sólo se transforman.
Madrid, 6 de mayo de
2012.