LOS
SINDICATOS Y LA IZQUIERDA ANTE EL 23-F LABORAL DEL P.P.
Antonio Mora Plaza
La llamada reforma laboral de febrero (RD-L 3/2012) del
Gobierno del P.P. supone dinamitar todo el derecho laboral acumulado a lo largo
de dos siglos de lucha de los trabajadores, de los asalariados. Todo ha sido
laminado: la negociación colectiva desaparece, la destrucción de derechos sobre
salarios, condiciones de trabajo, lugar de trabajo, quedan al albur de los
llamados empresarios, que se convertirán en meros capataces; los costes de
despido de 45 días por año trabajado pasa en la práctica a 20 para los nuevos
contratos y para los viejos una mezcla con hasta 12 meses de máximo –esto no se
ha destacado lo suficiente-; los ERES sin autorización previa; los llamados
cínicamente contratos indefinidos para emprendedores –no se dice qué es un
emprendedor- con ¡un año de prueba sin derecho a indemnización! Nada han
respetado estos golpistas de lo laboral del Gobierno del P.P. Es muy posible
que haya aspectos anticonstitucionales porque los golpistas no miran la
Constitución para sus fechorías. Todo esto es lamentable, pero exige una
reflexión sobre el próximo pasado de sindicatos y partidos de izquierda que
representan –o debieran representar- la izquierda sociológica. Todo lo
justifica el Gobierno del P.P porque creen –la derecha siempre con la creencia
en lugar de la ciencia- que se va a crear empleo. Y sin embargo nuestra
historia y la de la mayor parte de los países dice que el empleo con derechos
se crea cuando crece la economía. Al menos eso ocurre al 80% de la
responsabilidad del crecimiento. Incluso cuando se pone el ejemplo de Alemania,
se omite que hay casi 5 millones de empleos –los famosos minijobs- que lo son sin derechos laborales o con discriminación de
derechos respecto al resto. Con la lógica neoliberal del P.P. y de la derecha
europea no me cabe duda que si llegáramos a la esclavitud no habría paro. Pero
para iniciar o detener al menos la espiral contractiva en la que nos internamos
deberían cambiarse ideas y personas, economistas y políticos zoquetes que
gobiernan las instituciones clave europeas, ya que no se pueden cambiar –eso
sólo lo hacen los fascismos- a las clases populares conservadoras que votan a
estos cenutrios empeñados en reducir el gasto público para que les cuadren las
cuentas públicas. Si todos los países se olvidaran de sus déficits y se
propusieran como primera meta para el año 2012 que la demanda agregada no fuera
inferior a la del 2011, los llamados mercados no les quedaría más remedio que
seguir apostando en Europa porque eso aumentaría la solvencia de sus deudores
–los Estados-, aunque perdieran liquidez a corto. Están en medio del dilema del
prisionero, son también prisioneros de su estulticia cuando se creen sus
guardianes. Volviendo a la reforma-destrucción del derecho laboral de febrero
del Gobierno del P.P., la cosa queda de tal manera que debe obligar a una
reflexión de más hondo calado a los sindicatos, tanto sobre su papel en el
pasado como en el próximo futuro; también la izquierda política. Veamos algunos
cambios y reflexiones obligadas ante el tsunami de destrucción masiva del P.P.
1) Las medidas del P.P. obligan a pensar que durante
demasiado tiempo el binomio, los dos railes de la negociación-presión de la que
hablaba Marcelino Camacho, quedó sesgada hacia la negociación. Apenas unas
semanas antes de la destrucción del derecho laboral español de febrero, los
sindicatos y las patronales habían firmado un acuerdo de moderación salarial. Yo
lo consideré un error porque, además de que la contraparte, es decir, la de las
ganancias, no puede controlarse ni moderarse, ello suponía una disminución de
la demanda agregada porque las rentas salariales son el componente más estable
de esta demanda. Ahora ese acuerdo es papel mojado, un guijarro que se ha
llevado la ola golpista laboral del P.P. Que el P.P. se haya atrevido a tanto
demuestra el poco miedo y respeto que tiene al mundo del trabajo, especialmente
al asalariado. En mi opinión los dos sindicatos mayoritarios deben pensar y
rectificar esa estrategia que pone en pie de igualdad, en equidistancia, la
negociación y la presión sindical, de tal forma que ha de ocurrir en el futuro
que la causa de la negociación sea
siempre la lucha por las mejoras de las condiciones laborales y de vida
-¡también de vida!- de los asalariados. Negociación sin lucha previa es visitar
el matadero. No debe importar que la derecha mediática, los órganos de
expresión del P.P. como el ABC o El Mundo, algunas televisiones autonómicas, se
vuelquen contra los sindicatos. Eso hay que darlo por descontado y por
bienvenido. La derecha debe temer a los sindicatos, tanto si están en el
momento de la negociación como en el de la lucha, pero esto ocurrirá si la
primera es efecto de la segunda.
2) Los sindicatos y los sindicalistas deben ser
ejemplares en su comportamiento. No me refiero al privado, mejor dicho, al
familiar, sino al sindical. Un punto problemático ha sido el de los liberados.
Aquí se han cometido errores que la derecha mediática, que tanto añora el
franquismo, lo ha aprovechado. Los sindicalistas no debieran formar parte de
Consejos de Administración de ningún tipo y menos cobrar por ello. Cuando
hubiera aquí –como ocurre en Alemania- cogestión en la empresa, sí sería
aceptable e, incluso, necesaria, pero con sueldos o dietas modestas y
justificadas por su dedicación. En todo caso los líderes sindicales deberían
estar fuera de todo esto y si se viera la conveniencia porque la ley lo permitiera
de la presencia sindical en la gestión –no sólo en los “consejos”- de empresa
privadas y públicas, debería darse a técnicos dependientes de los sindicatos,
con conciencia de que su labor ha de ser sesgada hacia lo social y con la
obligación de dar cuenta a los sindicatos que les han nombrado. La mujer del
Cesar, además de ser fiel, ha de parecerlo. No importa –al contrario- que los
golpistas laborales del P.P. y sus corifeos mediáticos ataquen a los sindicatos
con mentiras, siempre que sean mentiras en su totalidad.
3) Un punto descuidado absolutamente –es mi impresión-
es la sociología electoral de la derecha. Una parte del voto del P.P es un voto
obrero, de asalariados, es decir, es un voto pleno de estulticia, como ahora se
ha podido comprobar. Los asalariados que han votado al P.P. se han pegado un
tiro en los pies –por no decir en los huevos, dado que es una expresión
machista-, es un voto contra sus intereses. Los sindicatos deben poner en
evidencia esa estupidez, sobre todo ahora que ya se ha demostrado que lo es.
Creo que hay que ir más allá y precisar cuál es el sujeto sociológico que
sustenta a los sindicatos. Dice el refrán que quien mucho abarca poco aprieta.
Los sindicatos deben contar con quien demuestra que quieren cobijarse bajo el
amparo de su acción sindical, incluso aunque no compartan sus ideas y
postulados en su totalidad. Es decir, lo contrario de lo que pareciera dictar
el sentido común. Los sindicatos debieran buscar en las organizaciones de
autónomos, pensionistas, parados, jóvenes que aún no han tenido su primer
empleo debiera, sus aliados, pero desde la autonomía de las partes, sin
intentar engullirlos, porque los intereses de todos ellos –incluidos los de los
asalariados- no son exactamente los mismos; tratar de buscar lo que les une
para la acción común. No se trata de volver a un mero obrerismo, sino de
reconocer que ideas e intereses de todos ellos no son conjuntos disjuntos, pero
tampoco son coincidentes al 100%, no son el mismo conjunto. Más vale unas
buenas alianzas que una unidad insulsa. Aunque no lo crean muchos
sindicalistas, son casi mayoría de autónomos, pensionistas y parte de los
asalariados que les gustaría ver desaparecer a los sindicatos, y aquellos no
son la burguesía precisamente.
4) Más difícil lo tiene el partido que representa la
izquierda sociológica mayoritaria del país, es decir, el PSOE. Las medidas de
mayor del 2010 y posteriores le han hecho perder varios millones de votos,
aunque no sean todos los 4.300.000 votos perdidos de las últimas elecciones
generales. El PSOE de Zapatero ha dado importantes avances de los derechos
llamados civiles como la ley del aborto según plazos, el matrimonio homosexual,
o que afectan al Estado de Bienestar como la ley dependencia, pero se quedó
ahí. Además, cuando sobrevino la crisis, la Merkel y los mercados, no supo
enfrentarse a ellos y lo que hizo fue dejarse llevar por esa corriente. Las
medidas de mayo del 2010 y posteriores fueron la puntilla, aunque tuviera el
aliento de los llamados mercados en
el cogote. Ni siquiera fue capaz de escenificar su discrepancia, suponiendo que
la tuviera. Pero la cosa tiene más calado. En España están muchas cosas por
hacer. En primer lugar España está a casi 10 puntos de media de participación
del gasto público de la media comunitaria y a más si hablamos de gasto social,
y sin dinero no se puede avanzar ni cambiar nada; en segundo lugar, España
tiene un problema con la memoria histórica, con los herederos de los
franquistas y falangistas que asesinaron a unos 200.000 españoles ¡con la
guerra acabada! y durante más de un decenio. Lo del juez Garzón es un reflejo
del poder de los herederos del franquismo en las instituciones. El P.P. es en
sí mismo un gigantesco rescoldo del franquismo que, no sólo no se apaga, sino
que gana elecciones. La izquierda en general debe tomar el toro por los cuernos
de las reparaciones históricas, de la condena de los franquistas, de sus
herederos y de sus justificadores, de la anulación de los juicios durante la
in-civil guerra y durante los 40 años que gobernó el genocida gallego. No se
hizo con el carlismo y aún tuvo su Montejurra con Fraga como ministro después
de más de siglo y medio desde su nacimiento. El tercer problema: conversión del
PSOE de un partido socioliberal o meramente neoliberal en lo económico a un
partido socialdemócrata -¡qué menos!-. Ello supone un compromiso en y con la
defensa del Estado de Bienestar desde lo público, sin concesiones a lo privado,
sin privatizaciones, ni siquiera de la gestión, es decir, una verdadera
alternativa a lo que están haciendo el Más en Cataluña, la Espe en Madrid o la Cospe
en Castilla-La Mancha con la sanidad pública (hasta ahora) y la educación. Debe
hacer creíble el PSOE que es una alternativa. Y lo tiene difícil porque el
nuevo líder oficial del socialismo español debe hacer en algunos casos lo
contrario de lo que hicieron los gobiernos en los que participó. Cuarto
problema milenario: la influencia de la iglesia católica en los ámbitos civiles
y públicos. La izquierda -y específicamente el PSOE- deben tomar el miura de la enseñanza concertada de
curas y monjas y pasarla a la pública, para que haya sólo dos tipos de
enseñanza: la privada –hasta cierto punto inevitable- y la pública, al igual
que en el resto del mundo. Los curas a las iglesias y a los púlpitos y sólo a
ellos. El que quiera religión que vaya a las iglesias o centros de culto y que
se la pague. Ahora ya no podrán ser colaboradores necesarios de los golpistas
del 36 donde, si tienen razón con lo del Infierno, ahí estarán quemándose
eternamente. Un quinto problema: colocar la ciencia y la cultura españolas
hasta el máximo de sus posibilidades. Es también un fracaso secular. El PSOE ha
dado muchos avances –casi todos- pero falta presupuesto y ahora el P.P lo ha
recortado y más que lo va a hacer. La ciencia es el mejor antídoto de la
creencia, el conocimiento y la cultura frente a las religiones, sus interpretes
y supporters ; aún son más en España
los que rezan que los que piensan. Un sexto problema es el de hacer compatible
el Estado de las Autonomías con una sanidad pública y una educación pública
universal, gratuita y no discriminatoria según territorios. No tenemos ya un
Sanidad Pública de estas características, sino 17 sistemas de salud públicos,
con la particularidad de que algunos están en tránsito hacia lo privado. Es
hora de repensar lo de las competencias entre la Administración Central del
Estado y las Autonomías.
Hay más problemas, pero con estos ya tienen tajo
sindicatos y partidos de izquierda para el próximo quinquenio.
Madrid,
29 de febrero de 2012.
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