SOBRE El DOCUMENTO PRESENTADO A BRUSELAS: HIPOCRESÍA,
CINISMO Y MENTIRAS (II)
Antonio Mora Plaza
Volvemos
con el análisis del documento enviado a Bruselas por el Gobierno del P. P. llamado
“Programa Nacional de Reformas”, 2012.
17) El P. P. y ahora su Gobierno ha echado la culpa de
la crisis exclusivamente al gobierno de Zapatero (Zapatero manirroto) porque pensaban que eso les daba votos. Sin embargo,
cuando se dirigen al Consejo (Bruselas), resulta que la causa de la situación
se debe a “un contexto caracterizado por la debilidad de la economía
internacional, la inestabilidad de la zona euro y la irrupción de la crisis
soberana”. A Bruselas no se le puede engañar como a sus votantes porque cuando
vieran la evolución de los gastos e ingresos públicos se darían cuenta que lo
que se ha producido es una caída extraordinaria de los ingresos públicos. Luego
dice algo increíble: “A lo largo de una década –no especifica más- la economía
española ha acumulado distintos desequilibrios macroeconómicos, una de cuyas
causas principales ha sido el mantenimiento, durante parte de dicho período, de
tipos de interés reducidos, incluso negativos”. Lo increíble no está en que la
economía española ha tenido durante mucho tiempo tipos de interés que han
favorecido la especulación, sino que pareciera dar a entender que eso fuera
responsabilidad del Gobierno, cuando eso depende en gran medida de la política
monetaria, cuya responsabilidad es del BCE desde la creación del euro. ¿Quién
habrá redacto este informe? Y en todo caso, los tipos de interés son fruto de
la relación entre oferta y demanda de dinero y no fruto del BOE. En todo caso,
no parece que el desequilibrio fuera responsabilidad de Zapatero, tal como
inculpaba el P. P. ¿Pensarán que sus votantes son tan cretinos como los que han
redacto el informe?
18) El Gobierno del P. P. sigue
empeñado en reducir el déficit público reduciendo los gastos en plena crisis a
pesar de las advertencias de los economistas críticos (Economistas frente a la crisis, por ejemplo) de que eso hará entrar
a España en una espiral contractiva en la que, por cierto, ya hemos entrado. Y
sin embargo, a Bruselas se le dice que: “los desequilibrios acumulados… se han
visto agravados por la actual coyuntura contractiva”. ¿Coyuntura? El documento
lo presenta como si la actual coyuntura fuera tal y que eso no tuviera que ver
con la política de reducción del déficit. La verdad es que todo el documento es
pura bazofia, al menos desde el punto de vista intelectual.
19) Los del P. P. nunca han reconocido
ante los españoles que su reforma laboral va a traer una disminución de los
salarios, pero ante Bruselas dice que: “Las características del mercado laboral
español ha favorecido un ajuste vía cantidades, la inflexibilidad de los
salarios y la consiguiente pérdida de competitividad”. Dicho de otra forma,
ante Bruselas dejan patente su verdadera intención con la reforma laboral:
reducir los salarios, quizá con la idea que ello fuera a aumentar el empleo,
cosa de la que no existe evidencia empírica consistente allí donde se ha
intentado. El P. P. espera que sus posibles votantes nunca lean este documento
y ahí aciertan, desde luego.
20) Tanto en la oposición como ahora en
el Gobierno, el P. P. ha lanzado el mensaje a sus posibles votantes de que era
partidario de acabar con la dualidad del
mercado de trabajo acabando con la temporalidad. Sin embargo, en el documento a
Bruselas se dice que “La estructura de la negociación colectiva combinada con
la dualidad del mercado de trabajo ha favorecido aumentos salariales superiores
a las ganancias de productividad registrada y ¡la protección de los
trabajadores con contratos fijos en relación a los eventuales!”. Es decir, a
los españoles el P. P. les promete una cosa y ante Bruselas afirma que es un
problema la “protección de los
trabajadores con contratos fijos”. Es todo un monumento al cinismo. Ahora se
explica que en la reforma laboral exista un contrato que llaman indefinido,
pero según el cual te pueden despedir al cabo de un año sin derecho a
indemnización.
21) En la pág. 46 del documento del
Gobierno del P. P. enumera las limitaciones y dificultades de un ajuste ante
los desequilibrios y llega a la conclusión de que “el funcionamiento flexible
de los mercados de factores, bienes y servicios se convierte en el único
capaz de garantizarla estabilidad a medio plazo de la unión”. Traducido en la
práctica lo de los factores (en teoría, capital y trabajo), significa que sólo
sobre los salarios recaería –como han hecho con la reforma laboral– el
mecanismo de ajuste, puesto que las rentas del capital –ganancias, dividendos,
etc.- no son fáciles de controlar y menos si no se intenta. Si todos los
votantes del P. P. leyeran esta página del documento y fueran capaces de
entenderla tendrían dificultad para conciliar sus deseos de privilegio y su
estulticia. No es verdad que sea el único mecanismo de ajuste. Está el sistema
fiscal; las posibles transferencias internas en una Unión Económica y Monetaria
con un presupuesto 10 veces superior al raquítico actual, y la
internacionalización y unificación de los Estados de Bienestar a partir de un
presupuesto comunitario. Pero todo esto exigiría cambiar las instituciones,
aumentar notablemente los presupuestos y una auténtica cesión de competencias a
la Unión Económica. No parece ese el camino que pueda garantizar a Merkel o a
cualquier otro dirigente alemán la victoria en las elecciones al Parlamento
Federal y a sus länders. El problema
es que si no se está dispuesto a recorrer ese camino el final del euro es
cuestión de tiempo. En lugar de indicar este camino –salvo en el tema fiscal–,
el documento habla “actuaciones muy decididas, claras y simultáneas en la
consolidación fiscal y la flexibilidad y la competitividad de nuestras
economías” (pág. 47). Traducido al lenguaje castellano y no el críptico
falsamente económico como el empleado, significa acercar el gasto público a los
ingresos reduciendo los gastos públicos, aunque la causa de esa diferencia sea
por unos menores ingresos. El texto se entendería mejor si en lugar de
“consolidación fiscal” se hablara de
consolidación presupuestaria. Pero
claro, se trata de que no se entienda, no sea que los votantes de los partidos
conservadores lo entiendan y duden de su voto.
22) Hasta la página 48 todo el
documento parecería redactado por una pandilla de neoliberales (de Estado) que
creyeran en la ley de Say, esa que dice que la oferta crea su propia demanda,
según la cual no podría haber crisis como la actual –o fases de la crisis como
la actual– por falta de demanda. Aunque guiados por creencias en lugar de por
evidencias, sus redactores no son tan cretinos como para no darse cuenta de la
importancia de la demanda y de la necesidad de una hipotética política que
favoreciera el crecimiento. Sólo hay que ver la evolución de los componentes de
la demanda agregada desde el surgimiento de la crisis en el 2007 ¿Y cuál sería
esa política según el documento? Simplemente no existe. Pero en el documento
confían –esta es la parte política– en que “el compromiso del Gobierno en la
consolidación fiscal –Programa de Estabilidad y Programa Nacional de Reformas–
responde al convencimiento de que el mismo está en la raíz de la recuperación
económica a través de la recuperación de la confianza en la economía española…”
(pág. 48). Esta es la clave y a lo que fía el Gobierno del P. P. Los del P. P.
se han creído sus propias mentiras y de ahí el asombro de Rajoy cuando
contempla que el paro ha aumentado desde su llegada en casi 400.000; en el
hecho de que la prima de riesgo haya superado a la de la italiana desde que
hace varios meses, aspectos estos que difícilmente pueden convencer a sus
votantes que son responsabilidad de la herencia recibida. Para aclarar, lo del
Programa Nacional de Reformas se refiera a la reforma laboral de febrero, es
decir, al decreto-ley de destrucción del Derecho laboral español. Rajoy se
convenció o le convencieron de que su sola presencia en el Gobierno daría
confianza en los mercados y en los inversionistas domésticos y foráneos. Está
claro que aprobar unas oposiciones a registrador de la propiedad no garantiza
un nivel intelectual mínimo para entender todos estos problemas. La explicación
más profunda de Rajoy sobre lo que pasa es aquella cuando dice que “sabemos lo
que hay que hacer y lo vamos a hacer”. Los resultados de todo esto están a la vista
y –por desgracia– en lontananza.
23) Habla el P. P de fricciones que
lastran la recuperación “por el nivel de deuda acumulada por las empresas y su
disponibilidad de liquidez”. Y la solución para el P. P. es algo que no ha
dicho a sus votantes, como es que “este lastre podría empezar a mitigarse a
partir del 2014 debido al ¡abaratamiento del factor trabajo!” (pág. 52). En
realidad si del documento se eliminan los elementos de incertidumbre y las
meras especulaciones sobre el futuro, toda la supuesta recuperación de la
economía la fía el P. P. en el abaratamiento de los salarios. Dejando la carga
cínica y la mentira permanente a sus votantes aparte, es un inmenso error
confiar en ello en un momento de crisis cuando el resto de los componentes de
la demanda agregada también está cayendo respecto al año anterior. Podríamos
decir que lo que está pasando desde el año 2007 en el planeta debería suponer
la eliminación del neoliberalismo como ideología y como teoría económica (la
neoclásica). Desgraciadamente eso ya debiera haber ocurrido con la Gran
Depresión del 29 del siglo XX, pero sobrevivió como ideología, es decir, como
justificación de la división de la sociedad en dos clases: la de los
privilegiados y la de los desposeídos. Y por ende, también sobrevivió y se
volvió dominante (marginalismo, monetarismo, modelo austríaco) a partir de
mediados de los años 70. Estas corrientes de pensamiento económico, ni pueden
entender las crisis, los ciclos, ni pueden aportar ninguna solución de política
económica para abordar estos problemas, porque ello supondría renunciar a sus
supuestos, a sus fundamentos. Sería como pedir a la doctrina de la iglesia
católica que renunciara al misterio de la Santísima Trinidad o a la de la
resurrección de la carne. La prueba de todo esto es lo que está pasando en
Europa desde que comenzó la crisis y, especialmente, desde el 2010 cuando se
empezaron a tomar medidas para “solucionarla”. Lo único que se les ha ocurrido
a la Merkel, a los Sarkozy, al Consejo, al BCE y al FMI -y ahora a Rajoy- y a
los consejeros económicos de estos tipos es reducir el gasto público cuando la
recesión en ciernes se ve alimentada por una caída de la demanda agregada.
24) Los hechos corren tan deprisa que
dejan a este documento en el más absoluto de los ridículos. En su página 53 se
dice que “la reforma financiera va a suponer un saneamiento adicional de 52.000
millones de euros en los balances del sector bancario español, contribuyendo a ¡disipar
las dudas de los mercados sobre su solvencia!”. Y todo esto se decía –no se
olvide– ¡antes de lo de Bankia! y las nuevas medidas para aumentar la supuesta
solvencia de la banca. Los redactores del documento calculaban que se
produciría “una mejora adicional de la prima de riesgo de ¿otros? 50 puntos
básicos”. Lo que ha ocurrido es justo lo contario.
Seguiremos con el tema del documento.
Madrid, 12 de mayo de 2012.
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