HABRÁ RESCATE, PERO LO
LLAMARÁN DE OTRA FORMA
Antonio Mora Plaza
Hasta ahora el P. P. ha logrado
mantener su intención de voto de dos maneras que se reducen a una: mintiendo.
La primera es echar la culpa a Zapatero; la segunda es hacer creer a sus votantes
que las medidas tomadas –todas, las laborales, fiscales, financieras, etc.– no
eran contrarias a sus promesas, o si lo eran, eran inevitables porque Zapatero
no lo había hecho antes y había engañado. Es decir, que por activa o por
pasiva, la culpa era de Zapatero. Esta táctica goebeliana de convertir una mentira en verdad a base de repetirla,
ha contado con la complicidad de la prensa escrita –salvo pocas excepciones– y
de cadenas autonómicas. El problema para el P. P. es que la parte más joven de
la población se mueve por las redes sociales, blogs, etc., que no controla ni
puede hacerlo. Porque esta es la gran obsesión del P. P.: la intención de voto.
Incluso ha llegado a asignar partidas dudosas en el presupuesto comprometido
ante Bruselas con tal de endilgarlas a Zapatero, a pesar del daño que eso
supone para nuestra querida prima de
riesgo. Pero el tiempo pasa, el paro aumenta en mayor medida este trimestre
que el mismo período del año anterior, la dichosa prima supera a la italiana
desde febrero de este año y, para rematar el tema, se descubre que hemos
aumentado el déficit en 4 décimas (unos 4.000 millones de euros) porque tres
comunidades gobernadas por el P. P. mintieron al Gobierno Central. El resultado
es que la intención de voto cocinado
del P. P. ha pasado del 46,3% en marzo al 37,2% en mayo. Probablemente sea ese
voto prestado de 1.200.000 votantes
que se pasaron del PSOE al P. P. en las elecciones legislativas, aunque haya
distintos traspasos. El PSOE por menos (medidas de mayo del 2010) perdió
4.300.000 votos, porque los motivos de voto de unos y otros es diferente. El
voto del P. P. es un voto que busca nichos de privilegio y el del PSOE cambiar
las cosas en un sentido de mayor igualdad y justicia social, que es lo propio
de un partido de izquierdas.
Pero la segunda o tercera patata
caliente para el P. P. es la banca, las
cajas de ahorro y los créditos dados al conjunto del sector de la Construcción.
Ahí tiene también enormes dificultades el P. P. de inculpar al PSOE y a
Zapatero. Lo ha hecho la Sra. Aguirre –no quiero ponerla ningún epíteto– con el
Gobernador del Banco de España. El problema es que todo lo relacionado con
Bankia, Bancaja y la Comunidad Valenciana exhuma P. P. por todos los poros:
Blesa como gestor político de Bankia, político del P. P.; Olivas, presidente de
Bancaja, con al menos 5 cargos políticos relevantes en el P.P. en su currículo;
nombramiento de Rato al frente de Caja Madrid antes de ser Bankia; pelea de la
Aguirre con su propio partido para colocar a su segundo Ignacio González al
frente de la entidad; cambio de la ley de Cajas en la CAM para facilitar la
entrada política en dicha caja. La Sra. Aguirre tiene la enorme ventaja frente
a Rajoy de que no tiene pudor ni sentido del ridículo, y eso le permite decir
al registrador de la propiedad lo que hay que hacer. Es verdad que ahora se ha
descubierto un déficit oculto en su Comunidad cuando el señor Beteta era
responsable de Economía y Hacienda, pero eso a esta tipa no la mueve un pelo de
la cabeza.
Volvemos al tema bancario. Es quizá en
este sector donde se demuestra la falta de experiencia y conocimientos de este Gobierno
y sus ministros, especialmente el de Economía. La verdad es que es difícil
saber las cifras porque el valor real de los activos es de los secretos mejor
guardados en los bancos, además de las dificultades de evaluarlos. Porque,
¿cuánto valdrían los inmuebles en propiedad del sector financiero si se
pusieran a la venta en un tiempo casi instantáneo a un precio capaz de ser
vendidos? Eso nos daría el verdadero valor de esos activos indeseados. Esa
pregunta tiene adosada una incertidumbre en su respuesta que nadie se hace. Se
habla de que el sector financiero tiene 304.000 millones en créditos a
promotores y empresas, de las cuales la mitad tienen dificultades de cobro, por
decirlo suavemente. Hay 656.000 millones de hipotecas con provisiones mínimas
porque se consideran casi exentas de riesgo. Con estos datos, el Sr. de Guindos
nos dice que con 15.000 millones de coste público el tema financiero está solucionado.
Con eso y con 28.000 millones de euros a que obliga a provisionar a los bancos
(más los 50.000 millones de febrero). Y con ello se provisiona incluso a los
créditos no dudosos, mandando un mensaje a los mercados de que ¡tampoco son
fiables los créditos que los propios bancos provisionan con menos del 3%! No se
puede ser más cretino. La prima de riesgo sube porque los mercados temen que la
rebaja del valor de los activos del sistema financiero no lo va a poder absorber
los propios bancos con sus cuentas de Resultados y lo traspasarán de forma
indirecta a la deuda pública, deuda que ya está en torno al 80% del PIB. Eso
sí, inmediatamente el argumentario del P. P ha inculpado a lo que pasa en
Grecia en el aumento de la prima de riesgo, que ya está rozando los 500 puntos
básicos (un 6,5% de interés). ¿Se lo tragarán los votantes del P. P.?
¿Cómo solucionar el problema bancario
procedente del ladrillo? A veces lo mejor es no hacer nada, sobre todo si lo
que se hace es tan descabellado. El tema financiero es la verdadera prueba de
fuego de los políticos. Ya pasó en la crisis del 29 y ha pasado con la actual,
con la solución a Lehman Brothers y con las soluciones dadas a Irlanda,
Islandia, Reino Unido, Bélgica, USA, México y Japón en su día, etc. A corto
plazo no hay medida que solucione el problema si el valor de los activos
inmobiliarios en cartera es notablemente superior a sus valores de mercado.
Sólo el tiempo y una política acertada puede solucionarlo. El ideal es que sean
las propias entidades las que vayan provisionando sus activos a cargo de sus
resultados, y eso exige tiempo, mucho tiempo. Además, eso ha de ser compatible
con la concesión de créditos para que el sistema financiero pase de tener un
comportamiento procíclico a uno contracíclico, de ser un problema a ser una
solución. Pero se unen varios problemas: los mercados que quieren la leche y la
carne de la vaca al mismo tiempo, y los políticos que hacen aspavientos –las
medidas de Rajoy de febrero y mayo– para parecer que toman medidas. A estas
alturas, tanto De Guindos como Rajoy, a pesar de su infinita ignorancia, ya
deben haber aprendido que a los mercados no se les engaña fácilmente porque
piensan los que nos prestan dinero que cualquier medida que tienda a reforzar
la supuesta solvencia de los bancos y cajas a corto plazo va a ser a costa
–aunque sea de forma indirecta– de la deuda pública española, deuda que ya está
en el 80% del PIB. El Sr. Rajoy cada día está más asustado porque, al creerse
sus propias mentiras, no entiende que esté así la prima de riesgo, a pesar de
la confianza que supuestamente exhala de sus sobacos, a pesar de la liquidación
del derecho laboral español con su reforma laboral, a pesar de la amnistía
fiscal, a pesar de la brutal reducción presupuestaria contra la Educación y la
Sanidad, etc. Lleva varios meses tomando medidas los viernes y el milagro de la
prima de riesgo de los lunes –su deseada bajada– no se produce. Y el problema
es cómo le dice a sus votantes que eso es también culpa de Zapatero cuando esa
prima supera a la italiana. “¿Qué hacemos este viernes, Luis (De Guindos)?”, le
pregunta Rajoy y De Guindos contesta: “¿Yo qué sé, si yo en realidad de esto no
entiendo, yo vengo de Lehman Brothers y ya sabe su historia?”. Por eso lo mejor
en el tema financiero sería no hacer nada, no obligar a provisiones inútiles,
tanto para acercar sus valores contables a los supuestos de mercado, como para
la imagen del sector. Eso ha de hacerse a los largo de los años, con sus
ganancias. La economía española necesita bancos que den crédito y no su
conversión en meros fondos de inversión. Se necesita también que el BCE asegure
crédito ilimitado a la banca española y también a la deuda pública de la
Eurozona. También la creación de una banca pública, potenciando el ICO y
cambiando sus criterios de concesión de crédito. Eso a corto plazo. Todos lo
demás son salvas.
Al final habrá rescate, pero a la
banca, no a la economía española, y lo llamarán simplemente créditos normales,
esperados, previstos, o de cualquier otra forma (del BCE o del Fondo de
Estabilidad). Todo con tal de seguir engañando a sus votantes, que es lo único
que les importa a los del P. P.: mantener su intención de voto. Lo que pase con
el empleo y demás son zarandajas. Lo del rescate es un pronóstico que hago al 21
de mayo. Y en el fondo que haya rescate sin que lo parezca no es malo: todo
depende del tipo de interés y cómo lo
disimulen, y qué exigencias suplementarias vendrán de Bruselas. El problema es
que si se sigue exigiendo reducir el déficit en lugar de crecer para crear
empleo –ambas cosas son incompatibles– no hay solución y la incertidumbre
seguirá instalada, y no sólo en los mercados. ¿Cómo convencer a Rajoy y al P. P
de todo esto y que tiene que decir a sus votantes lo contrario de lo que les ha
dicho hasta ahora?
Madrid, 21 de mayo de 2012.
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