RAJOY, EL PRÓXIMO
RESCATE Y LA INTENCIÓN DE VOTO
Antonio Mora Plaza
Rajoy y sus secuaces en el Gobierno se
ha convertido en una máquina de cometer errores. Veamos algunos pocos pero
importantes: 1) El retraso de la publicación de los presupuestos hasta nada más
pasar las elecciones andaluzas para poder seguir engañando a sus votantes y no
desvelar el programa oculto que se derivaba del presupuesto; 2) El
desvelamiento tardío posterior a la negociación en Bruselas del déficit de las
Comunidades –principalmente las de Valencia y Madrid gobernadas por el P. P.–
de un déficit oculto que llevaba el déficit ¿real? Al 8,9%; 3) El desastre de
la gestión de la creación de Bankia, de la gestión de Rato y su destrucción
como político, aunque el máximo responsable, el tal Blesa, apenas salga en los
papeles y en los digitales. Ello alimentaba aún más las dudas de los
especuladores que nos prestan dinero sobre la solvencia del sistema financiero
español; 4) El continuo echar la culpa a la herencia recibida, porque ello siembra
dudas a los especuladores sobre la capacidad de gestión del Gobierno, porque
ello demuestra que esas dudas salen del propio Gobierno; 5) El crédito al
Estado (al FROB) y no a la banca directamente de 100.000 millones de euros del
Fondo de Estabilidad europeo, llamándolo Rajoy y sus secuaces ayudas en lugar de rescate, e intentando hacer creer a sus votantes que era estupendo
y que era a la banca directamente. Con ellos los especuladores esperaban sentados
hasta que se aclarara la cuestión; 6) La subida del IVA, porque los
especuladores saben que ese impuesto lleva a la corta a la recesión económica
por el retraimiento del Consumo y de las inversiones reales (deja aún menos
margen a las empresas para lo que no sea pagar la nómina y a los proveedores); 7)
El anuncio de la reducción brutal del gasto público de 65.000 millones en un
país cuyos ingresos fiscales no llegan ahora a 350.000 millones para un PIB de
1,07 billones lleva a la creencia –en mi opinión acertada– de que esa reducción
en un momento en el que el resto de los componentes de la demanda agregada
–consumo e inversiones privadas, exportaciones netas– también están cayendo
hace que nos vayamos directamente a la recesión desde la crisis actual; 8) El
cretino del Ministro de Hacienda diciendo que “no hay dinero en las arcas
públicas” con tal de hacer creer a sus votantes que eso es la herencia
recibida; 9) La petición de rescate por una Comunidad de trayectoria pepera y paradigma del despilfarro como
es la valenciana.
No están todos los errores, pero creo
que son los más importantes. ¿Y ello cómo es posible? La explicación es muy
fácil: no se puede contentar a la vez a los votantes del P. P. y a los
mercados. Los votantes del P. P. no se pueden creer que su partido, al que han
votado con tal de echar a los socialista del poder, tenga alguna
responsabilidad de gobierno y necesitan que les digan que es culpa de los
demás: de la herencia recibida, del BCE, de la Merkel, de los sindicatos, de
los liberados sindicales, de los inmigrantes, etc. En realidad los que
mantienen la intención de voto pepera
se hacen cómplices de los desaguisados del P. P. siempre que este partido les
de argumentos de exculpación. La intención de voto de la derecha es siempre una
intención basada en el mantenimiento de lo que sus votantes creen estar en una
situación de privilegio o aspirar a ella. Es una intención de voto hobbesiana, pero necesita ser alimentaba
y no tener la sensación de que se les trata de cretinos. Y lo cierto es que así
les trata el P. P., pero no puede ser gratis, el egoísmo es siempre a título de
inventario. Para tener una mayoría absoluta al P. P. ya no les basta la
herencia recibida franquista –esta es permanente– guisada con catolicismo
integrista y antinacionalismo (más vale
roja que rota). Necesitan de los errores de sus enemigos, de los
socialistas y del resto de la izquierda. Ha sido un error de la izquierda creer
que se puede trasladar el paradigma de la división entre clase burguesa y
obrera (primero proletaria, luego asalariada, más tarde trabajadora) a la división
entre izquierda y derecha. De entre los más de 10 millones de votantes del P. P.
hay millones de pensionistas que apenas llegan a fin de mes, de trabajadores
con el puesto de trabajo en precario, de pequeños empresarios y comerciantes matados
a impuestos que ahora le suben el IVA y que, sin embargo, votan o mantienen la
intención de voto al P. P. Podemos pensar que son cretinos o ignorantes o las
dos cosas, pero el hecho es ese y nada tiene que ver con su contrato de trabajo,
ni con la manera en que se ganan la vida, ni con supuestas plusvalías obtenidas
sobre la diferenciación entre valor del
trabajo y valor de la fuerza de
trabajo (Marx). Este es un tema que debiera revisar la izquierda a la
izquierda del PSOE, porque los socialistas dejaron hace tiempo de ser socialistas
y obreros, para bien o para mal. Son dádivas que hay que pagar para ponerse,
como diría Ortega y Gasset, a la altura de los tiempos. Pero el PSOE sí debiera
ser al menos socialdemócrata. Las políticas neoliberales –aunque en parte
fueran forzadas por la sucesora de Hitler en Alemania que es la Merkel– de
Zapatero en mayo del 2010 han dejado tocado pero aún no hundido al PSOE. Aún
tienen una oportunidad, pero es la última, antes de acabar como los socialistas
griegos o italianos. En mi opinión el PSOE debiera hacer autocrítica de las
medidas de mayo de Zapatero –y de alguna otra anterior, aunque tuviera tintes socialistas
pero de puro escaparate– para plantarse ante el bobo que nos gobierna, ante la
prensa y medios afines que siguen con la herencia recibida (véase ABC) y ante
los votantes del P. P., y decirles que reducir el déficit en plena crisis nos
lleva al desastre. Por su parte el P. P. debiera hacer lo propio ante la Merkel
y dejar de pedir rescate al BCE implorando la compra de títulos de la deuda
pública, como hace el Sr. Margallo, nuestro penoso Ministro de Exteriores. El
problema ahora ya no es tanto el
tancredismo del BCE y de su presidente italiano, el Sr. Draghi, sino la
obsesión enfermiza y criminal de la reducción del déficit. Este hay que
mantenerlo y probablemente aumentarlo hasta que empecemos a crecer al menos
durante más de 3 semestres seguidos. Luego ya se verá.
Los mercados, es decir, la pandilla de
especuladores de cuello blanco de los que dependemos para financiarnos –el
mundo que tenemos de momento es así– ya apuestan por el rescate o mejor dicho, por
la intervención directa. De nuevo permanecen a la espera, no compran deuda
española; por el contrario la participación de los no residentes en la deuda
española está disminuyendo como el agua de un botijo agujereado. Ya sólo nos
compran los meros especuladores, los que quieren hacer ganancias a corto plazo.
Rajoy y sus secuaces alimentan esta espera porque, precisamente, están
continuamente tomando medidas para calmarlos. Rajoy, Montoro y de Guindos
necesitan con urgencia un manual de la
teoría de los juegos para haber si salen de su ignorancia y cretinez. Lo
que le queda a Rajoy es negociar un buen rescate. Un rescate que, en lugar de
mantener la reducción del déficit para dar carnaza a sus votantes, apueste por
el crecimiento, la lucha contra el fraude fiscal, el rigor sin reducción del
gasto en las Comunidades Autónomas y un cambio en el sistema financiero que
permita aumentar el crédito y no como está ahora. Es verdad que ello le
supondría a Rajoy y sus secuaces volver a engañar a sus votantes, pero ahora, a
estas alturas, ambos están acostumbrados. Rajoy, en un ejercicio de extremo
cinismo, acabará criticando a Zapatero no por despilfarrador, sino por ser el
primero y causante de reducir el déficit y provocar la recesión. Y si no al
tiempo.
Madrid, 22 de julio de 2012.
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